El sociólogo Eduardo Fidanza, advirtió sobre las primeras señales de “cansancio cultural” respecto del modelo del Gobierno y señaló que la paridad electoral en un eventual escenario de segunda vuelta responde a una situación económica que no da las respuestas esperadas: “Hay un proceso de progresivo deterioro en la medida en que la economía no da las respuestas que la gente imaginaba cuando lo votó”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), explicó que aunque la inflación haya mostrado una desaceleración, el estancamiento de la actividad golpea el bolsillo y redefine las prioridades de la sociedad: “Entramos en el trade-off inflación-empleo: con inflación baja pero sin oportunidades de empleo, la gente no compra”.
Eduardo Fidanza es un licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires, especialista en Sociología del Desarrollo por el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid. Es socio fundador y director de Poliarquía Consultores, una de las consultoras líderes en estudios de mercado y encuestas electorales en el país. Fue profesor titular de Teoría Sociológica en la UBA durante más de dos décadas, donde fundó la cátedra dedicada al pensamiento de Max Weber. Es miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo y forma parte de organizaciones internacionales de investigación de opinión pública como WAPOR. Además, es socio fundador de la Sociedad Argentina de Investigación de Mercado y Opinión Pública.
—Comentábamos en la previa respecto de ciertos síntomas. Un colega tuyo usó el otro día una palabra interesante, una conjunción de palabras interesantes que era "cansancio cultural". Cierto cansancio cultural respecto de Milei, las ideas de Milei. Entonces no sé si Milei está comenzando los mejores 18 meses, como decía su ministro de Economía, o en realidad hay un proceso de progresivo deterioro en la medida de que su economía no dé las respuestas que la gente imaginaba cuando lo votó.
—Empezaré mencionando lo que has dicho de un colega. Probablemente el cansancio cultural empiece a ser una discrepancia con un aspecto de la cultura, que es la cultura económica. Milei llegó con una idea refundacional agresiva, desechando e insultando al Estado, porque articuló el Estado con élites, que llamó "la casta", que perjudicaban a los argentinos. Esa cultura económica que propone Milei es una cultura individualista, de competencia en un mercado que él supone perfecto, que asigna los recursos de manera transparente, un mercado que no tiene fallas, luego un mercado que no se equivoca. Lo cual no es un análisis económico del mercado, sino mitológico.
Apostaron inicialmente por Milei sobre todo los jóvenes. Porque los jóvenes tienen menos carga de las discusiones históricas entre facciones en la Argentina y porque en la nueva cultura económica ellos buscan oportunidades sobre todo por fuera del sistema, lo que llamamos el trabajo registrado, etcétera. Este es un fenómeno mundial: la desalarización, el hecho de que ese trabajo que te otorga vacaciones, derechos, obras sociales, etcétera, cada vez están en menos condiciones de alcanzarlo ancha franja de la población. Entonces, ahí hay una convergencia entre la propuesta de Milei de un mercado y el emprendedurismo, el acceso al progreso económico a través del esfuerzo individual. Lo que Pablo Semán llama los «mejoristas», o sea, jóvenes que se entrenan y se preparan.
Ahora, para que esto converja tiene que haber oportunidades, claramente oportunidades de trabajo. Bueno, lo que estamos viendo es una economía estancada, incluso retrocediendo en aquellas áreas que se llaman de trabajo intensivo. Y, como dice Marina Dal Poggetto y otros economistas, esta es una economía en dos tiempos: minería, energía, agroindustria, sector financiero creciendo; y comercio, industria retrocediendo o estando estancado.
El gobierno no puede salir de esto y empieza a verse. Por ejemplo, el último estudio que nosotros hemos hecho, que daremos a conocer seguramente resultados en los próximos días, señala que es mayor la desaprobación de Milei que la aprobación. Las expectativas respecto a un año a tres años decaen, la gente describe su situación económica como cada vez más difícil. Eso es lo que estamos viendo, y eso lleva a un eventual equilibrio electoral en el caso de un balotaje.
—¿En un caso de un balotaje, por ejemplo, entre Kicillof y Milei?
