Interna política

Día 784: Kicillof, Macbeth y el Antiguo Testamento

La pelea por el mando dentro del peronismo bonaerense pone al Gobernador ante una decisión clave, donde dudar puede costar caro. Ante lealtades, poder y ambiciones, el escenario obliga a elegir y asumir las consecuencias.

"DÍA 784: KICILLOF, MACBETH  Y EL ANTIGUO TESTAMENTO" Foto: Producción de Modo Fontevecchia

Finalmente el que puede terminar con el kirchnerismo no es Milei, sino el propio Axel Kicillof. En lo que parece más un drama shakesperiano, el que fue en su momento el hijo político de Cristina Fernández de Kirchner tiene en la elección del PJ bonaerense la posibilidad de terminar con la hegemonía de su antigua jefa sobre el peronismo. 

Si derrota a La Cámpora en el bastión K, algo que —dada la cantidad de intendentes y sindicalistas ligados al gobernador— no sería para nada descabellado, el kirchnerismo dejaría de ser el socio mayoritario del peronismo y con Cristina presa, pasaría a ser una facción más con poca capacidad de liderazgo. 

Esto lo saben Máximo Kirchner y su madre, por eso el líder de La Cámpora le ofreció al gobernador la presidencia del PJ bonaerense, a cambio de más lugares en la lista. Hasta ahora, desde el kicillofismo eludieron la propuesta y dejaron trascender que la candidata será la vicegobernadora, Verónica Magario, algo que deja a La Cámpora ante la posibilidad de presentar una lista aparte. Esto se podrá ver mañana, cuando se presenten los avales de las listas. Cinco días después, el 8 de febrero, se definirá en la presentación de candidatos. Se verá si hay unidad o ruptura. 

El kirchnerismo sabe que puede perder y desde el fracaso del Gobierno del Frente de Todos ve como su poder disminuye. Kicillof debe cometer un acto de despiadado matricidio y liquidar políticamente a quien lo parió políticamente. 

El ejercicio del poder político tiene esas obligaciones amargas y si quiere ser presidente debe derrotar a sus adversarios internos, aunque sean quienes le posibilitaron su lugar de preponderancia. Cristina y Máximo Kirchner saben esto a la perfección. El propio kirchnerismo se consolidó hace 20 años con una traición a su mentor político, Eduardo Duhalde, exactamente en el mismo territorio: la provincia de Buenos Aires

En Samuel 15:3 del Antiguo Testamento hay una lección incómoda sobre el poder. Saúl, el primer rey de Israel, cae no por haber perdido una guerra, sino por haber dudado. Dios le ordena aniquilar por completo a un enemigo. Saúl vence, pero se apiada: perdona al rey derrotado y conserva parte del botín. Quiere ser piadoso, razonable, humano. 

La respuesta divina es tajante: “La obediencia vale más que el sacrificio”. Desde ese momento, Saúl sigue siendo rey en los papeles, pero está políticamente muerto. La duda lo devora y el poder lo abandona. David, su sucesor, es lo contrario. Mata a Goliat, castiga, ejecuta rivales y no confunde nunca gobierno con compasión. Incluso cuando comete su crimen más oscuro —mandar a morir a Urías para encubrir su adulterio— no es desplazado. Es castigado, sí, pero no reemplazado. Porque David sostiene el orden

El texto bíblico no lo absuelve moralmente, pero lo confirma políticamente. El mensaje es brutal y trágico: el poder no elige al más justo, sino al que decide. Saúl quiso ser bueno y perdió el reino. David aceptó ser culpable y lo conservó. En la lógica del Antiguo Testamento, el gobernante que duda cae; el que carga con la culpa, gobierna. 

Eso refleja en parte la pintura de Caravaggio, “David con la cabeza de Goliat”. Pedimos disculpas por lo atroz de esta magnífica obra de arte del pintor italiano realizada en el siglo XVII, pero justamente grafica a la perfección la melancolía de David por el asesinato del gigante al que no pudo escapar. Solo después de esto él pudo convertirse en Rey. 

