Día 951: Lo que el Mundial nos dejó
La caída ante España en la final selló el final de una generación que devolvió a la Argentina a la cima del fútbol mundial y dejó un legado que va más allá de los títulos.
El mejor jugador de todos los tiempos se despide en una derrota contra la que él y todo el equipo lucharon hasta el final. Una derrota épica, gloriosa y triste, tango puro, argentinidad. Un Mundial que reabrió el debate sobre Malvinas con un puñado de hinchas sin entradas, ingresando una sábana de hotel pintada a mano, partidos que se dieron vuelta sobre el final y un jugador que sobre el ocaso de su vida futbolística hizo lo imposible por salir campeón, pero no alcanzó. Scaloni mismo, entre lágrimas, dejó entrever que puede dejar la selección. Efectivamente hay algo que cerró ayer.
Escuchemos la conferencia de prensa del director técnico de la selección, Lionel Scaloni, en la que pone en duda su continuidad al frente del seleccionado nacional.
Un equipo puede perder una final sin perder aquello que lo hizo llegar hasta ella.
Las lágrimas de Scaloni y Messi son contagiosas: hicieron llorar a gran parte del pueblo argentino. Algo que no es malo, sino todo lo contrario. Llorar purga el estrés, comunica a los demás que necesitamos ayuda. Es un mecanismo que empieza en la infancia y sigue operando en la vida adulta, generando cercanía y cuidado. Psicológicamente, funcionan como válvula para una emoción que, contenida, sigue escalando, aunque el alivio depende del contexto: en un espacio seguro y acompañado ayuda; si hay vergüenza u hostilidad, puede reforzar la angustia en vez de calmarla.
Messi no volverá a ser recibido por los hinchas y hay versiones que indican que Scaloni tampoco. Parece que ambos prefieren encontrarse con sus familias y no están de ánimo para festejos por el subcampeonato. El precio emocional de pelear por lo imposible. El director técnico y el capitán nos recuerdan que son humanos.
El tango es milonga y muerte. Las letras de este género único hablan de la fatalidad inevitable, del paso del tiempo, del fin que se acerca y mientras tanto la milonga esquiva la certidumbre trágica, el baile que más se parece a una gambeta en el mundo, el dos por cuatro desafiando el paso del tiempo y esa es la belleza épica sobre la que se construye gran parte de nuestra historia y cultura nacional.
Las lágrimas de Messi en la final transmiten el dolor sobre el que se cierra la conclusión de una temporada que vivimos los protagonistas de esta serie que se llama Argentina. Para muchos, se empezó llorando por el Indio Solari y se terminó para todos llorando por Messi, durante mes y medio fueron dos artistas, cada uno en su dimensión, en su despedida quienes se encargaron de mantener bien alto los valores del igualitarismo argentino contrarios al individualismo libertario en boga. Uno que se iba de este plano y otro que apenas termina su carrera como jugador, la oposición tiene mucho que aprender sobre no rendirse y ser insumiso en la derrota. No se gana una partida siempre, pero se gana siempre siendo competitivo, no desertando cuando los vientos son en contra.
El vuelo de la Selección hacia la Argentina: Messi y otros jugadores no viajarían con la delegación
Ahora, empieza otra temporada de esta serie, la vuelta de la política. El martes empezará la precampaña electoral, la oposición realmente existente, la que se divide, no se decide, traiciona sus ideales, pero también la que se moviliza con los jubilados, universitarios y discapacitados, la que resiste sin muchas ideas de la hegemonía libertaria esperando un momento mejor para pasar a la ofensiva, encontrará una Argentina menos mileista gracias al fervor mundialista y a las fibras sensibles que tocó Messi y el resto del seleccionado nacional.
Uno de los saldos más espectaculares del mundial es haber reabierto a nivel internacional el debate sobre la soberanía de las Malvinas. Miren este meme que resignifica la derrota de ayer en clave política.
Las tres estrellas y, donde habría ido la cuarta, la imagen de las Islas Malvinas
Las tres estrellas y, en lugar de donde iría la cuarta, la imagen de las islas, como si hubiésemos tenido esa victoria tras haber eliminado a Inglaterra en semifinales.
El Gobierno estuvo incómodo durante la previa y el postenfrentamiento con Inglaterra. La admiración de Milei por Margaret Thatcher y el compromiso de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, sobre no llevar banderas o remeras con mensajes sobre la soberanía de las Malvinas lo enfrentaron con el sentir popular que encarnaba la selección. Esto se hizo patente cuando Lo Celso y el resto de la Scaloneta la desplegaron tras vencer a la selección inglesa.
