ENTREVISTA EXCLUSIVA

Gabriel Rubinstein: "Si Massa es el candidato, el mercado creerá que la devaluación será del 30% y si fuese Kicillof, del 100%"

El ex viceministro de Economía repasó los entretelones de la gestión junto a Sergio Massa y comparó el orden macroeconómico de los 2000 con el panorama actual. Además, analizó las dudas que genera la oposición en los inversores, el impacto de la sequía en el programa fiscal y los condicionantes económicos que marcarán la carrera electoral.

Gabriel Rubinstein: "Si no hubiera elecciones habría devaluación" Foto: NA

Durante la entrevista en Modo Fontevecchia, por +PerfilRadio Perfil (AM 1190), Gabriel Rubinstein, ex viceministro de Economía durante la gestión de Sergio Massa, repasa los entretelones de la política económica del último tramo del gobierno del Frente de Todos, las tensiones internas dentro de la coalición y las razones por las que se desbarató el plan inicial de estabilización macroeconómica, fuertemente afectado por la sequía histórica y la coyuntura electoral.

Asimismo, Rubinstein analiza la percepción que los mercados financieros mantienen sobre las distintas vertientes del peronismo, marcando un claro contraste entre las dinámicas que generarían eventuales candidaturas de Sergio Massa o de Axel Kicillof. Por último, ofrece un diagnóstico sobre la marcha del programa de Javier Milei, advirtiendo sobre las contradicciones entre una macroeconomía ordenada y el estancamiento de la actividad industrial y el empleo de cara a las próximas elecciones.

Gabriel Rubinstein es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeñó como secretario de Política Económica de la Nación entre agosto de 2022 y diciembre de 2023 durante la gestión de Sergio Massa, bajo la presidencia de Alberto Fernández. Fue miembro del Grupo Negociador con el Fondo Monetario Internacional y participó en la renegociación de la deuda pública entre 2002 y 2005. Actualmente es el director general de IAR Consultora, firma especializada en economía, negocios y finanzas que es referente en el relevamiento de expectativas de mercado del Banco Central.

Gabriel, muy buenos días. Jorge Fontevecchia, un gusto volver a hablar con vos. Recién Ruckauf planteaba que él se imaginaba a Sergio Massa como el mejor candidato tanto de Cristina como del peronismo, reeditando lo que él imaginaba que fue el debate del balotaje de 2023 entre ambos. Y planteaba que Massa podría ser quien mejor fiscalizara todo aquello que en el debate anterior Milei prometió y luego no cumplió. Al mismo tiempo decía que Sergio Massa ya estaba planteando un modelo económico distinto al que había llevado el kirchnerismo en su momento, pero que las circunstancias político-económicas no le permitieron implementarlo. Me gustaría una reflexión tuya, dado que fuiste el viceministro de Economía de Massa: si es así, si el plan económico que tenían era bien distinto al que la gente imaginaba como un plan kirchnerista, que es el que también se imagina que representa Axel Kicillof.

Bueno, ¿qué tal? ¿Cómo te va? Mirá, cuando entré al gobierno entré con un plan que en esencia era ir hacia la macroeconomía de Roberto Lavagna entre 2002 y 2005, parte con Eduardo Duhalde y parte con Néstor Kirchner. Esa era una economía con superávit fiscal del 3% del PBI aprobado por el Congreso todos los años; era una economía con inflación muy baja, del 5% al 6% anual; con tasa de interés del 6% anual y con crecimiento del 6% anual también. O sea que era una economía muy pujante, con bajísima inflación, con alto superávit fiscal y con apertura externa: no había restricciones externas. Lo que pasa es que el dólar estaba alto. Entonces era más fácil para todos, con un gran boom de las industrias y de la construcción porque el tipo de cambio real estaba alto. Pero esa macroeconomía yo creo que es superior a la actual, y era una macroeconomía con la que Massa estaba de acuerdo. Él había participado en su momento desde la ANSES, entonces estaba completamente de acuerdo en ir hacia allí. Incluso consultaba y tenía reuniones con el ministro Lavagna, quien además dio el visto bueno para que yo fuera a acompañar a Massa. Estaba todo dado, lo único es que había una estrategia más gradualista. Es decir: el déficit lo bajamos gradualmente. La idea era bajarlo a dos puntos y más tarde a cero. En el presupuesto para 2024, de hecho, se contemplaba superávit. Pero era una estrategia más gradualista; yo quería una estrategia más de shock al principio porque pensaba que lo otro era insuficiente. De todas maneras, era un gran avance. Pensá que Cristina, que lo había echado en parte a Guzmán porque quería hacer un mínimo ajuste fiscal, finalmente terminó avalando el ajuste fiscal que estábamos ejecutando. Eso se interrumpió básicamente por la sequía, que nos sacó un punto de déficit —nos agregó déficit por un punto—, nos aumentó la brecha y nos creó un descalabro externo. Después vinieron las elecciones, o sea que no hubo tiempo de reacción. Pero, en realidad, la política económica que en su momento Massa había aceptado era una política más parecida a la de principios de los años 2000 que a la política de Cristina. De hecho, Cristina estuvo en las antípodas de lo que hizo Néstor al comienzo. Porque Néstor también empezó a desviarse después, pero Néstor tenía, para mí, una intuición de la macroeconomía muchísimo mejor que la de Cristina y hubiese reculado a tiempo, creo; pero bueno, falleció. Él exprimió al máximo la economía, pero tenía la noción de que era muy importante acumular reservas en el Banco Central y tener superávit fiscal. Cristina no. Cristina perdió 40.000 millones de dólares de reservas por el déficit fiscal y por la falta de financiamiento, y la macroeconomía se hizo un desastre. O sea, pasamos de una macro súper ordenada a una macro desastrosa.

