Conversación entre Caparrós y Fontevecchia sobre la campaña antiargentina y el racismo
El escritor y periodista argentino analiza los prejuicios europeos, la narrativa construida alrededor del fútbol y el mito de la "campaña antiargentina". Caparrós sostiene que en el país "el racismo tiene infinitamente menos lugar" que en Europa y reflexiona sobre el presente político a ambos lados del Atlántico.
A raíz del fenómeno mediático desatado tras los cruces futbolísticos y la cobertura europea, Martín Caparrós y Jorge Fontevecchia desglosaron el impacto de las narrativas cruzadas entre Argentina y España. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Caparrós señaló cómo las lecturas externas trasladaron complejos propios hacia el país, remarcando que "a los españoles les gustó mucho pensar que su selección es un dechado de virtudes cívicas" y que, al juzgar a los sudamericanos, "quisieron, por alguna razón, supongo que para curarse en salud, adjudicarles a los argentinos esa calidad racista que me parece muy dudosa".
Martín Caparrós es un escritor y periodista argentino que integra una extensa obra de ficción y ensayo con una trayectoria en medios gráficos y de radio tanto en la Argentina como en España. Comenzó su carrera periodística a los 16 años en el diario Noticias junto a Rodolfo Walsh. Se exilió en Europa tras el golpe de Estado de 1976. Vivió en París en donde se licenció en Historia. Participó en la fundación de emblemáticos medios gráficos argentinos como el diario Página/12 y la revista Babel. Fue galardonado con el premio Rey de España de Periodismo, el premio Seix Barral de Novela, el premio Planeta Argentina y la distinción Ortega y Gasset a la trayectoria.
—Buenas tardes para vos allí en España. Un gran gusto volver a conversar con vos, con mucho interés de escuchar tus reflexiones de esa cercanía y al mismo tiempo distancia que te permite vernos desde quien nos ganó el Mundial. ¿Qué significó todo para vos en estas últimas semanas? ¿El triunfo frente a Inglaterra? ¿La derrota frente a España? ¿Lo que podría llamarse campaña anti-Argentina? ¿El renacimiento de la malvinización de la política argentina? ¿Y tu visión de siempre sobre nuestro gobierno?
—Me abrumaste un poco, pero intentaré recuperarme. Para empezar, descartemos la variable más débil que es el fútbol en sí. Quiero decir, está claro que la Argentina jugó bastante mal durante la mayor parte del campeonato. Yo tenía durante todo el torneo una correspondencia con Juan Villoro, el escritor mexicano, en el diario El País, en el que nos escribíamos cada día uno u otro una carta. E íbamos comentando lo que pasaba y estábamos bastante de acuerdo en que el fútbol que estaba desarrollando la Argentina era malo para lo que se podía esperar de ella. Tuvo los 20 minutos finales contra Inglaterra en que a la desesperada y porque los ingleses se fueron atrás consiguió jugar un poco más. Pero en todo el resto realmente fue bastante pobre. Finalmente el partido del domingo, bueno, todos sabemos que fue muy desastroso: un equipo que no pateó al arco en todo el partido.
Ahora que hay tantas teorías conspirativas sobre esto, yo me reía de mi propia teoría conspirativa durante el partido, porque estaba muy sorprendido con lo que pasaba con Leo Messi, no se interesaba por el partido, parecía como si no fuera con él la cosa. En los 15 primeros minutos no tocó la pelota, y hacia los 20 más o menos hubo un tiro libre desde la izquierda con unos 30, 40 metros del área, de esos que él tira siempre, y allí fue con De Paul y se miraron poco, se dijeron algo y lo pateó De Paul. Que no tirara ese tiro libre era como de algún modo señalar que ahí le estaba pasando algo. Pensé: "Quizás tiene algún problema muscular y no quiere exigirse" o lo que sea. Pero lo cierto es que Messi no estuvo en el partido hasta esos cinco últimos minutos.
Milei, en contra de condenar al racismo
Todo esto, hablando de fútbol, la Argentina fue bastante regular y sin embargo, por sobre todo la suerte de los sorteos y los rivales que nos tocaron, llegó hasta la final, cosa muy meritoria. Lo extraño es que a partir de esto, es la circulación de una serie de emociones sobre lo argentino y los argentinos muy disparatadas. Los jugadores argentinos introdujeron en la prensa, introdujeron de algún modo esto o terminaron de introducirlo el día del partido con Inglaterra, cuando se volvió a esta tontería de que ese partido de fútbol es una forma de recuperar la memoria de los muertos en las Malvinas y, de alguna manera, homenajearlos y tururú. Es un partido de fútbol. No me parece tonto salir con una bandera en la tribuna y que diga algo sobre las Malvinas. Si alguien lo quiere hacer, lo hace. Pero pensar que el partido en sí es una forma de actuar sobre eso, eso me parece inverosímil.
