Día 996: Qué quiere Peter Thiel
Detrás del desembarco del magnate de Silicon Valley y su empresa Palantir en el país se cruzan la ideología anarcocapitalista que comparte con Javier Milei, la ambición por los recursos naturales para la inteligencia artificial y el riesgo de ceder la soberanía digital.
Murray Rothbard soñaba con una sociedad sin Estado, pero no como la que quería Marx, sino una que era regida por el capitalismo y donde la justicia, la seguridad y todas las áreas de las que antes se encargaba el Estado, sean provistas por corporaciones. Es decir, que soñaba con un gobierno de las empresas privadas. Sin democracia ni instituciones de la república. Esta es la utopía a la que el propio presidente, Javier Milei, admitió adherir y la que impulsa Peter Thiel. Todo esto tiene que ver con la llegada del magnate a nuestro país y su instalación en la Ciudad de Buenos Aires.
Esta columna tomó gran parte de la información de la investigación de Juan Luis González y Giselle Leclercq, que es la tapa de la revista Noticias de esta semana.
Zona Próspera se ubica en la isla de Roatán, la más grande del archipiélago de las Islas de la Bahía en el Caribe hondureño, frente a la costa norte de Honduras. Tiene alrededor de 700 habitantes y es el primer ensayo de una localidad gobernada por una corporación con marco ideológico libertario. Próspera opera como una empresa privada que presta servicios de gobierno e infraestructura a cambio de tarifas y residencia.
En lugar de regirse por las leyes locales de Honduras, utiliza una estructura corporativa y un marco legal propio diseñado para minimizar la intervención estatal. Este ensayo está financiado en gran parte por Peter Thiel con el objetivo de generar las condiciones para que en un futuro se pueda prescindir de los Estados democráticos.
Tanto Thiel como Gabriel Delgado Ayau, cofundador y directivo de Próspera estuvieron en Casa Rosada y este último declaró ante la pregunta de periodistas, de si quiere hacer una Próspera en el país, lo siguiente: “Argentina podría explorar mecanismos que permitan crear nuevos espacios para invertir, emprender y experimentar" y que el país representa un marco ideal para este tipo de iniciativas.
¿Esto es lo que viene a hacer Peter Thiel en Argentina? ¿El intento de aprobar el cambio en la Ley de Tierras por parte del Gobierno tenía algún punto de contacto con este tipo de proyectos?
El sábado 26 de agosto, las inmediaciones de la residencia de Peter Thiel en Barrio Norte se convirtieron en el epicentro de un inusual reclamo que cruzó la soberanía territorial con la soberanía tecnológica.
Agrupaciones sociales, militantes digitales y defensores de los derechos civiles marcharon sobre la calle Dardo Rocha para repudiar la presencia del magnate de Silicon Valley en suelo argentino. Vamos a ver algunas imágenes de esto.
Además de esta manifestación, estuvo la presentación que González, Leclercq y Agustino Fontevecchia, director de Contenidos Digitales y director ejecutivo de Editorial Perfil, hicieron en el Congreso, bajo el título: ¿Qué hace Peter Thiel en Argentina?, donde se expusieron cuestiones relativas a la soberanía territorial con la soberanía tecnológica, ¿por qué?
Más allá de la posibilidad de que Thiel y Palantir quieran desarrollar proyectos como Próspera en Argentina, donde no regiría la Constitución Nacional, sino un contrato de la propia corporación, el problema es la instalación de grandes centros de datos que consuman nuestros recursos naturales. Nos explicamos.
El avance de la inteligencia artificial, como todo avance tecnológico, tiene efectos secundarios negativos, en su caso su insaciable sed de energía y agua.
Entrenar y mantener vivos los modelos avanzados de cómputo exige la construcción de gigantescos centros de datos que funcionan sin interrupción durante todo el año.
Estas instalaciones consumen caudales masivos de agua dulce únicamente para enfriar las hileras de servidores que calientan a temperaturas extremas, al tiempo que consumen cantidades de electricidad equivalentes al consumo de ciudades enteras.
