La agenda política argentina se encuentra hoy severamente concentrada en el caso de la doctora María Verónica Michelli, jueza de La Plata. Su pliego para ascender a camarista fue recientemente retirado del Congreso por el oficialismo.
¿El motivo? El Gobierno del presidente Javier Milei advirtió que la magistrada es cuñada del periodista de investigación del diario La Nación, Hugo Alconada Mon.
Este hecho corrió rápidamente el eje de la discusión hacia un conteo banal de lealtades: quién está con Patricia Bullrich y quién con Karina Milei. Sin embargo, yo quisiera alterar por completo los términos de esa controversia. Esto no es un River-Boca de "o estás con Patricia o estás con Karina".
La verdadera disyuntiva es mucho más profunda, divisiva y alarmante: o estás del lado correcto de la historia, o estás avalando una operación de carácter mafioso. Como bien señaló el colega Luciano Román, perseguir a una persona idónea exclusivamente por su parentesco con un periodista al que el presidente no quiere es un comportamiento que califica en esa categoría.

la decisión del Gobierno de retirar el pliego de la letrada.
La doble vara con la "moral" como política de Estado
Hace un par de días, la senadora Bullrich posteó que tenía sobre este tema una "objeción de conciencia" y que pretendía votar en favor de la objetada Dra. Michelli. A partir de allí, se desataron innumerables especulaciones sobre su postura: que si quiere ser presidenta, que si se peleó con Karina, que si el presidente la insultó, o que si influyó su previa oposición a la figura de Manuel Adorni —cuya declaración jurada, parece mentira, aún hoy no está presentada—.
Como consecuencia de esta tensión, la señora Bullrich ofreció ayer su renuncia a la presidencia del bloque de senadores de La Libertad Avanza. El presidente Milei no se la aceptó, argumentando que dentro del espacio "se podía expresar distinto".
Un razonamiento que, por supuesto, yo no me creo. Lo trágico de la Argentina actual es que se ha vuelto sumamente complicado pensar distinto al Gobierno. El oficialismo se adueña de la verdad y la transforma en una cuestión de carácter moral: quien se opone, es un inmoral.
Esta definición tan loca de Milei sobre la moral como política de Estado no se refiere a la ética cotidiana —esa que debería aplicar para presentar una declaración jurada en término o para no obturar la carrera de una jueza por ser cuñada de un periodista—.
No. Se refiere a que la ideología tan radicalizada del Gobierno es vista como una verdad revelada; por ende, quien contradiga la evidencia es, naturalmente, una persona inmoral. Curiosamente, la lógica de que "se puede pensar distinto" aplicó para Bullrich, pero no para Michelli. O sea que se puede pensar distinto... pero solo a veces.
Las explicaciones del presidente y el rol del Congreso
Hay una frase clave en el descargo de la señora Bullrich: "El presidente me explicó su posición". Si yo tuviese que entrevistarla hoy, le preguntaría concretamente: ¿Qué le dijo el presidente respecto de su posición? ¿Cuál es la postura real de Milei sobre el caso de la doctora Michelli y, por carácter transitivo, sobre el periodista Hugo Alconada Mon?
Al pronunciar esa frase, Bullrich revela que el jefe de Estado tiene una posición tomada. Se cae el relato, sugerido a veces por Joaquín Morales Solá, que presenta a Karina Milei como una "señora caprichosa" que se encaprichó con la jueza, excusando al presidente como si estuviera desconectado de la realidad, ocupado solo en teorías libertarias, la economía y la batalla cultural. Eso ya me parece un cuento.
El presidente no puede no estar informado de un caso que inunda los medios; si no lo está, tenemos un problema grave, y si dice no estarlo, nos está mintiendo.
Bullrich intentó minimizar el hecho diciendo que el presidente "no le dio importancia". ¿Cómo que no le dio importancia? No se me ocurre hoy en la Argentina un tema más relevante en materia política que una diferencia entre ambos respecto a la persecución estatal de una persona.
Resta ver hasta qué punto el Congreso argentino tendrá la fortaleza institucional para superar y noquear este comportamiento mafioso de parte del Poder Ejecutivo.