Etapa de reconfiguración

Andrés Malamud: “La apuesta de Bullrich es riesgosa, no puede enfrentar directamente a Milei y no gana si juega por fuera”

El politólogo analiza las raíces igualitarias de la sociedad argentina, el lugar que ocupa el Presidente dentro de esa tradición y los desafíos que enfrentan figuras como Mauricio Macri y Patricia Bullrich en la disputa por el liderazgo de la centroderecha.

Bullrich fue ministra de Seguridad bajo Mauricio Macri y ahora es senadora porteña dentro del bloque oficialista de La Libertad Avanza Foto: Collage

El escenario político argentino actual bajo el gobierno de Javier Milei expone tensiones entre cultura política, economía y liderazgo, en un país atravesado por una persistente tradición igualitaria y debates sobre su viabilidad en un nuevo ciclo económico. Según Andrés Malamud, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), se ostiene que “la apuesta de Bullrich es riesgosa, no puede enfrentar directamente a Milei y no gana si juega por fuera”, a partir de una lectura más amplia sobre la estabilidad democrática desde 1983 y las dificultades para transferir apoyos políticos cuando los resultados de gestión condicionan la continuidad del liderazgo.

El politólogo, analista internacional e investigador, Andrés Malamud, es reconocido por sus estudios sobre política comparada, democracia, integración regional y sistemas políticos de América Latina. Se graduó en Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires y obtuvo un doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo. 

Tuviste oportunidad de escuchar la última parte del reportaje con Julio Bárbaro. Yo vengo planteando, y Julio insiste desde hace mucho tiempo, que el peronismo no existe más. Entonces, la pregunta es si existe una cultura peronista o, más ampliamente, una cultura igualitaria en la Argentina. Y si, finalmente, independientemente de qué partido pueda encarnarla, Milei va a terminar chocando contra ella. O, por el contrario, si la Argentina puede, a través de una batalla cultural, rediseñarse como un país más parecido a otros de América Latina, que aceptan un crecimiento de la economía en su conjunto con menores niveles de igualdad. Me gustaría empezar por ahí: ¿vos creés que existe realmente una cultura que, más allá de un partido peronista, representa la esencia del argentino sintetizada en esa idea de igualitarismo? ¿Y que, finalmente, Milei va a terminar chocando contra eso, lo represente quien lo represente?

Sí, la respuesta es que existe un peronismo como cultura o, mejor dicho, como identidad sociopolítica.

El mejor investigador sobre esto fue el politólogo canadiense Pierre Ostiguy​, que trabajó sobre las dos culturas políticas argentinas: la cultura de lo popular y la cultura de la clase media; la cultura de lo natural, de lo crudo, y la cultura de lo sofisticado, de lo institucional. Y lo que él muestra —y después también Steven Levitsky, politólogo estadounidense, trabaja sobre cómo estas identidades se mantienen en el tiempo aunque cambien las formas de organización— es que el peronismo es una interlocución hacia los sectores populares, una sensibilidad especial hacia los de abajo.

Y los de abajo no son solamente el 10% excluido; son el 50% de los llamados trabajadores.

Pero esto no es el argentinismo, esto no es la argentinidad; esto es el peronismo. Porque la pulsión igualitaria la describe muy bien Juan Carlos Torre. Y Juan Carlos Torre habla de una pulsión igualitaria de la sociedad argentina que es mucho más grande que el peronismo, porque el peronismo, en sus mejores épocas, fue la mitad de los argentinos.

Y esta pulsión igualitaria —fijate que lo que te voy a decir ahora es una sugerencia controvertida— es compartida por Milei. Milei es un plebeyo, no es un oligarca, no viene de los sectores rancios de abolengo, no tiene doble apellido, es descendiente de inmigrantes también y es un representante de la Argentina del siglo XIX.

La Argentina del siglo XIX dio lugar, primero, al himno. En el himno encontrás dos palabras: libertad, repetida varias veces, e igualdad. "Ved en trono a la noble igualdad". Es la Argentina del siglo XIX la que él quiere representar cuando se pelea con Paolo Rocca, por ejemplo, el principal empresario argentino.

