En el complejo ajedrez del poder iraní, la fuerza militar del país persa no es un bloque monolítico, sino una estructura dual única en el mundo: la coexistencia del Ejército regular (Artesh) y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI o Sepah).
Esta bicefalia militar no es un accidente, sino el diseño de supervivencia de la República Islámica. La dualidad militar de Irán fue diseñada para evitar golpes de Estado que resquebrajen el poder teocrático
En las próximas dos semanas, el mundo no solo verá una negociación entre Irán y Estados Unidos, sino una lucha interna por el control de las armas y el poder en la nación islámica: el nacionalismo pragmático del Artesh se enfrenta al fanatismo ideológico y empresarial de la Guardia Revolucionaria.
Diferencias. La distinción más profunda entre ambas fuerzas radica en su razón de ser. El Ejército regular es el heredero de las fuerzas armadas tradicionales. Su misión constitucional es la “defensa de la integridad territorial y la soberanía del Estado”. Su doctrina es convencional y profesional, similar a la de cualquier ejército occidental, y sus soldados juran lealtad a la nación iraní.
La Guardia Revolucionaria, por el contrario, nació tras la Revolución de 1979 como una milicia ideológica para proteger al nuevo sistema teocrático de posibles golpes de Estado.
Su misión no es solo defender fronteras, sino “preservar la Revolución Islámica” y expandir su influencia. De hecho, sus miembros juran lealtad directa al líder Supremo.
Mientras el Artesh opera bajo una lógica de defensa nacional, el CGRI es el brazo ejecutor de la “exportación de la revolución”, operando mediante la Fuerza Quds en países como Líbano, Siria, Irak y Yemen.
Dominio militar. A pesar de que ambos tienen fuerzas de tierra, mar y aire, el régimen dividió sus capacidades de manera estratégica para que ninguno pueda ser autosuficiente.
Artesh cuenta con unidades masivas en tierra, tanques y artillería convencional. Controla los aviones de combate (viejos y escasos) y los helicópteros clásicos (F-14 y F-4). Su Armada tiene buques de gran calado para aguas profundas, muchos de los cuales fueron destruidos por los ataques de Estados Unidos e Israel.
La Guardia Revolucionaria domina los equipos más letales de Irán. En tierra tiene a disposición unidades de combate pequeñas, la fanática milicia Basij y los poderosos programas de misiles balísticos y drones. En el mar dispone de lanchas rápidas para la guerra de guerrillas naval que realiza en el estrecho de Ormuz.
Poder político y económico. Aquí es donde la balanza se inclina drásticamente. Mientras el Artesh se mantiene en gran medida al margen de la política partidista, el CGRI es el actor más poderoso de Irán.
El CGRI no es solo una fuerza militar; es un conglomerado industrial que controla entre el 30% y el 50% del PBI iraní. A través de su brazo constructor, Khatam al-Anbiya, domina sectores clave como petróleo, gas e infraestructura. Construye refinerías y oleoductos, aeropuertos, represas y centros de telecomunicaciones.
Este imperio económico permite al CGRI financiar sus propias operaciones y las de sus aliados regionales, como Hezbollah, sin pasar por el control del Parlamento o el escrutinio público.
También domina la política. Se estima que un tercio de las bancas del Parlamento iraní están ocupados por exoficiales de la Guardia.
En contraste, el Artesh sufre históricamente de presupuestos más ajustados y nula influencia en las decisiones económicas del país. Esta disparidad ha creado tensiones silenciosas: el Artesh es visto a menudo como el “ejército del pueblo”, más nacionalista y menos ideológico, mientras que el CGRI es la élite privilegiada del régimen.
¿Fractura o Unidad? Tras la reciente eliminación del líder Supremo Alí Jamenei y el debilitamiento de la cúpula del CGRI por ataques externos, la relación entre ambas fuerzas ha llegado a un punto de ruptura.
El bloque político liderado por el presidente iraní Mossoud Pezeshkian parece apoyarse más en la institucionalidad del Ejército regular para buscar una salida diplomática a través de Pakistán.
Pezeshkian sabe que el Artesh, por su perfil profesional, podría estar más dispuesto a aceptar un acuerdo de rendición técnica que salve al Estado iraní del colapso total.
Sin embargo, la Guardia Revolucionaria sigue controlando el arsenal de misiles y drones. Para ellos, cualquier concesión en las negociaciones con Estados Unidos es una traición a los ideales revolucionarios y, lo que es más importante, una amenaza a sus masivos intereses económicos.