CONFLICTO UNIVERSITARIO

Crisis en la UBA y denuncia de Emiliano Yacobitti: “El Presidente Milei está fuera de la ley”

El dirigente defiende la universidad pública como motor de movilidad social y señala que la crisis actual responde a una decisión política más que a una restricción presupuestaria.

El vicerector de la Universidad de Buenos Aires, Emiliano Yacobitti Foto: CEDOC

El vicerrector de la UBA, Emiliano Yacobitti, analiza la crisis presupuestaria de las instituciones de educación superior y denuncia que el Gobierno nacional incumple las normativas vigentes, asegurando tajante que “el Presidente Milei está fuera de la ley”. A lo largo de la entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el dirigente defiende a la universidad pública como motor de ascenso social y advierte sobre la pérdida masiva del poder adquisitivo de docentes e investigadores frente a la gestión oficialista.

El contador público y dirigente político de la Unión Cívica Radical, Emiliano Yacobitti, es vicerrector de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, con una extensa trayectoria en la militancia universitaria, lideró el centro de estudiantes de Ciencias Económicas y la Federación Universitaria Argentina (FUA) antes de ocupar diversos cargos de gestión en el rectorado. Se desempeñó como diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires entre 2019 y 2023, donde se consolidó como un referente clave del espacio Evolución, aliado cercano de Martín Lousteau. 

Comencemos por el conflicto con el Gobierno, que no cumple con la Ley de Financiamiento Universitario: ¿cómo está esa situación y cuál es el impacto de la medida de fuerza que se extendió hasta dicha fecha?

El Gobierno está al margen de la ley y los sistemas democráticos tienen una forma para reclamar cuando estas cosas suceden, cuando alguno tiene alguna disconformidad. ¿Cuál es? Primero, recurrir a la sociedad, después ir al Congreso, proponer una ley, que el Ejecutivo la tiene que poder cumplir. El Gobierno decidió vetarla y se consiguió algo que muy pocas veces se logra, que es una mayoría especial en las dos cámaras a favor de la ley.

Sin dudas, hoy esa ley no la cumple, con lo cual el salario a los profesores, investigadores y no docentes de las universidades se redujo prácticamente a la mitad en términos reales desde que asumió Milei. Ayer nos encontramos, además, con un desafortunado tuit del Ministerio de Capital Humano, donde sale a provocar a los profesores. Digo, la situación en las universidades es que hay clases.

Así que se agarra de algún sindicato minoritario que propone un paro por tiempo indeterminado, cuando ya está claro que esa no es la posición de las universidades. De hecho, hace poco salió en todos los medios el paro a la japonesa que hicimos, que es una medida que requiere mucho esfuerzo, porque te imaginás que los profesores y los trabajadores de la universidad no tienen ganas de explicar por qué hace falta que se les pague el sueldo.

Como recién veía en la pantalla, hablamos de los satélites; el Presidente mismo menciona que es muy importante la participación en los satélites o en el proyecto Atenea, y así te puedo hablar de muchísimos casos que surgen de las universidades públicas y de la ciencia. Entonces, lo que ahora está pasando es que el Gobierno tira nafta al fuego del conflicto en lugar de cumplir la ley como indica la Justicia.

¿Qué hace? Pretende dilatar eso y tira nafta al fuego diciendo: “Obligo a los rectores a que tomen medidas para que haya clases en las universidades”. En las universidades se está cursando. Cualquiera puede ir a cualquier sede de la Universidad de Buenos Aires: se está cursando.

Por supuesto, hay más medidas gremiales que en otro momento, porque nunca desde la democracia hasta ahora pasó algo así. Porque, imaginate, al profesor o al trabajador le decís: "Sacá una ley, si no te gustó…”. Bueno, perfecto, va y la consigue y no se la cumplís, ¿qué tiene para hacer?

Ayer entrevistamos al rector de la Universidad de Río Negro, que además es el vicepresidente de la Asociación de Universidades Públicas, y nos planteaba que esta semana la Cámara tenía que decidir si la apelación a la Corte que había hecho el Gobierno quedaba firme o la suspendía, o sea, si era suspensivo o no suspensivo. ¿Cuál es tu expectativa respecto a lo que va a fallar?

