Entre junio y octubre de 2024, una red de espionaje rusa conocida como “La Compañía” habría impulsado una campaña de desinformación en Argentina para influir en la política interna y afectar al gobierno de Javier Milei, según documentos filtrados. A partir de esa información, el periodista Santiago O'Donnell explica en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), cómo el grupo Wagner logró publicar contenidos falsos en medios digitales locales y advierte sobre el impacto de estas maniobras en la credibilidad del sistema informativo: “Es la punta del iceberg”.
El periodista y escritor argentino, Santiago O'Donnell, es autor de libros como ArgenLeaks, donde analizó cables de WikiLeaks sobre la Argentina, y otras obras centradas en el vínculo entre periodismo, poder y filtraciones. Se desempeña como editor jefe de Mundo del diario Página/12 y dirige el sitio Filtraleaks, enfocado en el análisis de filtraciones a nivel local e internacional. Además, es docente universitario y dirigió la Maestría en Periodismo de la Universidad de Buenos Aires. A lo largo de su carrera trabajó en medios internacionales como el Los Angeles Times y The Washington Post.
Como estaba tratando de decir, cada tanto te hemos obligado a consultarte como un oráculo, porque descubrís lo que nadie descubrió hasta ese momento. Contanos un poco cómo funcionó este tema de la campaña rusa de publicar notas en medios contra Milei y cómo tomaste conocimiento de ella.
Mirá, como bien sabés, con Filtraleaks me dedico a cubrir filtraciones. Te cuento que es el único sitio del mundo que yo conozco que se dedica exclusivamente a las noticias de filtraciones. Hay sitios que publican sus filtraciones, pero este sitio publica noticias sobre filtraciones en todo el mundo. Entonces, aparece esta filtración sobre un grupo de inteligencia ruso, el famoso grupo Wagner, que venía operando en África hace mucho tiempo, con The Continent.
Lo digo porque varios de los trolls se mofan de manera muy racista, diciendo: “Uh, esto es una filtración que viene de África”, como si África fuera menos que otros continentes y Sudáfrica tuviera un periodismo inferior al de Argentina, lo cual me parece racista. Esta filtración es llevada por dos medios muy importantes del mundo: uno que se llama Forbidden Stories y otro es Open Democracy. Forbidden Stories encabeza el consorcio al cual The Continent comparte las notas, pero también incluye un medio francés especialista en el grupo Wagner, un medio ruso y a un par de periodistas rusos independientes. Entonces, esos medios se encargan de chequear y verificar esta información.
A mí me resulta muy interesante trabajar con gente de Forbidden Stories, que es un medio que surge de Reporteros sin Fronteras, que se crea para completar historias de periodistas muertos. Por ejemplo, cuando mataron a la famosa periodista maltesa con los Panama Papers, completaron su historia. Después fueron a México, completaron la historia de un periodista mexicano asesinado por los narcos, otra periodista ambiental en Colombia, y demás.
Y después de eso arman también un programa de archivos seguros para periodistas que están en riesgo en todo el mundo, que pueden guardar sus notas ahí por si les pasa algo.
Es una institución muy prestigiosa, que tiene financiamiento de las principales ONGs del mundo que apoyan el periodismo independiente, como Open Society de Soros y Luminate de Omidyar, que es el fundador de eBay, que creó el medio The Intercept donde trabajaron las personas que hicieron el reportaje a Edward Snowden. Y también la Fundación Ford, que mucha gente piensa que es una especie de cuña de la empresa automotriz, pero en realidad, a través del CELS, ha financiado prácticamente todas las querellas de los juicios de lesa humanidad en Argentina y es uno de los principales financistas de organismos de derechos humanos en todo el mundo.
A partir del trabajo que hizo Forbidden Stories, le llegó una filtración que fue lo que a mí realmente me convenció mucho, que es una filtración israelí del software Pegasus, que es un software espía que usaba Israel en todo el mundo, particularmente en México, en las administraciones de Peña Nieto y López Obrador, para espiar a opositores y periodistas. O sea, es un medio que ganó muchos premios y se hizo famoso por una filtración sobre Israel.
Ellos empiezan a publicar notas sobre cómo está armado este grupo de espionaje ruso, después sobre cómo operan en distintos países africanos y también que, a partir de 2024, empiezan a operar en Latinoamérica bajo las órdenes del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia. Primero van a Venezuela a apuntalar a Maduro, después bajan a Bolivia a participar en una interna entre Luis Arce y Evo Morales, después de un presunto intento de golpe, y después a Argentina.
En 2024, Joe Biden estaba firmemente apoyando a Zelenski en Ucrania y Milei era una figura emergente que, no me canso de decirlo, desde la primera presidencia de Perón —y basado en mi experiencia de trabajar diez años en el Washington Post y en Los Angeles Times—, es la primera vez que un presidente argentino tiene tanta atención a nivel mundial. Entonces, a Rusia le interesaba romper la alianza que tenía con Zelenski.
Cuando me entero de que este consorcio estaba trabajando en una nota sobre Argentina, me pongo en contacto con ellos, me ofrezco a colaborar y me aceptan. Comparten los documentos y había una fecha de publicación mundial que era el 26 de marzo. Yo les pido retrasarla porque el 24 de marzo es una fecha clave en Argentina. Finalmente se publica el jueves. Lo cuento porque algunos decían que lo hacía para tapar el tema de Adorni, pero en París y Londres no tenían idea de eso. Es una programación global. Vos sabés lo que pienso del periodismo: las fichas tienen que caer donde tienen que caer. Es bastante difícil hacer buen periodismo como para preocuparnos por la utilización política de nuestro trabajo.