Ahora vamos a volver a escuchar a uno de los hinchas que hizo la bandera y la logró meter en el estadio. Escuchen este testimonio porque es espectacular.
Es una hazaña en sí misma. No tenían entradas, hicieron algo que estaba prohibido por la FIFA y que hasta el gobierno argentino se había comprometido a acatar y cuando la policía se la estaba por quitar, la tiraron a los jugadores, quienes se hicieron cargo de la reivindicación histórica. Una historia hermosa. The Guardian publicó una nota titulada "Las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre", escrita por Simon Jenkins, después del partido con Inglaterra.
En la canción de los Redonditos de Ricota, “Vencedores vencidos” de 1988, el Indio Solari hablaba de una sociedad que había vencido a la dictadura, pero que rápidamente se encontraba con que las mismas corporaciones tenían el poder y con que sería muy difícil que con la democracia se cure, se sane y se eduque. Ahora se invierte este título. La sociedad es vencida en su ilusión deportiva; es vencedora en que se mostró como un país que está por encima de su presente. La Scaloneta nos ayuda a creer en nosotros mismos y la metáfora de su juego durante todo el Mundial nos da un marco narrativo en el que mirarnos. El de una sociedad que nunca se rinde, es mejor cuando se une y vive intensamente como ninguna los triunfos y derrotas.
La derrota argentina fue épica y ahora tenemos que demostrar que todo el agradecimiento a la selección no se quedará solo en las palabras, sino, fundamentalmente, en incorporar su narrativa y sus valores para salir adelante como país.
Una Argentina que resistió durante los 120 minutos con los tiempos de descuento incluidos, con un jugador menos, los dos centrales y un mediocampista lesionado es la mejor derrota posible frente a un rival que claramente fue superior. Messi, el mejor jugador de todos los tiempos, el único en la historia en jugar tres finales de la Copa del Mundo de titular y quien ganó varios botines de oro como el mejor jugador del mundo se despidió con una derrota, una clara metáfora de la vida: finalmente todo termina y está bien que sea así.
Todo artista es alguien que gambetea la muerte y Messi es un artista, pero no por eso deja de enfrentarse a los finales. Este es el momento de agradecerle a la selección todo lo que nos hizo ganar. Como dijimos, ahora toca elevar la autoestima nacional que será necesario para volver a enfrentar nuestros problemas de frente. Demostró que se puede dar vuelta la historia peleando hasta el último minuto e incluso cuando así se pierde, se triunfa en una narrativa propia que sirve para nuevos partidos. Aun así, la Scaloneta como la conocemos terminó y por más que resulte triste, es natural, es parte de lo que se llama ciclos, que existen en todos los procesos.
Los ciclos son formas de ordenar el tiempo. Nos permiten comprender que muchas realidades —personales, sociales, políticas, biológicas— no avanzan como una línea recta, sino mediante etapas de nacimiento, desarrollo, plenitud, desgaste, final y renovación. Un ciclo no significa que todo vuelva exactamente al mismo punto. Significa que ciertas estructuras se repiten, pero nunca de manera idéntica.
Ayer se cerró un ciclo que lleva ocho años, el de Lionel Scaloni, no porque esté totalmente cerrado que dejará la Selección, sino porque Messi sí lo hará y esa dupla al frente de la albiceleste no estará más. Además, como dijimos, se cerró un breve ciclo, un interregno podríamos decir en la vida pública del país que suspendió la política tradicional por casi un mes. No es que no haya habido política, como vimos con la bandera de Malvinas o los mismos valores de la Scaloneta, había política, pero no terminaban siendo protagonistas los partidos y dirigentes.
Veamos cómo el Cuti Romero, central clave de Argentina, no saludó a Trump durante la premiación.
La Scaloneta tuvo importantes gestos durante este Mundial. También la hinchada, que silbó a Trump en reiteradas ocasiones.
Bueno, ahora todo terminó y volvió la cotidianidad de la política. Ese ciclo también se cerró, incluso la poética de este país hizo que ese ciclo se cerrara desde lo climático. Luego del triunfo ante Inglaterra vivimos un verano de dos días que, con la derrota ante España, terminó. Argentina, el país más narrativo del mundo.