Gabriel, vos me decías que Cristina estaba de acuerdo con la reducción del déficit fiscal después de haber echado a Guzmán por lo contrario...

No sé si estaba de acuerdo, nunca tuve oportunidad de hablar con ella. Quizás no estaba de acuerdo con lo que se estaba destruyendo. Se hablaba de que Alberto Fernández se iba en helicóptero y Massa hizo un takeover e impuso condiciones. Cristina no obturó; en ningún momento yo vi que hiciera una política obstructiva para ejecutar la política económica. En todo caso, tuvo una política obstructiva antes. Pero en el último año, desde que agarró Massa la conducción —que fue una conducción muy amplia, a partir de un Alberto Fernández bastante ido del gobierno con sus propios problemas—, de alguna manera Massa hizo una especie de takeover y Cristina lo aceptó, quizás resignadamente, porque veía que si no había una crisis galopante. Después las cosas no terminaron bien, pero ahí se mezcla lo electoral. Creo que tenemos que hablar de la influencia negativa que tuvo el triunfo de Milei en las PASO, sumado a una sequía que fue horrible. Expreso la influencia negativa de Milei con un solo dato: cuando Macri le ganó a Cristina en las elecciones, el dólar bajó 10%; cuando Milei ganó las PASO, el dólar subió 20% en dos horas. El mismo domingo subió 20%. Fue una influencia negativa porque Milei venía a dolarizar sin dólares y eso creó una sensación muy negativa en los mercados. O sea que vino un liberal pero, en vez de influir positivamente como lo hizo Macri —que ayudó a terminar bien el mandato a Cristina porque había una expectativa positiva de que venía alguien pro mercado—, acá vino un liberal que alteró los mercados.

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Podemos agregar también, Gabriel, que cuando Alberto Fernández le gana a Macri y comienza un crecimiento del precio del dólar, Alberto Fernández salió a decir que el dólar al precio que estaba en ese momento —que era 60— estaba bien, frenando la corrida; mientras que cuando Milei gana las elecciones, dice que «el peso es un excremento». Entonces, no solamente está el resultado de las elecciones, sino lo que hace cada uno después del resultado.

Para la economía y para Macri fue un desastre, porque lo obligó a poner un cepo. Se venía una cosa más estatista, él quería un dólar más alto... Fue todo negativo. Cuando ganó Alberto Fernández las PASO, venía Cristina atrás de él, entonces fue un desastre. Ahora, cuando gana un liberal se supone que las cosas mejoran, como pasó con Macri cuando le ganó a Cristina; pero acá ganó Milei y las cosas empeoraron. No solo por eso, pero al principio sí. Después vino el «Plan Platita» que, entre paréntesis, las dos medidas principales las votó Milei en el Congreso, aunque él quizás se desentienda de eso. Más allá de eso, creo que si bien Massa es súper pragmático y a veces puede ser difícil saber lo que realmente quiere, estuvo de acuerdo en avanzar hacia la política de la gestión Lavagna, con los elementos que te digo. Y cuando pedíamos ayuda a Estados Unidos, era permanentemente para levantar el cepo. Todo el tiempo dijimos: «Si ustedes nos ayudan, nosotros levantamos el cepo». No podíamos hacerlo solos porque devaluábamos, generábamos más inflación y no podíamos frenar la corrida. Al final fue lo que pasó: se devaluó en un momento muy negativo. Había que haber devaluado en noviembre de 2022 y se estiró todo por distintas razones. Se devaluó mal y tarde. Nunca tuvimos la ayuda de Estados Unidos para poder hacer una devaluación exitosa y terminar con el cepo. Pero de alguna manera estaba la idea de que hay que terminar con el cepo, con las restricciones cambiarias y con el déficit fiscal. Eso es algo que teóricamente él siempre compartió. Después, en el día a día se pospuso la devaluación y hubo dificultades con el tema del déficit, más que nada por la sequía. Si te fijás, el déficit terminó en 2023 en 3% del PBI. La meta convenida con el Fondo era del 2%. Uno podría atribuir todo el desvío al efecto de la sequía, y el efecto del «Plan Platita» se compensó con otras medidas restrictivas. No había mucho para hacer porque no podías reemplazar los recursos perdidos por la sequía con otra cosa: no podías ni aumentar impuestos ni bajar gastos de la noche a la mañana. Ese es un poco el contexto general.

