Crisis global y liderazgo político

Álvaro Zicarelli: "El fracaso de EE.UU en Irán es una derrota del vicepresidente J.D Vance, mientras Marco Rubio se proyecta a lo Kissinger"

El analista internacional evaluó la disputa estratégica en Washington por la guerra en Irán, el estallido social en Europa y el escenario electoral en Brasil. Además, se diferenció de Javier Milei al advertir que el presidente "minimiza los problemas cotidianos de la clase media hacia abajo" por "falta de sentido político".

J. D. Vance y Marco Rubio Foto: Collage

En una nueva emisión de Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el analista internacional y consultor político Álvaro Zicarelli trazó una radiografía de los principales focos de tensión geopolítica y las transformaciones que atraviesa el sistema capitalista. Durante la entrevista, el autor de La guerra de las superpotencias analizó la disputa interna en la administración de Donald Trump entre el realismo de Marco Rubio y la línea de J. D. Vance frente a Irán.
También explicó las causas detrás de la ola de protestas en Europa y marcó sus diferencias con el presidente Javier Milei, a quien cuestionó por "minimizar los problemas cotidianos de la clase media hacia abajo".

​Álvaro Zicarelli es un analista internacional, consultor político y ensayista especializado en geopolítica, relaciones internacionales y seguridad nacional. En la gestión pública ocupó el cargo de director de Relaciones Internacionales del Senado de la Nación. Además, fue asesor de política exterior de figuras de la política argentina como Elisa Carrió y, posteriormente, del actual presidente Javier Milei durante su etapa legislativa. Como escritor ha editado tres obras dedicadas al análisis de las batallas culturales y los equilibrios del poder mundial: Cómo derrotar al neoprogresismo: una batalla política, del año 2022; El gran juego: la nueva Guerra Fría entre China y los Estados Unidos; y su última obra, La guerra de las superpotencias. 

Álvaro, muy buenos días. Gusto de tenerlo acá. A ver si podemos reflexionar juntos aquella figura del aleteo de la mariposa en Singapur y que hacía caer las bolsas en Estados Unidos, pero más allá de un hecho a distancia, de la realidad cambiante rápidamente y efímera: hace dos semanas el Papa parecía que no podía venir a la Argentina —desde el punto de vista de su discurso, el gran antagonista con las ideas que lleva adelante el Presidente— y que Bolsonaro ganaba las elecciones en Brasil y Lula era pasado. Hoy parece revertirse: parece que hay muchas posibilidades de que el Papa venga y, en el caso de Lula, las últimas encuestas están dando que hay más rechazo a Bolsonaro que a Lula y que están empatados. ¿Puede darse esta situación de que dentro de tres semanas nos encontremos con un contexto distinto al que imaginábamos hace dos?

Sí, pareciera que el efecto mariposa es el signo de nuestro tiempo y los analistas tenemos que estar permanentemente, ¿no?, predispuestos a comprender procesos cada vez más complejos en menor tiempo y cada vez más cambiantes. En el caso del escenario electoral de Brasil, yo creo que va a ser de seguro sorpresivo para todos los analistas, al igual que fue el anterior, donde uno entendía que el oficialismo de Bolsonaro padre tenía por poco asegurada la reelección frente a un Lula que parecía desgastado por diferentes factores. En la primera vuelta sucedió lo mismo: efectivamente, los análisis de encuestas de opinión pública no acertaron. Ahora pareciera que hay una reconducción en la campaña de comunicación de Lula da Silva; el debate pareciera que pudo haber modificado algunos, digamos, algunos movimientos de la intención de votos en favor de Lula, pero sigo sosteniendo que esto es final abierto. Lo que sí quisiera —esto casi lo digo a título personal—: la degradación del debate público se sigue pronunciando y esto es un mal generalizado, ¿no? Ya creo que no es un problema de democracias endebles o débiles como las que vivimos en Hispanoamérica, sino también en las grandes democracias del mundo, donde uno está esperando la contraposición de proyectos políticos, económicos y culturales, modelos de país, donde incluso también se pongan en la mesa los puntos de continuidad donde pudiera haber un cambio de signo político. Y, sin embargo, a lo que estamos acostumbrados es al ataque vil, al ataque por debajo de la cintura, las cuestiones personales, que creo que flaco favor le hacen a la democracia.

Trump y La guerra de las superpotencias: de Sun Tzu y Clausewitz a la guerra inevitable entre China y los Estados Unidos, el libro sobre el que hablamos la vez anterior, publicado en 2025. Ahora se plantea que Trump iría a una reunión junto con Xi Jinping, pero al mismo tiempo también Putin. ¿Significa una derrota por parte de Trump todo esto?

