Fernando Stanich, presidente de FOPEA: “La grieta en el periodismo fue funcional a que Milei llegue a la presidencia”
El dirigente analiza la creciente hostilidad del Gobierno nacional hacia la prensa y advierte sobre el uso de la polarización política para socavar la credibilidad del oficio.
En una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el nuevo presidente del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), Fernando Stanich, advierte sobre el deterioro del clima para el periodismo bajo el gobierno de Javier Milei, marcado por agresiones, estigmatización y una fuerte crisis de credibilidad en la profesión. Ante ese marco, sostiene que “La grieta en el periodismo fue funcional a que llegue a la presidencia” y plantea la necesidad de recuperar rigor y responsabilidad frente a un escenario de creciente tensión política.
El periodista argentino, Fernando Stanich, fue elegido presidente de Foro de Periodismo Argentino, una organización que reúne a profesionales del periodismo y promueve la defensa de la libertad de expresión y la calidad informativa en el país. Stanich tiene una trayectoria vinculada al periodismo político y a la gestión de contenidos, con participación activa dentro de FOPEA desde hace varios años. Al frente de FOPEA, su gestión queda asociada a un contexto particularmente tenso entre el poder político y los medios en Argentina, con debates abiertos sobre el acceso a la información pública, la relación entre el Gobierno y la prensa y las condiciones en las que se ejerce.
¿En qué momento le toca asumir? No recuerdo, con varias décadas de periodismo profesional, una situación en la que tengamos un presidente y un grupo de gobierno tan opuesto y crítico al periodismo.
Sí, una situación inédita, bastante particular y angustiante en algún punto respecto del nivel de hostilidad, de hostigamiento y de agravio por parte del propio presidente hacia la prensa y hacia los periodistas en particular. Usted es una de las víctimas de esa diatriba y esa cantidad de insultos permanentes.
Pero cuando uno piensa en la realidad del periodismo tiene que pensarla desde un punto de vista global, me parece, o interconectada, porque no se trata de un hecho aislado, sino de una cuestión sistemática, orquestada, que tiene un objetivo que parece claro, que es deslegitimar el trabajo de la prensa, invalidar el trabajo que hacen los periodistas, porque en la manera en la que yo puedo minar la reputación de quienes informan a la sociedad, esas audiencias terminan dudando de la veracidad, de la legitimidad del trabajo que uno realiza.
Entonces, por un lado tenemos esa situación y por el otro lado tenemos que buena parte de las audiencias de la sociedad descree del periodismo hoy en una democracia. Entonces, me parece que en un contexto de hostilidad creciente por parte del poder público, de incertidumbre respecto o de lejanía de las audiencias con el contenido de la prensa, y en un contexto de desinformación, se vuelve mucho más necesario el trabajo de los periodistas.
Y cuando hablo de necesario el trabajo de los periodistas me refiero a pensar en el impacto de lo que nosotros hacemos, en volver a la rigurosidad profesional, aferrarnos a los datos, a salir de la adjetivación permanente, a evitar las provocaciones y a tratar de, con nuestro trabajo, mostrarle a la sociedad que lo que hacemos es importante, que le sirve y que tiene un propósito, que es servir a la sociedad para que pueda tomar decisiones.
Con su experiencia también de décadas en el periodismo, ¿cree que de alguna manera nosotros contribuimos a la emergencia de un presidente así, que la grieta en la que parte de nuestra profesión ha caído también ha sido útil y aprovechada por un presidente así para su emergencia y ser electo?
Sí, no tengo dudas. No tengo dudas. Bueno, pensemos que el propio presidente es un emergente político surgido a través de los canales de televisión y como panelista. Entonces, claramente buena parte del periodismo en algún punto ha cedido al facilismo, porque es mucho más fácil ser periodista de tribuna, periodista que utiliza un léxico más de una cancha de fútbol que de un periodismo que se para en la pausa, que se para en la rigurosidad, que se pare en el análisis y que contextualiza lo que está pasando para darle ese plus de información a la sociedad.
Es mucho más sencillo pararse, opinar desde un atril y plantear una dialéctica que funciona para el rating de la televisión, pero que no funciona para la reflexión, ni para la solidez, ni para el fortalecimiento del debate público en la Argentina. Entonces, sí, yo estoy convencido de que buena parte de la grieta en la que hemos subsumido los periodistas termina siendo útil para que Javier Milei llegue a la presidencia y, una vez allí, incluso siendo útiles para que esa lógica de amigo-enemigo se mantenga y le permita sostener cierto discurso en donde, por ejemplo, el “no odiamos lo suficiente a los periodistas” termina calando en buena parte de la sociedad o instalándose.
