Conmoción y justicia

El empresario Marcelo Porcel irá a juicio oral por abusar de los compañeros de colegio de sus hijos

La Justicia contabilizó diez ataques ocurridos entre Buenos Aires y Londres contra menores de 13 años. El acusado enfrentará un tribunal tradicional tras el rechazo a su pedido de un juicio por jurados. Podría recibir hasta 15 años de prisión, aunque esperará el debate en libertad bajo monitoreo estricto.

Marcelo Porcel Foto: Redes Sociales

El escándalo que sacudió a una exclusiva comunidad escolar ya tiene su destino marcado en los tribunales. El juez Carlos Bruniard mandó a juicio oral al empresario Marcelo Porcel, acusado de orquestar un raid de abusos contra los compañeros de colegio de sus propios hijos. Lejos del paraguas de impunidad que muchas veces otorga el poder económico, el empresario deberá sentarse a responder por una serie de delitos gravísimos que destrozaron la confianza de las familias afectadas.

El expediente detalla un accionar sistemático y escalofriante. La Justicia contabilizó al menos 10 episodios ocurridos entre los años 2022 y 2023. Los blancos de Porcel fueron siempre nenes menores de 13 años que frecuentaban su entorno íntimo. Para llevar a cabo los abusos, el empresario utilizó tres escenarios distintos: un departamento en el barrio porteño de Palermo, una propiedad de su madre ubicada en Puerto Madero y hasta una residencia familiar en Londres.

La resolución del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°50 le dio la derecha al fiscal Pablo Turano y al abogado de las víctimas, Pablo Gianotti. Con esta medida, el acusado enfrentará un combo de cargos muy pesados: abuso sexual gravemente ultrajante, corrupción de menores y producción de material de abuso sexual infantil. Si los jueces lo encuentran culpable, la condena podría trepar hasta los 15 años de prisión.

Una de las batallas clave en esta etapa de la investigación se libró alrededor de las pruebas. La defensa de Porcel intentó por todos los medios voltear los testimonios que los chicos brindaron en Cámara Gesell, pero el magistrado rechazó el planteo y validó las declaraciones. Para los investigadores el caso está repleto de agravantes, sobre todo por la traición: el empresario aprovechó su rol de padre y anfitrión para someter a las víctimas durante un período prolongado de tiempo.

A pesar de la gravedad de las imputaciones y de que se detectaron riesgos procesales evidentes, Porcel esperará el inicio del debate en libertad. De todas formas, el juez ordenó una marca personal sobre el acusado: dispuso que una comisaría lo monitoree en tiempo real para evitar cualquier intento de fuga o maniobra que entorpezca el avance de la causa.

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Sin jurado popular y bajo el sistema tradicional

En su estrategia para intentar cambiar el escenario judicial, la defensa del empresario jugó una última carta y pidió que el caso se defina a través de un juicio por jurados. La intención de los abogados era dejar el veredicto en manos de un grupo de ciudadanos comunes, pero Bruniard le bajó el pulgar a la solicitud y cerró esa puerta de manera definitiva.

Con ese rechazo sobre la mesa, el futuro de Porcel quedó atado al sistema de enjuiciamiento tradicional. El expediente pasará a un tribunal compuesto por tres jueces profesionales, quienes tendrán la tarea de evaluar la montaña de pruebas, los supuestos registros de los hechos y los crudos relatos de los menores atacados.

El caso generó un impacto profundo en la opinión pública no solo por la monstruosidad de los incidentes denunciados, sino por el perfil del imputado. Se trata de un hombre con fuertes recursos económicos que rompió el ámbito de seguridad más básico, transformando las reuniones de compañeros de sus hijos en el escenario de una verdadera pesadilla.

TC