Me sorprendió cierta fragilidad de esas notas, difíciles de resultar verosímiles. ¿Cuál es tu evaluación respecto de la capacidad de producir daño, independientemente de la intención de hacerla?
Eso es muy interesante. Lo hablaba con Julio López, el experto informático, que decía que parecía una tercerización bastante berreta. Nosotros citamos a Martín Becerra, que viene siguiendo las operaciones del grupo Wagner, y él decía que la especialización de ellos es sembrar caos, confusión y desconfianza hacia las instituciones.
Entonces, que nos estemos preguntando esto, que hayan salido estos catadores que pareciera que tienen un tarifario para las operaciones de inteligencia porque les parece poco 300.000, no sé cuánto se cotiza una operación de inteligencia de desinformación y propaganda en Argentina, pero hay gente que parece saber mucho más que yo porque le resulta insuficiente la cifra. Yo no sé si lo que quisieron hacer es venir acá, poner 300.000 dólares para ver qué tan fácil es o no penetrar la Argentina y si en 2027 pensaban poner 20 millones.
Yo no sé, como decís muy bien vos, esto creo que es apenas la punta de otras cosas que es muy difícil conocer.
Lo que sí sé es que es muy difícil conseguir documentos de inteligencia. Y, como en toda filtración, lo importante no es el documento. Lo importante es lo que se puede corroborar. Entonces, lo importante, al igual que en la filtración del Lago Escondido, en ANDIS, en el avión de Adorni y en los documentos de $LIBRA que retenía el fiscal Taiano, no es solo lo que dice el documento. Es si la información se puede comprobar. Se pueden corroborar las llamadas de Milei. Se puede corroborar el viaje de Adorni con registros de vuelo. Se pueden corroborar las coimas de ANDIS con evaluaciones de proveedores. Se puede corroborar lo del Lago Escondido más allá de los chats, porque están los vuelos y las dádivas.
Entonces acá se puede comprobar, más allá del documento, que existen notas truchas y notas por gente que no existe. Y vos me decís: “Bueno, si se cuela una o dos, puede pasar, pero si son 20 es difícil pensar que nadie se dio cuenta”.
¿Encontrás entonces en esa especie de registro posterior alguna conjetura respecto de por qué en determinados medios con más facilidad pudo haber 20 notas de ese tipo y en otros ninguna?
Mirá, en otros ninguno, creo que tiene que ver con el profesionalismo del medio. No quiero decir que porque se logró colar alguna nota descalifique al medio, pero a todos nos ha pasado.
No, pero como decís, son 20, evidentemente en ese caso no es una excepción, no es un error.
Me parece que por ahí no es lo mismo tener un empleado infiel, si querés, que mete una nota, pero ya cuando son 30 no sé si simplemente se lo puede echar. Dicho sea de paso, no sé qué investigación interna harán los medios, pero me parece que ningún medio se hizo responsable ni hizo ninguna autocrítica. Las primeras noticias que tenemos son de sanciones, persecuciones o amenazas a los periodistas por parte de las patronales y no de los medios diciendo: “Bueno, acá hay factores…”, esos debates que siempre vos querés promover, la precarización de los medios.
¿Qué hacemos ante una realidad tecnológica donde las noticias son gratis? Donde cuando nosotros empezamos a trabajar había correctores, cada nota pasaba por tres o cuatro editores y ahora eso es imposible. Es mucho más difícil chequear la información, hay mucha más información dando vueltas. El trabajo de los periodistas cada vez es menos salir a buscar información y más curar información que la gente genera con sus celulares.
No encuentro una línea ideológica solamente. Digo, porque medios como Infobae o como El Destape tienen una ideología, pero también son medios que buscan cantidad y clics, buscan audiencia masiva.
Absolutamente. O sea, lo que yo pienso es que ni loco, porque se dicen cifras entre 300 y 3.100 por nota. Yo estoy seguro de que vos te morirías por pagar 3.000 pesos por nota a tus periodistas y es imposible. Entonces, si yo soy ruso y sé que estos medios tienen que subir 300 notas por día, creo que te las suben gratis. Te traigo 30 notas con contenido de interés para tu público, que siguen tu línea periodística, y me las publicás si son buenas.
¿Qué necesito pagarte 300 para que me publiques una nota? En el periodismo es al revés: vos le pagás al periodista para que haga una nota, no el que trae la nota te paga a vos para que se la publiques.
O sea, lo que tienen en común, para compartir con la audiencia, son medios que producen mucha cantidad de información y buscan el click, es decir, buscan audiencia masiva. Entonces terminan cayendo.
Entonces, si soy ruso, conociendo esta realidad de la Argentina y la precariedad, me guardo la plata y le hago la rendición de cuentas al Kremlin diciendo: “Me gasté tanto” y me quedo con el resto.
De los editores con los que hablamos, uno solo nos admitió que le pagaron 80.000 pesos por publicar las notas y otro nos dijo que los periodistas habían cobrado 20.000 pesos la nota, porque era más fácil que hacer un arreglo con el medio. Y los demás editores con los que hablamos, todo esto en off, porque eso también es raro.
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Acá es como que muchos se escudaban en esa respuesta, “de mi vida privada no hablo”. Hubo desde el insulto hasta respuestas muy buenas, pero muchos se refugiaban en ese silencio.
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