Día 814: Con el anuncio del fin de las PASO, Milei comenzó el año electoral 2027
La política argentina entra en una fase en la que la épica puede agotarse más rápido que la paciencia social. El liderazgo que sobreviva y se convierta en histórico será el que consiga transformar antagonismos en gobernabilidad. Y esa tarea exige algo más difícil que señalar enemigos.
Con el anuncio de la reforma electoral y, específicamente, con la definitiva eliminación de las PASO anunciada el domingo por Javier Milei en la apertura de las sesiones ordinarias (es cierto, más ordinarias que nunca) del Congreso, el Gobierno anticipó el calendario electoral de 2027 para su propia reelección y el copamiento de gobernaciones, que hasta ahora no tiene ninguna.
Las elecciones serán en octubre de 2027. De haber PASO, serían en agosto, pero la gran mayoría de gobernadores planifica desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales, como ya lo han hecho en 2023 y cada vez que hay un candidato nacional que pudiera arrastrar votantes locales a un candidato opositor al gobierno provincial. O sea, separarlas de la elección nacional, anticipándolas para abril, mayo o junio, el otoño en lugar de la primavera de 2027, en cuyo caso las candidaturas y el proceso de selección de candidatos provinciales comenzarían ya a fin de este año.
Concretamente, son tres los escenarios posibles que se abrirían con una reforma electoral así. El primero, una polarización forzada entre peronismo y antiperonismo que permita definir la elección en primera vuelta si uno de los polos supera el 45%. El segundo, una lógica de tercios como en 2023, con un libertario, un peronista y una tercera opción competitiva no alineada con ninguno, donde se resulte en el balotaje por la consolidación de los votos de los tercios contra el restante.
El tercero, una fragmentación amplia como en 2003, con múltiples candidaturas por espacio y el riesgo (o la oportunidad) de que alguien gane con una mayoría relativa sólida mientras los demás se dispersan. En ese caso, con tres candidaturas del campo de la derecha: un libertario Milei, un republicano con un candidato del PRO, como por ejemplo Nacho Torres, y un nacionalista con Victoria Villarruel; más otras tres del campo peronista, con la natural de Axel Kicillof, otra de izquierda con Juan Grabois y otra conservadora con algún gobernador o exgobernador como Gerardo Zamora o quien represente el espacio más de centro del Frente Renovador de Sergio Massa; más la izquierda y, eventualmente, un outsider como el predicador Dante Gebel.
Ninguno de los tres asegura el triunfo del oficialismo, tampoco de la oposición. Está la tesis de Massa de que el peronismo siempre pierde en balotajes y debe unirse y no desdoblar las elecciones de los gobernadores para concentrar todas sus fuerzas y tratar de ganar en primera vuelta. Massa estuvo a poco más de 2% de ganar en primera vuelta en 2023. Y la teoría inversa: que el peronismo pierde porque no se dividió a tiempo entre el kirchnerismo por un lado y el peronismo por otro, demostrando que el peronismo no es kirchnerismo, como hizo Néstor Kirchner en 2003 frente a Menem, distanciándose del legado de los años 90, sumado a un tercer peronismo provincialista de entonces, el de Adolfo Rodríguez Saá de San Luis.
A pesar de las dificultades económicas y de gestión, el Gobierno aprovecha que la oposición no logra todavía articular una fuerza con volumen suficiente para disputar el poder. Nadie termina de definir cómo pararse frente al estilo confrontativo del Presidente. Mientras la economía no deteriore el humor social, pocos dirigentes se animan a encabezar un desafío frontal. Cualquier alternativa competitiva podría emerger recién hacia fin de año o incluso más adelante. En el plano externo, la escalada actual en Medio Oriente podría impactar sobre Argentina principalmente a través del precio del petróleo y su traslado a la inflación, aunque beneficiaría la balanza comercial por las exportaciones de Vaca Muerta.
En la Casa Rosada consideran que las PASO podrían convertirse en una herramienta clave para que la oposición termine de rearmarse, tanto a nivel nacional como en las provincias donde La Libertad Avanza planea disputar poder. La reforma electoral sería uno de los primeros proyectos que el Ejecutivo enviará al Congreso y ya fue respaldada públicamente por el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. “Necesitamos reformar nuestro sistema electoral”, aseguró el Presidente.