Obviamente hay que desarrollar las tecnologías como en su momento fue la atómica y hoy entre ellas la inteligencia artificial, pero es preciso hacerlo de forma consensuada balanceando ventajas y desventajas y controlando sus derivadas.
Cuando magnates del sector tecnológico buscan desembarcar en el Sur Global para instalar esta infraestructura, lo hacen atraídos por regulaciones flexibles y recursos abundantes a precios accesibles. El verdadero riesgo para la soberanía radica en que se termine en la consolidación de un modelo extractivo de enclave.
Así, la soberanía se erosiona silenciosamente cuando la riqueza natural de un país deja de responder al bienestar de sus ciudadanos para convertirse en el combustible barato de una carrera tecnológica ajena.
¿Qué es la soberanía tecnológica y por qué estaría amenazada por la presencia de Peter Thiel en el país?
La soberanía tecnológica es la capacidad de una nación para controlar, administrar y tomar decisiones autónomas sobre su infraestructura digital, sus redes de comunicación y, fundamentalmente, sus bases de datos estratégicas. Implica no depender ciegamente de potencias extranjeras ni de monopolios corporativos internacionales para gestionar la información que hace al funcionamiento básico de un país.
El desembarco de Peter Thiel en Argentina enciende las alarmas debido al rol de Palantir, su empresa insignia de análisis de datos e inteligencia artificial. Esta firma no es un proveedor de software más; es un contratista central del aparato de defensa e inteligencia de los Estados Unidos. La amenaza a la soberanía digital se concreta cuando el Estado local le entrega a este tipo de plataformas corporativas el acceso o la gestión de registros sensibles de la ciudadanía, la justicia o las fronteras. Al procesar esos datos mediante algoritmos opacos y servidores externos, la información soberana corre el riesgo de quedar expuesta a la vigilancia global o a la injerencia extranjera.
Además, ceder el control tecnológico a estos actores distorsiona la autonomía política del Estado. Cuando las decisiones públicas sobre seguridad, salud o recursos naturales empiezan a depender de herramientas privadas que ningún funcionario local puede auditar ni modificar, la capacidad de gobernanza real se erosiona. El verdadero peligro no es solo económico, sino la subordinación de la inteligencia nacional a la agenda e intereses geopolíticos de un magnate privado.
Alguien nos podría decir que estamos exagerando y que por ahora, Peter Thiel no tiene nuestros datos, ni siquiera ha mostrado que los quiere. Sin embargo, esto no es así. Hace diez años Palantir estuvo a punto de quedarse con los documentos digitales de la causa más oscura de la historia argentina: el atentado de la AMIA.
El intento de Peter Thiel por acceder a los archivos de la causa AMIA ocurrió entre 2017 y 2022 a través de Palantir, su firma de análisis de datos e inteligencia artificial. En abril de 2017, ejecutivos de la compañía viajaron a Buenos Aires para hacer una demostración ante la Unidad Fiscal AMIA y los Ministerios de Modernización y Justicia de la gestión de Mauricio Macri. La propuesta oficial era digitalizar, sistematizar y procesar millones de páginas y documentos secretos acumulados durante décadas de investigación del atentado a la mutual israelita.
Para Palantir, quedarse con esa base de datos no era solo un contrato comercial: los archivos de la causa AMIA representan una de las colecciones de inteligencia, registros telefónicos, cables diplomáticos y perfiles sobre redes de financiamiento y terrorismo internacional más sensibles del Cono Sur. El software de la firma necesita alimentarse de volúmenes masivos de datos reales para perfeccionar sus algoritmos de análisis predictivo, perfilamiento de objetivos y mapeo de relaciones oscuras.
El acuerdo estuvo cerca de concretarse, pero naufragó debido al rechazo de los fiscales y de agrupaciones de familiares como APEMIA, quienes advirtieron sobre los riesgos de entregar documentación confidencial del Estado a una empresa norteamericana vinculada a la CIA y al aparato de defensa de Estados Unidos. La Justicia finalmente determinó que la custodia y el manejo de los archivos debía permanecer bajo control exclusivo de la fiscalía local.