Así que me interesa destacar que, aunque el valor que él subraya sea la libertad, de alguna manera representa también esa igualdad que en Argentina está encarnada en esta frase de José Gervasio Artigas: "Naides es más que naides". Somos todos iguales, tenemos todos derecho a pelearla.

Bullrich se volvió a plantar: renunció a la presidencia de la bancada oficialista y abrió otro frente

Por supuesto que hay gente que cree que el modelo de Milei favorece a los que ya tienen y perjudica a los que no tienen. Pero, en cualquier caso, no veo una vocación antiigualitaria en Milei. Que su política económica genere desigualdad es otra cosa. Pero Milei es tan plebeyo como el peronismo, tan plebeyo como el radicalismo.

Probablemente fue electo con esa perspectiva plebeya que domina la sociedad argentina. ¿Los resultados de la economía que lleva adelante no chocan con los electores y con ese sentimiento plebeyo que lo eligió?

Claro que sí. Los resultados de la economía de Alberto Fernández también. Y los de Fernando de la Rúa también. Y los de Raúl Alfonsín también. Y los de Carlos Menem, cuya bomba de tiempo explotó dos años después de su salida, también.

El problema es que todas las políticas económicas de la Argentina chocan contra los argentinos. Todas. No importa el discurso; importan los resultados. Y Milei genera expectativas de que esta vez va a ser diferente. Nadie sabe si va a ser diferente. Él apuesta a que lo sea. Muchos queremos que lo sea, no porque seamos mileístas, sino porque queremos que la economía argentina se estabilice de una vez.

Acá lo importante no es lo que dicen los políticos, sino lo que consiguen. Y el hecho de que los políticos argentinos sean despedidos una y otra vez del poder, en algunos casos para no volver más, significa que los electores argentinos no están satisfechos con la prestación.

No es el discurso, es el resultado. Y el resultado es que todo choca en la economía.

Publicaste en Operación Argentina que Alfonsín y Milei son figuras complementarias. Uno cerró la fractura política de 1930 y el otro intenta cerrar la fractura económica. ¿Cuál es la síntesis de este concepto?

En 1930 se rompe la Argentina en sus dos dimensiones hasta entonces exitosas. Era un país democrático y era un país que crecía económicamente. Hay un debate sobre si era rico. Recién Julio Bárbaro decía que no era un país de ricos. Pero si comparás el PBI per cápita durante esos 50 años, de 1880 a 1930, éramos un país más rico que casi todos los europeos y estábamos al nivel de Australia.

Así que desarrollados no éramos; faltaba complejidad en la estructura productiva. Pero teníamos un nivel de riqueza que nos ponía entre los diez países más ricos del mundo y éramos un país claramente democrático.

En 1930 hay un golpe de Estado y una crisis financiera internacional, y descarrilamos la política y la economía. Cuando reencarrilamos la política, en 1983, después de una dictadura atroz y una derrota bélica, ahí, con Alfonsín, recuperamos una democracia que nunca más se quiebra. Aunque los partidos siguen errando en la economía, la gente sigue eligiendo presidentes a través del voto y, cuando está insatisfecha, vota en contra, se manifiesta, pero no va a buscar generales a los cuarteles. Nos falta la economía. Desde 1930 no damos pie con bola, no le encontramos la vuelta.

La economía de la industrialización sustitutiva, que durante un tiempo pareció funcionar, se agotó en los años setenta: 1973, crisis del petróleo; 1975, Rodrigazo; 1976, dictadura.

Y a partir de ese momento nos damos cuenta de que necesitamos otra cosa, pero no sabemos qué. No podemos estar seguros de que la Argentina económica que Milei tiene en la cabeza funcione. Lo que sabemos es que la que teníamos no funcionaba. Y el voto a Milei es un voto transversal. Lo votan ricos y pobres. Está basado en expectativas, no en realizaciones, porque él no tenía nada para mostrar; tenía una promesa para ofrecer.