El sistema electoral no es una mera formalidad; son, ni más ni menos, que las reglas del juego de la representación democrática. Argentina nunca logró establecer un sólido bipartidismo como Estados Unidos, por ejemplo, donde demócratas y republicanos se alternan en el poder. El kirchnerismo impulsó en su momento una ley electoral para recomponer la institucionalidad del país, que estaba muy dañada por el “que se vayan todos” de 2001, que terminó de hundir al radicalismo en una crisis de la que hasta hoy no logró recuperarse tras la salida de Fernando De la Rúa del poder.
Contradictoriamente, el peronismo, impulsor de las PASO, nunca las utilizó para dirimir su candidatura presidencial y, en cambio, las PASO facilitaron la formación de Cambiemos y luego Juntos por el Cambio. Ya Néstor Kirchner, que fue electo apenas con el 22%, hablaba de la necesidad de reconstruir una oposición, aunque suene contradictorio.
El desafío de recomponer la institucionalidad tras la crisis social y política también implicó incluir y fomentar la presentación y participación. Parte de esto fue la multiplicación de la cantidad de elecciones. De alguna manera, Argentina comenzó a vivir en campaña electoral permanente, porque las PASO multiplicaron la cantidad de elecciones y achicaron los tiempos no electorales. En parte fue exitoso: cada año se vivieron récords de participación electoral, tras los récords de ausentismo que había generado la crisis social.
Aun en año no electoral, de la mitad para adelante ya había que ir pensando en las alianzas y los posibles candidatos. Pero esto tuvo su aspecto negativo: probablemente eso, sumado a la saturación de spots políticos que salían uno tras otro en cada tanda publicitaria, haya contribuido a crear esta visión de la política como una “casta”, mensaje en el que se apoyó Milei fuertemente en la campaña que lo llevó a la presidencia. Como la democracia electoral es un juego de suma cero, la alternancia democrática dota de estabilidad al sistema.
En el caso de Milei hay además algo muy concreto: como outsider, necesita ser outsider de la casta política. Es la oposición a ese sector lo que le da identidad y lo que consolida la hegemonía sobre el antiperonismo social, que hoy parece ser mayoritario. La necesidad de alinear esta hegemonía tras su liderazgo es más necesaria todavía cuando la economía muestra signos de agotamiento, recesión y una inflación que no logra ser frenada del todo.
Victoria Villarruel dijo que el Gobierno quiere su renuncia: "Pero no se les va a dar"
En la apertura de sesiones, el mandatario libertario hizo un gesto contra la vicepresidenta Villarruel. Al referirse al triunfo del peronismo en las elecciones bonaerenses, Milei aseguró que en ese momento comenzó a “digitarse un ataque sin precedentes en la historia argentina. "Algo que a opositores y propios, digamos, lo hacía soñar con abrazar el sillón de Rivadavia”, lanzó. En ese instante, hizo un gesto con la cabeza hacia atrás, señalando a Villarruel, que estaba sentada a sus espaldas.
La derecha nacionalista y tradicionalista de Villarruel puede representar un porcentaje menor que la liberal y libertaria, pero alcanzaría con restarle un porcentaje de votos que pudiera ser crucial en una definición.
En tanto, Patricia Bullrich habló esta semana en LN+ sobre la vicepresidenta y dijo: "Va como para el camino del peronismo, un peronismo que no se si la va a aceptar o no pero va para ese camino". La senadora oficialista agregó: “No me sorprende que esté fuera de lugar mientras el Presidente está haciendo la sesión inaugural de las sesiones ordinarias porque ha estado fuera de lugar durante dos años”.
Milei necesitaría tener enfrente al kirchnerismo como en 2024 y hasta 2025 para disciplinar a su propia tropa y, por eso, todos los analistas coincidieron en que el domingo intentó resucitarlo de su infinitimización. La escena remite a la dialéctica del amo y el esclavo que describió Hegel.
En la explicación de Hegel, el amo necesita del esclavo para afirmarse como tal. Su identidad depende del reconocimiento como dominador del otro al que domina. Sin adversario, no hay contraste que lo defina. Milei parece entender que su liderazgo se fortalece cuando ocupa el lugar de antagonista absoluto. La confrontación no solo busca derrotar al rival, sino también consolidar el propio lugar en la estructura simbólica del poder.
Pero la dialéctica encierra una paradoja: el amo termina dependiendo del esclavo más de lo que admite. El adversario al que intenta someter se convierte en condición de su propia existencia política. Si el kirchnerismo se debilitara hasta volverse irrelevante, Milei debería redefinir su identidad frente a otro enemigo o ante la gestión misma. Y allí el conflicto ya no sería épico ni ideológico, sino material: salarios, inflación, empleo. En esa tensión entre reconocimiento y dependencia se juega una parte central de la estrategia oficialista hacia 2027.
