Día 883: A un mes del mundial, el Gobierno se mete adentro del arco
La administración de Javier Milei enfrenta semanas de tensión política y desgaste económico atravesadas por el caso de Manuel Adorni y la disputa con sectores del PRO. Aunque el Mundial podría darle algo de alivio al Gobierno, la historia muestra que esos efectos suelen durar poco cuando la crisis sigue presente.
En fútbol, “meterse adentro del arco” significa adoptar una táctica defensiva. Quedarse de la mitad de la cancha para atrás, tratando de resistir los avances del rival, tratando de que no anoten otro gol hasta que suene el ansiado pitido final, en caso del Gobierno, hasta que llegue el Mundial y la sociedad fije sus ojos en la Selección Nacional y suspendería su interés por la política por un mes. ¿Logrará resistir el Gobierno al caso Adorni, la economía que no despega, el conflicto universitario y el crecimiento de opositores? ¿El Mundial realmente detendrá el deterioro de Milei como ocurrió en otras oportunidades? ¿Los argentinos se olvidan de la política cada vez que llega el Mundial?
El clima mundialista empezó lentamente a instalarse. La falta de figuritas desató una polémica y hasta negocios paralelos donde comprar a mayores precios algunas faltantes o cambiarlas. Se asoman a ver puestos de venta de camisetas y empiezan a aparecer noticias sobre el estado físico de los diferentes jugadores del seleccionado argentino.
Paralelamente, la situación del Gobierno sigue deteriorándose. Hasta en The Economist, faro mundial del libre comercio, salió una nota que se titula: “Javier Milei está en serios problemas”. Ahí plantea que el Gobierno enfrenta dos frentes claros: los casos de corrupción que tienen su epicentro en $LIBRA y el caso Adorni (entre otros) y el frente económico. En economía, señala que el ajuste, las tasas altas y el peso fuerte afectaron industria, comercio y construcción sin lograr frenar del todo la inflación. Aun así, cree que Milei conserva una oportunidad gracias al petróleo, el gas y la debilidad opositora, pero advierte: si caen la confianza y las encuestas, podría abrirse una espiral de inestabilidad.
A los dos frentes que señala The Economist se suma el frente interno. Tal como anticipábamos en nuestra columna “Día 879: Macri, Bullrich y el submarino amarillo”, el PRO avanza en su alejamiento del Gobierno colocándose prácticamente en el terreno de la ruptura con La Libertad Avanza.
El macrismo emitió un comunicado titulado “Manifiesto próximo”, un paso en el que apuntan contra una parte del Gobierno: “Hay que decirlo, el cambio tiene dos enemigos: el populismo de siempre, que promete mucho y destruye todo. Y los que frenan el cambio desde adentro, con soberbia, con arrogancia o pidiendo sacrificios que no están dispuestos a hacer”. En este apartado el partido amarillo alude indirectamente a Adorni y elípticamente al propio Javier Milei.
Resulta sugestivo que el manifiesto incluya la palabra ‘paso’ en el título, dado que justamente el Gobierno necesita los votos del PRO para poder suspender las PASO y evitar que se forme una mayoría opositora en su contra, como sucedió con Juntos por el Cambio durante el kirchnerismo. Al poner en pie de igualdad a “ambos enemigos del cambio”, el PRO se posiciona como una tercera fuerza que podría tener su propio candidato. Si eso ocurriera y efectivamente Milei no logra eliminar las PASO, como advirtió The Economist, “estará en serios problemas”.
En la misma columna que ya citamos, también habíamos mencionado la jugada de Patricia Bullrich. La semana pasada planteó que Manuel Adorni debía presentar de manera inmediata su Declaración Jurada para terminar con todo tipo de acusaciones en su contra. Milei, dos horas después, fue entrevistado por Luis Majul y Esteban Trebucq en LaNación+ y planteó que Bullrich había spoileado a Adorni quien estaba por presentar su Declaración Jurada y daría por terminada la campaña de difamaciones que supuestamente desde la prensa venimos llevando adelante con el jefe de Gabinete.
Evidentemente, la táctica de Milei es bajarle el tono a la confrontación con Bullrich y es obvio que no hubo una falta de coordinación en la comunicación, sino que hay una táctica de diferenciarse de la senadora de cara a las próximas elecciones. Adorni ratificó la táctica de Milei, aunque no siguió el planteo de Bullrich.
Adorni no deja en claro cuándo presentará la Declaración Jurada y Fantino tampoco repreguntó sobre ese punto. A Adorni se le debería preguntar, si tiene todo bajo control y tiene todas las pruebas, ¿por qué no presenta de manera inmediata, como le sugirió Bullrich, su declaración jurada? ¿Qué hará Bullrich frente a la comprobación de que Adorni no presentará “inmediatamente” su declaración jurada? ¿Seguirá defendiéndolo mientras se sigue complicando su caso?
