Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 924: El peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama

El acto dejó al descubierto la profundidad de la interna peronista y la estrategia del kirchnerismo para reordenar el espacio. A casi un año de la detención de Cristina Kirchner, la disputa por el liderazgo opositor volvió a ocupar el centro de la escena.

Día 924: El peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama Foto: NET TV

La novela "Sobre héroes y tumbas" escrita por Ernesto Sábato y publicada en 1961 está compuesta por tres historias que se alternan dentro del mismo libro. Un paranoico que escribe una extraña teoría en la que los ciegos realizan una conspiración para conquistar el mundo, su hija que tiene un tortuoso romance con un joven que va camino al desastre y una crónica histórica sobre el traslado de los restos del general Juan Lavalle que inscribe la historia de perpetuo enfrentamiento de nuestro país. Todas las líneas narrativas se unen en un crimen que sintetiza una visión trágica que la obra transmite sobre el país y las relaciones humanas. Gran parte de la novela sucede en Parque Lezama, frente a los “pensativos leones” según los describe Sábato. Esta novela, la del kirchnerismo dirigiéndose a toda velocidad a su autodestrucción y, de paso, arrastrando al resto del peronismo, tiene el mismo tema que la obra cumbre de Sábato y por las piruetas de la relación entre ficción y realidad, tuvo en el mismo Parque Lezama su arena donde los personajes cavan su propia tumba. 

Al cumplirse un año de la detención de Cristina Kirchner, La Cámpora impulsó un acto del peronismo del que participaron gobernadores, intendentes y dirigentes nacionales de diferentes vertientes justicialistas, como Guillermo Moreno y Juan Grabois. El acto, en el que el único orador fue Máximo Kirchner, terminó expresando que Cristina Kirchner no solo debería estar libre, sino que debería ser la candidata del PJ. Desde el entorno de Máximo Kirchner plantean que no descartan que el candidato presidencial del peronismo sea el propio hijo de Cristina, que una vez asumido se dedicaría a indultar a su madre para que luego se presente ella y gane las elecciones. Justamente, Máximo Kirchner, el líder de La Cámpora, se propone como una reedición de lo hecho por el Cámpora original, reeditando las palabras de aquella elección. El eslogan sería: "Máximo al Gobierno (y al indulto), Cristina al poder".

Pero estos no son los tiempos de la vuelta de Perón y la presidencia de Cámpora. En aquellos años el peronismo era imbatible: nunca había perdido una elección. Ahora acarrea varias derrotas, y prácticamente la mitad del país opina que Cristina está detenida correctamente porque el período kirchnerista estuvo signado por la corrupción. Una lista que haga foco en la libertad de Cristina y en la figura de Máximo Kirchner como la de un delegado aspira a retener solo el núcleo duro del kirchnerismo: no dialoga con otros sectores de la sociedad que tienen una agenda de centro o centroderecha y que hoy no están conformes con Milei.

En resumidas cuentas, una candidatura camporista con el eje en "Cristina Libre" es dividir al peronismo, ya que ni el kicillofismo ni el peronismo federal reunido en Parque Norte piensan así y, por consiguiente, es regalarle la reelección a Milei, quien gracias a la estabilidad de la inflación y a la baja del riesgo país puede endeudarse para meter su propio plan platita de cara al 2027. Y si Milei ya tiene una aprobación del 40% y el peronismo sigue dividido, se acerca a ganar, incluso en primera vuelta.

Esto aniquilaría al peronismo frente a todos sus seguidores, que entenderían que el PJ ya no sirve para tratar de defender sus intereses o aspiraciones sociales.

Ya vimos cómo la UCR, un partido centenario que se fragmentó por solo defender sus posiciones ocupadas en el Estado, perdió todo el rumbo y la identidad. Esto mismo puede pasarle al peronismo, un partido que se habla solo a sí mismo y lo único que discute es quién es la conducción, los lugares en listas o la libertad de una líder que paga por el carácter inexplicable del creciente patrimonio matrimonial y el de allegados como Lázaro Báez, a todas luces un testaferro de Néstor Kirchner. Esto no significa que el proceso judicial que culminó con Cristina presa haya estado exento de controversias. Sin embargo, desde el sentido común de los argentinos, es difícil sostener que no hubo un aceitado sistema de corrupción en el kirchnerismo y que la sociedad acepte que eso debe mirarse a un lado para que el peronismo le gane a Milei no parece ser el pensamiento de la mayoría de la sociedad necesaria para ganar la elección. 

