Renovación dirigencial

Alberto Kohan y el peronismo: “Sergio Uñac me hace acordar a Menem”

El exsecretario general analiza el presente del movimiento justicialista y señala la urgencia de renovar las conducciones partidarias mediante procesos electorales internos genuinos.

Sergio Mauricio Uñac y Carlos Menem Foto: Collage

El peronismo atraviesa un proceso de reconfiguración interna donde figuras de proyección federal, como el actual senador Sergio Uñac, buscan consolidarse como referentes nacionales de cara al recambio electoral de 2027. Ante este marco, y en la entrevista de Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Alberto Kohan destacó el perfil del exgobernador sanjuanino y aseguró de forma contundente: “Sergio Uñac me hace acordar a Menem”.

El geólogo y político argentino, Alberto Kohan, fue una de las figuras más cercanas y de mayor confianza del expresidente Carlos Saúl Menem, desempeñándose en roles clave dentro de su administración. Se desempeñó en dos oportunidades como Secretario General de la Presidencia, primero entre 1989 y 1990, y luego desde 1995 hasta el final del mandato menemista en 1999. Al mismo tiempo, ejerció como Ministro de Salud y Acción Social durante un breve periodo en el inicio de la gestión. Por su rol estratégico y su capacidad de llegada directa al mandatario, fue considerado uno de los "operadores" políticos más influyentes de esa etapa, actuando frecuentemente como nexo entre el Poder Ejecutivo, el Congreso y otros sectores del poder político y económico. 

Usted fue uno de los primeros en ver parecidos entre Carlos Menem y Javier Milei y terminó participando del lanzamiento de “Las Fuerzas del Cielo” para apoyar al oficialismo. ¿Cómo ve la situación del Gobierno de Milei comparado con aquel momento en que lo tomaba con mucho optimismo? ¿Mantiene ese optimismo?

Sí, siempre he tenido optimismo con el país primero y después esperanza con los que gobiernan. Yo con este gobierno creo que a veces disiento en las formas, pero no en el fondo. Creo que el fondo es ese. Nos va a llevar tiempo, nos va a llevar sacrificio, nos va a llevar diferencias, pero este es el fondo de la cosa: es una reestructuración.

Es un país donde en 60 años hemos tenido treinta y dos presidentes. Veinte se fueron producto de golpes de Estado. No matamos ni uno. Nosotros, digo, qué sé yo… bueno, “mata presidentes”, pero hemos interrumpido el sistema permanentemente. Ahora hace 40 y pico de años que ya no interrumpimos el sistema.

Desde el retorno de la democracia, no hay ningún presidente que se vaya por un golpe militar

No. Después del 3 de diciembre del 90, que fue el último golpe que tuvimos nosotros.

Intento fallido.

Que Carlos Menem reprimió. No negoció, no hizo nada. Reprimió.

Mire, yo creo que hay que darle tiempo al país. Juan Domingo Perón decía “tiempo o sangre”. Yo prefiero el tiempo. Pero no hay ningún país que se haya reestructurado si no es con tiempo y transformación.

Usted es geólogo, una actividad poco habitual en la política. Quiero llevarlo, de manera simplificada, a una metáfora sobre las capas geológicas que se superponen a lo largo del tiempo y que, de algún modo, expresan continuidad. Siguiendo esa idea —y solo como metáfora—, planteó una conexión entre Milei y Menem. Y si retrocedemos en ese rumbo que considera correcto, ¿qué otras capas geológicas lo integraron en el pasado?

Yo creo que Julio Argentino Roca fue un Presidente que transformó mucho a la Argentina. Muchas transformaciones que se dieron. Perón fue un transformador. Fíjese que, más allá de que se lo discuta históricamente, diría que como transformador fue un emprendedor, alguien que de repente puso la industria metalúrgica en funcionamiento. Él mismo hablaba en Mendoza de la necesidad de privatizar empresas.

Lo que no hemos tenido es continuidad en el sistema. Si de repente pasamos de tener retenciones a no tener retenciones, o si pasamos de que esto está bien o no, hay que empezar a purificar o a mejorar las cosas con el ejercicio.

Entonces, usted encuentra una línea histórica que une a los grandes hacedores, donde estarían Julio Argentino Roca, Juan Domingo Perón y, entiendo, también Carlos Menem. ¿Y en esa misma línea ubica a Javier Milei?

Vamos a esperar que termine su gobierno, su período. Roca, Perón, Menem… Vamos a esperar a Milei.

Yo creo que Milei está encarando un país distinto en un mundo distinto. Los momentos no los podemos comparar como uno quisiera. Son como son. A Milei le toca este mundo donde hay un alineamiento con los Estados Unidos, donde los bloques se separan, donde Europa está sujeta a una islamización, digamos, en muchos aspectos.

