Exministro de Economía: “El superávit fiscal sostenible requiere crecimiento”
El exdiputado y exministro advierte que la desinflación actual se sostiene sobre un "apretón fiscal" coyuntural y no sobre reformas estructurales. Además, alerta sobre la caída de la recaudación y la pérdida de más de 20.000 empresas durante la gestión libertaria.
Tras conocerse los últimos datos de inflación, el economista Jesús Rodríguez cuestionó la naturaleza del superávit fiscal que promociona el Gobierno y alertó sobre el impacto recesivo en el sector privado. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), detalló que en el último período "se perdieron más de 20.000 empresas y perdieron su puesto de trabajo registrado, formal y privado, más de 200.000 personas". Para el exministro, el enfoque de la gestión es "una visión reduccionista" que confunde las causas con las consecuencias. "Creer que el problema de la Argentina se resuelve con la cuestión fiscal es una simplificación que nos puede llevar a un camino no compatible con el progreso social", concluyó, insistiendo en que la salida definitiva solo llegará cuando se sienten las bases para el desarrollo.
Jesús Rodríguez es licenciado en Economía, egresado de la Universidad de Buenos Aires y dirigente histórico de la Unión Cívica Radical; fue Ministro de Economía de la Nación durante los últimos meses ante la presidencia de Raúl Alfonsín en 1989; representó a la Ciudad de Buenos Aires en la Cámara de Diputados de la Nación durante cuatro mandatos, presidiendo la Comisión de Presupuestos y Hacienda. Además, fue convencional constituyente en 1994 y presidió la Auditoría General de la Nación entre 2020 y 2023; se desempeña como Vicepresidente de la Internacional Socialista desde 2017 y es Prosecretario de la Fundación Alem, Instituto Oficial de la Unión Cívica Radical.
—Se acaba de conocer la inflación en la ciudad: 1.8%. La inflación de la ciudad no dista mucho de la inflación nacional. Todo indica que vamos a tener un segundo semestre con inflaciones cerca de 2, pero con un 1 delante. ¿Qué significa esto a tu juicio? ¿Qué puntos de comparación podés hacer con otras épocas donde se da la contradicción de una inflación baja, pero al mismo tiempo un consumo bajo?
—Sin duda es una buena noticia: reducir la tasa de inflación y mantenerla bajo control es una condición absolutamente imprescindible para afirmar la convivencia social, la pacífica, en nuestro país y en todo el mundo. Eso fue conseguido, hay que decirlo, a partir de un apretón fiscal muy fuerte. Y me refiero a apretón fiscal. El apretón fiscal llega a un nivel muy importante, no es una reducción del gasto público. Estamos frente a una desinflación muy evidente, pero me cuesta creer que estemos frente a un programa de estabilización sostenible.
En el siguiente sentido: fue posible reducir de manera muy sensible la tasa de inflación; pero esa tasa de inflación reducida tiene algunos signos de interrogantes muy grandes, muy sólidos, muy visibles. Para empezar, la reducción del gasto público fue hecha y fue el resultado, no de reformas estructurales que modificaron el peso del Estado en la economía argentina, sino por una reducción del gasto. Por ejemplo, no ha habido ninguna reforma del sistema de seguridad social.
En consecuencia, uno podría pensar que esa reducción del gasto público fue hecha a partir de la reducción en la inversión pública; como nunca antes, Argentina tiene casi una irrelevante inversión pública. Ahora bien, ¿es posible pensar que a lo largo del tiempo y mirando hacia adelante no tengamos más inversión pública en la Argentina? Es difícil. Lo mismo es la reducción del gasto educativo, por ejemplo. ¿Hubo modificaciones en la política educativa en la Argentina? Ninguna. Lo que quiero decir es que la reducción del gasto público es el resultado de un apretón fiscal, de haber pisado el gasto público, pero no como consecuencia de reformas estructurales que hagan a ese resultado sostenible. Y ese es un punto que hay que tener en cuenta porque, sino, tiramos una película equivocada.