Cuando uno le pregunta a Kicillof sobre sus propias políticas económicas, él dice: «Miren lo que he sido yo como gobernador: siempre he tenido los sueldos al día, nunca tuve la necesidad que tuvieron otros gobernadores de contar con el auxilio del gobierno nacional —que además en este caso era adverso a él— y siempre respeté los contratos». Mi pregunta es: los dos años de Kicillof como ministro de Economía de Cristina Kirchner —así como vos decías que una cosa fue el gobierno de Néstor Kirchner en materia económica, aunque al final empezó a perder el equilibrio fiscal, pero que Cristina lo potenció muchísimo más—, ¿marcan alguna tendencia o diferencia que permita inferir en ese pasado un eventual futuro?

Si lo permiten inferir, sería medio negativo. Yo no veo que Kicillof haya hecho nada como ministro de Economía para cambiar la tendencia. Incluso minimizaba en ese momento la importancia de las cuentas fiscales ordenadas y ponía como ejemplo a Estados Unidos, diciendo que tenían un déficit mucho mayor, análisis que no aplicaban a la Argentina. Yo no tomaría como una buena experiencia la de Kicillof. Ahora no sé cómo piensa él; a lo mejor piensa que efectivamente hay que tener equilibrio fiscal, no lo sé. La verdad es que no lo he escuchado hablar de lo que piensa hacer en materia macroeconómica. Sé que habló de que la deuda no era sustentable, no sé si se refería a la deuda privada o a la deuda con el FMI, pero en todo caso siembra dudas. Con el discurso que conocemos hasta ahora de Kicillof, si él tiene chances de ganar, los mercados van a reaccionar mal porque van a tener miedo de que vaya hacia el déficit y de que haya problemas con la deuda; va a subir el dólar y va a subir el riesgo país. Por ahí mañana cambia, pero él no presenta una alternativa diferente. Creo que su gestión fue una inercia de lo que venía pasando en la economía; no hizo un golpe de timón hacia el superávit y los problemas se acentuaron: los problemas con la energía, la necesidad de dar subsidios... Él mantuvo la política de subsidiar el consumo de energía a niveles altísimos y eso generó un aumento del déficit fiscal de tres puntos del PBI, porque los subsidios pasaron de ser poca cosa a algo súper importante. Y él no hizo nada para cambiarlo, uno lo ve pasivo. Habría que hablar con él para que pueda defenderse y explicar los líos con YPF y demás, pero estuvo pasivo en ese período y no cambió el rumbo de los acontecimientos.

En ese sentido, ¿creés que si el candidato en las PASO no fuera Kicillof sino Sergio Massa, los mercados reaccionarían diferente? ¿O la aversión al peronismo irradia lo suficiente para que los mercados reaccionen de la misma manera? ¿Es distinto para los mercados que el candidato del peronismo sea Massa o Kicillof?

Creo que es distinto, pero creo que Massa arrastra un problema de credibilidad que en parte se atribuye al «Plan Platita». Si bien en la práctica el efecto negativo del «Plan Platita» fue de 0,6% del PBI, si bien también lo aprobó Milei y si bien se contrarrestó con otras cosas, él quedó marcado con eso. Queda la duda de si Massa va a ser suficientemente responsable fiscalmente. Ya sabemos que Milei es fiscalmente responsable y lo demostró; en cambio, con Sergio la duda va a estar. No veo que el mercado reaccione bien, pero muchas más dudas generaría Kicillof. Massa puede generar algunas dudas, pero Kicillof hoy representa muchas dudas. Los mercados reaccionarían mal ante los dos, pero peor con Kicillof. Además hay una cuestión: como buena parte de la población y de los ahorristas argentinos —incluyendo los que apoyan a Milei— perciben que el dólar está bajo, no cuesta mucho comprar dólares «por las dudas». No hay mucho para perder ante la posibilidad de que gane alguien que no sea Milei, ya sea Kicillof o Massa. Pensás: «Si gana Massa por ahí devalúa un 30%, si gana Kicillof por ahí devalúa un 100%». En todos los casos pierdo plata si me quedo en pesos, entonces me conviene pasarme a dólares. Eso genera corrida cambiaria y una situación de mercado muy mala, excepto que Milei sea el claro favorito. Cualquier opositor —incluso si fuera Brito, Haddad, Zamora o quien vos quieras— despertaría en los mercados cierta inquietud. No cuesta mucho defenderse comprando dólares por las dudas; no tenés mucho para perder y, en cambio, si te quedás en pesos sí podés perder mucho. En condiciones de dólar bajo y sin reservas en el Banco Central, eso induce a la gente a un cambio de portafolio en la previa electoral si es que Milei no es el claro favorito.

