Elecciones en Colombia

Abelardo de la Espriella en Colombia imitó la campaña de Milei y se hizo llamar ‘tigre’

El historiador y politólogo Petrit Baquero analizó el escenario electoral colombiano y advirtió sobre el ascenso de nuevas expresiones de extrema derecha impulsadas por la polarización digital.

Colombians Vote In Presidential Election Foto:

Las elecciones presidenciales en Colombia reconfiguraron el mapa político del país y dejaron una segunda vuelta atravesada por una fuerte polarización entre proyectos antagónicos. Ante este escenario, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el historiador Petrit Baquero analizó el ascenso de Abelardo de la Espriella, las posibilidades del oficialista Iván Cepeda en el balotaje y el impacto que tienen las redes sociales, los liderazgos emergentes y el desgaste de las estructuras políticas tradicionales en la disputa por la Presidencia.

El historiador, politólogo, periodista e investigador colombiano especializado en violencia política, narcotráfico, conflicto armado y crimen organizado en Colombia, Petrit Baquero, fue integrante de la Comisión de la Verdad y trabajó en centros de investigación social como el Cinep/PPP. Sumado a eso, dirigió investigaciones para documentales, entre ellos uno sobre Jhon Jairo Velásquez, alias “Popeye”, exlugarteniente de Pablo Escobar. A su vez, en los últimos años ganó visibilidad por sus análisis sobre la llamada “Junta del Narcotráfico”, una estructura criminal transnacional que, según sus investigaciones, articula redes del narcotráfico colombiano con actores internacionales.

Le pedimos un análisis de las elecciones. ¿Fue una sorpresa que finalmente el candidato que, por lo menos desde la Argentina, suponíamos que iba a entrar al balotaje pero iba a ser segundo, terminara siendo primero?

Efectivamente, los resultados fueron sorpresivos para muchos. Era previsible que hubiera dos vueltas electorales. Sin embargo, para muchos fue sorpresivo que el candidato que en este momento representa a la oposición, una opción realmente de extrema derecha, obtuviera la mayor cantidad de los votos. Eso ha sido un duro golpe para los sectores de izquierda y, por supuesto, para los grupos y sectores que están alineados en torno al gobierno de Gustavo Petro.

Cuando uno mira a la distancia, y probablemente la distancia requiere simplificaciones que siempre son imperfectas, pareciera ser que Abelardo de la Espriella tiene un look más parecido al presidente Bukele y un discurso, con metáforas zoológicas, más parecido al presidente de la Argentina. Concretamente, dado que lo estamos llamando desde la Argentina, nos gustaría la comparación con nuestro presidente Milei. 

Completamente cierto. De la Espriella aprovechó esta nueva tendencia azuzada por las redes sociales, que han agitado la polarización. También el famoso algoritmo, mediante el cual la gente está radicalizando sus posturas con respecto a una u otra tendencia. Y no solo en su aspecto físico, sino también en el discurso.

Está aludiendo a estos gobernantes que, en otras circunstancias y en otro tiempo, habrían sido simplemente una curiosidad en unos comicios electorales. De la Espriella se autodenominó en esta campaña como "el Tigre", una clara imitación de lo que hizo Milei con el mote del león. A él nunca le habían dicho tigre, pero evidentemente muchos de sus seguidores empezaron a hablar del tigre, de "Firmes por la Patria" y de un montón de cosas. En ese sentido, alude a lo que otros gobernantes de un mismo estilo han hecho históricamente.

Entonces, el culto a la nacionalidad extrema, a la hombría y al machismo encuentra mucha fuerza en esos sectores emergentes que, en torno a actividades a veces no muy claras, han ocupado posiciones de privilegio.

Es claro que De la Espriella se basa, en muchos sentidos, en la campaña de Milei, que como bien vimos fue bastante exitosa. Y, por supuesto, en un entorno de polarización, de miradas que no son capaces de establecer un diálogo, sino todo lo contrario. Se lanzan epítetos, ataques personales y todo tipo de descalificaciones.