Yendo específicamente a la derrota, la Selección dejó todo lo que tuvo en todos los partidos. Efectivamente, los errores cometidos no fueron por falta de esfuerzo o distracción, simplemente fueron errores y luego, en el caso de la final, estuvo la superioridad del rival. Intentando quedarse con algo de esta derrota, creo que podemos pensar en los estoicos.
El estoicismo organiza toda su ética alrededor de una distinción que Epicteto llama "dicotomía del control": hay cosas que dependen de nosotros —nuestros juicios, impulsos, deseos, en definitiva, nuestra facultad de elegir— y cosas que no dependen de nosotros —el cuerpo, la reputación, los cargos, y en general todo lo que no es obra nuestra. Epicteto abre el Enquiridión estableciendo justamente esa frontera, y de ahí se deriva la tesis central: la virtud consiste en usar bien lo que sí controlamos, no en obtener el resultado externo, que siempre depende de factores ajenos a nuestra voluntad.
Hay derrotas que engrandecen más que muchas victorias. Porque el resultado pertenece al deporte; la entrega, al carácter.
La imagen que más ayuda a entender esto es la del arquero, no la del Dibu, sino la del arquero de arco y flecha, que retoma Cicerón al describir la ética estoica en De Finibus: el arquero debe apuntar con toda su destreza, pero dar en el blanco depende también del viento, la distancia, un movimiento imprevisto. Su tarea moral se agota en tensar bien el arco, no en el impacto final. Esa separación entre el acto correcto (la intención, la técnica, el esfuerzo bien dirigido) y el resultado correcto (que el estoico llama indiferente, aunque preferible) es la que permite mantener la ecuanimidad pase lo que pase.
Marco Aurelio, en sus Meditaciones, lo aplica constantemente a su propia vida como emperador: reconoce que no puede controlar la traición, la enfermedad ni la muerte, pero sí el modo en que su mente responde a esos hechos. Insiste en que el obstáculo externo no daña el carácter salvo que uno mismo lo permita con su juicio.
Séneca, por su parte, en las Cartas a Lucilio, trabaja esta misma idea desde la práctica cotidiana: no rechaza desear el éxito exterior, pero advierte que depositar ahí la propia paz es entregarle a la fortuna un poder que no le corresponde. Para él, el sabio prepara su respuesta interior aun antes de conocer el desenlace, porque esa respuesta es lo único que verdaderamente le pertenece.
No se puede juzgar todo el proceso solo por el resultado, sino por el trabajo realizado. Luego, hay muchas variables que determinan lo que sucederá finalmente. El azar, el rival, el clima, el propio cuerpo y tantas otras. Pero lo que la Scaloneta demuestra es que es fundamental dar el cien por ciento a lo que depende de nosotros. Sartre mismo explicó que la clave es lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros, con lo que nos fue dado.
Ahora escuchemos las palabras de Messi después del partido con España en este sentido.
Solo quienes llegan hasta el último partido conocen el peso de una derrota final. Haber caído allí también significa haber recorrido un camino que casi nadie logra recorrer.
Messi hizo carne lo que Sartre explicó con letras. Hijo de un obrero metalúrgico y una ama de casa en un barrio popular de Rosario, con problemas de crecimiento y en un país con crisis cíclicas, se sobrepuso a todo y se volvió el mejor jugador del mundo con la ayuda inestimable de su familia. Torció todas las circunstancias y se transformó en el jugador más ganador de todos los tiempos. A lo largo de su carrera profesional de más de dos décadas en clubes y selecciones, Lionel Messi ha disputado más de 1.050 partidos oficiales, sumando más de 825 victorias, 135 empates y cerca de 140 derrotas. En el plano de las grandes citas internacionales, disputó 6 Copas del Mundo y un total de 5 ediciones de la Copa América con la Selección Mayor, en las que logró coronarse en 1 Copa Mundial de la FIFA (Qatar 2022) y 2 Copas América (2021 y 2024), sin contar su título del Mundial Sub-20 en 2005. Así y todo no pudo irse con una Copa del Mundo en la final de su carrera y por más impopular que suene, es poético que así sea. Ni el más grande de todos los tiempos puede evitar la derrota final. Messi como metáfora de la Argentina. Talentoso, dotado de todos los recursos, con problemas de crecimiento, que necesitó de la inversión externa para poder salir adelante.
Messi se despide, como el más grande de todos los tiempos, este fue su último baile y como buen tango tiene ese gusto a melancolía propia de estas tierras.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
MV/LT
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