Caravaggio pintó varias versiones de "David con la cabeza de Goliat"

Ser rey no es fácil. Hay que cortar cabezas y cargar con la culpa y melancolía que esto conlleva. Kicillof, un dirigente político que viene del sindicalismo universitario y del progresismo porteño. “Un buenista”, en términos de Miguel Ángel Pichetto ¿Será capaz de blandir su espada, no contra un malvado gigante, sino contra su propia madre política? 

Macbeth es la gran tragedia del poder entendido como decisión. Shakespeare no escribe sobre la ambición vulgar, sino sobre algo más inquietante: el momento en que un hombre descubre que el poder no se espera, se toma. Macbeth empieza como un héroe, leal y respetado. No desea el trono. La idea le llega desde afuera, como una profecía. Las brujas no lo empujan a actuar: nombran un destino. Y frente a ese destino, Macbeth duda. Tiembla. Se horroriza ante la posibilidad del crimen. Es, en ese punto, un gobernante potencial que todavía conserva escrúpulos.

Lady Macbeth entiende lo que él no: el poder no tolera la vacilación. No lo acusa de inmoral, sino de débil. El asesinato del rey Duncan no es solo un crimen. Macbeth cruza el umbral que separa al hombre común del gobernante trágico. A partir de allí, descubre una verdad brutal: el poder no se sostiene con un solo acto. Para conservar el trono, manda a matar a Banquo, persigue a su hijo, extermina familias enteras. Gobierna, pero el precio es la descomposición interior.

A diferencia de David en la Biblia, que carga  con la culpa y conserva el reino, Macbeth no puede convivir con lo que hizo. La culpa vuelve como fantasma, como visión, como delirio. El poder permanece, pero el alma se rompe. La tragedia se consuma cuando Macbeth vuelve a dudar, esta vez confiado en las trampas del lenguaje y las profecías ambiguas. Cree que el poder lo ha vuelto invulnerable. Cuando la realidad irrumpe, ya es tarde.

Shakespeare formula así una lección tan antigua como incómoda: el problema del gobernante no es la crueldad, sino la vacilación. El que duda antes de decidir pierde el poder; el que duda después de decidir pierde la razón. Macbeth no condena la violencia política: condena la incapacidad de soportar sus consecuencias. El poder exige decisión, pero también la fortaleza para convivir con la culpa. Sin una u otra, el final es inevitablemente trágico. 

En la vereda de enfrente, quien demostró ser un político despiadado es el propio presidente, Javier Milei. Si bien proclamó que le pondría el último clavo al cajón del kirchnerismo”, parece haber hecho esto con el PRO de Mauricio Macri, el dirigente que lo apoyó en el balotaje y que le dio los votos en el Congreso para poder gobernar. Milei, mientras invitaba al expresidente a comer milanesas a la Quinta de Olivos, iba haciendo un trabajo sobre dirigentes políticos históricos del PRO para que den el salto hacia la Libertad Avanza. Es el caso del entonces intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela o el actual ministro del Interior, Diego Santilli. Macri subestimó a Milei y el outsider, al que supuestamente “no le gustaba la política”, demostró un grado de sofisticación e inteligencia política superlativos. 

La batalla final no fue en una elección bonaerense interna, sino en la propia elección legislativa de la Ciudad de Buenos Aires. Cuando La Libertad Avanza, encabezada por actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni resultó vencedora y el PRO salió tercero detrás del peronismo, el macrismo terminó de subordinarse a los libertarios. Hay dirigentes del PRO que siguen resistiendo, pero es probable que estas expresiones políticas tomen otro rumbo y formen parte de otras fuerzas. El macrismo como tal, parece haber quedado liquidado por las jugadas de Javier Milei

Hay varios elementos que se repiten en ambas instancias. Más allá del drama bíblico o shakesperiano, ambas expresiones políticas, el macrismo y el kirchnerismo, tienen bastiones políticos, que son su fuente de fortaleza, pero si son derrotados en ellos, están condenados casi a la extinción. Para el PRO es la Capital Federal, para el kirchnerismo es la provincia de Buenos Aires. 