Es muy similar a lo que está pasando y realmente Colombia no había tenido una opción de poder ubicada en el contexto de estas situaciones. Si bien había tenido gobernantes de derecha dura, respondían a circunstancias diferentes, en el contexto del conflicto armado y del fracaso de los diálogos de paz.

Pero De la Espriella sí representa esa dinámica de individuos supuestamente alejados de la política, que son outsiders, pero que recogen las maneras de pensar, de sentir y de ver el mundo de grupos claramente inclinados hacia la derecha política, y una derecha política muy dura.

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Si uno lo tuviera que comparar con Uribe, no sé si en una gradación de más derecha. ¿Cómo lo compararía?

Es que son contextos diferentes. Uribe surge y se fortalece sustentado en el fracaso de los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC.

No sé si recuerdan que hubo un momento en que se dio, durante el gobierno de Andrés Pastrana, una zona de despeje gigantesca, más grande que varios países de Europa, para que la guerrilla se concentrara. Finalmente todo fracasó. Se demostró que ni el gobierno ni la guerrilla tenían voluntad de paz.

Uribe se montó sobre eso y realmente surge como un pacto de élites. En Colombia ha habido dos momentos en que el establecimiento ha estado asustado e incómodo, pensando incluso que lo iban a tumbar.

En Colombia, un sector importante del establecimiento permanece en el poder desde la época colonial. El primer momento fue Pablo Escobar. Pablo Escobar arrodilló al establecimiento, no con las bombas ni con los asesinatos, sino con el secuestro de los hijos de la oligarquía.

El segundo momento fueron las FARC, que después del fracaso de los diálogos del Caguán se convirtieron en un factor muy molesto para ese establecimiento. Los secuestros masivos, los atentados y el control territorial y económico llevaron a ese sector del establecimiento, asentado en Bogotá y con alcance nacional, a pactar con sectores regionales y élites emergentes, en muchos casos surgidas en torno al narcotráfico y el paramilitarismo, que tenían experiencia enfrentando armadamente a la guerrilla.

Uribe representaba a esas élites emergentes. Entonces, varios medios de comunicación empezaron a darle bombo a Uribe, que en ese momento marcaba apenas un 3% en las encuestas y se convirtió en un fenómeno político, tal vez el político más importante de los últimos 40 años en Colombia.

Ahora bien, eso es lo que hizo que Uribe tuviera tanta fuerza en Colombia. Pero De la Espriella es otra cuestión. Es un individuo inmerso en estas dinámicas desarrolladas por las redes sociales, que supuestamente no tiene mucho que ver con la política. Empieza con un discurso aparentemente pragmático y claro, que realmente es un discurso radical, y cala profundamente en mucha gente imitando los parámetros, los patrones y las formas que han tenido éxito en otros países, no solo de América Latina sino del mundo.

¿Qué podemos concluir de la emergencia de De la Espriella y de la cercanía que tiene en este momento para llegar a la Presidencia de la República? Que ya Uribe no es el gran elector de la derecha dura y de los sectores más conservadores en Colombia.

Uribe apostó por su candidata, Paloma Valencia, que entre otras cosas tiene un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús con cara de Uribe. Es decir, Paloma Valencia apuntaba a ser un Duque número dos, una persona que permitiría que Uribe gobernara en cuerpo ajeno.

De la Espriella es otra cosa. Si bien representa esos valores de derecha dura, o llamémoslo claramente extrema derecha, ya no necesita del guiño de Uribe para que esos sectores lo apoyen y lo respalden.

Entonces, creo que los resultados electorales, incluso para Uribe Vélez, son ambiguos, porque fracasó con una especie de títere a su servicio y le toca plegarse a una persona que tiene vuelo propio. Lo cual hace que el triunfo de De la Espriella sea más peligroso para unos y más positivo para otros.

¿Tiene alguna posibilidad Cepeda de dar vuelta el balotaje o ya podríamos decir que De la Espriella es el próximo presidente?

No, sí tiene posibilidades. Para mí, Iván Cepeda es tal vez la última figura de gran alcance nacional que tiene la izquierda.