Esto que está haciendo el oficialismo es dilatar las cosas. Cuando hay un proceso judicial, existen distintas herramientas —todas conocidas— para estirar el resultado. La más habitual es recusar a los jueces. Imaginémonos, o tomemos conciencia, de que se intentó apartar a magistrados de la Cámara y de la Corte porque algunos dan clase en universidades públicas. Entonces, si fuese así, no podrían ejercer ni quienes enseñan en instituciones estatales ni en privadas, ya que ambas se benefician de este financiamiento.

Son maniobras que saben que están mal, pero igual se usan para demorar.

La Corte, en la mayoría de los casos, ya mostró que no resuelve cautelares. ¿Qué espero que pase? Que la Cámara rechace esa medida. Seguramente después vayan en queja al máximo tribunal, pero ese recurso no tiene carácter suspensivo. Lo que corresponde es sentarse con docentes, autoridades académicas y trabajadores para encontrar cómo cumplir la ley, porque acá tampoco es que haya un problema de fondos o de déficit fiscal.

El déficit fiscal se construye de dos maneras: gastando mal o dejando de recaudar. Desde que asumió, en paralelo a la baja del salario a la mitad para docentes universitarios y personal, se redujeron impuestos a los sectores más ricos. Solo el gravamen a los bienes personales —que pagan los de mayor patrimonio— supera ampliamente el costo de esta ley, que es el 0,23% del PBI. Ese mismo porcentaje corresponde a la parte salarial.

También se pueden mencionar los tributos a autos de lujo, las retenciones que se redujeron en contexto electoral —y cuyos beneficios ni siquiera quedaron en los productores—, o los cambios en la reforma laboral, donde se bajó el impuesto a las ganancias. No se entiende por qué: el faltante que generó ese esquema para despidos en grandes empresas equivale a 1,6 veces el costo de esta norma.

Entonces, el problema no es de recursos, sino de prioridades políticas.

Y lo que me parece importante es que, además de estar al margen de la ley, no se le sume chicanear o tomarle el pelo a distintos sectores, porque son muchísimos los que hacen un esfuerzo para sostener clases todos los días. Si hoy eso sigue pasando en la universidad, con excepciones muy puntuales, es por el compromiso de docentes y trabajadores que todavía siguen, porque muchos ya tuvieron que irse.

Porque una cosa es decir: “Bueno, me acomodo un poco”, y otra es decir: “No llego al diez”. Pensemos que el profesor que más cobra en la Universidad de Buenos Aires, o en cualquier universidad del país, un titular con dedicación exclusiva, no llega a la canasta básica.

Vos decías: si uno está en desacuerdo, propone una ley, se vota, el presidente puede vetarla y después se consiguen los dos tercios para sostenerla. Hay todo un proceso ligado a la participación política. Es decir, las normas que se aprueban las votan diputados y senadores elegidos en las urnas. Entonces, me interesa mirar las elecciones, a los presidentes que elegimos, y ver si en el ámbito universitario aparece una especie de anticipo de la Argentina que viene. Ya hubo votaciones hace poco y, si no me falla la memoria, en el caso de los libertarios, entre estudiantes representaban una minoría; creo que rondaban el 17%.

 

¿Cómo le podés explicar a la audiencia esa diferencia que hay entre los jóvenes universitarios y quienes votaron en 2023? ¿Creés que eso se va a repetir en 2027? ¿Y lo que estamos viendo es una foto anticipada de las elecciones universitarias de la Argentina del futuro?

Obviamente, me parece que el Gobierno no está en su mejor momento. En las elecciones universitarias creo yo que también pasa mucho que los estudiantes no votan por lo que pasa afuera, sino por lo que pasa adentro. Pueden votar en contra de lo que pasa afuera.

Sí, pueden votar en contra de La Libertad Avanza porque entienden que es una fuerza política que está desfinanciando la universidad y que ocasiona problemas. Pero, hacia adentro de la universidad, votan a quienes gestionan. Si bien vos tenés centros de estudiantes —como el de Medicina, en la Facultad de Medicina de la UBA—, donde hay casi 80.000 personas habilitadas a votar y participó cerca del 70% del padrón, mucho más que en intendencias grandes, lo que se vota es quiénes gestionan cada una de las universidades y la forma de hacerlo. 

