Cómo en Brasil la Corte Suprema está perdiendo autoridad por sus peleas internas
El analista político Ricardo Lobato analiza el desgaste institucional del Supremo Tribunal Federal de Brasil, sus divisiones tras la era Bolsonaro y el impacto de los giros en las encuestas electorales.
Durante años, la justicia en Brasil proyectó un aura de prestigio y autoridad institucional superior a la de varios de sus vecinos regionales. Sin embargo, el trasfondo de causas complejas como el Mensalão y el Lava Jato, junto con las fricciones derivadas de los juicios por el intento de golpe de Estado, han dejado al descubierto un tribunal cruzado por fuertes divisiones y expuesto a un creciente desgaste público.
En esta entrevista con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el analista brasileño Ricardo Lobato desglosa la pérdida de unidad en el Supremo Tribunal Federal (STF) y describe cómo la interna entre ministros constitucionalistas, sectores legalistas e indicados del bolsonarismo ha expuesto a la máxima corte a una polarización inédita. Además, aborda el rol del tribunal frente a los demás poderes, la tradicional hiperpresencia del derecho en la vida cotidiana brasileña y la volatilidad de las encuestas en un escenario electoral marcadamente dividido.
Ricardo Lobato es un reconocido sociólogo, economista y analista político brasileño. Actualmente se desempeña como CEO y analista jefe de Equilibrium Consultoría, una firma especializada en geopolítica y análisis de riesgo político. Tiene una maestría en Economía y es licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad de Brasilia. Cuenta con experiencia militar como oficial del Ejército Brasileño y trabajó como analista en el Ministerio de Defensa de su país.
Buenos días, Ricardo Lobato. Jorge Fontevecchia lo saluda. Estuvimos recién con un especialista en Brasil argentino, autor del libro Lula, de la cárcel a la presidencia, que nos explicaba la pérdida de prestigio que estaba teniendo el Supremo Tribunal. Desde la Argentina siempre percibimos que en Brasil la justicia tenía una valoración superior a la que tiene la argentina, y que había sido un actor político más importante del que es en la Argentina. Pareciera que, por los escándalos que estamos percibiendo en el Supremo Tribunal, la justicia al nivel más alto en Brasil se estuviese «argentinizando», es decir, perdiendo esa aura de prestigio que la distinguía respecto a la pérdida de poder de, por ejemplo, el Senado o Diputados. Así que le pedimos que nos haga una especie de síntesis, con ojos brasileños, de cómo afectó este conflicto dentro del propio Supremo Tribunal de Justicia de Brasil.
Buenos días, señor Fontevecchia. Buenos días a todos los que nos ven y nos escuchan. Hablamos un poquito de la historia reciente de Brasil. Lo que pasa es que no solo la justicia en la Corte Suprema, sino todo el sistema de justicia en Brasil... Esto es algo que muchos se preguntan hace años: ¿qué pasó con los medios de comunicación y la justicia? ¿Cómo se ve a la justicia en los medios? Porque muchos juicios, y todos también, comienzan a partir de lo que se juzga y de todo lo que está pasando. Pasó con el escándalo del Mensalão que tuvimos en los años 2000, pasó con la operación Lava Jato en el 2010, y ahora con todo lo que ocurrió en el Supremo con los juicios del intento de golpe de Estado del antiguo gobierno. Lo que pasa hoy es que la Corte Suprema de Brasil siempre estuvo muy unida, pero en los últimos años los comentaristas y analistas han percibido que esto ya no es tan así. Lo que se tiene hoy son grupos; hay grupos internos. Están los grupos de los judicialistas, los grupos de los expertos... Hay grupos de oposición integrados por ministros que fueron indicados en el tiempo de Bolsonaro, y hay un grupo que está extremadamente más al centro, no en relaciones ideológicas, sino en una relación de constitucionalismo. Entonces, la unidad que se tenía en tiempos pasados ya no existe más, esto es un hecho.
Usted habla de una triple división. Dentro del Supremo Tribunal están los nombrados por Bolsonaro, los del bloque institucionalista y la llamada «curia legalista». ¿Podría describirnos cuál es la característica de cada uno de estos? Por otra parte, no veo aquí a un lulista o un petista. Hay bolsonaristas, institucionalistas, curia legalista... ¿Por qué no habría lulistas o petistas?
Esto es algo que naturalmente es informal. Si le preguntas a un ministro, él no va a decir «yo soy parte del grupo A o B», no se dividen así. El hecho se demostró públicamente en esta última sesión, pero informalmente lo que pasa es que tenemos a los ministros que fueron indicados por Bolsonaro. Uno de ellos es un evangélico neopentecostal que fue indicado justamente por eso Bolsonaro, en su campaña de 2018, lo había prometido a algunos líderes religiosos pentecostales de Brasil: que él indicaría al primer evangélico neopentecostal a la Corte Suprema. Incluso es un pastor evangélico. ¿Por qué no tenemos ministros de Lula? Lula siempre tuvo una aproximación más pragmática con sus indicaciones al Supremo, no es una cuestión de lealtad. Él siempre buscó reconocer a los grandes juristas del momento. Hay un caso muy interesante que muchos cuestionan, por ejemplo, el del juez Alexandre de Moraes. Pero él no fue indicado por Lula: fue indicado por el expresidente Michel Temer, que era vice de la señora Dilma Rousseff. Entonces hay que ver todos estos matices, no siempre las indicaciones están ideológicamente ligadas a los políticos que los han indicado.
