Israel define el futuro de Netanyahu: quién es Gadi Eisenkot, el rival que amenaza con desplazarlo del poder
Más de 7,3 millones de israelíes están habilitados para votar este martes en las primeras elecciones legislativas desde los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023. Las encuestas anticipan un escenario fragmentado y una disputa abierta por los 61 escaños necesarios para formar gobierno.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se juega mucho más que una nueva victoria electoral. Después de casi dos décadas al frente del gobierno israelí en distintos períodos, enfrenta una elección que puede poner fin a su prolongada permanencia en el poder. El desgaste por los fallos de seguridad del 7 de octubre de 2023, las consecuencias de los conflictos regionales y las tensiones dentro de su propia coalición abrieron una oportunidad para la oposición.
El principal rival es Gadi Eisenkot, un exjefe del Estado Mayor del Ejército israelí que busca convertirse en una alternativa a Netanyahu. Sin embargo, el desafío no consiste solamente en imponerse en las urnas: en un sistema político fragmentado, el resultado dependerá de la capacidad de cada espacio para reunir una mayoría parlamentaria y negociar con otras fuerzas.
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Las encuestas muestran una competencia ajustada. Algunos sondeos ubican al partido Yashar, encabezado por Eisenkot, por delante del Likud de Netanyahu, mientras que otros pronostican una ventaja del oficialismo.
Netanyahu, ante el desgaste después del 7 de octubre
Los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023 se convirtieron en uno de los principales puntos de cuestionamiento contra Netanyahu. La magnitud de la ofensiva y los fallos de seguridad que permitieron que ocurriera instalaron interrogantes sobre la responsabilidad política del gobierno y erosionaron la confianza en el primer ministro.
A ese escenario se sumaron los efectos de un conflicto prolongado en varios frentes, las tensiones por el servicio militar obligatorio y las diferencias en torno al rumbo institucional del país. La reforma judicial impulsada por Netanyahu en 2023 ya había provocado protestas masivas y una profunda división social antes de los ataques.
El malestar también tiene una dimensión económica. Una encuesta realizada en septiembre por el centro de investigación Achord, de la Universidad Hebrea, indicó que el 58% de los votantes de entre 22 y 34 años consideraba que el costo de vida y los precios de la vivienda influirían en su decisión electoral. El 36% señaló las cuestiones de seguridad.
En ese contexto, Netanyahu llega a las urnas con el respaldo de los sectores de la derecha religiosa y nacionalista, pero con dificultades para ampliar su base electoral. Su coalición reúne al Likud, dos partidos de extrema derecha vinculados con Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir y dos fuerzas ultraortodoxas. Según las encuestas, ese bloque podría quedar por debajo de los 61 escaños necesarios para formar gobierno.
El primer ministro, de 77 años, también enfrenta un juicio por corrupción y una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra en Gaza. Aun así, la campaña estuvo centrada especialmente en su liderazgo, la seguridad y el futuro de su coalición.
Quién es Gadi Eisenkot, el rival que busca desplazar a Netanyahu
Eisenkot, de 66 años, fue jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel entre 2015 y 2019. Su trayectoria militar le permite disputar el debate sobre seguridad desde una posición distinta de la de otros dirigentes opositores y presentarse como una alternativa con experiencia en defensa.
Al frente de Yashar, una formación centrista, busca reunir a los votantes que quieren un cambio de gobierno sin abandonar una agenda centrada en la seguridad nacional. Su principal argumento es que Israel necesita superar la etapa de confrontación interna y recuperar la confianza en sus instituciones después de los ataques de 2023.
En declaraciones a la cadena pública Kan, Eisenkot cuestionó directamente la continuidad del primer ministro. Afirmó que Netanyahu no está en condiciones de seguir en el cargo y lo acusó de difundir odio y miedo, además de presentar a sus adversarios políticos como enemigos de Israel.
Sin embargo, su candidatura enfrenta un problema central: la oposición no constituye un bloque homogéneo. A su derecha están los espacios encabezados por el ex primer ministro Naftali Bennett y el exministro de Defensa Avigdor Liberman, que también aspiran a liderar el gobierno. A su izquierda se ubican Los Demócratas, dirigidos por Yair Golan.
Cómo funciona el sistema electoral israelí
Israel tiene un Parlamento unicameral, la Knéset, integrado por 120 diputados. Los ciudadanos no eligen directamente al primer ministro ni votan por candidatos individuales en distritos: eligen listas partidarias en una circunscripción nacional única, bajo un sistema de representación proporcional.
Para obtener representación parlamentaria, cada lista debe superar el umbral electoral del 3,25% de los votos válidos. En esta elección se registraron alrededor de 38 listas, una cifra que refleja la fragmentación del sistema político israelí. La mayoría absoluta se alcanza con 61 escaños. Por eso, ser el partido más votado no garantiza el acceso al gobierno: la clave está en conseguir aliados suficientes para formar una coalición.
Las diferencias entre los sondeos ilustran la incertidumbre. Una encuesta del Canal 12 ubicó a Yashar con 23 escaños y al Likud con 21. En cambio, el Canal 14, identificado con posiciones favorables a Netanyahu, proyectó 30 bancas para el Likud y alrededor de 20 para Eisenkot.
Más allá de quién termine primero, las estimaciones sitúan al bloque de Netanyahu entre 49 y 55 escaños, por debajo de la mayoría necesaria. Si ninguno de los bloques consigue reunir 61 diputados, Israel podría enfrentar negociaciones prolongadas, un gobierno de unidad nacional o nuevas elecciones.
El voto árabe puede inclinar la balanza
Uno de los factores decisivos será la participación de los ciudadanos árabes de Israel, que representan aproximadamente el 20% de la población. Históricamente, su concurrencia a las urnas fue menor que la del conjunto del electorado, pero una movilización más alta podría modificar el reparto de escaños y los acuerdos necesarios para formar gobierno.
En las elecciones de 2022, la participación árabe fue del 53,2%, frente al 70,6% del total nacional. Para esta votación, algunas proyecciones anticipan que podría superar el 60%.
El peso de esos votos es especialmente importante porque una coalición opositora podría necesitar el respaldo o la abstención de los partidos árabes para llegar a los 61 escaños. La posibilidad de ese acuerdo, sin embargo, también genera resistencias entre sectores de la derecha y dentro de la propia oposición.
Trump respalda a Netanyahu en la recta final
La elección también quedó atravesada por la intervención de Donald Trump, uno de los principales aliados internacionales del primer ministro israelí. En la víspera de los comicios, el presidente estadounidense volvió a respaldar públicamente a Netanyahu y pidió a los votantes que lo eligieran para continuar el trabajo iniciado por ambos gobiernos.
Trump destacó la cooperación militar con Israel y reivindicó las operaciones contra Irán como parte de su argumento a favor del actual mandatario. Netanyahu agradeció el apoyo y afirmó que Israel nunca había tenido un amigo más importante en la Casa Blanca.
Eisenkot, por su parte, intentó evitar que el vínculo con Washington se convierta en una ventaja electoral exclusiva del Likud. Sostuvo que Trump mantendrá una relación de cooperación con cualquier gobierno elegido por los israelíes y acusó a Netanyahu de recurrir a una campaña del miedo para condicionar el voto.
Desde Irán, el portavoz de la Cancillería, Esmaeil Baghaei, afirmó que el resultado electoral no cambiará la posición de Teherán frente a Israel y volvió a cuestionar las acciones militares israelíes en la región.
LB/MSS
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