hija y sucesora de Kim jong-un

Ju-ae, la adolescente en la línea dinástica de Norcorea

De la mano. Ju-ae y su padre, Kim Jong-un, en un acto militar. Foto: europapress

El ascenso público de Kim Ju-ae, la hija del líder norcoreano, Kim Jong-un, ha dejado de ser una curiosidad protocolar para convertirse en una de las figuras más relevantes del hermético país comunista. 

Desde su primera aparición, en noviembre de 2022, durante el lanzamiento de un misil intercontinental, su presencia protocolar en los principales actos que encabeza su padre demuestran que es la heredera elegida en esta dinastía monarquía.

Aunque su edad exacta no se ha confirmado (se estima en 13 años), la intensidad de su agenda pública sugiere que el régimen tiene prisa por establecer su autoridad simbólica antes de cualquier contingencia de salud del actual líder.

Cuarta generación. La historia de Corea del Norte es la historia de la Dinastía Kim. Bajo la ideología juche (autosuficiencia), el poder se ha transferido de manera ininterrumpida a través de la “Sangre del Monte Paektu”.

Kim Il-sung fue el fundador y se le denominó el “Eterno Presidente”. Le siguió su hijo Kim Jong-il, quien consolidó el poder militar. Ahora ejerce el nieto del fundador, Kim Jong-un, que se destacó por acelerar el programa nuclear.

En este esquema dinástico, surge la adolescente Kim Ju-ae, figura que, según la inteligencia surcoreana (NIS), está siendo preparada como la heredera aparente.

El uso de epítetos oficiales para referirse a ella evolucionó de “hija amada” a “hija respetada” y, recientemente, a “gran guía”, un término que el régimen reserva exclusivamente para líderes máximos y sucesores.

Simbolismo. A diferencia de su padre, quien fue mantenido en secreto hasta poco antes de asumir el poder, los analistas explican que Kim Ju-ae está siendo expuesta a una “socialización política temprana”. Su presencia en eventos claves no es accidental.

Se la ve frecuentemente inspeccionando tropas y armamento estratégico. Esto busca vincular su imagen con la seguridad nacional y la supervivencia del régimen frente a Occidente.

El régimen utiliza la iconografía para mimetizar su imagen con la de su abuelo y bisabuelo, reforzando la idea de una línea sucesoria inquebrantable. Su aparición pública también sirve para humanizar la figura de Kim Jong-un ante su pueblo, presentándolo como un padre protector que asegura el futuro de las próximas generaciones.

Sociedad patriarcal. A pesar de las señales, el posible ascenso de Ju-ae enfrenta desafíos culturales significativos. Corea del Norte es una sociedad profundamente confuciana y patriarcal. La idea de una mujer en la cima de la estructura militar y política es un cambio de paradigma radical.

Sin embargo, el régimen parece estar trabajando activamente para mitigar esta resistencia. La elevación de otras figuras femeninas, como su tía Kim Yo-jong (jefa de propaganda) y la ministra de Exteriores, Choe Son -hui, sugiere que Kim Jong-un está rodeando el trono de mujeres poderosas para normalizar el liderazgo femenino antes de su eventual sucesión.

La preparación de Kim Ju-ae subraya que, para Pyongyang, la supervivencia del Estado es sinónimo de la supervivencia de la familia Kim. El mundo observa no solo a una adolescente en eventos oficiales, sino la arquitectura de una sucesión dinástica que busca perpetuar el régimen por lo menos otra generación.

Mientras su padre mantenga el control absoluto y las élites militares se beneficien de la estabilidad familiar, Ju-ae se perfila como el rostro de la continuidad en la península.