Viktor Orbán, la figura de la ultraderecha conservadora que cayó en desgracia
Con 16 años como gobernante de Hungría, representa el modelo global de los antiliberales. Es conocido como un férreo opositor a la inmigración y a los derechos LGBTQ. Defiende la invasión de Rusia a Ucrania y es respaldado por Donald Trump y parte del arco ultraderechista europeo. El estancamiento económico del país y los hechos de corrupción deterioraron su imagen. Temor de la oposición a un posible fraude electoral.
El primer ministro húngaro Viktor Orbán, una figura de la ultraderecha mundial, se encuentra en un momento crítico ante una elecciones donde la oposición le puede arrebatar el poder.
A lo largo de los 16 años que gobernó Hungría no solo fue cambiando los fundamentos de su partido -Fidesz-, también modificó el sistema político según su conveniencia. A pesar de ello, el desgaste económico, la pérdida de apoyo entre los jóvenes y la corrupción son temas que podrían provocar un revés en los comicios que se celebran hoy.
Estado iliberal. En 2014, Orbán planteó que estaba construyendo “un nuevo Estado liberal” en la ex república comunista. Desde ahí se profundizó la ruptura con los valores tradicionales de la Unión Europea.
Ese concepto encontró correlato en indicadores internacionales: según el instituto V-Dem Institute, Hungría dejó de ser una democracia para convertirse en una “autocracia electoral”, un sistema donde se mantienen las elecciones pero sin condiciones de competencia plena.
Durante ese proceso, el oficialismo reformó las reglas electorales, avanzó sobre la Justicia y redujo el margen de acción de medios, ONG y universidades.
Alianzas. El líder ultranacionalista de 62 años construyó una red de apoyos con figuras de fuerte impronta personalista como Donald Trump y Vladimir Putin, mientras intensifica su asociación con China. En la previa electoral, el propio Trump le expresó su “apoyo total e incondicional”, en línea con un vínculo que trasciende lo personal: sectores del conservadurismo estadounidense ven a Hungría como un modelo de defensa de valores tradicionales frente a una Europa liberal.
Al mismo tiempo, Budapest es parte de la UE, donde Orbán se mueve en un delicado equilibrio. Dirigentes como Giorgia Meloni, Matteo Salvini y Marine Le Pen reivindican el rumbo húngaro.
Mientras, un grupo de países del bloque impulsan la aplicación del Artículo 7 para sancionar o incluso aislar a Hungría, aunque la iniciativa no logra unanimidad porque el gobierno de Eslovaquia bloquea su avance.
Frente a ese límite político, Bruselas optó por otra vía: la presión económica. Desde 2022 mantiene retenidos miles de millones de euros en fondos de cohesión por incumplimientos en materia de corrupción, independencia judicial y libertad de prensa, aunque una serie de reformas permitieron destrabar una parte del dinero.
Economía en declive. El frente económico se transformó en uno de los principales focos de desgaste para el gobierno. Tras un ciclo de expansión -con tasas de crecimiento de entre el 4% y el 5% entre 2014 y 2019-, la economía húngara entró en una etapa de estancamiento.
En 2024 y 2025 el PBI apenas avanzó entre el 0,4% y el 0,6% respectivamente, desaceleración que coincide con el recorte de fondos europeos y con un deterioro de las cuentas públicas, que en muestran un déficit cercano al 5%. El mercado laboral también empieza a resentirse. Aunque el desempleo sigue siendo moderado en comparación con el promedio europeo (4,9% en enero), es el más alto en una década dentro del país.
Corrupción. Lo que en sus inicios se presentó como una economía de mercado fue mutando hacia un sistema de favoritismo político. A través de expropiaciones, impuestos selectivos y regulaciones a medida, se fue desplazando a empresas independientes, mientras que medidas como la nacionalización de fondos de pensión o las restricciones a propietarios extranjeros alteraron reglas básicas de juego. El Estado comenzó a direccionar contratos públicos, créditos y compras hacia un núcleo reducido.
Desde su llegada al poder, Orbán impulsó ese esquema bajo el llamado Sistema Nacional de Cooperación (SNC), que consolidó a familiares, aliados y socios políticos en sectores estratégicos. Empresas vinculadas a figuras como István Tiborcz -yerno de Orbán- o Lorinc Mészáros - su amigo de la infancia- crecieron al calor de contratos públicos, regulaciones favorables y financiamiento estatal.
Temor al fraude. En la oposición vienen denunciando la posibilidad de una manipulación de los resultados. El dirigente del partido conservador Tisza, Péter Magyar, pidió a los húngaros “no ceder ante ningún tipo de provocación y mantener la serenidad”. También invitó a Orbán a “aceptar” el voto del pueblo húngaro con “la calma y la dignidad que se imponen”.
Los “fraudes electorales en curso, llevados a cabo desde hace meses por el partido en el poder, Fidesz, así como los actos delictivos, las operaciones de inteligencia, la desinformación y las noticias falsas, no pueden cambiar el hecho de que Tisza va a ganar estas elecciones”, sostuvo Magyar, anticipandose a una maniobra de Orban.
Magyar también había advertido, antes de la visita del vicepresidente estadounidense JD Vance esta semana a Hungría, sobre un intento de Washington de influir en la votación.
Reformas en el sistema político y judicial
◆ En 2010 el partido oficialista Fidesz obtuvo una mayoría calificada de dos tercios en el Parlamento y apartir de allí inició el desmantelamiento del Estado de derecho en el país.
◆ Introdujo modificaciones a la Constitución Nacional, sin tener en cuenta a la oposición.
◆ Amplió la cantidad de jueces de la Corte Suprema de 11 a 15 miembros.
◆ Ese cambio le permitió al gobierno ingresar cuatro magistrados elegidos de manera automática.
◆ Los cambios le dieron la prerrogativa al Parlamento para elegir al presidente del máximo tribunal, potestad que antes pertencía a los magistrados que lo integraban.
◆ Las reformas del Fidesz modificaron la edad de retiro de los jueces al pasar de los 70 años a los 62.
◆ El gobierno salteó la división de poderes y reemplazó Jueces por decreto.
◆ Respecto del sistema electoral se modificó el diseño de primera y segunda vuelta en las circunscripciones electorales, al validar la necesidad de una única vuelta dando por vencedor a quien cosechara más votos y sin importar la el porcentaje de participación.
◆ Con la eliminación de la segunda vuelta, la oposición perdió la posibilidad de coordinar una estrategia de alianzas para resultar vencedora.
◆ El total de bancas en el parlamento también fue modificado. Pasó de 386 a 199.
◆ Los distritos de la oposición fueron desmembrados y absorbidos por áreas donde Fidesz dominaba.
◆ En 2013, una enmienda volvió una obligación que la propaganda política circulara solo en medios de difusión pública, controlados por el gobierno.on estas modificaciones el sistema político húngaro dejó de ser equitativo.
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