En el caso de Donald Trump y de su estrategia de proyección global, es permanentemente un juego de prueba y error, ¿no? Lo que, por lo menos como analista en temas estratégicos, me resulta preocupante cuando estamos hablando de la superpotencia hegemónica —disputada por China, pero hegemónica todavía, y principalmente a escala militar, ¿no?—. La capacidad de despliegue global, de posesión de un equipamiento militar y de una tropa que pueda actuar simultáneamente y en múltiples frentes sigue estando, ¿no?, detentada por Estados Unidos, por lo cual estas actitudes del presidente Donald Trump no me resultan tranquilizadoras. Ahora bien, yo soy de los que creen que hoy prima en el pensamiento de Donald Trump —exceptuando en el escenario de Irán— un posicionamiento más realista que neoconservador. Quiero decir: el uso de la fuerza para el cambio de régimen ha quedado corrido por el de acciones militares quirúrgicas para poner ya no a un nuevo actor, como en el caso de Venezuela, sino a alguien parte del régimen para que opere en favor de los intereses de Estados Unidos. Y yo creo que, bueno, hoy Donald Trump está comprendiendo algo que fue profético en el año 2014, en palabras del propio Henry Kissinger: Vladímir Putin es un dictador, Vladímir Putin es poco confiable, pero es preferible generar algún tipo de acuerdo entre Occidente con Vladímir Putin que entregárselo a los brazos de China y transformarlo en un pívot geoestratégico —como tal cual hoy es— en favor de los intereses de China. Yo soy de los que creen que hoy Putin no haría lo que hace en el frente bélico de Europa Oriental y de Europa Central si no contara con el apoyo estratégico, no siempre manifiesto, de la República Popular China.

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Por lo menos podríamos decir que no está ganando, y que claramente el que está fracasando es su vicepresidente, J. D. Vance, y el sector neoconservador o el sector, digamos, de cambio de régimen, que está en contraposición con los puntos o la visión estratégica del secretario de Estado, Marco Rubio.

Eso le iba a decir: marque la diferencia, por favor, entre Rubio y la posibilidad de que Rubio sea el candidato a presidente republicano.

Bueno, claramente yo creo que Marco Rubio es un sucesor del pensamiento —claramente aggiornado— que tuvo en su momento Henry Kissinger. Curiosamente, hoy Marco Rubio detenta los dos mismos cargos estratégicos que Henry Kissinger detentó durante la presidencia de Richard Nixon: es secretario de Estado y es el asesor en Seguridad Nacional. Es quien administra la diplomacia norteamericana, pero también es el que debe coordinar a todas las agencias de la política defensiva norteamericana. Y es el que entiende esto: la acción norteamericana tiene que ser quirúrgica. Estados Unidos tiene que preferir —y esto me hace recordar una posición que tenía la exembajadora Jeane Kirkpatrick, ¿no?— la idea de los "malos totalitarios" y los "buenos autoritarios". Es preferible dictadores autoritarios que permitan cierto grado de apertura fronteras adentro de sus países y un alineamiento estratégico con Estados Unidos que los totalitarios, que son absolutamente imprevisibles, como en el caso de Nicolás Maduro. Y esto obviamente va en colisión con el pensamiento de J. D. Vance, que recordemos, además, tiene una formación donde casi esta cuestión trascendentalista, mesiánica, ¿no?, de destino manifiesto —que ya no es político, sino además de lucha por un modelo civilizatorio— de realista tiene poco y nada.

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Álvaro, lo que está pasando en Europa, ¿qué es?

Crónica de varias crisis anunciadas, ¿no?, y que es multifactorial. Yo no caigo tampoco en el reduccionismo de teorías conspiracionistas en donde todos los problemas están circunscriptos, a mi entender, a la muy mal administrada política de fronteras abiertas —donde también entra ahí un factor de culposidad de las antiguas potencias coloniales para con sus excolonias— y mucho menos desde una postura reduccionista islamofóbica. Pero sí entiendo que el factor de la inmigración, el factor de las malas políticas de integración, son parte de la crisis que se está viviendo. Pero, en el caso de Francia, la administración de Macron va por su tercer plan de ajuste económico que fracasa; un ajuste económico que es necesario, pero que efectivamente está muy mal administrado y que no construye los acuerdos parlamentarios necesarios. Quizás tenemos que recordarle a la audiencia que, a diferencia de Argentina, Francia es una democracia semipresidencialista en donde el primer ministro y el Gobierno surgen de o una mayoría absoluta o de los acuerdos con los partidos políticos medianamente coincidentes. Y en este caso, sistemáticamente, la necesidad de estabilizar las cuentas públicas, de lograr una reforma del sistema previsional —que es insostenible— y cuestiones también que tienen que ver, repito, con la política inmigratoria y la política de seguridad interior fracasan sistemáticamente. Pero se da una cosa también paradigmática con un Macron que proyecta a nivel regional en la Unión Europea y también a nivel global la idea de querer ser él el que reemplace el histórico liderazgo alemán de la Unión Europea, con un canciller Merz que también está afrontando crisis sistémicas y el desafío de que casi algunas encuestas auguran la llegada al gobierno de la extrema derecha, la AfD.