De manera complementaria, hay que pensar en la recaudación. Los ingresos tributarios en la Argentina se han venido reduciendo en términos reales, descontado la inflación, de manera sistemática; ha perdido la recaudación en la Argentina. En los últimos 7 u 8 meses, la recaudación real es menor en términos reales que el año pasado. Eso también incorpora una duda y un problema que hay que mirarlo con atención.
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—En el análisis planteado por el ministro de Economía respecto de cómo se van a pagar los vencimientos de 25 mil millones de dólares de deuda externa de los próximos meses hasta la llegada de las elecciones, las privatizaciones ocupan un 10% de esos recursos. No es lo mismo que en el caso de los 90, pero nuevamente se utilizan privatizaciones y endeudamiento. Me gustaría tu reflexión respecto de la sustentabilidad eventual de que haya crecimiento, o solamente se espera a 20 mil millones de dólares... ¿Cuándo va a llegar? ¿Hasta 2030, cuando el cobre, el litio, el gas generen la suficiente cantidad de recursos? Y si la Argentina llega hasta 2030.
—Primero dejame hacer un cierre en relación al punto anterior. El Gobierno propagandiza que ha tenido un superávit fiscal equivalente al 0,2% del Producto Bruto Interno, a pesar de tener este gasto público contenido y a pesar de la caída de la recaudación. Pero si uno mira el informe del Fondo Monetario Internacional, dice con todas las letras que, bien hechas la situación fiscal, el resultado fiscal de la Argentina no es de superávit del 0,2%, sino, por el contrario, es un déficit del 0,8% del Producto Bruto Interno. Digo para poner claro que esta duda sobre la certeza de la solvencia fiscal no sólo está hecha desde una mirada desde la Argentina, sino también desde el propio organismo internacional.
—Lo que vos estás refiriéndote es a que los intereses se capitalizan y no se consideran en el déficit financiero, y que si uno lo considerara pasaría de más 0,2% a menos 0,8%. ¿Es eso?
—Es así. Es lo que se llama contabilidad creativa de las cuentas públicas para mostrar un resultado que no necesariamente es el que se dice. Pero voy a tu punto, que es correcta tu reflexión. Porque el Gobierno tiene como objetivo mantener esa situación fiscal bajo control. Si cae la recaudación, entonces produce un mayor ajuste de gasto, como es lo que vimos en una decisión administrativa de hace aproximadamente un mes. Entonces, es lícito preguntarse: si sigue cayendo la recaudación, ¿seguirá cayendo el gasto? Y la verdad que la respuesta es sí, porque esa es la política del Gobierno. Así que, si alguien tiene duda de que eso vaya a pasar, creo que se equivoca. Tiene que tener por delante un menor gasto público si sigue cayendo la recaudación tributaria.
La recaudación tributaria tiene que ver con el nivel de actividad. Y el nivel de actividad es, para decirlo de manera muy clara, asimétrico, es dispar, es heterogéneo y solo se concentra en algunas ramas de la actividad económica, en algunas pocas regiones económicas y alcanza a muy pocos actores económicos. Cuando me refiero a actores económicos, digo trabajadores y empresas. Y eso se ve porque cuando uno mira los datos de la Superintendencia de Riesgo de Trabajo verifica que entre diciembre del año 23 y marzo del año 26, digamos la gestión actual, se perdieron más de 20.000 empresas y perdieron su puesto de trabajo registrado, formal y privado, más de 200.000 personas. Entonces, esa es la realidad que tenemos hoy por delante. Lo cual, si se quiere, es también un punto que alimenta la idea de los límites que tiene este esquema.
Y si lo queremos poner de otro lado, del lado de los trabajadores, los gastos derivados de los servicios públicos en el área metropolitana se triplicó el peso que tiene sobre el salario la influencia del pago de esos servicios, lo cual quiere decir que se reduce de una manera sensible el ingreso disponible de los trabajadores.