¿Qué pasó con aquello de que en una época en Brasil eran más conocidos los 11 miembros del Supremo Tribunal que los 11 jugadores de la selección de fútbol, siendo un país altamente futbolero? ¿Sigue siendo así? Y si sigue siendo así, ¿antes eran conocidos pero valorados, y hoy, por el contrario, son criticados?
Una cosa que pasó en Brasil es que el Supremo empezó a tener un protagonismo más grande, no porque lo haya querido, sino porque fue llamado a tenerlo. Sufrió muchos ataques, y hay que entender la articulación y la división de poderes en Brasil desde un poco antes del impeachment de la señora Rousseff en 2016. Algo que pasó fue que los poderes no estaban divididos como pensaban los politólogos antes: muchos de los legisladores querían ejecutar las medidas. Entonces el Supremo tuvo que —si podemos utilizar esta palabra— intervenir haciendo uso de sus responsabilidades como guardián máximo de la Constitución de Brasil para decir a los legisladores: «No, ustedes pueden aprobar esta ley, pero esta ley que han aprobado es inconstitucional». Con esto la gente empezó a conocer más al Supremo. Para utilizar la comparación futbolística, lo que pasó fue que, al mismo tiempo, nuestra selección ha perdido un poco de su prestigio. No ganamos grandes títulos desde la Copa de las Confederaciones en 2013; tuvimos una u otra Copa América después de esto y una Olimpíada, pero solo fue eso. Si podemos hacer esta comparación, mucha gente dice que los brasileños no se interesan por la política o la justicia, pero somos un país de abogados. Voy a dar un dato, ya es un poco antiguo, pero con esto se puede ver: cuando el Papa Benedicto XVI estuvo en Brasil a principios de los años 2000, un periódico de Brasil hizo una comparación de que en aquel momento el mundo tenía como 500.000 curas y Brasil tenía 800.000 abogados registrados en la Orden de Abogados, sin contar a los que tienen su diploma pero no están registrados. O sea, vemos que es un país que, aunque la gente pueda decir abiertamente «no me intereso por eso», hay una formación histórica en este sentido. Es algo natural que la justicia esté presente en el día a día de las personas.
Finalmente, ¿cómo afecta electoralmente esta división a cielo abierto y esta polémica pública de distintos miembros del Supremo Tribunal a favor o en contra de Lula? ¿Y por dónde está Bolsonaro?
Esta es la gran pregunta que los ministros mismos se hacen. En el último censo que salió se le preguntó esto a la gente, y muchos dijeron que su voto ya estaba definido. Pero hay un detalle: el hecho de que algunos de los ministros están bajo sospecha de tener conexiones con el caso del Banco Master, un gran caso financiero. Lo que se está probando es que el señor Flávio Bolsonaro también está involucrado en esto. Aún están en procesos de investigación, así que hay mucho más por ver, pero hay que observar cómo la gente va a reaccionar en los medios. Si mi candidato, sea A o B, está en medio de este proceso y hay una crítica hacia quien sea que también esté involucrado, la gente continúa dividiéndose. Creo que lo único seguro de decir es que, con esto o sin esto, Brasil continúa siendo un país polarizado en este momento.
Últimas encuestas: ¿qué le indica, Ricardo, que va a pasar en la elección de primera y de segunda vuelta?
Bueno, es muy difícil decir si uno va o no a ganar. Hoy el señor Lula tiene la ventaja sobre el hijo de Bolsonaro, pero es lo que siempre digo a mis clientes y asociados: una elección solo se decide en las últimas 48, quizás 24 horas, así que decir algo hoy es muy peligroso.
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¿Pero no había una diferencia a favor de Lula mayor hace algunos meses y se fue achicando? Y de ser así, ¿por qué?
Esto se achicó y empezó a hacerse más grande de nuevo. Tuvimos en un espacio de dos días una encuesta que mostró numéricamente que Flávio Bolsonaro estaba adelante de Lula en la segunda vuelta, y dos días después otra que mostró una reversión del resultado. Entonces, mucho de esto también se debe a la metodología que cada instituto de encuesta adopta en su propio cuestionario.
A ver, las encuestas entonces no estarían siendo válidas para pronosticar el resultado. Me pregunto cómo fueron las encuestas y el resultado final en el balotaje anterior, en las elecciones en las que Lula terminó ganando por 1%. Si no recuerdo mal, planteaban una diferencia a favor de Lula mayor y después terminó siendo menor, ¿o recuerdo mal?
No, esto fue exactamente lo que pasó. Pero en la segunda vuelta, un cálculo que han hecho es que, con todas las confusiones que tuvimos con la gente que no pudo votar debido a las medidas que fueron adoptadas para impedir que votase, los números exactos de esa diferencia se debieron a quienes no votaron respecto a lo que marcaban las encuestas.
Ricardo Lobato, muchísimas gracias. Le mandamos un saludo desde la Argentina y seguiremos con mucha atención lo que sucede en su país. Muchas gracias.
Muchas gracias a usted, señor Fontevecchia.
MEG