Las últimas revelaciones del caso de Manuel Adorni profundizaron las sospechas sobre el origen de su patrimonio y ampliaron el foco de la investigación judicial. En las últimas horas, la fiscalía de Gerardo Pollicita detectó movimientos con criptomonedas a nombre de Adorni en plataformas como Binance, Lemon, Ripio y Satoshi Tango, incluyendo operaciones con diferentes criptomonedas. La Justicia intenta determinar cuándo se hicieron esas transacciones, si fueron declaradas y si son compatibles con sus ingresos como funcionario. Además, se levantó el secreto bancario, fiscal y financiero tanto del jefe de Gabinete como de su esposa y de empresas vinculadas a ambos.
Y como todos saben, el contratista que declaró que Adorni había gastado 245 mil dólares en refacciones de su casa en el country Indio Cuá, se defendió contra la acusación del Presidente, quien había cuestionado al constructor al calificarlo de “militante kirchnerista”. Recordamos que el contratista hizo un posteo en X en el que señaló: “No soy militante kirchnerista” y afirmó además que votó tanto a Mauricio Macri como a Milei. También dijo que le produjo “tristeza, angustia y dolor” que el Presidente lo atacara, porque había apostado por “un país distinto”.
Esto es clave, porque si el contratista dijo la verdad, se le va a hacer difícil justificarle a Adorni semejante gasto.
Todo esto configura un partido adverso para el Gobierno. Según una encuesta de Zuban Córdoba publicada el 5 de mayo, el 71% de los encuestados quiere un cambio de Gobierno y solo un 21% quiere que siga la administración libertaria. Hay también un 7,8% de indecisos, que si deciden volcarse entero a apoyar al Gobierno esto daría menos del 30% del apoyo electoral.
Con estos números que tenemos en pantalla se entiende mejor la importancia de la discusión de las PASO. Si la oposición logra ordenarse con internas, dejarán al Gobierno acorralado.
Con todos estos frentes debe lidiar la administración libertaria durante un mes, hasta encontrar algún respiro en el Mundial. Luego de esto, el Gobierno tendrá una oportunidad de relanzar su administración y probablemente tenga mejores números para mostrar de inflación y si todos tenemos suerte y Argentina tiene un buen desempeño, algunas semanas más de bienestar social hasta que empiece a instalarse nuevamente el clima político.
Hoy el Gobierno no maneja la agenda, y el hecho de que, la sociedad tenga un tema prioritario del cual ocuparse, le dará un respiro. Paradójicamente, el Mundial es el entretiempo para el Gobierno en el que podrá tener esos quince minutos para descansar y repensar su estrategia. ¿Realmente en el Mundial los argentinos no piensan en política? ¿Si Argentina tiene un buen resultado, la imagen de Milei tenderá a mejorar o al menos a dejar de caer?
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Cada Mundial desde el regreso de la democracia estuvo acompañado por la misma sospecha: durante un mes el país deja de mirar la política y el Presidente de turno recibe, aunque sea por contagio, algo del fervor colectivo. ¿Es verdad? La evidencia sugiere una respuesta incómoda para las simplificaciones: sí, los Mundiales tienden a bajar la centralidad de la política en la conversación pública, pero no eliminan las preocupaciones económicas o sociales; y sí, un buen desempeño de la Selección suele mejorar temporalmente el clima social, aunque el beneficio para el Presidente es limitado y pocas veces duradero.
La explicación más sólida viene de la teoría del agenda-setting, desarrollada en Argentina por la investigadora Natalia Aruguete. Sus trabajos muestran que la atención pública es finita: cuando un tema domina de forma extraordinaria los medios, desplaza temporalmente otros asuntos de la agenda ciudadana. Un Mundial, probablemente el evento emocional más masivo de la Argentina, produce justamente eso: inflación, inseguridad o peleas políticas no desaparecen, pero pierden centralidad durante unas semanas.
Tomamos el análisis desde el retorno de la democracia, porque si bien es cierto que la dictadura militar utilizó el Mundial para legitimarse, es difícil compararlo con la situación actual porque era una dictadura militar y no se sometía a votación y esto, sumado a la falta de sondeos de opinión, hace muy difícil comparar con ahora que estamos en democracia. Además, el Mundial era en Argentina, algo que cambia sustancialmente el impacto del evento.
Empezamos entonces en México 1986, que ofrece el primer indicio. Raúl Alfonsín llegaba desgastado por inflación y conflictos militares, pero aún conservaba niveles relativamente altos para la época, alrededor del 45-50% de aprobación según trabajos reconstruidos de Mora y Araujo. Tras el título de Diego Maradona hubo una mejora del clima social y una estabilización coyuntural de la imagen presidencial, aunque el efecto fue breve: en 1987 el desgaste volvió con fuerza. No hay evidencia de un salto espectacular, sino de una tregua emocional.