¿No hay una invariable en todos estos casos —en el de Italia, en el de España, en el de Francia— de que el costo de vida, o la calidad de la vida, o las expectativas de una vida con mejores condiciones de consumo, o una vida peor que la de sus padres, unifica todas estas protestas que se originan por distintos motivos, pero que tienen en común ese caldo de cultivo?

En el caso de España, además, se ha visto con la cuestión relativa a la situación de los inquilinos y del acceso a la primera vivienda, principalmente en los sectores más jóvenes. En el caso de Francia, la cuestión de los combustibles, la cuestión del costo de vida cotidiano. Eso es claramente indiscutible. Pero en el aspecto que tiene que ver con el reclamo que se traduce en hechos de violencia, bueno, los analistas de cuestiones relativas a la seguridad interior encuentran que hay factores que están por fuera de la cuestión, digamos, social o el fracaso de las políticas de inclusión social.

Aquella frase de Marx de que "un fantasma recorre Europa"... ¿un fantasma recorre el capitalismo, en el sentido de que estamos, después de décadas de un proceso de concentración de la renta en el 1% más rico, llegando a un techo en cuanto a la tolerancia a esa distribución de la renta?

Yo, al no ser economista, he tenido que leer mucho de economía y yo, como liberal, soy schumpeteriano. Yo creo en el poder de la destrucción creativa del capitalismo para generar nuevas fases en el sistema capitalista, por lo cual no estoy tan desesperanzado. Entiendo que estos procesos de transición son muy duros, que hay mucha gente que queda por fuera del sistema y que la inteligencia de la política y la importancia de la política... Y ahí mi diferencia fuerte con, por ejemplo, el gobierno de Javier Milei, donde creo que sigue entendiendo que el solo hecho del éxito del programa de estabilización macroeconómica asegura que, bueno, la gente sea incluida en el sistema, que las personas que están pasando dificultades van a encontrar sosiego; porque uno a veces lo escucha al Presidente y minimiza los problemas cotidianos, principalmente de la clase media hacia abajo, con lo que yo entiendo que es una falta de sentido político. Bueno, me parece que la dirigencia política tiene que estar trabajando en cómo, en este proceso de transición —donde la inteligencia artificial, las tecnologías de frontera, los cambios de paradigma de vinculación entre los seres humanos, bueno, generan un cimbronazo—, muchos se ven directamente afectados. Me preocupa, repito, que la dirigencia política —la nacional, la regional y la global— está más dedicada a ganar elecciones que a construir consensos que aseguren políticas de Estado que incluyan, como bien planteó usted, a vastos sectores de la sociedad que hoy están viendo su día a día comprometido.

Pero en esa destrucción creativa, en ese avance —en ese, podríamos decir, avance dialéctico—, sin ninguna duda después de la Segunda Guerra Mundial se creó el Estado de bienestar frente a la amenaza que implicaba la entonces vigorosa ex Unión Soviética. Mi pregunta es si usted cree que esto que estamos viendo son los primeros síntomas de ya no la amenaza de la ex Unión Soviética, sino la amenaza de la propia revolución interna de los distintos países.

Claro, entendiendo que además el sistema capitalista está, digamos, difuminado por todo el mundo; hoy no tenemos un modelo alternativo vigente y exitoso que pueda contraponerse. Bueno, acá está la cuestión también de la política de las grandes cumbres, ¿no? En el pasado, en la anterior Guerra Fría, la Unión Soviética y Estados Unidos se reunían para asegurar que la humanidad no cayera en el esquema de destrucción mutua asegurada. Bueno, la gran pregunta es por qué en esta reunión entre Trump y Xi Jinping —y las que vengan con la participación de otras potencias o potencias medias— en la agenda no esté también, por ejemplo, cómo en este proceso de transición se constituya, no sé, lo que algunos llaman la renta universal básica. Otros plantean: bueno, ¿qué pasa con...? Mire, yo justamente ayer leí un paper muy interesante que hablaba de que el principal cuerpo dentro de las fuerzas armadas que se va a ver afectado y va a generar una tasa alta de desempleo van a ser los cuerpos de infantería. ¿Por qué? Porque vamos a estar pasando al uso de instrumentos no tripulados. Bueno, ¿qué va a pasar también? No es solamente con los periodistas, los artistas, los escritores, aquellos que trabajan en la administración pública; también va a pasar en las fuerzas armadas —que eso es un factor estratégico, ¿no?—. ¿Qué va a pasar con ese veterano que no ha ido al campo de batalla, pero que va a ser pasado a retiro por el avance de estas tecnologías? Bueno, yo estoy preocupado porque no lo veo en agenda a eso.

Álvaro, entonces la seguimos, porque vamos a tener para rato.

Tendremos para rato, Jorge, como siempre. Un placer.

Muchas gracias.

Gracias.


LP