Es una persona forjada en todas estas luchas de la izquierda. No hay que olvidar que su padre era político, senador de la Unión Patriótica, un partido político que fue exterminado: más de 5.000 personas fueron asesinadas entre 1985 y 1995. Él fue asesinado por paramilitares y agentes estatales.

Representa una mirada de lucha por los derechos humanos, de defensa de los acuerdos de paz y de búsqueda de la paz. Como ocurre en muchos otros lugares del mundo, la sociedad colombiana está dividida. Y no está dividida entre centroizquierda y centroderecha, sino en tendencias más inclinadas hacia los extremos del espectro político.

Colombia, como Argentina, México, Estados Unidos, Brasil o España, está polarizada y dividida. Evidentemente, como yo lo decía en un texto que escribí después de la jornada del domingo, todos sabemos lo que había que hacer y lo que no había que hacer, y es muy fácil ver los hechos ya con los resultados del día anterior.

Es claro que Cepeda ha cometido errores en la campaña. Su carácter taciturno, serio y poco escandaloso también le ha traído perjuicios. Además, existe un voto castigo al gobierno de Petro por parte de sectores que lo apoyaron en su momento, pero que esta vez no están dispuestos a darle un voto a la izquierda y prefirieron mantenerse al margen.

De la Espriella le sacó cerca de medio millón de votos. Pero la situación todavía es reversible.

Y por eso en Colombia hay dos vueltas electorales: para que quien gane obtenga la mayor parte de los votos y, supuestamente, tenga mayor gobernabilidad. Creo que sí hay posibilidades.

¿Es posible que los votos de Paloma Valencia parcialmente vayan a la izquierda? Porque si uno suma los votos de Valencia con los votos de De la Espriella, no habría forma de que la izquierda pudiese ganar.

Si bien Paloma Valencia era la candidata de Uribe, en muchos casos también era la candidata del establecimiento tradicional. Y hay sectores de ese establecimiento tradicional que no votarían por De la Espriella.

Lo ven como un advenedizo, un emergente. En Colombia se le dice "lobo" a la persona nueva rica, ostentosa y, en muchos casos, asociada con dineros emergentes relacionados con el narcotráfico.

Entonces, hay un sector que votó por Paloma Valencia que tal vez no apoyaría a De la Espriella. De igual manera, creo que ella cometió un grave error estratégico al elegir a un vicepresidente homosexual, que reivindica los derechos de la población LGBT+ y que tiene una serie de miradas progresistas frente al mundo. Intentó acercarse al centro, pero eso no le salió. Por eso, al final, los votos de la derecha dura se fueron hacia De la Espriella.

Al mismo tiempo están algunos candidatos del denominado centro político. Me refiero a Sergio Fajardo y a Claudia López, que ya han dicho claramente que la peor opción para Colombia es De la Espriella y que jamás lo apoyarían.

Obviamente, los votos no se endosan en un 100%, pero hay sectores que sí pueden escoger entre el supuesto mal menor y darle sus votos a Iván Cepeda para que obtenga la mayoría. Es decir, gente que considera que hay que apostar por la democracia, por el respeto a los derechos humanos y por la búsqueda de los acuerdos de paz, y no por alguien que ha demostrado tener miradas extremistas frente a muchas cuestiones.

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Y una cosa más: de todas formas, Iván Cepeda es el candidato del gobierno y el gobierno puede ayudar a inclinar la balanza a su favor. Entonces, el juego está abierto y todavía muchas cosas pueden pasar.

Y puede ser también que haya más gente que vaya a votar en una segunda vuelta y que parte de la gente que no fue a votar en la primera esté más cerca del progresismo que de la derecha, ¿o no?

Puede ser. Sin embargo, el porcentaje de la gente que votó ayer en Colombia fue bastante alto. No se veía un porcentaje tan alto desde hace décadas.

Entonces, claro, es posible que todavía haya gente por votar. Pero creo que esa gente, así como podría votar por Cepeda, también podría hacerlo por De la Espriella, en el contexto de la polarización entre dos miradas completamente distintas de la realidad, de la sociedad, del Estado, del gobierno y del mundo.