Del otro lado, Milei le plantea al sector no kirchnerista de los argentinos que deben tolerar sus avances antidemocráticos y evidentes casos de corrupción para que no gane el kirchnerismo. Una patria extorsionada y avanzando a una tragedia, digna cuna de "Sobre héroes y tumbas", una novela que describe con maestría. 

La falta de debates sobre cómo resolver los problemas económicos o siquiera construir la mayoría electoral para ganarle a Milei se vio en el acto de Parque Lezama, fundamentalmente cuando Máximo cruzó duramente al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, vamos a escucharlo. 

Si durante el kirchnerismo, Cristina había publicado “Sinceramente”, que reivindicaba sus mandatos y se autocritica por no haber apoyado al feminismo en sus orígenes, vinculándose al movimiento masivo por el derecho al aborto que ella bloqueó durante sus ocho años de mandato y La Cámpora estaba enfocada en construir la alquimia electoral para ganarle a Macri, ahora se retrocedió a una noción aún más elemental: Cristina libre. Esa es la consigna que para ellos sintetiza la salida del país. Si Cristina está libre, podrá conducir al peronismo hacia una victoria y al país hacia su recuperación. La realidad es que Cristina estaba libre hasta hace muy poco y postuló a Alberto Fernández, luego le hizo una interna permanente y la conclusión fue un gobierno que frustró a la mayoría y finalmente ganó Milei. 

“Cristina libre” es una consigna que solo contiene al núcleo duro del kirchnerismo y a nadie más, y las elecciones se tratan de contener a la mayoría. 

De la otra vereda de la interna en el kicillofismo, la legisladora porteña Berenice Iañez en una charla llamada “Cátedra Libre Hebe Bonafini” dijo que el peronismo no puede conducirse desde el “balcón shakesperiano” de San José 1111 y los militantes peronistas no pueden ser Romeos y Julietas intentando un imposible. De vuelta, la alusión a la literatura trágica. 

Escuchemos el tramo final del discurso de la legisladora kicillofista. 

Kicillof tiene desafíos muy grandes por delante. Si rompe con el kirchnerismo, puede ser visto como quien destruyó las posibilidades del PJ para ganarle a Milei y si sigue unido a la Cámpora deberá pelear hasta último momento por ser el candidato del peronismo y se le complicará para atraer a otros sectores que representen a los argentinos que no son ni mileistas ni kirchneristas, sin los cuales no se le gana a Milei. Desde el entorno del gobernador se piensa en Llaryora o algún gobernador del peronismo no kirchnerista como candidato a vicepresidente en la fórmula. 

Por otro lado, el kirchnerismo no plantea ir a unas PASO. Quiere que el resto se subordine, algo que no tiene forma de imponer, aunque siempre puede romper el peronismo y así generar su derrota. 

La gran pregunta es: ¿el kirchnerismo realmente entiende lo que está sucediendo y tiene un as bajo la manga o están tan aislados de la realidad y en su propia narrativa que no perciben el daño político que le infligen al peronismo? Difícil saberlo, pero es probable que la prisión de Cristina esté generando un proceso de aislamiento en ese espacio político que los haga sacar conclusiones alejadas de la realidad. Algo peligroso para el conjunto de la oposición dado el peso que aún tienen. 

En 1897, Émile Durkheim publicó "El suicidio", uno de los textos fundacionales de la sociología moderna. Su gesto fue revolucionario: tomó un acto que parecía el más íntimo y personal de todos —quitarse la propia vida— y demostró que obedecía a causas sociales mensurables. Detrás de cada suicidio individual, Durkheim encontró estructuras colectivas: el grado de integración de una persona en su comunidad, el nivel de regulación que esa comunidad ejercía sobre ella. Así construyó su célebre tipología: el suicidio egoísta, el altruista, el anómico y el fatalista, cada uno revelando una forma distinta en que la tensión entre individuo y sociedad puede volverse insoportable.

Lo que sigue es un ejercicio de transposición conceptual. Utilizamos las categorías de Durkheim en sentido estrictamente metafórico y con fines analíticos: no para hablar de muerte literal, sino de destrucción simbólica de carreras, liderazgos, partidos y proyectos políticos. Durkheim nunca aplicó su tipología de esta manera, y sería un error metodológico confundir ambos planos. Pero si se acepta la metáfora del "suicidio político" —la autodestrucción voluntaria o semivoluntaria de un proyecto colectivo—, su esquema resulta notablemente sugerente.