Porque la verdad es que hay que admitirlo: también hay muchos colegas que, no quiero caer en nombres propios, pero hay mal periodismo en la Argentina y hay periodistas que terminamos haciendo juego a la política en lugar de hacer un servicio social, como es la base fundacional de nuestro oficio.
¿Usted cree que existirá alguna especie de castigo social, de la misma forma que situaciones parecidas que hubo en gobiernos anteriores, digo, programas oficiales como 678, por ejemplo, ni qué hablar durante la guerra de Malvinas, o en la primera época de Menem, lo que le pasó a Neustadt, que la sociedad cobrará en un futuro esa, no sé, llamarlo mala praxis o por lo menos abuso de micrófono?
Sí. Yo entiendo que incluso eso está pasando. Me da la sensación, y por lo que uno charla con los colegas y en las recorridas que hacemos por las provincias, de que la sociedad está aturdida y abrumada por esta pelea de relatos.
Porque en realidad no se están discutiendo ideas o tratar de convencer al otro, sino simplemente instalar versiones.
Entonces, en esa lógica en la que han caído muchos comunicadores, lamentablemente la sociedad se está dando cuenta. ¿Y qué es lo que hace la sociedad? Se aleja del ruido. Y cuando se aleja del ruido, lo que perdemos somos los periodistas, la generalidad del periodismo, que sigue siendo útil, que sigue siendo fundamental para que en comunidades locales muy chicas, por ejemplo, en el interior del país, el aturdimiento de discusiones que por ahí les son ajenas no termine desconectándolos de la información.
Pero como esas comunidades muchas veces tienen como única fuente de información esos contenidos, por la crisis del periodismo y la crisis económica que hizo desaparecer medios comunitarios o locales, terminan consumiendo información de una guerra dialéctica que les resulta lejana y, se alejan del consumo de noticias.
Y eso lo vemos además en estadísticas y encuestas del Instituto Reuters, donde está muy claro que la gente se va alejando de los medios. Ahora, también estoy convencido de que, en la medida en que nosotros los periodistas volvamos a aportar esa pausa, ese análisis y esa contextualización histórica, la sociedad va a volver a creer en nosotros y va a volver a consumir noticias como en su momento lo hacía.
Y ahí me parece que es importante que los periodistas volvamos a recapitular lo que venimos haciendo y a releer lo que estudiamos en las universidades y en las escuelas de periodismo, que es rigurosidad y datos, básicamente.
Usted está en Tucumán, pero además por su presidencia en FOPEA está recorriendo todo el país. Nosotros comenzábamos hoy nuestro programa planteando la crisis que se avecina, o parece avecinarse, de la caída de la recaudación coparticipable sobre los ingresos de las provincias y los municipios, donde entre el 70 y el 80% del presupuesto son salarios, y la posibilidad de que en un tiempo no muy lejano se queden sin posibilidades de hacer frente a esos pagos estatales. ¿Qué termómetro tiene usted? ¿Cómo resulta esto comparable a otras crisis en ese mismo sentido, como a lo mejor hubo en la segunda mitad de los 90?
Además soy periodista político acá en Tucumán, y en las recorridas por las diferentes provincias, lo que uno percibe, junto con lo que surge de las conversaciones con los propios gobernadores, es que se trata de una situación muy parecida a la segunda mitad de los 90, con el agravante de que este ciclo recién está comenzando.
Y que todavía tiene mucha aceptación de la sociedad, estas políticas o por lo menos esta gestión presidencial de Javier Milei. Pero en las provincias lo que se percibe es un cerrojo financiero muy grande, una actividad económica muy reprimida y una situación de las economías regionales realmente muy peligrosa en cuanto a la posibilidad de sostener en el tiempo este nivel de estancamiento económico.
Las provincias vienen haciendo frente directamente al pago de sueldos y de servicios para que el Estado pueda funcionar. Estamos hablando de hospitales, combustible para patrulleros, pero no mucho más que eso. Y esa situación, aun así, con un corte terminante en la obra pública porque no hay fondos para inversión, hace que las provincias estén viendo que sus recursos caen mes a mes.
En el caso de Tucumán, por ejemplo, marzo cerró con una caída de coparticipación del orden de los 14.000 millones de pesos en un año y medio. La caída de los ingresos por coparticipación ya equivale a una planilla y media salarial. Es decir, Tucumán ha perdido recursos producto de la baja del consumo y de la coparticipación de impuestos, porque el IVA en la economía no repunta y eso impacta más en las provincias.
Y lo que se proyecta es un escenario de alerta, porque en los próximos meses esa caída, si no se corta, puede terminar afectando directamente el pago de la cadena salarial y de proveedores del Estado.
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Hay servicios, por ejemplo, donde el Estado está dando cheques a 90 o 120 días, porque la situación ya se torna dramática: no hay efectivo ni fondos para hacer frente.
MV
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