Pichetto tras reunirse con Cristina Kirchner: "El peronismo tiene que perdonarse"
Pero, a la vez que los sube al ring, el Gobierno busca debilitar a sus aliados. La experiencia del kirchnerismo con Juntos por el Cambio parece haberle enseñado una lección. Milei teme que un frente amplio opositor pueda desalojarlo del poder. Miguel Ángel Pichetto es uno de los impulsores de esa política. Recientemente se reunió con Cristina Kirchner en su domicilio de San José 1111 y participó luego de un acto junto a Guillermo Moreno y otros dirigentes peronistas, en un gesto explícito de acercamiento tras años de ruptura.
Durante el encuentro militante, distintos oradores llamaron a la unidad del peronismo y a “perdonarse” por las diferencias del pasado, con el objetivo de construir una propuesta amplia capaz de derrotar al gobierno de Javier Milei. Pichetto planteó dejar atrás los errores y avanzar hacia un frente que incluya a todo el peronismo y a un “centro nacional productivista”, tomando como referencia la experiencia de Lula da Silva en Brasil.
"Coincidimos en la necesidad de un frente nacional, algo parecido a lo que construyó Lula para enfrentar a Bolsonaro. Yo aprendí con (Carlos) Menem que uno no puede tener prejuicio con ninguno. Con (Guillermo) Moreno tengo una afinidad del punto de vista de cómo está viendo la política exterior y el proceso de ruptura de la industria nacional", dijo Pichetto en el canal de streaming Gelatina.
En ese sentido, el diputado nacional aseguró que está dispuesto a "caminar el país", y no para ser candidato, sino para "ayudar a consolidar esta visión de un peronismo político democrático, inteligente y capitalista".
En ese marco, las PASO operan como válvula de resolución interna. Sin ese instrumento, las tensiones latentes en cada espacio podrían estallar en candidaturas paralelas. Y el mapa electoral podría parecerse menos a 2023 y más a 2003, cuando la fragmentación fue la regla general.
El peronismo compitió dividido en tres; el radicalismo, en crisis, presentó múltiples expresiones y la política se ordenó recién después de la primera vuelta, tras la renuncia de Menem a competir con Kirchner. El resultado fue un presidente electo con apenas el 22 % de los votos en primera vuelta: Néstor Kirchner.
Si Milei elimina las PASO, LLA tendría un candidato indiscutido: el propio Milei. Pero eso no garantiza que el campo ideológico que lo llevó al poder llegue unificado a octubre. El PRO podría decidir preservar su identidad con una candidatura propia, quizás con Nacho Torres como figura emergente. Y Victoria Villarruel podría encarnar una alternativa nacionalista y conservadora desde adentro del oficialismo.
Del lado peronista, la situación no sería menos compleja. Kicillof podría lanzarse como candidato de un peronismo renovado, con anclaje bonaerense y discurso socialdemócrata. A su izquierda, Grabois podría insistir con una opción más confrontativa, más ideológica y menos pragmática. Y, a la derecha del peronismo, un gobernador de perfil conservador podría intentar reconstruir el espacio que Massa representó en 2019. Quizás el propio Massa, a quien se menciona como posible candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, si se convenciera de que el peronismo no tuviera posibilidad de triunfo nacional y que el territorio bonaerense sería el bastión desde donde articular la retaguardia.
La segunda tesis es la de los tercios, como en 2023. Un tercio libertario con Milei, un tercio peronista unificado con Kicillof y un tercio de no kirchneristas ni libertarios. Ese tercer tercio podría ser una alianza entre sectores del PRO, radicales y gobernadores dialoguistas. Así como para el peronismo la provincia de Buenos Aires es su capital política, la Ciudad lo es para el PRO y aumentan las posibilidades de reelegirse en 2027 en CABA si a la fuerza electoral de Jorge Macri en la ciudad se le agrega la de un candidato a presidente nacional, aunque obtuviera en todo el territorio un 18 %, por ejemplo. En ese caso, a nivel nacional, el balotaje sería inevitable y la elección dependería de quién logre capturar al electorado moderado.
Ese esquema, sin embargo, requiere que las identidades estén relativamente consolidadas. En 2023, la figura disruptiva de Milei ordenó un tercio propio con claridad. En 2027, tras cuatro años de gobierno, ese tercio puede erosionarse o consolidarse, pero ya no será novedad.