Con los votos de Cristina Kirchner en el conurbano bonaerense, se ha alineado a todo el peronismo y se impuso un estilo de liderazgo verticalista en el que gobernadores, intendentes, sindicalistas y militantes se enteran de decisiones de “La Jefa”, prácticamente al mismo tiempo que el resto de la sociedad. 

Máximo impulsa eliminar las PASO y presiona para limitar el ascenso de Kicillof en el partido

La supuesta clarividencia política de Cristina Kirchner la ha puesto al frente de un movimiento que nunca encontró los medios para hacer balance de los últimos años de gobierno cristinista o de la experiencia fallida del Frente de Todos. 

El editor de la Revista Panamá, Martín Rodríguez, ha bromeado sobre la interna del PJ, con un chiste inteligente: “Que alguien me diga las cinco diferencias entre el pensamiento de Máximo Kirchner y Axel Kicillof”. Es verdad, probablemente en temas de fondo económico y político, piensen igual. Tal vez lo que está en discusión sea el método. Según trascendidos, en el axelismo hay un climaprácticamente asambleario” en relación a los intendentes. 

Esto es esperable dado que los intendentes siguen ganando elecciones en sus municipios y fueron artífices en gran parte del triunfo del 7 de septiembre. ¿Deberá lidiar con poderes municipales, si logra derrotar al kirchnerismo, o el hecho de ser el candidato natural del peronismo ordenará a la tropa? El gobernador debe enfrentar un problema a la vez

En San José 1111, Cristina Kirchner vuelve luego de un cuadro de apendicitis y ya enfrenta dos batallas judiciales. Un nuevo reclamo por la quita de la tobillera y a través de su abogado, Carlos Berardi pedirá la nulidad en Cuadernos. 

Cristina tiene un año judicial complicado. Además de la causa que la acusa de liderar una asociación ilícita que se beneficiaba de un presunto esquema de recaudación de coimas, deberá enfrentar la embestida de Hotesur-Los Sauces. 

La comparación entre la causa Hotesur–Los Sauces y la de los Cuadernos permite entender dos modelos distintos de acusación sobre la presunta corrupción kirchnerista y, al mismo tiempo, dos formas opuestas de construir prueba judicial. Hotesur–Los Sauces se apoya en una hipótesis patrimonial: la idea de que los negocios inmobiliarios y hoteleros de la familia Kirchner funcionaron como una pantalla para lavar dinero proveniente de empresarios beneficiados por obra pública. Allí no hay bolsos, ni anotaciones, ni escenas clandestinas, sino contratos, alquileres, balances y facturación. La sospecha se construye por inferencia: pagos consideradosantieconómicos”, habitaciones presuntamente no utilizadas y vínculos entre inquilinos y el Estado. Es una causa de papeles, peritajes y razonamientos contables, donde el corazón del debate es si una irregularidad comercial puede probar un delito penal.

La causa de los Cuadernos, en cambio, narra el poder como una maquinaria explícita de recaudación ilegal. Parte de los cuadernos de Oscar Centeno, chofer de un funcionario clave del Ministerio de Planificación, que describen con detalle traslados de bolsos con dinero desde empresarios hacia funcionarios. A diferencia de Hotesur–Los Sauces, aquí la acusación no gira en torno al patrimonio familiar sino al funcionamiento del Estado: una presunta asociación ilícita organizada desde el poder político para cobrar sobornos a cambio de contratos. La prueba no es documental sino testimonial, reforzada por decenas de arrepentidos que admitieron pagos ilegales y describieron el sistema desde adentro.

Cristina Kirchner aparece en ambas causas, pero en roles distintos. En Hotesur–Los Sauces es acusada como beneficiaria y organizadora de un esquema de lavado ligado a sus empresas privadas; en los Cuadernos, como jefa de una asociación ilícita estatal que habría montado un sistema estructural de corrupción. También difieren los destinos judiciales: mientras Hotesur–Los Sauces Cristina primero tuvo un sobreseimiento por el Tribunal Oral Federal número cinco que luego fue revocado por Casación y confirmado por la Corte, los Cuadernos avanzaron a juicio oral y siguen siendo el expediente más pesado en términos penales y políticos. 