—Por ejemplo, sí. Hay que considerar esto: hace cinco o seis meses, digamos en el verano, un balotaje se dirimía en favor de Milei por más de diez puntos, y hoy estamos hablando de tres, cuatro, cinco puntos. Habría que hacer un comentario un poco en la línea de Horowitz recién, de las posibilidades efectivas de Kicillof. Pero acá lo que yo veo es que, aunque Kicillof tenga o tuviera muchas dificultades, sobre todo en el campo comunicacional, atención con que en un momento se quiebre el consenso que lo llevó a Milei al gobierno.
No te olvides que Milei llega al gobierno tomando muchos votos del peronismo suburbano, de clase media baja y masculino. Bueno, puede haber un flujo, porque la gente, si se quiebra ese consenso, sobre todo si hay dos competidores, puede ocurrir que sea adverso el resultado. Esto todavía hay que relativizarlo, porque la imagen de las principales figuras del peronismo no es buena en el promedio de la opinión pública. Entonces uno, por un lado, lo ve a Kicillof como un competidor eventualmente en un plano, no sé si de igualdad, pero competitivo con Milei en un eventual balotaje. Pero por otro lado, la imagen nacional de Kicillof no es una buena imagen y aún la de Cristina Kirchner es mucho peor, con lo cual ese vínculo no resuelto entre Kicillof y el kirchnerismo es problemático. Porque ya, digamos, Kicillof tiene temas de imagen, pero te diría que directamente el kirchnerismo es un lastre que lo lleva para abajo.
—Ahora, es muy interesante lo que vos planteás, porque una hipótesis son los "ciperistas": el planteo de Macri de "el próximo paso", de "el rumbo es el correcto, pero falta el segundo tomo de la enciclopedia"; que Milei solamente conoce el superávit fiscal, pero no conoce el desarrollo, o conoce el crecimiento, pero no conoce el desarrollo, o no lo conoce o no se preocupa, pero hace falta avanzar en esta misma dirección en la segunda etapa. Y otra: y si así fuera, y si molestaran las formas de Milei, habría una oportunidad para otro candidato de centro-derecha o de centro, o como tantas veces se especuló hasta ahora infructuosamente, la aparición de una tercera vía que pueda ser electoralmente competitiva. Ahora, si el problema es económico entonces la cuestión ya es de otra índole. El PRO, por ejemplo, no sería competitivo, ni nadie que viniera a plantear el mismo rumbo.
—Ahí hay que ver por dónde va a ir la sociedad argentina si efectivamente algo cambió. ¿Qué algo cambió al llegar Milei al gobierno? ¿Por qué lo digo? Acá hay tres posibilidades o hay tres bloques, te diría: uno es el peronismo; podés decir el otro es el "ciperismo", la avenida del medio, el republicanismo; el otro es el bloque político-electoral del gobierno. Mi hipótesis, que puede ser errada, es que al peronismo le va a ser muy difícil recuperar la presidencia en el próximo turno.
Los problemas que tiene el peronismo no son solamente los problemas de Kicillof, de Cristina Kirchner; hay una cuestión que tiene que ver con los gobernadores. Steven Levitsky, al que vos entrevistaste, se hizo famoso por recoger una opinión que se la dio Juanjo Álvarez: dijo "el peronismo es una desorganización organizada". Yo lo dividiría en dos. Dos: esa desorganización organizada se organiza más si el presidente o la presidenta es peronista; si está el peronismo en el llano, la desorganización organizada adquiere niveles caóticos. Entonces hay que resolver ese problema no estando en el gobierno. Es complejo.
La tercera vía en la Argentina nunca se termina de configurar y, digamos, todo ese sector está muy decaído. Ahora, veamos la tercera parte, que es la coalición, como yo digo, político-ideológico-electoral: ahí hay un riesgo objetivo, que es que esa coalición se fracture. No te olvides que desde el punto de vista electoral, hubo un 30% duro que Milei obtuvo en la PASO de 2023 y en la primera vuelta. A ese núcleo del 30%, para que Milei llegue, hubo que agregarle el 26% que vino del voto del PRO y sobre todo del electorado de Patricia Bullrich. Si hoy analizás, ese 30% ya es un poco menos, pero digamos, son votantes duros. ¿Qué pasa con los miembros de esa coalición que tienen votos propios? Básicamente Patricia Bullrich. Otra figura que tiene votos propios, menos, es Victoria Villarruel, que representa a esa Argentina nacionalista, católica, militar y también peronista.