Démosle tiempo a Milei. Yo creo que la Argentina necesita tiempo.

Y siguiendo la metáfora de las capas geológicas que se conectan entre sí y, al mismo tiempo, se sostienen unas a otras, Mauricio Macri considera que el PRO fue la base sobre la que surgió La Libertad Avanza. Que sin el PRO no habría existido ese fenómeno político y que, en cierto modo, Javier Milei representa una continuidad de ese rumbo. ¿Usted también encuentra conectados, como capas geológicas, al PRO y a La Libertad Avanza?​

Yo vengo de una educación política distinta. Menem decía que “el poder no se comparte ni aun con quien se duerme”.

Macri, que fue una posibilidad muy interesante para la Argentina… Yo me acuerdo cuando dijo: “Mis ojos y mis oídos son Quintana”. No me acuerdo quién era. Mario Quintana, que era uno de sus vicejefes de Gabinete.

Yo dije: “No gobierna más”, porque el poder no se puede transferir. Creo que sí es una continuidad distinta de una necesidad igual. Es decir, la continuidad del PRO con una necesidad de transformación, como la que está haciendo La Libertad Avanza.

O sea, es el PRO con energía. Milei sería PRO con energía.

No digamos “PRO con energía”. Puede ser lo que dice usted, pero yo diría “PRO con transformación”, “PRO con cambio”. Yo creo que es la necesidad que tenemos en la Argentina de hacer cambios efectivos.

A veces nos compramos mucho el problema de la Capital Federal o el Gran Buenos Aires. Pero si uno va hoy a San Juan, a San Luis, a Santa Fe mismo con los puertos, va a ver que hay un país que está funcionando en forma independiente. A veces pienso que somos excesivamente federales.

En ese orden de importancia que usted le asigna a Menem, ¿qué importancia tuvo Domingo Cavallo y qué interpretación hace de las críticas que hoy hace Cavallo del plan económico de Milei?

Lo conozco a Cavallo de hace mucho. Incluso cuando renunció Bernardo Grinspun, en la época de Raúl Alfonsín, yo lo llevé en mi auto a la Quinta de Olivos. Yo tenía para mí que lo más capaz que ha habido en economía es Cavallo. La Fundación Mediterránea fue un ejemplo de organización. Yo creo que Cavallo fue muy importante, pero fue muy importante porque tenía un Presidente como Menem. Fíjese cómo le fue a Cavallo con Fernando de la Rúa. La política es la que tiene que orientar, para mí, la economía, y un buen economista tiene que tener un buen político que lo apoye.

Y, a su juicio, ¿el Presidente tendría que ser economista o el ministro de Economía tendría que cumplir ese rol y el Presidente no ser economista, sino político?

El ministro de Economía tiene que ser ministro de Economía y no pretender ser político. A veces ese ha sido el error de Cavallo en algún momento. El ministro de Economía tiene que conducir la economía con el apoyo político de alguien que tiene un panorama más amplio. No necesariamente el Presidente tiene que ser economista.

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El Presidente tiene que tener un panorama amplio, como el presidente de una empresa.

¿Es contraproducente que el Presidente sea economista y, de alguna manera, sea él su propio ministro de Economía?

Yo diría que si solamente se dedica a la economía, no es bueno.

Usted decía esa frase de que “el poder no se comparte ni aun con quien uno duerme”. Entiendo que ese debía ser su lema en aquel momento. Pero, ¿no encuentra que el poder, en el caso de Milei, se comparte con su hermana y que hay una delegación en ella del ejercicio del poder mientras él está más preocupado por la economía?

Sí, puede ser que sea así. También es verdad que la gente eligió como Presidente a Milei y él toma las decisiones con el poder. Si él considera que lo tiene que compartir, veremos qué pasa. ¿Cuál es el balance al final del gobierno? Yo por eso nunca quiero hacer balances apresurados. Prefiero esperar el final de un gobierno para decir: “Bueno”.

Su oralidad genera cierto ruido cognitivo respecto de la idea de la “pizza con champán” y de lo que representaron Carlos Menem y los años noventa. Del mismo modo, habría que recordar que aquel gobierno tenía ministros muy valorados, como Domingo Cavallo, Guido Di Tella o Carlos Corach. Todo eso genera una disonancia con esa imagen más superficial asociada al menemismo. Por eso quería preguntarle: además de esos diez años de experiencia, ¿qué efecto cree que produce el poder en quien lo ejerce? ¿Genera algún grado de desconexión con la realidad? ¿Produce eso que muchas veces se describe como hybris? Si la estabilidad psicológica es fundamental para la tarea presidencial, teniendo en cuenta que se trata de un rol sometido a un nivel extremo de estrés… Y no sé si usted vio al Presidente Javier Milei “sacado”, como dirían los jóvenes. ¿La presión exige que esa figura tenga una inteligencia emocional incluso más importante que la inteligencia tradicional?