Independientemente de los vaivenes de ambas causas. Este año Cristina debe enfrentar ambos juicios. Un frente judicial más que complicado. En conjunto, condensan la disputa de fondo: si la corrupción fue un fenómeno sistémico probado por relatos y confesiones, o una construcción inferencial que nunca logró cruzar el umbral de la prueba

¿Cuál es el planteo de Cristina Kirchner? Siempre es político. Según su hoja de ruta política, el modelo libertario es insostenible económicamente. Probablemente hay quienes recuerden la metáfora que explicaba que este gobierno “vencerá como el yogur”. Una vez que esto suceda, la sociedad volverá al peronismo y si su fracción sigue siendo la hegemónica, la llevará de nuevo al poder a través de un candidato que pueda controlar o al menos negociar. Esa es la instancia para recuperar su libertad y su centralidad política. 

Sin embargo, esto puede no ocurrir. El modelo libertario puede no colapsar porque continúe generando refinanciación de la deuda y con esto estabilidad macroeconómica y si lo hace, tal vez no desemboque en una vuelta al kirchnerismo. De hecho, el declive del gobierno del Frente de Todos no desembocó en una vuelta de Juntos por el Cambio. El fracaso del gobierno macrista generó la aparición de un actor nuevo, los libertarios. 

Kicillof que públicamente ha defendido la inocencia de Cristina Kirchner, tal vez pueda volverse el principal beneficiario de su prisión. Otra de las amargas paradojas del gobernador bonaerense. Con Cristina presa y desprestigiada por ambas causas, su rival directo pasa a ser Máximo Kirchner, La Cámpora y algunos intendentes como Mayra Mendoza. Es una jugada muy fina pero posible. Kicillof puede retener los votos de la gente que cree que Cristina es inocente y gracias a su imagen de honesto construida sobre bases reales, puede aspirar votantes provenientes de otras tradiciones políticas. 

Esto vuelve el problema sobre si ser el presidente del PJ bonaerense o no. Por un lado, implicaría un acuerdo con La Cámpora y continuar aceptando la intromisión de la lapicera. Por otro, es difícil ser candidato a presidente si ni siquiera se puede garantizar el apoyo de su partido en las políticas de su propia provincia. 

Es lícito preguntarse. ¿Si el kicillofismo va separado en las elecciones del PJ bonaerense y derrota a La Cámpora, debe esperar una subordinación o una venganza? No hay que perder de vista que el kirchnerismo tiene más fuerza que el kicillofismo en ambas cámaras bonaerenses. Hay que recordar que los intendentes también eran kirchneristas y el Cuervo Larroque, hoy uno de los principales dirigentes del kicillofismo era el dirigente de La Cámpora.

Las cosas cambian y en el fondo es anticiparse para donde sopla el viento. 

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Sin embargo, el kirchnerismo no es el único adversario que tiene Kicillof a la hora de disputar la candidatura peronista presidencia de cara a 2027. Massa y Llaryora. Naturalmente el cordobés no puede ser aliado del kirchnerismo porque la provincia mediterránea es profundamente antikirchnerista. Pero Massa sí es aliado de Máximo y todavía no ha mostrado sus cartas en estas elecciones del PJ bonaerense. 

Todo este drama político y la decisión que pesa sobre la cabeza del gobernador bonaerense, puede parecer una simple interna de palacios, alejada de la realidad de la gente que día a día enfrenta mientras se deterioran sus salarios y condiciones de vida. Sin embargo, de esta interna saldrá probablemente quien encabece la principal fórmula presidencial de oposición al gobierno de Javier Milei

El gobernador de la provincia tiene muchos desafíos por delante si quiere ser candidato, veremos cómo los enfrenta. 

Cómo hablamos del drama shakesperiano y del Antiguo Testamento en relación a la necesidad de la crueldad en la política, vamos con Cruel to Be Kind, de Nick Lowe. Este título está inspirado en una frase de Hamlet, el clásico de Shakespeare en el que él afirma: “Debo ser cruel para ser amable”. Es decir, ser cruel para evitar un mal mayor.

Producción de textos e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MV