Patricia Bullrich se enfrentó a los hermanos Milei. Ahora me parece que el disenso está un poco disimulado, pero ¿querés que te diga algo? Patricia Bullrich no tiene destino en este gobierno, porque los Milei, como los líderes políticos, digamos, no se olvidan de nada: todos sacan la libreta y anotan las infidelidades, y después las infidelidades son muy costosas. La pregunta es: ¿qué va a hacer Patricia Bullrich, y lo mismo que Victoria Villarruel, si en marzo las encuestas le dan mal a Milei?
Ahí me parece que puede ser un punto para que miembros de este bloque —donde yo también lo incluyo a Macri— piensen en su destino adentro o afuera de la coalición. Y acá hay un punto, que es cómo los hermanos Milei, en lugar de tratar, maltratan. Yo, si fuera ellos y hablara con ellos, les daría una política de articulación con aquellos miembros de la coalición que no son subordinados, son socios. Porque una articulación político-electoral, si fuera una sociedad económica, si los votos fueran dinero: "Yo tengo tanto del capital". Bueno, tienen que ver esto y tienen también que ver su relación con los medios. Información que no puedo verificar me dice: "Con los medios van a aflojar". Uno puede decir: en el último mes no trató a ningún periodista de basura humana el presidente, no lo sé; pero parte de la construcción de un consenso es tener una relación, no sé si amigable, pero cordial con los medios de comunicación.
Denostando e insultando a los medios y maltratando a sus socios electorales, al gobierno le puede ir muy mal porque va a llegar a 2027 sin que le sobre nada, como a todos los gobiernos. Cuando nosotros hoy vemos los indicadores de Milei tres años y medio después, a pesar de todo decimos: está un poquito mejor que Fernández en esa época, que Macri en esa época, pero va camino a que no le sobre nada. Bueno, si no te sobra nada, tenés que ser El artista del hambre, de Kafka.
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—O sea que vos ves posibilidades de un regreso de una alianza entre Macri y Patricia Bullrich...
—Mirá que el abrazo en el cóctel me pareció significativo... Pero acá hay un tema que es la condición. La condición es un gobierno que pueda perder las elecciones en marzo. Patricia Bullrich creo que no le ganaría en votos a este Milei, pero el punto es si Milei sigue cayendo en la consideración pública. Fíjate que nuestro último estudio está hecho en el momento de fervor mundialista y el fervor mundialista no tuvo ningún efecto en esta caída sistemática de los indicadores a favor del gobierno.
Y fíjate este punto: Milei intentó, como todos los gobiernos, convergen con el éxito. Las redes sociales señalaron algo que Milei no dijo, pero es que los jugadores son mononeuronales, pero ya se instaló porque dejó entrever lo mismo que su opinión sobre las Malvinas. Hay entrevistas donde él trata el tema de las Malvinas junto con su admiración a Margaret Thatcher. Yojo con los símbolos.
—Ahora, todo esto pareciera tener que ver con el deterioro económico, vos mismo decías: Adorni, una economía distinta no hubiera sido Adorni. Y Milei ya decía que a Margaret Thatcher la admiraba, inclusive en el debate presidencial, e igual ganó las elecciones con una gran diferencia. ¿Es un síntoma esto que le pasa con el Mundial?
—Ese es el punto. Cuando vos estás ascendiendo y tu carisma está creciendo, estás como preservado. Esto no tiene que ver con ninguna comparación con Milei ni con nada, pero por ejemplo, vos ves los liderazgos de Mussolini, de Hitler: ¡Uy, si el Duce supiera! ¡Uy, si el Führer supiera!.. O sea, ¿qué quiere decir? El líder es exceptuado de los problemas. Milei todavía conserva algo de eso, pero si entra el proceso de deterioro, en un momento lo que disimulo de ti o de aquello que te absuelvo pasa a ser el centro de mi crítica. Entonces quiero decir: un Milei que dijo que admiraba a Margaret Thatcher.