Sin embargo, a partir de ahí empezó a extenderse cada vez más la idea de que esos partidos no eran partidos de fútbol, sino puestas en examen de la argentinidad. Y este domingo eso estalló. A los españoles les gustó mucho pensar que su selección es un dechado de virtudes cívicas. Sí, porque puede ser que en algún punto se lleven bien, pero no me parece significativo. Además, está claro que hay muchos españoles que detestan la idea de tener que celebrar goles de jugadores negros. Tuvieron suerte que hicieron solo uno cada uno, pero realmente era muy duro para ellos, que son abiertamente racistas y xenófobos. Los votantes de Vox, para empezar, que tienen el 15% de los votos, muchos de los votantes del Partido Popular, que tienen el 30%, se manifiestan abiertamente contra la migración y contra aquellos que no son verdaderamente españoles.
Quisieron, por alguna razón, supongo que para curarse en salud, adjudicarles a los argentinos esa calidad racista, que me parece muy dudosa. Primero que hablar de "los argentinos" no tiene ningún sentido porque somos totalmente diferentes entre nosotros, hay distintos sectores, etc. Pero, si acaso, en la cultura argentina el racismo tiene infinitamente menos lugar del que tiene en la mayoría de los países europeos, por no hablar de Estados Unidos, donde hasta 1965 muchos negros no podían votar por ser negros.
Acabo de publicar un tuit con una larga columna que no tenía ganas de publicar en un medio, contando un poco la historia del proceso de población de la Argentina para tratar de mostrar que nos resulta bastante difícil ser racista de verdad porque, primero, lamentablemente los descendientes de los esclavos que había en Argentina desaparecieron de distintas maneras en su enorme mayoría a fines del siglo XIX. Y porque, a partir de entonces, lo que se considera argentino se basa en la mezcla de muchas nacionalidades. Esa es la condición más que suficiente para que no nos creamos capaces de discriminar a nadie, porque todos somos parte de muchas cosas. Hay como una cosa rara en todo esto. No quiero seguir hablando porque ya he traspasado todos los límites de la decencia y la buena educación, pero me parece que quedan muchas cosas raras.
—Casualmente le dedicamos la columna de apertura de hoy a algo muy parecido a lo que vos hiciste en tu tuit, marcando además otros componentes críticos de distinto tipo, algunos contradictorios, esencialmente aquellos que tienen que ver con el gobierno argentino y con las prácticas del gobierno argentino y de sus seguidores, que sí tienen seguidores racistas, como en el caso que vos mencionabas de los partidos de extrema derecha e incluso de derecha en España. Pero es un hecho que es inequívoco. Hace pocos meses la Argentina fue uno de los tres países del mundo, junto con Estados Unidos e Israel, que votó en contra de considerar la esclavitud delito de lesa humanidad.
El único país, obviamente el único país del Sur Global, para decirlo de alguna manera, pero incluso frente a Occidente, solamente Estados Unidos votó en contra de eso e Israel. Es decir, perfectamente se podría decir el gobierno argentino en las Naciones Unidas votó en contra de considerar la esclavitud delito de lesa humanidad, lo que realmente parece ridículo cuando otros más de ciento y pico de países votaron a favor, además de algo absolutamente declamativo que solamente podría tener explicación en la concepción libertaria extrema de nuestro presidente de que si se pueden comprar y vender órganos, perfectamente si fuera voluntario se podrían comprar y vender personas, para decirlo de alguna manera. Y luego el apoyo de la asociación que hay de nuestro presidente libertario con Trump y con Netanyahu. Ese sí es un elemento que no tiene que ver con nuestra historia de "falta de negritud", sino tiene que ver con la imagen que la Argentina a través de su gobierno envía al mundo en los últimos años.
—Sin duda. Tanto vos como yo hemos dicho todo lo que hemos podido sobre una cantidad enorme de medidas de Milei. Quiero decir, es cierto, lo eligió el 50 y tantos por ciento de los votantes argentinos, que no de los argentinos, y hubo un gran porcentaje de gente que no lo votó y que lo sufre. Es muy desdichado tener como presidente a ese señor. Pero en Estados Unidos, que es el modelo que Milei sigue, no dicen nada como Trump. Todos están dispuestos a pensar que hay muchos norteamericanos que tienen otras ideas, que son distintos, que sufren a Trump tanto como muchos de nosotros sufrimos a Milei. Y, bueno, entonces hay cierta ecuanimidad allí.