A mí me parece que lo que sí pasa es que es muy difícil que una fuerza sea exitosa hacia adentro de la universidad si, desde que asumió el Gobierno, está intentando terminar con la universidad pública y con la ciencia. Después, el resto se reparte en fuerzas políticas que, de movida, se plantean a favor del funcionamiento de las universidades.

Si me decís que lo que se vota es gestión y no ideología, igual detrás de cada forma de gestionar hay ideas.

Por eso yo digo que por la ideología pueden no votarte, pero dentro de los que tienen una mirada parecida tenés muchas opciones. Entre esas alternativas, a mi manera de ver, se elige al que gestiona mejor.

La participación, en algunos casos, fue mayor que en muchas intendencias, y me dijiste 70%.

Sí.

Por arriba de la participación en las elecciones PASO, por ejemplo.

Sí, fue por arriba.

Capital Humano intimó a rectores de universidades nacionales por los paros y les pidió garantizar las clases

¿Se aumentó respecto al pasado?​

Siempre, en elecciones obligatorias, participa mucha gente en el caso de la Universidad de Buenos Aires. Hace poco los estudiantes hicieron una reforma en la cual se vota solamente los años en que es obligatorio. Como son comicios tan grandes, se vota cada dos años en lugar de todos los años, como se hacía para elegir consejeros directivos, y este es un año en el que se elige todo en la universidad, ¿no?

Se eligen los consejeros graduados, los profesores y los estudiantes.

¿Qué reflexión te genera? A lo mejor la mía, desde afuera, me genera disonancia cognitiva ver el éxito en las elecciones universitarias que tiene el centro, para decirlo de alguna manera: el panradicalismo, parte del peronismo y, fundamentalmente, ese componente importante del centro, que después, cuando se va a elecciones generales, tiende a privilegiar a los extremos. ¿Qué reflexión te genera eso durante los años?

Sí, a ver, muchas veces lo pienso. Creo que tiene que ver con modelos de gestión. Donde se gestiona bien no se votan extremos. Vos vas a Santa Fe, se vota Pullaro. Vas a Córdoba, se vota Schiaretti. Y son grandes centros urbanos. Se vota por la gestión, no por posiciones extremas. Yo lo relaciono con eso.

Y, para las próximas elecciones, si me preguntás, creo que lo que hay que hacer es un gran frente político de quienes piensen parecido y dejar en claro qué es pensar parecido. Pensar parecido no es decir que queremos universidad pública, es decir cómo y cuál va a ser la ley con la que vas a resolver este problema.

Pensar parecido no es decir que todos queremos que los más ricos paguen más que los más pobres impuestos, es definir cuál va a ser la reforma impositiva que vas a presentar, y así sucesivamente con cada uno de los temas. Todos estamos de acuerdo en que tiene que haber una reforma laboral, pero esta avanza demasiado.

Definamos cuál y después conformemos un frente. Si no, lamentablemente creo que la cosa no va a funcionar.

¿Por qué pueden gestionar bien en la universidad, en la ciudad o en las provincias y no a nivel nacional? ¿Qué explicación te das vos respecto de cuál es el grado de complejidad diferente que implica pasar de una ciudad, una provincia o grandes universidades al Ejecutivo nacional?

Tenés distintos niveles de conflictividad y muchas veces hay factores externos que influyen. A ver, sin ir al caso, si Milei no tuviese el nivel de alineamiento que tiene —extremo y de sobreactuación— con Estados Unidos, su plan económico ya fracasó dos veces, ¿no? En dos ocasiones tuvo que cambiarlo y en ambas fue sostenido por otro Estado. El plan económico de Milei depende de un Estado, no del nuestro, sino de Estados Unidos.

Porque en ese núcleo no hay certezas, pero por lo menos podemos conjeturar para tratar de llegar a alguna. Córdoba tiene 8% del producto bruto nacional, tiene complejidades. ¿Por qué se puede administrar bien Córdoba y no la Nación? ¿Por qué se puede gestionar bien Santa Fe, 6% del producto bruto? Es decir, ¿qué grado de complejidad social hay que no se logra pasar en ese cursus honorum del estadio inmediato anterior a la presidencia? O sea, encontramos, en líneas generales, en todas las alternancias que se dan en las administraciones provinciales —sean peronistas, radicales o socialistas—, gente responsable en su administración y de centro, y cuando pasás al nivel nacional pareciera que esa lógica se rompe.