El suicidio político egoísta: sería el caso de líderes que terminan aislándose de su propia base social, pierden contacto con sus aliados y toman decisiones que destruyen el proyecto. La analogía con Durkheim es directa: una pérdida de integración, el dirigente deja de estar conectado con la comunidad política que le daba sustento. Richard Nixon durante el escándalo Watergate es el ejemplo más citado; también ciertos líderes revolucionarios que, una vez en el poder, se distanciaron de las organizaciones que los habían sostenido.

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El suicidio político anómico: probablemente el más frecuente. Se produce cuando un partido o liderazgo pierde las reglas que le daban identidad: las contradicciones internas se vuelven tan grandes que el proyecto termina desintegrándose. La analogía con Durkheim es muy directa: las normas que organizaban la acción colectiva dejan de ser creíbles. La crisis final de la Unión Soviética bajo Gorbachov suele interpretarse en esta clave —las viejas reglas habían dejado de funcionar y las nuevas aún no existían—, al igual que numerosos partidos tradicionales europeos que perdieron identidad ideológica tras cambios sociales acelerados.

El suicidio político fatalista, el caso opuesto: organizaciones tan rígidas que terminan destruyéndose por incapacidad de adaptación. Regímenes autoritarios incapaces de reformarse, partidos excesivamente disciplinados que expulsan toda renovación y terminan marginalizados. La sobreabundancia de reglas asfixia la vitalidad del proyecto.

El suicidio político por líder carismático: aquí aparece algo que Durkheim no desarrolló y que se acerca más a Max Weber. Algunos líderes construyen un movimiento tan dependiente de su propia figura que impiden la aparición de sucesores. Mientras viven parecen fortalecer el proyecto, pero a largo plazo lo debilitan. Perón en algunos análisis sobre la sucesión del peronismo, Chávez respecto de la dependencia del liderazgo personal, De Gaulle respecto del gaullismo clásico. Paradójicamente, el líder no destruye el movimiento por falta de autoridad, sino por exceso de centralidad.

De alguna manera, todas estas categorías están presentes en el paciente kirchnerista. Está aislado de la realidad, pierde el sentido que le da identidad, que es pelear por los que menos tienen. Es una organización demasiado rígida y verticalista y tiene una líder carismática que está presa y no puede ser candidata. Todos estos elementos hacen síntesis y los proyectan a una política suicida para sí mismos y al tener peso dentro del peronismo, para el conjunto del PJ. A su vez, como el justicialismo es la porción más importante de la oposición, la posibilidad de que haya un gobierno que no sea de extrema derecha se aleja cada vez que ellos avanzan trágicamente a su final. El acto en Parque Lezama son esos hechos de la historia que pasan bajo el radar, que tienen poco impacto en la opinión pública pero son decisivos. 

Haciendo otra transposición conceptual, reiteramos, solo a fines de explicar nuestro punto, en el psicoanálisis parte de la conducta del suicida antes de su acto se denomina acting out. Para Lacan, el acting out es un mensaje dirigido al Otro: el sujeto actúa, pero hay un destinatario implícito, una demanda cifrada que pide ser leída. "El acting out es una transferencia salvaje", sostuvo en el Seminario X sobre la Angustia. ¿Lo del kirchnerismo es una suerte de acting out en el que le señalan al resto de la oposición que son capaces de permitir el triunfo de Milei si no se los contiene en un proyecto que les dé lugar? Es decir, ¿finalmente el kirchnerismo amenaza con la creciente destrucción del país que implicaría un nuevo gobierno de Milei para evitar ser desplazados totalmente de la política nacional? En ese caso, Kicillof debe probarse como un verdadero líder y contener al kirchnerismo para que no arrastre al conjunto del país a un nuevo período mileísta, pero debe hacerlo de tal manera, que Cristina no lo vuelva un nuevo Alberto, porque en ese caso ni siquiera podría ganar las elecciones. 

Siempre puede haber nuevas opciones y el pueblo argentino, incluso parte del que apoya al kirchnerismo puede advertir que se avanza inexorablemente a un desastre y apoyar a otros candidatos. Esperemos que así sea. Hoy la consigna que se repite en La Cámpora de “Nada sin Cristina” significa en lo concreto un “Todo con Milei”. 

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Sabemos bien que muchas personas pueden estar atravesando problemas que generen la idea de terminar con su vida, en ningún momento de esta columna la intención fue faltarle el respeto al dolor de nadie. La realidad es que la dirección que toma el kirchnerismo y el destino que puede llevar al conjunto de la oposición y en alguna medida al país hace que no hayamos encontrado otra palabra mejor que explique el carácter trágico del momento político. 

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

 

MV/ff