Y es en esa promesa donde se basa el apoyo que todavía mantiene, que es superior al 30% y ronda el 40%, lo cual, dado el estancamiento económico en buena parte del país, no es tan bajo.

Dijiste que sin Macri no había Milei, pero que haya Milei no habrá Macri. Sin embargo, estamos viendo un aumento continuo del protagonismo del expresidente, cada vez verbalizando de manera menos elíptica su deseo de volver a ser candidato a presidente. Y, en ese contexto, un proceso simultáneo de la expresidenta del PRO y excandidata presidencial de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich. Como si vieran una oportunidad de un posmileísmo sin Milei. La pregunta es: ¿cómo interpretás vos estas dos actitudes de Mauricio Macri y de Patricia Bullrich?

Son la misma actitud. Es la presunción de que los argentinos bancan el rumbo, pero están hartos del timonel. Y entonces apuestan a mantener el rumbo cambiando el timonel. Pero fíjate que la diferencia es que Macri ya estuvo; ya estuvo en el timón. Patricia hace 50 años que está, pero en principio siempre fue ministra, estuvo subordinada.

Y en este aspecto Macri se parece mucho más a Cristina que a Patricia, porque los dos ya estuvieron. Y tanto Cristina Kirchner como Mauricio Macri tienen un impacto parecido en la opinión pública. Y vos fijate, porque esto está registrado por las encuestas: cuando se callan, aumenta su valoración positiva; cuando intervienen en el debate público, baja su valoración positiva. Tanto Cristina como Macri son castigados por intervenir y reivindicados cuando se los olvida, cuando se los compara contra un presente duro. El presente siempre es duro.

En este momento Cristina tiene mucha más imagen positiva que Macri porque está calladita. Si Macri se calla y Cristina sale al balcón, entonces Macri sube en consideración y Cristina baja.

Patricia es lo contrario de ambos. Patricia se vende como futuro, aunque esté dando vueltas como un espiedo hace 50 años. Su promesa es futuro porque ella no fue presidenta y eso es lo que quiere ser. No quiere ser jefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; eso sería un premio de consuelo. Aspira a la presidencia.

Pero sabe que desde dentro del oficialismo no se puede ser presidenta enfrentando al líder, y por lo tanto su única expectativa es que el líder se canse o se desgaste. Enfrentarlo, por ahora, aparece inviable.

¿Pero cómo sería? ¿Desde dentro mismo de la coalición de gobierno o compitiendo desde fuera de la coalición de gobierno?

Desde fuera no tiene chance, y desde adentro solo tiene chance si Milei se abre, si la deja pasar.

Mauricio Macri era el candidato a la reelección. Decidió no serlo porque no le daban los números, y ahí permite que se abra una primaria que termina siendo fratricida entre Patricia Bullrich y Rodríguez Larreta. Esto es lo que los oficialismos no se pueden dar el lujo de hacer.

Los oficialismos cargan con una mochila. En principio, Juntos por el Cambio estaba condenado a ganar. Después, la siguiente. Sin embargo, Macri primero pierde la reelección y después no se presenta. En realidad, consecutivamente fueron cuatro años de diferencia, pero lo que se ve es que él tuvo que dar la bendición: él tenía la primera decisión.

Los candidatos a sucederlo aparecen cuando él se baja. Si él hacía una designación, ese candidato tenía chances. Cuando facilita, cuando favorece, cuando habilita la interna, se hunde Juntos por el Cambio.

¿Qué puede hacer Milei? Puede ser candidato y ganar o perder, o puede no ser candidato y designar a alguien. Lo que no puede es habilitar una disputa por la sucesión. Si él designa a alguien, es muy improbable que sea Patricia Bullrich.

