ELECCIONES EN PERÚ 2026

Perú vota en medio de la desconfianza: el clima social marca la previa de una elección fragmentada

Votantes indecisos, falta de información y descreimiento en la política atraviesan una jornada clave, mientras crecen las dudas sobre la gobernabilidad que vendrá.

Elecciones en Perú 2026 Foto: Cedoc

(Desde Lima, Perú)

A un día de las elecciones generales, en Perú la incertidumbre no es solo política: se siente en la calle. Lejos del entusiasmo electoral, predominan las dudas, el cansancio y una sensación extendida de desconfianza en un proceso que, además de elegir autoridades, pone a prueba la relación entre la ciudadanía y la política.

El país votará este 12 de abril presidente, vicepresidentes, diputados, senadores —en el regreso a un Congreso bicameral tras más de tres décadas— y representantes al Parlamento Andino. Sin embargo, más allá de la magnitud de la jornada, la gran incógnita no es solo quién ganará, sino si el próximo gobierno logrará sostenerse en el poder.

En ese contexto, el clima social aparece atravesado por la desconfianza. “La gente vota porque tiene que pagar la multa, y es alta. Además, si no pagás, no podés hacer trámites: desde ir al banco hasta atenderte en un hospital”, contó Mercedes Jacige en diálogo con Perfil. Y agregó: “no es que la gente esté motivada, muchos van a votar porque no tienen otra opción”.

La percepción de desconcierto se repite. “Hay mucha confusión, sobre todo en los jóvenes. No solo por la cantidad de candidatos, sino también por cambios como la vuelta del Senado, que no se entiende bien qué implica o para qué sirve”, explicó. A eso se suma la falta de referencias claras: “las encuestas cambian todo el tiempo, entonces no hay un panorama firme y eso genera más dudas”.

Esa fragmentación también se refleja en los números: hay 35 candidatos presidenciales y 37 partidos políticos en competencia, en una elección donde se proyecta un Congreso dividido y con dificultades para construir mayorías estables.

Descontento social 

“Quizá los que todavía no definieron su voto terminen inclinando la balanza y definiendo quién entra a una segunda vuelta”, planteó Escolástico Dávalos. Pero al mismo tiempo advirtió sobre un problema estructural: “en todas las listas hay candidatos con antecedentes o cuestionamientos. No es algo de un solo espacio, pasa en todos”.

Aun así, el reclamo social apunta a cuestiones básicas. “Esperemos que el próximo presidente se enfoque en la educación, la salud, el trabajo. Ya no estamos para experimentar”, sostuvo. Y agregó: “la gente quiere estabilidad, que alguien gobierne y cumpla lo que promete”. Su pedido final sintetiza el malestar: “que no se olviden de la gente y que no maltraten al pueblo”.

Mientras tanto, la desinformación también juega un papel clave en la previa electoral. “Hay gente en el interior que todavía no sabe bien cómo votar o cómo marcar la boleta”, señaló Lenin Yarlake a Perfil. “Falta información clara, y eso también genera incertidumbre”, agregó.

En su mirada, ese problema se suma a un descontento más profundo: “hay mucho malestar con las autoridades y con la corrupción. Los gobiernos pasan, pero la gente siente que no se resuelven los problemas de fondo, como la educación, la salud o la agricultura”.

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Ese clima social se inscribe en un escenario político más amplio. Perú acumula una inestabilidad inédita: en la última década tuvo nueve presidentes y la mayoría no logró completar su mandato. Solo desde 2021, el Congreso removió a tres jefes de Estado: Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí.

Este patrón se explica, en parte, por el uso reiterado de la figura de “incapacidad moral permanente”, un mecanismo constitucional que permite destituir presidentes con respaldo parlamentario y que, en la práctica, se convirtió en una herramienta frecuente.

En ese marco, el actual mandatario interino, José María Balcázar, asumió tras la salida de Jerí, en medio de denuncias por presuntos vínculos irregulares con empresarios. Su gestión es transitoria: gobernará apenas cinco meses hasta el traspaso de mando del 28 de julio.

Fragilidad institucional 

La fragilidad institucional no es un fenómeno aislado. En Perú, las denuncias por corrupción alcanzan a distintos niveles de la dirigencia, lo que fue erosionando la confianza ciudadana. A eso se suma un Congreso con fuerte peso político, que en los últimos años avanzó sobre facultades del Ejecutivo y mantuvo intacta la herramienta de vacancia presidencial, profundizando el desequilibrio entre poderes.

El sistema dejó de funcionar como un presidencialismo clásico y derivó en una dinámica inestable, donde los gobiernos quedan expuestos desde su origen.

En paralelo, el nuevo Parlamento tendrá una característica central: volverá a ser bicameral. El Senado, reintroducido tras una reforma constitucional, tendrá funciones como revisar leyes y participar en procesos clave, incluida la eventual destitución presidencial. Sin embargo, este cambio no garantiza mayor estabilidad y podría incluso duplicar tensiones si no se resuelven problemas estructurales.

Otro punto de discusión es la legitimidad de esta reforma. Aunque fue aprobada dentro del marco legal, años atrás la ciudadanía había rechazado en referéndum la vuelta a un sistema de dos cámaras, lo que refuerza la distancia entre decisiones políticas y percepción social.

Con ese trasfondo, el escenario electoral combina fragmentación política, debilidad institucional y desconfianza ciudadana. En la calle, esa combinación se traduce en dudas, apatía y expectativas moderadas.

Muchos votan sin estar convencidos, porque no ven cambios reales elección tras elección”, resumió Jacige.

Con este panorama, Perú vuelve a las urnas. Pero la pregunta que atraviesa tanto a analistas como a votantes sigue abierta: si en un país marcado por la inestabilidad, el resultado electoral alcanza para cambiar el rumbo o si la incertidumbre continuará más allá del voto.