Italia 1990 es ambiguo. Carlos Menem atravesaba un período de luna de miel por el freno a la hiperinflación. Su aprobación rondaba el 55-60% y siguió alta durante el Mundial. Pero los politólogos coinciden en que el mérito fue mucho más económico que futbolístico: la final perdida ante Alemania no afectó la imagen presidencial.
Estados Unidos 1994 muestra algo parecido. Menem mantenía cerca de 40-45% de aprobación incluso después del caso de doping a Maradona y la eliminación, aunque ya empezaba a erosionarse por desempleo y corrupción. Un dato útil: Gallup Argentina registraba aún 42% de aprobación a mitad de 1994, antes de la caída posterior.
Francia 1998 no alteró demasiado el panorama de Menem, ya en declive político. Corea-Japón 2002 tampoco ayudó: Eduardo Duhalde gobernaba en plena resaca del colapso de 2001 y, aunque recuperó algo de legitimidad por estabilizar la economía, el Mundial pasó casi como ruido de fondo en una sociedad devastada.
Sudáfrica 2010 encontró a Cristina Kirchner con una imagen recuperándose tras la derrota legislativa de 2009, en torno al 35-40%. El entusiasmo por la Selección dirigida por Diego Maradona ayudó a bajar tensiones, pero no produjo un salto visible en encuestas.
Brasil 2014 sí muestra algo más claro. Cristina Fernández llegaba golpeada por inflación y default selectivo, con aprobación cerca de 26% en junio. Tras el subcampeonato, encuestas de Management & Fit y CEOP registraron rebotes: la aprobación subió hasta alrededor del 32% y la imagen positiva rondó el 49% en algunos estudios. Fue probablemente el Mundial con efecto político más visible desde 1986, aunque mezclado con la disputa contra los fondos buitre.
Rusia 2018 fue el contraejemplo. Mauricio Macri enfrentaba corrida cambiaria y ajuste; su aprobación rondaba apenas 23-30% y la eliminación temprana no produjo alivio alguno. La economía pesó infinitamente más que el fútbol.
Qatar 2022 es el caso más paradójico. Alberto Fernández llegaba al Mundial con niveles muy bajos de aprobación, generalmente entre 20% y 30%, y negativos superiores al 60%-70% según varias consultoras. Tras el campeonato aparecieron algunos sondeos con mejoras marginales. Por ejemplo, una medición de D'Alessio IROL junto a Berensztein mostró entre noviembre y diciembre de 2022 una leve mejora en la evaluación del Gobierno: la imagen “buena o muy buena” pasó de 23% a 25%, mientras la negativa bajó de 76% a 74%; en Alberto Fernández el movimiento fue todavía menor, de 17% a 18% positiva.
Pero hay tres problemas metodológicos para afirmar que “el Mundial ayudó a Alberto”. Primero, el movimiento es muy chico y puede entrar dentro del margen de error. Segundo, en diciembre también bajó algo la inflación mensual y asumía Sergio Massa como ordenador económico. Tercero, la propia Selección evitó una identificación política fuerte con el Presidente: no fue a la Casa Rosada y Alberto intentó explícitamente no apropiarse del triunfo.
La conclusión es bastante consistente: los Mundiales sí reducen temporalmente la centralidad de la política —algo explicado por la teoría de agenda-setting de Natalia Aruguete— y un buen desempeño suele mejorar el clima social. Pero casi nunca cambia estructuralmente la imagen presidencial. Si la economía anda mal, el efecto dura lo que dura el festejo. Argentina levanta la copa y después vuelve a mirar el precio de la carne.
El negocio de las figuritas cambia de manos
Entonces, el Gobierno tendrá un respiro con el Mundial y podrá intentar volver a recuperar el control de la agenda. Pero antes, debe meterse adentro del arco y tratar de evitar seguir recibiendo goles con el caso Adorni y la economía. Además, con Patricia Bullrich y Mauricio Macri tiene un problema aún mayor, que es que parte de su equipo se cambie de bando.
Los argentinos, tanto en Qatar como ahora en Estados Unidos son de los que más entradas compran a los partidos. A pesar de las crisis económicas, los sectores de clase alta y clase media alta que tienen ahorros en dólares hacen que la presencia argentina en los países sedes, se vuelva impactante.
Un mes en política es mucho tiempo y más en Argentina. Veremos si el Gobierno resiste. Por ahora, solo le queda, al igual que todos nosotros, prenderle una vela a Scaloni y Messi para que le vuelvan a traer una alegría al pueblo argentino.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
MV/fl
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