Encuentro otras metáforas en el tiempo. Por un lado, el propio Mauricio Macri, cuando se veía que tenía dificultades para ser reelecto, elige como plan B a María Eugenia Vidal, que finalmente Macri no lleva adelante por consejo de su asesor en ese momento, Jaime Durán Barba. Ahí la posibilidad de que alguien que continuase, ante la impotencia de la reelección del gobierno, con otra encarnadura, se frustró. En un caso donde no se frustró es el de Alberto Fernández, donde al no poder él ser candidato a la reelección, Sergio Massa viene a sustituir la idea de continuidad. Al mismo tiempo se hacen comparaciones entre Patricia Bullrich y Massa. Vos usaste la figura de “dando vueltas como un pollo al espiedo”. De alguna manera se le asigna a Massa esta idea de que siempre está buscando caer bien, para decirlo de alguna manera. ¿Encontrás algún punto de contacto entre el plan B de Vidal con un eventual plan B de Milei, si viera que no puede ser reelecto —porque como vos decís, a la gente le gusta el rumbo pero se cansa del timonel—, o algún punto de comparación con el frustrado plan de Massa?

Son muy parecidos. La pregunta es si la mochila la carga el líder o la carga la organización. En otra época hubiéramos dicho el partido. Hoy hablar de partido es un poco laxo.

¿A quién la gente culpa o a quién le acredita por la gestión? Si es solo el presidente, entonces, si la gestión es mala, se corre al presidente y el partido presenta otro candidato. Estos trucos raramente funcionan.

De hecho, a Vidal no la candidatean porque Durán Barba le dice a Macri: “Es lo mismo que vos, va a cargar con todos los costos de tu gestión sin el beneficio de tu liderazgo”.

Macri era mejor que Vidal porque era el líder, y el costo de la gestión lo pagaban los dos. Algo diferente, parecido y diferente, pasó con Alberto y con Massa. Alberto no era líder de nada. La gestión pagó un costo que Massa hubiera pagado, pero Massa hubiera tenido el beneficio del liderazgo. Alberto no era Cristina Kirchner, pero tenía poder de fuego.

En este caso podríamos ver una situación diferente, porque Patricia Bullrich también es líder, pero es líder porque disputa, no porque la designan. El día que alguien diga “Patricia, vos sos mi candidata”, ella deja de ser la que lidera y pasa a cargar con todos los costos, con todos los pasivos de la gestión, sin el beneficio de haber sido ella quien tomó la iniciativa.

Cuando pensar distinto se vuelve un privilegio de pocos

Por eso la apuesta de ella es muy riesgosa: está caminando por la cuerda sin red, porque está enfrentando al líder al que necesita sustituir, pero no lo puede sustituir ni a favor ni en contra. No lo puede sustituir peleándolo porque él tiene más poder, ni siendo subordinada, porque en ese caso lo que hace el líder es transferirle la mochila y no el beneficio del gobierno.

¿Puede ser que también su análisis sea hacia 2031? Llegaría todavía como senadora, y que en cualquiera de las dos alternativas —ya sea porque continúa el mismo proceso político de La Libertad Avanza o es sustituido por el peronismo— ella sea una candidata todavía expectable. Hoy en día, con la edad que tiene, con la longevidad extendida, todavía puede ser una candidata a presidenta. Por lo menos es una hipótesis plausible de su estrategia hacia 2027 ó 2031.

Sí, y considero que debe haber contemplado también ser jefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sin que eso sea su aspiración real, pero puede ser otro camino, otra etapa para llegar a la presidencia en 2031.

Lo que sabemos fehacientemente es que lo que ella aspira es a ser presidenta. La cuestión es si esta disputa que está dando ahora es para ser candidata en la próxima o para posicionarse para la siguiente. Y eso puede hacerlo desde el Senado, como vos decías, o puede hacerlo ganando la Ciudad de Buenos Aires: primero porque se planta como ganadora, y segundo porque de la Ciudad de Buenos Aires, dirigiéndola, llegaron dos presidentes: De la Rúa y Macri.

Los antecedentes son favorables.

MV / EM