El presidente que tenemos es un presidente que dijo que venía a destruir el Estado, es lo que está haciendo, salvo con los que más tienen. Segundo, Alberto Fernández no venía de gestionar nada. Mauricio Macri gestionó la ciudad, que tiene menores niveles de complejidad que la Nación.

Y yo creo que también, cuando hace falta mucho carácter, hace falta tomar decisiones que muchas veces en el momento no son las más adecuadas. Hay veces que uno tiene que mostrar que está dispuesto a ir contra la corriente, que está dispuesto a bancar una decisión y no pretender dejar a todos los sectores conformes.

¿Por qué? Porque en una Argentina con la cantidad de pobres como la nuestra, todos los sectores que están cómodos tienen que dejar algo para poder resolver el problema.

¿Qué dice la universidad pública, donde está la generación del futuro de la Argentina? Vos llevás un tiempo suficiente como para poder hacer una comparación de al menos dos generaciones. ¿Qué te dice? ¿Te hace optimista ver lo que ves en la universidad, ver esos estudiantes?

Yo veo las cosas que se transforman, que se crean en la universidad.

Entonces te preguntaba respecto de si hay optimismo al ver esas votaciones, esa participación.

Yo no pierdo el optimismo cuando veo las cosas que se hacen, las que se producen. Cuando en una facultad se detectan métodos para tratar el cáncer con un centro de protonterapia y dañar menos las células sanas.

Cuando ves cómo en la Facultad de Económicas se discuten medidas que parecen acertadas, pero al desagregar los índices aparecen los problemas, como por qué la clase media enfrenta una inflación mucho más dura que el resto. Cuando ves a la Facultad de Ingeniería produciendo un satélite, o partes de uno que después recorren el mundo y son de las pocas que funcionan.

En la Facultad de Agronomía se hacen convenios con empresas para crear semillas más resistentes o se crean carreras nuevas vinculadas a hacia dónde va la Argentina. Obviamente, si tenés a alguien que gobierna separado del sistema universitario y de la ciencia, es muy difícil, porque las universidades, más allá de su autonomía, funcionan en conjunto con un gobierno nacional que las tiene que convocar y orientar hacia el modelo productivo que se va a llevar adelante.

Esto nos pasó cuando creamos la carrera de Ingeniería en Petróleo hace unos años en la Facultad de Ingeniería en conjunto con YPF. Hoy está puntuada como una de las mejores carreras de ingeniería en petróleo en el mundo.

Yo veo eso: jóvenes que trabajan ocho horas por día, que viajan otras horas y se esfuerzan para poder ir a la universidad, que se sientan al lado de alguien que por ahí tiene muchas más comodidades porque le tocó nacer en otra familia, pero donde el lugar de donde vienen no define el lugar a donde llegan.

Eso es lo que hizo este tipo de universidad pública masiva y de calidad, lo que construyó un país como la Argentina, con la clase media que tenemos. Eso a mí me genera esperanza.

Pero también necesitamos un gobierno nacional que le encuentre lugar a eso, que no subsidie cosas que no valen la pena, pero que sí tome los resguardos para que, si abre las importaciones, no pulverice todas las industrias donde podrías ser competitivo.

El lugar de donde venís no significa el lugar a donde llegás. ¿Creés que el presidente no cree en la ciencia, se pelea con la ciencia, no invierte o tiene una disputa con ella? Porque en realidad lo que no cree no es en la ciencia, sino también en la democracia.

Yo creo que no cree en la democracia y no cree en la educación pública. Nunca escuché al Gobierno hablar de educación, porque una cosa es consecuencia de la otra. 

¿Una cosa es consecuencia de la otra? Es decir, como no cree en la democracia, no cree en la educación pública, porque es la que le permite al soberano, al votante, elegir bien.

La educación pública es lo que permite que esa famosa libertad incluya igualdad, o sea, que pueda ser para todos. Porque lo que se olvidan quienes hablan solo de la libertad es que no es la misma para alguien que nace en CABA y puede acceder a un buen nivel educativo que para quien nace a 20 km y vive en una casilla.

Y ninguno tomó la decisión de dónde nacer.

Esa libertad, me parece, hace que la democracia sea plena cuando igualdad y libertad van de la mano. Si no, lo que tenés son países que pueden tener muy buenos números macro, pero una enorme concentración de riqueza y cada vez más diferencia entre ricos y pobres.

MV/fl