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Ganar elecciones en la era digital

En la era del scroll infinito, las campañas electorales ya no se ganan con comités, folletos ni programas de gobierno elaborados. La disputa ocurre en la pantalla de cada votante, donde la atención se ha convertido en el recurso más valioso. A partir de una lectura de la política colombiana de cara a las próximas elecciones, se analiza cómo la lógica digital transformó las reglas de la competencia electoral, por qué los discursos tradicionales resultan insuficientes para conquistar a los indecisos y de qué manera candidatos tan distintos buscan capitalizar el voto antisistema.

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| Pablo Temes

Cuando se les pregunta a algunos candidatos para qué participan en las elecciones, algunos responden que la campaña no les interesa y que su único objetivo es transformar el país: “Ganar es fácil; lo difícil es gobernar”. Esta postura suele ser falsa: aunque digan lo contrario, saben que ganar es un reto enorme y que sólo una persona lo consigue cada cuatro años.

Para ganar, muchos tratan de armar un aparato electoral. Antes era necesario organizar comités, alquilar sedes, repartir folletos y programar visitas. Hoy esas viejas tácticas ya no funcionan o han cambiado de sentido.

En la actualidad, el aparato importante para ganar es el teléfono celular. Las campañas necesitan equipos capaces de gestionar la comunicación en un entorno de hiperconexión. Un equipo profesional con experiencia, no se limitará a trabajar en las redes sociales ni le pedirá al candidato que grabe videos ridículos en TikTok. Diseñará una estrategia integral que combine medios digitales, televisión, prensa y radio, prestando especial atención al lenguaje corporal y a las actitudes del candidato.

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En la sociedad red, la verdadera batalla se da por la atención de la gente. Todo compite entre sí, y cada estímulo puede reforzar o debilitar una candidatura. Cuando despiertan las personas se conectan al scroll infinito del celular, que inunda su tiempo. Consumimos contenidos seleccionados por un algoritmo individual, el menú de opciones de dada uno es diferente, adaptado por la máquina según nuestras propias pulsiones. Esa es la información con la que la gente decide por quién votar.

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Descartamos cualquier contenido que no capte nuestra atención en los primeros 15 segundos y solo nos detenemos en lo que nos interesa. Si en la pantalla aparecen el discurso de un candidato, un programa de gobierno y el video de un perrito cayéndose de un balcón, es evidente qué se quedará viendo el votante indeciso.

Hace apenas una década, los dirigentes creían que ganaba quien presentaba el mejor programa o defendía la ideología del partido pero eso solo interesa a los votantes que están decididos. El verdadero objetivo de una campaña debe ser atraer a quienes no piensan votar por el candidato, algo imposible si se les envía un mensaje que no les interesa.

Colombia se encamina hacia la primera vuelta electoral y el escenario parece repetir la historia de hace cuatro años. En aquella ocasión, Gustavo Petro y Rodolfo Hernández pasaron a la segunda vuelta expresando el rechazo al pasado. Petro, exalcalde de Bogotá, representaba una mezcla de corrientes woke, mientras que Hernández capitalizó el factor de ser un desconocido. En el camino quedó Federico Gutiérrez, cabeza de partidos tradicionales rechazan muchos en Occidente.

¿Es imposible que un político con trayectoria llegue a la segunda vuelta? De ninguna manera. La práctica demuestra que es totalmente viable, más allá de las teorías. Para lograrlo, debe posicionarse como alguien diferente a "los de siempre" con un lenguaje no verbal adecuado.

Aunque la gestión del gobierno de Petro no ha sido eficiente bajo los indicadores tradicionales, es muy probable que su candidato, Iván Cepeda, lidere esta votación. Esto no significa que los colombianos no razonen, sino que la oposición y los analistas han hecho una campaña analógica en plena era digital. Cepeda, un político de izquierda preparado, ha logrado canalizar con éxito el voto antisistema, que en Colombia se parece más numeroso que el voto antigobierno.

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El otro candidato con altas probabilidades de pasar a la segunda vuelta es Abelardo de la Espriella, quien se ha presentado como una opción distinta al sistema político tradicional. Aunque tenía el espacio electoral a su favor, tal vez no lo gestionó de la forma más atractiva para los votantes menos intoxicados por la política.

La incertidumbre de la segunda vuelta. Si Cepeda y De la Espriella se convierten en los finalistas, sería irresponsable predecir un ganador, digan lo que digan lo que digan las actuales encuestas. La experiencia en múltiples campañas demuestra que los resultados pueden darse la vuelta; las campañas existen justamente para eso, para competir y ganar.

Creer que la única polarización en Colombia es “Petro contra anti-Petro” es un error tan grave como pensar que en Perú todo se reduce al fujimorismo y antifujimorismo, o en Argentina al peronismo y antiperonismo. Los ciudadanos tienen muchos más matices que los que percibe el “círculo rojo”, cuya mente suele estar completamente polarizada.

Es un error radical asumir que quienes no se expresan en las encuestas a favor de uno de los dos finalistas tienen su voto definido. Si uno de ellos trabajó bien durante la primera vuelta con los votantes de los candidatos que van a quedar afuera en la primera vuelta, tendrá mayores probabilidades de ganar el balotaje. Es también importante estudiar la historia reciente, entender qué pasó hace cuatro añazos con Hernández y asimilar el peso que tiene el voto negativo, en una época en que son más los que votan en contra.