Ccon las redes van a empezar a salir los videos y van a decir: "Mirá lo que pasa. En el momento en que Argentina es atacada en el mundo por el partido Blood & Honour, acá mirá el presidente que tenemos, uno que dijo...». Ayer veía yo en la crónica de televisión un chico muy joven con una remera, ¿no es cierto?, que dice «Las Malvinas son argentinas», con la misma tipografía. Yo quiero decir: atención también con la mitología de los países, con los valores que los países defienden, la gente defiende.
Hay algunas cuestiones en la Argentina, por ejemplo: un nieto, un padre, un abuelo, incluso un bisabuelo pueden hablar de las Malvinas y pueden converger en una opinión, seguramente de defensa. Ahora, también pueden hablar de la inflación, y pueden saber cómo eso es un trauma. Entonces ahí también se juega el destino de Milei. No es lo mismo Milei con menos 2% de inflación que Milei con 3 o 4.
Ahora bien, la inflación en los dos últimos meses bajó, pero Milei no mejoró. Con lo cual, también entramos en el trade-off inflación-empleo, donde la inflación baja sin oportunidades de empleo. Y entonces aparece un tema que horroriza a los ultraliberales de mercado: y bueno, a lo mejor la transacción es un poquito más de inflación y algo de déficit fiscal para, como se dice en el lenguaje, "que haya dinero en la calle"
Yo no soy economista, un análisis muy interesante: los bancos vuelven a tener su negocio, empiezan a comprarle bonos al gobierno en lugar de darle créditos a la población. Bueno, ojo con eso, porque si no hay crédito, si no hay recuperación de los sectores que dan trabajo y no hay oportunidades... Cuando yo hablo de oportunidades, vuelvo al principio: no es que la gente quiere trabajo registrado, compra trabajo no registrado, trabajo precario. Ahora, el punto es que en este momento no hay trabajo registrado y tampoco hay trabajo no registrado mediocre, o en tal caso no está creciendo como debería crecer.
—Poca gente tiene en la Argentina el termómetro que vos tenés desde hace décadas. ¿Cuántos años de Poliarquía?
—No, Poliarquía tiene 22 años. Pero antes teníamos la empresa que era del padre de mi socio, Edgardo Catter, uno de los fundadores de los estudios de opinión pública en la Argentina. Llevamos más de 30 años.
—Entonces, con ese termómetro, habiendo visto media docena de presidentes, ¿qué desangela a un presidente?
—L hipótesis es esta: en la Argentina sigue siendo decisivo lo que en la academia se llama el "voto económico". Y eso es bastante coherente con lo siguiente. Si a mí me preguntás cuáles son las continuidades en esta historia de la opinión pública que nosotros hemos seguido por décadas, a esto, cuando uno pregunta cuál es su principal problema personal o cuál es el principal problema del país, la respuesta siempre es la misma: la economía, con tres expresiones: inflación, insuficiencia de ingresos y falta de trabajo. Lo único a que asistimos ahora es que la inflación bajó y subieron insuficiencia de ingresos y falta de trabajo.
Entonces te quiero decir: como yo suelo decir, en la Argentina la pirámide de Maslow no funciona en la Argentina y no funciona en muchos países de la región. Entonces, si la preocupación principal es la economía, luego el voto se define por razones económicas. A veces no ocurre. Yo te voy a dar dos casos, pero son casos que confirman la regla: la gente no votó por razones económicas en 1983 a Raúl Alfonsín; la gente no votó a Macri en las elecciones que Macri pierde con Alberto Fernández por razones económicas, por el 42%. Pero si vos me preguntás, todas se han definido por razones económicas.
A veces, razones no económicas contribuyen. Es muy interesante, por ejemplo, cómo de 2009, donde Néstor Kirchner pierde las elecciones en la provincia de Buenos Aires, luego en 2011 Cristina obtiene el 54% de los votos, récord en primera vuelta para una elección en democracia. Pero ahí te diría: hay una convergencia, porque el país sale de la recesión y en 2010 empieza a crecer a tasa no sé si china, pero más o menos. Pero ahí hay un factor no político, que es lo que yo llamé "el carisma de la viudez". Pero son excepciones. Alberto Fernández gana porque la economía de Macri, como puede ser esta, nunca tuvo derrame ni brotes verdes. Los Kirchner ganan porque la situación económica es tremenda, y además ganan con el 23% de los votos. Pero quiero decirte: el invariable es la economía.