La tesis restante es la más riesgosa: polarización total entre dos amplios campos. A diferencia de polarizaciones pasadas entre peronismo y antiperonismo o kirchnerismo y antikirchnerismo, sería mileísmo y anti-Milei, una suerte de “cinturón sanitario” como el que se instrumentó en Francia contra Le Pen o el que logró armar Lula con Bolsonaro en su intento frustrado de reelección, juntando a todo el arco político democrático contra la extrema derecha.
En este contexto, cobra relevancia lo que señaló Carlos Pagni en su último editorial. Cuando Milei afirmó que “Cristina quedará presa”, jugó con fuego, porque acorrala al kirchnerismo a pactar para sobrevivir. Y el arte de Milei es polarizar con los “kuka”, pero sin obligarlos a salir de su sectarismo.
Si es acorralada, Cristina podría abandonar la lógica facciosa y abrazar una lógica frentista como la que propone Pichetto: hacer lo necesario para ganar, aunque eso implique resignar su centralidad. No sería un giro ideológico, sino táctico. Construir una mayoría amplia capaz de derrotar a Milei en balotaje o incluso en primera vuelta, para asegurarse de no pasar el resto de su vida presa. Ampliar hacia el centro y hacia la derecha peronista.
Kicillof, en ese contexto, incluso deja de ser un rival y pasa a ser un instrumento posible. Si mide mejor, podría ser el candidato de síntesis; si no, otro dirigente podría emerger con el aval de Cristina. Lo importante no sería el nombre, sino la coalición: un frente capaz de sumar gobernadores, sindicalismo, movimientos sociales y sectores empresarios descontentos. La estrategia del gobernador viene siendo otra: tratar de contrastar con gestión. Pero Kicillof parece tener su subconsciente atrapado en la polarización que propone Milei.
Durante la apertura de sesiones en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires volvió a tropezar con sus propias palabras y dejó servido un gag que el oficialismo nacional explotó en las redes sociales. Cuando presentó el programa Pequeñas Unidades Productivas de Alimentos Artesanales (PUPAA), lo rebautizó por error como “programa Kuka”. El gobernador se lo tomó con humor. El furcio desató risas en el recinto y se viralizó en redes sociales, donde lo republicaron comunicadores cercanos a Milei.
Axel Kicillof abrió las sesiones ordinarias bonaerenses
Pero, más allá de la anécdota, el episodio expuso una dificultad más profunda: Kicillof intenta confrontar con Milei desde una narrativa institucional y programática, pero termina atrapado en el clima de polarización que domina la escena. Su subconsciente está atrapado en la lógica binaria que el presidente impulsa y que el propio gobernador busca cuestionar.
Para Milei, entonces, la reforma electoral es una apuesta de alto riesgo. Puede ordenar el tablero a su favor o desatar fuerzas centrífugas que lo perjudiquen. Eliminar las PASO le evita una prueba en agosto de 2027, pero le quita una instancia de legitimación y síntesis.
Para el peronismo, en cambio, la eliminación puede ser una amenaza o una oportunidad. Si no logra acordar, se fragmentará peligrosamente. Pero, si entiende que la única salida es la unidad amplia, puede reconstruir una mayoría competitiva que sorprenda en una primera elección. Incluso podría ocurrir que el escepticismo juegue en contra del Gobierno y que los opositores estén más motivados para ir a las urnas que los oficialistas.
La economía atraviesa una crisis recesiva, con una inflación que no termina de frenar. Familias endeudadas hasta el límite, deterioro del poder adquisitivo y signos de fragilidad en el empleo y los salarios reales, que no logran recuperar niveles históricos frente a la inflación persistente. El mercado laboral muestra señales de precariedad y despidos crecientes, con cierres de PyMEs e incluso de grandes empresas, lo que limita la percepción de mejora económica para amplios sectores de la sociedad.
La política argentina entra en una fase en la que la épica puede agotarse más rápido que la paciencia social. El liderazgo que sobreviva y se convierta en histórico será el que consiga transformar antagonismos en gobernabilidad. Y esa tarea exige algo más difícil que señalar enemigos.
El anuncio sobre el sistema electoral no es neutro. No es una discusión técnica sobre boletas y calendarios, sino una decisión que puede transformar la elección de 2027 en la más incierta desde la crisis de 2001. En política, cambiar las reglas nunca es inocente. Es probable que tanto Milei como la oposición estén reflexionando sobre los escenarios y haciendo sus planes.
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira
TV/ff