Por qué el mundo odia a la Argentina
—Lógico. Dijimos exactamente lo mismo, que no podíamos decir que Estados Unidos y los norteamericanos fueran como Trump, como no se puede decir que la Argentina fuera como Milei. Pero este es un elemento que se agregó a los prejuicios del último tiempo, que no solamente tienen que ver con el tema de nuestra desaparición de habitantes africanos. Contamos incluso el caso del Congreso, que tenía siempre afrodescendientes al frente de toda el área de intendencia del Congreso hasta mediados del siglo pasado.
Y agregamos también otro tema que tiene que ver con nuestros vecinos: Brasil. Nuevamente otro argentino, ahora prófugo, hizo gestos de que eran monos los brasileños. Tercer caso incluso con procesamiento en Brasil, una preocupación de la embajada brasileña en Argentina con una pizzería que se llamaba Pizzería Brasileña "Los Monos". Es decir, hay algo también allí de elementos que justificaron en la época de las redes sociales esta perspectiva que, como vos bien contás, nada tiene que ver ni punto de comparación con lo que es el racismo en países occidentales. Probablemente también decíamos que en los países occidentales, como están atravesados por el racismo, leen con su subjetividad cuestiones que en la Argentina no tienen nada que ver, que la están juzgando con su propia subjetividad.
—La famosa historia de ese jugador uruguayo al que sancionaron en Inglaterra porque le mandó un mensaje a un amigo suyo y le decía: "Negrito, nos vemos esta noche". Y lo sancionaron, le pusieron 20.000 libras o no sé cuánto de multa por decir "negrito". Efectivamente es el ejemplo más brutal de esto que vos decís, de una lectura totalmente magnificada por los problemas propios. Pero, más allá de eso, yo creo que quizás sea un poco pronto para entender del todo la cosa. Tampoco está claro si esta supuesta corriente anti-Argentina realmente existe más allá de los algoritmos que deciden qué leemos en las redes sociales. No sé, me sorprende mucho.
Cuando yo vine por primera vez aquí, a España, yo que estuve aquí en el '80 (antes estaba en Francia, pero venía mucho, mi padre vivía aquí y tal), y en ese momento, a los argentinos que habíamos por aquí nos tenían un poco de inquina mezclada con envidia. Teníamos todos 20 años, y un amigo me decía: "Imagínate, yo me quiero levantar a una chica en un bar y en un momento me voy a la facultad, y que mi mamá no sé qué, y que esto y que lo otro... Viene un argentino y le dice: "No, yo tuve que escaparme porque casi me secuestran y me escapé y me escondí y no sé qué. ¿Quién se levanta a la chica?". Bueno, quiero decir que era eso un poco el nivel de competencia. Los españoles no sabían qué hacer con los argentinos y eso producía esos roces. Supuestamente veníamos de una sociedad mejor educada que lo que era España en los '70, cuando la educación había sido escuelas de curas y de monjas franquistas. Entonces también eso jugaba.
Recuerdo muy claramente una vez que llegué poco después del 2001, de la gran crisis del 2001, llegué aquí en el invierno del 2002, en enero, febrero, y había un gran cartel en un lugar que decía: "Ayudemos a la Argentina, lo necesitan, no tienen comida, no tienen esto, donen aquí", etc. Y poco a poco me di cuenta de que eso les había permitido ubicarnos en un lugar, en un lugar más cómodo: éramos los pobres que necesitábamos que nos mandaran cajas de arroz. Y esto facilitó nuestra relación con España durante años. Durante años, los españoles supieron qué hacer con nosotros: tenernos un poco de lástima, aceptarnos cuando veníamos a trabajar porque, claro, en ese país no se puede, etc. Algo pasó en estos últimos cuatro o cinco años para que eso dejara de funcionar. Y ahora estamos casi como en el año 77. Es una cosa rara.
—Vos escribiste sobre "cacocracia". Analizaste con agudeza el lenguaje actual del poder en la Argentina. Con la mirada que te da la distancia de verlo desde allí, pero con el interés continuo sobre tu patria, ¿cómo te imaginás el devenir de acá hacia el año próximo con las elecciones en la Argentina?