Ahora, ¿cuál sería exactamente el problema de que una empresa como Palantir tenga acceso a nuestros datos?
El primer gran riesgo radica en la naturaleza misma del software de la compañía. Palantir no guarda información en carpetas digitales: la cruza, la correlaciona mediante inteligencia artificial y construye mapas predictivos de relaciones, movimientos, finanzas y comportamientos. Entregarle los archivos del Estado —desde causas judiciales complejas como la AMIA hasta registros migratorios, fiscales o sanitarios— equivale a darle a un privado la capacidad de radiografiar la estructura social, política y de seguridad de toda la nación.
En segundo lugar, se presenta un conflicto insalvable en materia de seguridad nacional y vigilancia exterior. Palantir nació financiada por In-Q-Tel, el brazo de inversión de la CIA, y mantiene contratos multimillonarios con el Departamento de Defensa y el Homeland Security de Estados Unidos. La información que procesan sus servidores queda sujeta a los marcos regulatorios estadounidenses, como la ley FISA, que permite a las agencias de inteligencia de ese país requerir acceso a datos almacenados por sus empresas. Así, la memoria judicial y los registros personales de los ciudadanos argentinos pasan a ser potencialmente accesibles para el espionaje de Washington.
Como tercer elemento, este esquema genera una dependencia tecnológica peligrosa. Cuando un Estado delega en una plataforma propietaria y opaca la toma de decisiones estratégicas —como el perfilamiento de objetivos en materia penal o la asignación de recursos públicos— pierde la capacidad de auditar cómo y por qué se toman esas determinaciones, supeditando la autonomía gubernamental a los intereses e ideología de un monopolio extranjero.
Finalmente, los datos cruzados implican la posibilidad de predecir comportamientos. Es decir, si los algoritmos de inteligencia artificial de Palantir saben quiénes somos, cuánto ganamos, qué problemas económicos y legales tenemos y otras informaciones, pueden predecir qué tipo de miedos, deseos y ansiedades tenemos. De esta manera, puede predecir cómo manipularnos y en concreto, se pueden manipular las elecciones. No porque se cambiara el resultado, sino porque llegarían a nuestros teléfonos propaganda diseñada exactamente para nuestro perfil, para apuntar directamente al miedo o emoción concreta que haría que votemos a uno u otro candidato o directamente no vayamos a votar.
Esto no lo decimos nosotros, lo dijo el propio Peter Thiel en una conferencia titulada “Educación de un libertario”, en el 2009. Escuchémoslo:
La traducción exacta de hecho es: “Cambiar unilateralmente el mundo sin tener que convencer constantemente a las personas y estar con personas que nunca van a estar de acuerdo contigo". Además, el conductor del programa señala que, en ese mismo evento, Thiel afirma que "la democracia es incompatible con la libertad".
¿Esto a qué nos hace recordar? Sé muy bien que pasamos muchas veces este video, pero es importante para atar los cabos.
Milei no cree en la democracia al igual que Peter Thiel y su sociedad ideal es una sociedad sin Estado; es decir, gobernada por las corporaciones, al igual que lo que sueña Peter Thiel y empezó a desarrollar en Próspera. Ahí es donde se juntan todos los puntos. Para alcanzar este tipo de sociedad es fundamental la tecnología para suplantar la democracia, lo que requiere múltiples recursos naturales que nuestro país tiene.
En Argentina, Thiel tiene los recursos naturales para desarrollar la inteligencia artificial, un Gobierno que está de acuerdo con su proyecto de sociedad y que justamente busca suplantar la democracia con un gobierno de los privados, tal y cual lo quería Rothbard. Todo esto puede parecer un delirio, pero son los tiempos en los que estamos viviendo.
Nuestro rol como periodistas es alertar a nuestra audiencia y que en las elecciones que vienen, puedan elegir entre los amigos de Thiel y entre quienes acuerdan con la democracia y la soberanía nacional como valores fundamentales.
MEG/LT
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