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—Vuelvo con el punto: ¿Acanza con parches para llegar a 2030 (nuevos créditos, privatizaciones, nuevos ajustes), o finalmente el tiempo que llevaría que la Argentina contara con recursos para poder producir una redistribución de los mismos, si es que ese fuera el objetivo, recién en 2030, cuando se dupliquen las exportaciones per cápita de las que tuvimos el año pasado, eso genere una posibilidad de volver a crecer? ¿Se puede pasar, podríamos decir, tres años más de no crecimiento? ¿Soporta una sociedad?¿Qué ejemplos internacionales de cantidad de recesión puede atravesar una sociedad hasta llegar a, supuestamente, la tierra prometida?
—Se trata de un límite que está teniendo el esquema oficial. Sin duda, el desempeño económico es un límite objetivo a la posibilidad de éxito en el esquema oficial. Pero permiteme complejizar aún más. Yo no creo que la Argentina tenga que prender una vela para llegar al 2030 y que haya licencia social para mantener. Yo creo que la Argentina tiene que tener una vela para que llegue al 2030. Eso es imprescindible.
Es una buena noticia la exportación de commodities energéticas, es una buena noticia. Pero si hay alguien en la Argentina que cree que el futuro está atado solo, pura y exclusivamente a esa cuestión, se equivoca. Nosotros no disponemos de una dotación de recursos naturales per cápita comparable a los países que han podido desarrollarse solamente con recursos naturales. La Argentina no tiene los recursos naturales de Canadá, no tiene los recursos naturales de Australia, medidos per cápita. En consecuencia, pensar que el futuro de más de 40 millones de argentinos, puede estar cobijado, protegido, por ese solo desarrollo...
Y entonces, acá introducimos el punto. En el Gobierno hay una visión que dice así: "El problema de la Argentina es de naturaleza fiscal, y de ahí se deriva todo. Si uno contiene la construcción fiscal y la controla, se resuelven los problemas de la Argentina". Es una visión reduccionista. El problema de la Argentina es económico, es social, es estructural, es cultural, es de desequilibrio regional. Es de desigualdad en los ingresos. Y todo eso tiene una derivación fiscal. Pero creer que el problema de la Argentina se resuelve con la cuestión fiscal es una simplificación que nos puede llevar a un camino, sin duda, no compatible con el progreso social y con la realización individual de todos nuestros compatriotas.
—¿Y cómo tendría que ser un nuevo gobierno en 2027 que, tratando de aprovechar con esos recursos hacia 2030 y en su camino increscente hacia ese momento, resuelva estos problemas desde la causa y no desde la consecuencia? O sea, que logre tener un superávit fiscal sustentable por la construcción de un modelo económico distinto y no simplemente por la contención del gasto.
—Creo, estoy convencido de ello, y hay evidencia internacional para justificar mi punto de vista, que una determinante decisiva de los resultados económicos y sociales es la dimensión institucional. La capacidad de una sociedad de ordenarse de una manera previsible, eso genera resultados positivos. Y en la Argentina lo primero que hay que hacer es reconstruir la confianza. La confianza en las instituciones, y que están severamente afectadas por los episodios de desequilibrios institucionales, de debilidad de los organismos de control, de ataque a la prensa y a los periodistas, que han generado y han permitido, por ejemplo, estos episodios de corrupción tan conocidos en los últimos tiempos.
Entonces, la reconstrucción institucional de la Argentina, así como la integración al mundo de manera inteligente, alejada de este alineamiento, alineamiento acrítico, excéntrico de la Argentina, son condiciones necesarias para pensar en el progreso. En ese contexto de un nuevo alineamiento internacional más abierto, más contemporáneo, más cosmopolita, más respetuoso de las reglas de juego que gobiernan el mundo y no la exposición de las fuerzas, junto con una reconstrucción institucional, permite pensar en un programa económico que, junto a la estabilidad fiscal y macroeconómica, genera condiciones para la inversión no sólo en sectores exclusivamente vinculados a commodities energéticas, sino también a otro tipo de actividades.
RM
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