—Con bastante perplejidad y con la conciencia de que seguramente me falta mucha información que me gustaría tener. Pero, por ejemplo, esta mañana, vi una encuesta que me pareció muy reveladora, que decía algo así como que, de los votantes, de los que apoyaban a Milei, el sesenta y tanto por ciento pensaba votarlo el año próximo. En cambio, de los que no apoyaban a Milei, solo el treinta o treinta y poco por ciento había decidido un voto, que en este caso era por los peronistas. Creo que eso es lo decisivo. Está, por un lado, Milei y sus votantes, que lo tienen muy claro, y, por otro lado, los que no querrían, los que no querríamos que Milei siguiera en el gobierno, que no tenemos para nada claro cuál sería la alternativa. Esa es, creo, la gran ventaja de Milei en este momento. Si fuera creyente, rezaría todos los días para que apareciese alguna alternativa que pudiera aglutinar a toda una cantidad de gente que no soporta lo que está haciendo Milei. Pero, por el momento, no aparece. ¿Vos ves algo en el horizonte?
—Las encuestas empiezan a mostrar un continuo, podríamos decir, cansancio cultural, cierta fatiga moral. Ayer estaba aquí en el programa Eduardo Fidanza, quien no podía adelantar los números de la última encuesta de Poliarquía, pero indicaban que Milei había perdido en los últimos seis meses la mitad de la diferencia que podría haber obtenido en un balotaje si se produjese en el momento de la encuesta. Todavía le queda una diferencia a favor de cinco puntos. Claramente el gobierno está preocupado por ganar en primera vuelta, porque se supone que en un balotaje podría perder. Hay una tendencia a percibir que la esperanza de las personas respecto de que una política económica como la de Milei va a producir efectos positivos en su vida en algún momento y que hay que esperar entre siembra y cosecha, que no se producen simultáneamente... bueno, pasados 33 meses sin conseguir esos resultados, empieza a agotarse esa esperanza.
Hay muchos economistas, inclusive economistas que uno podría imaginar cercanos a un pensamiento económico del gobierno, que opinan que la política económica del gobierno actual no permite esperar que pueda haber una redistribución de aquí al momento de las elecciones, o sea, que mejore sustancialmente la calidad de vida de la mayoría de los argentinos, independientemente de que la economía pueda crecer, la diferencia entre que pueda crecer y que llegue eso a nivel de desarrollo. Por otro lado, uno ve que en América Latina ganó la extrema derecha en Colombia, la derecha en Perú, pero también es cierto que ganan en balotaje con, por ejemplo en el caso de Perú, décimas, ni siquiera un 1% de diferencia.
—Sí, 40.000 votos.
—Y uno percibe que es muy probable en el escenario de la primavera de que Trump pierda las elecciones en Estados Unidos y probablemente Lula las gane en Brasil. Así que, bueno, hay un contexto de magma donde no parecieran estar las cartas echadas aún. No sé cómo ves vos el contexto internacional desde allí.
—Antes de eso, el punto yo creo que sigue siendo el que yo trataba de decir antes, que es quién le va a ganar el balotaje a Milei. Porque yo creo que si es Kicillof, obviamente va a haber una cantidad de gente que va a votar, aunque no hubiera elegido a Milei, lo van a votar igual para no votar a Kicillof. Van a ser muy pocos los que voten al PRO contra Milei. No veo realmente una propuesta que pueda reunir a ese 51% que se necesitaría para que Milei pierda el balotaje. Ese me parece el problema más urgente. Insisto, yo estoy lejos, pero no le veo una solución muy clara.
En cuanto al tema internacional, estas elecciones en América Latina efectivamente muestran ese vuelco, pero lo que muestran sobre todo es que, salvo eventualmente en el caso de Brasil, en toda la América hispana, lo que yo había llamado Ñamérica, ya perdí la cuenta de la cantidad de elecciones que ganaron siempre los opositores. Es decir, ¿cuánto hace que, por lo menos en todos los países de Sudamérica, no hay elecciones limpias en las que gane el partido gobernante? Lo que sucede más claramente no es tanto que haya una ola de derecha, sino que le tocaba a la derecha porque había habido gobiernos supuestamente más de izquierda en cada uno de sus países: en Chile, en Perú, en Colombia, incluso en Ecuador, en Bolivia sin duda, etc. Entonces, el tema es esta insatisfacción general con nuestras sociedades que, una vez más, no encuentra canales para expresarse, para producir algún cambio que deje de ser esta especie de vaivén entre un partido y su oposición, y ese partido y la suya cuatro años después.
