Perú irá a las urnas mañana para elegir a su próximo presidente en un escenario atravesado por la fragmentación política, la debilidad institucional y una creciente demanda social de respuestas frente a temas como el aumento de la criminalidad y la inmigración irregular.
Con 35 candidatos en carrera y una boleta única de casi 50 centímetros –la más larga de la historia del país–, el proceso vuelve a reflejar la crisis de representación que atraviesa Perú.
Según el último sondeo de Ipsos, Keiko Fujimori encabeza la intención de voto con apenas un 15%, un nivel que la posiciona como favorita, pero con un techo: es su cuarta candidatura consecutiva a la presidencia y es hija del exmandatario Alberto Fujimori –condenado por delitos de lesa humanidad–. La candidata de Fuerza Popular –que atravesó una investigación por presunto lavado de activos y cumplió cien días en prisión preventiva– centró su discurso de campaña en el orden, la seguridad y la mano dura contra el delito.
El humorista y candidato de derecha Carlos Álvarez se ubica en segundo lugar y se perfila como outsider. Impulsor de la pena de muerte contra delincuentes y conocido por parodiar en televisión a los protagonistas de los escándalos políticos de las últimas décadas, en su cierre de campaña no perdió la oportunidad de imitar a algunos de sus contrincantes.
Más atrás aparece el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga con un 7%. El candidato de la Derecha Cristiana que se compara a sí mismo con el cerdito animado Porki promete encerrar a los criminales en cárceles aisladas en la selva.
En cuarto lugar aparece el empresario Ricardo Belmont, que muestra un salto del 2% al 6% de intención de voto en menos de un mes. El aspirante confesó que atraviesa un problema de salud del cual se hará cargo luego de los comicios y se diferenció de sus rivales al decir que combatirá al crimen organizado con “abrazos y no balazos”.
Otro giro en los discursos radicalizados lo dio Roberto Sánchez, quien anunció que indultará al expresidente Pedro Castillo y que convocará a Antauro Humala –condenado por el levantamiento armado Andahuaylazo y cuyo partido político fue disuelto por antidemocrático– para el armado de su política de seguridad. Según la encuesta de Ipsos, el candidato midel 5% de intención de voto. Lo sigue con el mismo guarismo Alonso López Chau, candidato de Ahora Nación que polarizó abiertamente con Fujimori al llamarla terrorista.
El proceso electoral se da en un país de 34 millones de habitantes, donde el voto es obligatorio y la inestabilidad política se ha vuelto estructural. Desde 2016, Perú tuvo ocho presidentes: el Congreso destituyó a cuatro y forzó la renuncia de otros dos, en una dinámica que erosionó la confianza pública en las instituciones. En ese contexto, la seguridad se consolidó como la principal preocupación de los votantes, en paralelo a un creciente malestar social.
Con un escenario abierto y una alta dispersión del voto, todo indica que la definición se trasladará a una segunda vuelta el próximo 7 de junio. Mientras tanto, la elección vuelve a poner en evidencia la demanda de orden.