Alguien que llega a Presidente tiene condiciones distintas que cualquiera normal, pero creo que a veces el poder crea algo de soberbia, confunde. Ya Julio César tenía un hombre al lado que le tiraba de la manga y le decía: “Recuerde que eres mortal”. Lo importante es que no se pierda el contacto con la realidad. 

Nosotros recorríamos mucho el país con el doctor Menem, aun en los años de la presidencia más complicada. Uno con eso iba teniendo cierta relación con la realidad. Ahora, ¿cuál es la realidad? Yo creo que la realidad es lo que uno vive, lo que ve. ¿Es la realidad el RIGI o las inversiones en minería? ¿Es la realidad lo que la gente necesita hoy para ver alguna expectativa? ¿Es la realidad la de los que pasan hambre? Son todas realidades.

¿Qué opina de los presidentes presos? Es decir, a Menem le tocó muy poco. Cristina Fernández de Kirchner ya lleva un tiempo mayor. ¿Qué opina del riesgo que implica ir preso después de ser Presidente? ¿Cómo afecta eso a la persona que está ejerciendo el poder pensar que el día que no tenga el poder le van a cobrar todas juntas?

Yo creo que hay un sistema acá equivocado, que espera que alguien deje de ser para castigarlo. Yo creo que está mal lo de los Presidentes presos. No estoy de acuerdo. No por el caso de Cristina, con quien no tengo nada en común, pero creo que hay que terminar con esa historia de los presidentes presos. ¿Por qué no le hacen juicio a un presidente mientras está en el cargo? ¿Por qué no? Y hay que cambiar los sistemas de premios y castigos que hay en nuestro país.

Estoy en contra de los presidentes presos, por más que sean responsables de delitos.

¿Y qué haría con los delitos, con la corrupción de la cual los presidentes puedan ser responsables?

Primero lo denunciaría mientras están en el cargo, porque todos sabemos las cosas que pasan. Nada más que esperamos a que pierda el poder para castigarlo. El doctor Menem, indultó a los militares y a los guerrilleros, porque también indultar es una forma de pacificar. Indultando no se perdona la culpa, se perdona la pena.

Esa fue la idea de la pacificación.

¿Usted cree que el Presidente, o el que venga, tendría que indultar a Cristina, como hizo Menem con los militares?

Yo creo que sí. La verdad que sí. Vuelvo a insistir: no perdonando la responsabilidad o la culpa, perdonando la pena. Si uno está esperando a que termine el mandato para que lo metan preso, la verdad que eso confunde mucho a la gente.

Usted ve que desde hace algunas décadas la inteligencia empezó a entenderse como un conjunto de capacidades distintas, y una de ellas es la inteligencia emocional, que no necesariamente coincide con la inteligencia que puede requerirse para otro tipo de prácticas. Entonces quiero llevarlo nuevamente al tema del estrés que implica ser Presidente, teniendo en cuenta todo esto. Uno puede terminar como expresidente preso o como expresidente insultado por la calle, que suele ser lo más habitual. Nadie sale bien de la presidencia. Nadie sale íntegro de la presidencia, por lo menos hasta ahora. En ese sentido, pensando en la inteligencia emocional y en no perder el contacto con la realidad, ¿qué peso tiene el hecho de que el Presidente esté emocionalmente solo, es decir, que no tenga pareja? A usted le tocó acompañar a su Presidente y amigo Carlos Menem, que pasó dos tercios de su presidencia solo y tenía a su hija cumpliendo el rol de primera dama. En este caso tenemos a un Presidente soltero y acompañado, no por una primera dama, pero sí por su hermana ocupando un lugar muy central. ¿Qué efecto tiene la soledad en alguien que ejerce el poder y cuánto influye, retomando una palabra que usted mismo utilizó con Menem, el hecho de que el Presidente “duerma con alguien”?

Es difícil. Ahí entramos en la psicología y yo tengo hijas psicólogas, pero yo no soy psicólogo.

Pero usted tuvo la experiencia de estar 10 años al lado de un presidente. 

Menem tenía mucha vida social, tenía amigos. Viajábamos, salíamos, íbamos a pescar, íbamos a cazar. Eso cambia la relación del Presidente con la gente. No puedo juzgar ni analizar la vida del Presidente Javier Milei. Es muy duro estar solo, por lo menos para mí. Cuando me ha tocado, por alguna circunstancia, la soledad para mí es algo feo.

Yo tengo amigos que han estado nueve o diez años presos. Y eso es la soledad. La soledad cuando uno no puede ver a nadie, cuando no puede salir. ¿Cómo la lleva? Creo que nadie sale indemne de la soledad.