—Otra reflexión respecto de eso es que, casualmente, los países grandes, México y Brasil, parecerían ser la excepción, y los países pequeños parecerían estar en este vaivén. Compartimos con Brasil y con México ser los únicos países federales. Obviamente, tiene que ver con el tamaño de nuestro territorio.
—Una sola cosa. Para iniciar la contra- campaña a la campaña anti-Argentina, te voy a tomar este trocito de grabación, voy a difundirlo, donde vos estás diciendo que los países grandes son México y Brasil, o sea que nosotros somos un país pequeño.
—Perfecto. Yo agregaba que nosotros también teníamos un país federal casualmente por tener un gran territorio. Pero volviendo al tema de quién le puede ganar a Milei y si Kicillof tiene marcado un estigma inmodificable respecto del kirchnerismo, y si la sociedad argentina tiene una mayoría inmodificable respecto del kirchnerismo, creo que, no digo que sean fáciles las alternativas, pero existe la posibilidad de que haya una especie de cisma dentro del peronismo que permita a Kicillof transmitirle a una parte importante de la sociedad que no es kirchnerista, o que no es cristinista, o que no representa lo que hoy es el kirchnerismo o el cristinismo.
Por el otro lado, va a depender de cómo llegue la economía el año próximo, porque si evidentemente estuviésemos en algo parecido a lo que fue el final de la convertibilidad, demostrando que el desempleo crece, la producción se estanca, que las empresas continúan cerrando, que no hay derrame... puede ser que también la sociedad desee un cambio económico, no solamente un cambio en el mismo rumbo a alguien más presentable. Es decir, hay distintos escenarios. Uno es el hecho de que la sociedad quiera mantener el rumbo, pero corregirlo, mejorarlo, algo parecido a lo que pudo haber sido el 99, y que entonces la alternativa venga de un tercer sector. Como pasó de hecho en Hungría. A Orbán le gana alguien de su propio sector, no alguien del sector opuesto. Otra posibilidad es que la situación se deteriore de tal punto de que la gente desee un cambio económico, no ya un cambio de conductor y de estilo, sino un cambio en la política económica, en cuyo caso el peronismo podría llegar a tener más posibilidades. Pero tomame con pinzas, porque obviamente por más esfuerzos que haga de tomar distancia de mis deseos, estos me atraviesan y condicionan mi pensamiento. Y allá en España, ¿la derecha crece sin parar? ¿Podemos encontrarnos con una España distinta o más distinta a la que es hoy?
—Quería hacer un pequeño comentario sobre lo que decías, que creo que finalmente en América Latina y Sudamérica hispana, esa contradicción entre dos partidos que se alternan en el poder sin terminar de satisfacer a nadie, finalmente lo que representan esos dos sectores es más o menos Estado. Eso es lo que se juega. O sea, finalmente, cuando vos hablás de una alternativa económica a una economía que no estaría funcionando, necesariamente te referís a que el Estado intervenga más. Cuando llegó Milei era que el Estado interviniera menos. Y así es en casi todos los casos. Es curioso que son propuestas en general bastante semejantes con una diferencia central en la cantidad de Estado que querrían incluir en el gobierno del país. Supongo que en algún momento tendría que aparecer algo que superara esto, que fuera un poco más de Estado, un poco menos de Estado.
En cuanto a España, la situación es curiosa porque va a haber elecciones en algún momento del año próximo, entre marzo y octubre. Nadie se atreve a decir cuándo; o sea, tendrían que ser más bien hacia el verano- otoño, pero también Sánchez puede decidir llamar a las elecciones antes. Y lo que se prevé por ahora, es la ya desembozada alianza del Partido Popular y Vox en el poder. O sea, el Partido Popular se pasó los últimos cuatro o cinco años desde que Vox, que es un partido muy de ultraderecha, xenófobo, racista, franquista en muchos puntos, religioso en otros, etc... Bueno, el Partido Popular lo rechazó durante varios años desde que apareció, diciendo todo el tiempo que jamás se iba a aliar con Vox. Bueno, empezó a aliarse en las comunidades autónomas (ya están aliados en cuatro o cinco), y hace ya hace 15 o 20 días, por fin dijeron con toda claridad que sí, que se van a aliar con Vox y que van a gobernar con Vox.
