respaldo talibán a ultraislámicos

Pakistán bombardea Afganistán: la guerra que sacude al mundo islámico

Talibanes. Fuerzas afganas en alerta por ataques paquistaníes. Foto: afp

Pakistán bombardeó ayer Kabul y Kandahar, dos de las ciudades más importantes de Afganistán, en la mayor escalada militar contra el país vecino desde el regreso de los talibanes al poder en 2021. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, habló de una “confrontación total” y afirmó que se trata de una “guerra abierta” entre ambos gobiernos.

La operación se produjo después de que fuerzas afganas atacaran tropas fronterizas pakistaníes el jueves por la noche, en represalia por bombardeos previos de Islamabad, en un contexto de meses de creciente tensión.

Los ataques de Pakistán fueron respaldados por Estados Unidos.

Las relaciones entre los vecinos se deterioraron en los últimos meses, con los cruces terrestres prácticamente cerrados desde los enfrentamientos de octubre que dejaron más de 70 muertos en ambos lados de la frontera.

Islamabad acusa a Afganistán de no actuar contra los grupos militantes que ejecutan ataques dentro de Pakistán, algo que el gobierno talibán rechaza. La mayoría de esos atentados fueron reivindicados por el Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), organización que intensificó su actividad desde que los talibanes retornaron al poder en Kabul y busca la independencia de la región de Baluchistán.

Por su parte, Zabihullah Mujahid, portavoz del gobierno talibán, aseguró que Kabul busca “diálogo” para resolver el conflicto. “Hemos insistido repetidamente en una solución pacífica y seguimos queriendo que el problema se resuelva mediante el diálogo”, declaró en rueda de prensa.

Afganistán y Pakistán comparten más de 2.600 kilómetros de frontera, conocida como la Línea Durand, trazada por el Imperio británico en 1893 y nunca reconocida formalmente por Kabul. 

Esa frontera porosa se convirtió históricamente en un espacio de repliegue para grupos insurgentes ultraislámicos, un factor que, junto con las disputas políticas y los flujos migratorios, mantiene la relación bilateral en tensión permanente.

Desde el regreso del gobierno talibán al poder, el vínculo ha oscilado entre un diálogo cauteloso y episodios de hostilidad abierta. Los cruces fronterizos se han cerrado en repetidas ocasiones tras enfrentamientos armados, afectando el comercio y el tránsito de personas.

Los últimos hechos de violencia marcan lo que analistas describen como la fase más peligrosa hasta ahora. El experto en el sur de Asia Michael Kugelman calificó los ataques nocturnos como una “escalada significativa y peligrosa”. Para bajar la tensión, Qatar se ofreció como mediador, mientras China –con proyectos económicos en ambos países– instó a desescalar.