Con sus 80 años y toda esta experiencia, ¿qué le diría a Milei, dado que usted lo apoyó al inicio y consideró que él era una especie de continuación de Menem? ¿Qué le diría hoy?

Lo sigo apoyando. ¿Qué le diría hoy? Goberná, por ahí, más los temas terrenales. Es lo único que le diría. Pero después vamos a ver el resultado de su gobierno, porque si el resultado es bueno, ¿qué le puedo decir yo a alguien que la gente votó? Hablar desde la experiencia: que hay que estar más encima de algunas cosas. Pero es su estilo.

¿Y al peronismo que usted integró hoy en día qué le diría o qué le gustaría que fuese?

Yo ando por el país lo más que puedo. Todavía existimos muchos. Lo que no hay es peronismo. No hay una conducción, no hay peronismo. La verdad que yo le diría: vayamos a elecciones como fuimos en el año 88 y busquemos una conducción real a la que todos respondamos. Si no, el peronismo es solamente un sentimiento y no una realidad.

Y usted, que anda por todo el país, ¿encuentra algún otro posible Menem dando vueltas?

¿Sabe qué pasa? Que lo mío es muy parcial.

Con su parcialidad, ¿encuentra algún gobernador, algún político?

He visto a gobernadores hacer muy buena obra sin ser peronistas. Sergio Uñac, en San Juan, ha hecho una obra espectacular porque terminó con la hipocresía de la minería, puso la provincia en marcha. 

Pero, él es peronista. 

Pero ahí tenemos el caso de alguien que es posible.

¿Y usted le encuentra características humanas parecidas a Menem? 

Es un hombre de decisiones. Y después hay unos cuantos. La verdad que yo no quiero dar un nombre particular. Se me ocurrió porque lo vi tomar con valentía un tema tan castigado por la hipocresía como la minería. 

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Él dijo: “La minería, bueno, chau, vamos a hacer minería”.

Pero venía de José Luis Gioja también. 

Él lo amplió, lo potenció y lo aplicó. Se está haciendo lo mismo en Catamarca con Raúl Jalil.

Ahora estaba Bajo de la Alumbrera, ahora viene Agua Rica.

Se está haciendo lo mismo en Mendoza. Hemos perdido oportunidades bárbaras con la minería.

¿Y en su provincia, La Rioja, cómo ve a Ricardo Quintela?

Yo lo conozco de chico, lo quiero. Después no sé cómo los riojanos lo verán, pero gobernar La Rioja es muy difícil. Nosotros tuvimos el Acta de Reparación Histórica, que le daba ventajas impositivas a las empresas que se radicaban en La Rioja, en Catamarca, en San Luis, en San Juan.

Era un RIGI para cinco provincias.

Si uno no hace esas cosas, las empresas, ¿dónde se radican? Acá en Pacheco. ¿Para qué van a ir a La Rioja si tienen el puerto y la ruta al lado? El país está injustamente distribuido y protegido. Es muy difícil.

¿Quintela sí es peronista?

No, mire, ser peronista es creer en la justicia social, en trabajar para la gente. Yo creo que Quintela es peronista.

Creo que Uñac, en su estilo, es peronista. 

¿Y qué me dice de los Menem que hoy están en el gobierno, que mantienen un enfrentamiento tan fuerte con Ricardo Quintela y que además provienen de otra rama de la familia, no directamente de la de Carlos Menem?

Los conozco también desde chicos. A todos los conozco desde chicos. Lamentablemente estoy viejo. Pero los Menem son todos muy capaces. Lo que pasa es que creo que hay que ir a pelear la provincia si uno quiere gobernarla. Es muy difícil desde Buenos Aires querer conducir la provincia. Igual me alegro porque ellos conservan su riojanidad, siguen recordando la provincia. Espero que la ayuden, más allá de que estén enfrentados con Quintela.

La Rioja cambió mucho en la época de Menem porque se hicieron rutas, aeropuertos, un montón de cosas.

Pero ahora esta pelea no creo que tenga sentido.

Justo que los hijos de Eduardo Menem y no los de Carlos Menem están en política. ¿A qué lo atribuye? ¿A que Eduardo fue un hombre más de familia, que se preocupó más de los hijos?

Sí, así fue. Eduardo fue un hombre de familia y es un hombre de familia. Ha estado encima de sus hijos, los ha ido orientando hacia la política y yo creo que está bien. Carlos Menem era él y su destino. Era él. Estaba orientado a hacer lo que fue: un grande de la política. Y a veces eso lo aleja a uno de la familia.

Yo, por suerte, siempre pienso que tuve y tengo una mujer que me acompaña hace 52 años, pero ella ha sido la base de esta historia. La política es muy linda y muy ingrata. Lo aleja a uno de la familia, de los que quiere y de la realidad.

 

MV/ff