Una de las cosas que es quizás el mejor ejemplo de en qué consiste o en qué se basa esta alianza es un eslogan que lanzó Vox hace un año y algo, que es la "prioridad nacional", que quiere decir que los españoles tienen que tener prioridad sobre los ciudadanos que no nacieron en España para recibir cuidados, atención médica, subsidios, lo que fuera. Esto de la prioridad nacional, que al principio el Partido Popular lo condenó porque es desigualdad de ciudadanos sancionada por el gobierno, ahora lo acepta y lo incluye en todos sus pactos con Vox en las comunidades autónomas, y lo incluiría en el gobierno si lo consigue.
Por otro lado, lo que pasa es que el Partido Popular, con esta alianza con Vox, lleva seis meses sin ganar ni un voto, según todas las encuestas, e incluso perdiéndolos. Parece que mucha gente dice: "Para votar a alguien que es igual a Vox, voto a Vox, no al PP". Entonces hay gente dentro de ese partido que dice: "Dejemos de hacer esto porque cada vez crece más la posibilidad de que Vox no sea la cabeza del gobierno, pero sí que tenga tantos votos como para condicionar mucho la formación de determinados ministros y todo esto".
Y por otro lado está Pedro Sánchez, que es uno que triunfó en el exterior. Viste que Pedro Sánchez afuera de España tiene un prestigio muy extraordinario porque fue justamente el primero que se puso en contra del eje Trump- Netanyahu con respecto a la cuestión palestina: lo reconoció, habló públicamente sobre eso, hizo una serie de medidas al respecto que lo convirtieron en una especie de líder europeo, cuando además puede exhibir unos resultados macroeconómicos extraordinarios. El problema es que aquí mismo, hay una cantidad de gente que lo detesta, que para mí lo detesta por encima de sus posibilidades. No entiendo por qué lo odian tanto. Uno puede no quererlo, pero definirlo como dictador o como lo dicen es absolutamente exagerado. En los últimos meses, con los avances de la derecha, crece una pequeña esperanza de que mucha gente en las próximas elecciones se asuste y salga a votar por Sánchez.
Aquí pasa algo muy curioso, pero parece confirmado desde hace décadas, que es que los votantes de izquierda o centro- izquierda votan menos que los de derecha o centro- derecha. Entonces todo consiste, para partidos como el Socialista, en convencer a la gente de que vayan a votar; gente que los votaría, pero que se queda en la casa. Ahora puede ser que con el miedo del avance de la derecha más gente salga a votar en las próximas elecciones. Pero bueno, todo eso es pura especulación. Mientras tanto hay un problema muy serio, y ya termino con el tema de la justicia.
Por un lado, varios personajes muy importantes del Partido Socialista han sido encontrados culpables por la justicia. Hay dos que fueron secretarios generales del partido que están ahora presos con condenas grandes, y esto incide mucho en la imagen, aunque nadie cree que Sánchez haya sido corrupto en sí mismo, pero fue el que nombró a dos personas que estaban cerca de él y que se corrompieron demasiado. Pero, por otro lado, están los juicios al hermano y a la mujer de Sánchez, que son llevados por jueces muy impresentables. Lo último, por ejemplo, que pasó con el juez Peinado que lleva la causa de la mujer de Sánchez, Begoña Gómez, fue que, como está encausada por algo que no se entiende, que tiene que ver con una cátedra que ella tiene en la Universidad Complutense, que dice que hubo tráfico de influencias. Pero no se entiende para qué, porque ella ni sacó dinero ni sacó nada.
Bueno, como está encausada, la obligó a entregar su pasaporte y dijo que no podía viajar al extranjero. Y en ese auto de este juez dijo que, además, si viajaba muy custodiada por miembros de la policía, había más peligro todavía porque esos policías podían ayudarla a escaparse de la justicia. Con lo cual, por supuesto, todas las policías y diversos cuerpos de seguridad reaccionaron, pero con la calentura lógica del caso: ¿cómo va a venir un juez a decirnos que nosotros vamos a ayudar a esta señora a quebrar la ley y escaparse del país? Total que no pudo viajar a la última reunión de la OTAN en Turquía con su marido. Es como muy disparatado. Y esto también está influyendo porque cada vez hay más españoles que creen que la justicia no funciona, y que no funciona porque el nombramiento de los jueces sigue estando muy hegemonizado por las viejas familias franquistas
En muchos sentidos, muchos espejos para mirarnos. Sonreía mientras te escuchaba en tu descripción sobre la situación española porque me trajo mucha nostalgia de cuando era corresponsal de Perfil en 1998 en Nueva York. ¡Qué buen corresponsal, mi Dios! Martín, agradecerte todo este tiempo, esta disposición. Celebro hablar con vos y espero poder hacerlo lo más a menudo posible.
RM/ML
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