—Yo lo que percibo en mi propia experiencia es que hay una necesidad social de hacer transferencia en el conductor, al que se le asignan condiciones que no tiene, que incluso quien se las asigna sabe que no tiene, pero necesita asignárselas, como pasa en muchas de las relaciones humanas en las que hay una necesidad. Entonces los errores se los cubren: "no es él, es el entorno", y se repiten de manera sistemática, lo que demuestra que hay una necesidad. Una necesidad de sentir que hay alguien que no es él, que está al comando, que la silla no está vacía, para decirlo de alguna manera. Y entonces hay un proceso por el cual se le carga a esas personas de valores que carece, de atributos que no tiene, de fortalezas que son exageradas; pero hay un determinado momento donde "el rey está desnudo", un proceso a partir del cual se lo ve como es. Podríamos hacer el ejemplo del enamoramiento y el desenamoramiento. Entonces el príncipe pasa a ser sapo. Entonces todo aquello que se le veía positivo o se lo disculpaba, de repente se le pasa toda la cuenta junta. ¿Vos creés que ese momento de desangelamiento también es resultado de la economía?
—Cuando uno dice «el voto económico» es una abstracción. Porque el voto económico es al cabo de un ciclo que pudo haber empezado por la adhesión a un líder o a una líder por razones no estrictamente económicas. Yo he sostenido y he escrito en Perfil que si uno analiza el discurso de campaña de Milei, lo que prendió más inmediatamente es su predica antielitista que él llamó "la casta". Y que yo digo, viendo focus groups, que la gente tradujo a "los curros". Para la gente, la casta son los curros. ¿Qué quiere decir? Que hay algunos que tienen ventajas y privilegios sobre lo que tiene el ciudadano común.
Ahora, uno también se tiene que preguntar qué hay detrás de eso. Pero vamos a decir: una razón cultural. Pero a medida que transcurre el proceso, en primer lugar ocurre —y este es un error conceptual de Milei— de erigir y hacer responsable a una casta, a una élite. Porque los teóricos del realismo político de la primera mitad del siglo pasado hablaban de que las élites son constitutivas de la sociedad. Por ejemplo, Pareto hablaba de la circulación de las élites, Robert Michels hablaba de la oligarquía en los partidos políticos. Pero no hablaban como fenómenos que se podían erradicar, sino como fenómenos constitutivos de la organización social. Por esto mismo que vos decís: porque la gente busca liderazgo. Pero los liderazgos —y eso lo enseñó bien Max Weber— son liderazgos más aparatos administrativos, más una serie de cosas.
Entonces ahí viene el punto, que tal vez el arte de la política no es el momento carismático, que es el momento fácil, sino lo que llamaríamos con Weber "la rutinización del carisma". Y eso ya casi es una recomendación de autoayuda para vivir, porque es fácil el período carismático, es fácil el enamoramiento; lo difícil es administrar la realidad de todos los días. Y ahí viene el punto: cuando pasa el carisma, cuando pasa la cuestión de "voy a enfrentar a las élites", cuando la gente se da cuenta de que ellos también son una élite y cuando vamos a lo cotidiano, aparece lo económico.
Entonces puede haber un ciclo, o puede haber sí un ciclo político donde empezás por componentes no económicos, pero a la hora de votar termina siendo una cuestión económica. Milei y su ministro de Economía sabe, que la cuestión de la inflación y la cuestión de la actividad —ese trade-off— la tienen que resolver. No quiere decir eso, sin embargo, que necesariamente vayan a perder elecciones, porque para eso tiene que haber una alternativa.
La pregunta es esta: ¿cómo terminó Orbán? Orbán no termina porque lo enfrenta la izquierda, no: por alguien que es un moderado de su propio riñón. Entonces, a mí me parece que acá puede haber un giro por el cual haya un sucesor o sucesora de Milei dentro de su propio campo ideológico, pero no con las extravagancias de Milei. Porque sigue habiendo en él algo imprevisible que no nace de la política, nace de la personalidad.
RM