Gabriel, ¿y cómo imaginás que llega el gobierno con su economía a julio del año próximo? Imaginemos unas PASO en agosto. ¿Dependerá mucho de cómo llegue la economía de Milei a julio del año próximo? ¿Cómo lo imaginás?

Me imagino un panorama un poco mejor que el de ahora en el sentido de que haya algo de crecimiento, un aumento del 2% del PBI en un año; pero básicamente como está ahora: con la industria y la construcción mal, con Vaca Muerta bien, con la sensación de temor a perder el empleo en mucha gente porque ve que las empresas no andan bien. Con la inflación más bien baja; si no hay un episodio cambiario, la inflación debería acercarse un poco más hacia el 1% mensual, aunque hoy esté en 3%, 4% o 5%. Pero con eso no alcanza, porque aunque el salario real gane un poquito, no es mucho. Es una economía bastante parecida a la actual. No veo que venga ningún boom económico, pero tampoco veo un deterioro. Llega más o menos como está ahora: con un poco menos de inflación, la sensación de que la actividad no toma vuelo, y con solo algunos pocos sectores andando bien mientras el resto anda mal.

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El Producto Bruto está creciendo este año y la inflación empezó a bajar después de haber subido en los primeros meses del año. La macroeconomía luce razonablemente ordenada. Sin embargo, la calidad de vida de la gente empeora porque los salarios son menores, porque se consumieron el stock de ahorro o de deuda y no se pueden volver a endeudar, o peor aún, no pueden pagar la deuda que tienen. ¿Es posible un escenario donde se mantengan estas estructuras macroeconómicas actuales con otro crecimiento del 2% —que dicho sea de paso es menor al previsto para este año, porque dos veces tuvieron que rebajar el pronóstico de crecimiento—, pero con la situación de la mayoría de la gente empeorando?

Sí, puede coincidir. Cuando ves el EMAE o la actividad del PBI, ves sectores que traccionan mucho y a los que les va muy bien, esencialmente Vaca Muerta y un poco de minería, pero hay otros que van mal. Por ejemplo, la industria perdió 10% de empleo mediante horas trabajadas en tres años. Considerando eso más el crecimiento de la población económicamente activa, perdió 10% de horas trabajadas. En la macro total se perdió 1%, lo cual es bastante leve dentro de todo, pero en el sentido de que es una economía estancada en cuanto a la creación de mano de obra. Vos podrías tener una economía pujante que cree muchísima mano de obra en la industria y en la construcción; aun si los salarios reales no crecieran mucho, crecieran poco o se mantuvieran igual, el hecho de que hubiera más consumo generalizado por mayor empleo aumentaría la sensación de cierto bienestar. Pero a la gente le va a seguir costando llegar a fin de mes porque las facturas de gas, luz y transporte han aumentado, entonces el ingreso disponible ha bajado. Eso genera cierto malestar. Eso solo puede revertirse si la economía crece pujantemente, y esta economía no es pujante. Estamos a la espera de que Vaca Muerta empuje, de que empuje la minería, la inteligencia artificial y todo eso; pero todo eso está por darse. Por ahora no empuja el empleo; de hecho, en minería está cayendo. Cae más el empleo por los pozos petroleros viejos que se desactivan que lo que suma Vaca Muerta. En términos de empleo estamos mal. Es una economía que tiene esas contradicciones y pueden coexistir. El tema es si políticamente la gente lo banca o no, o si compra el relato de que viene una tierra prometida o dice: «Me parecen que me están engatusando, no veo claro el horizonte y no me gusta lo que hay». Esas cosas se dividen en las urnas. El gobierno bajó la inflación, que es algo que a la gente le importa, pero no va a poder exhibir una economía robusta. Por supuesto, el que venga tiene que ofrecer un orden macroeconómico. Porque si va a asustar a la gente, va a haber mucha gente que va a votar a Milei con tal de que no venga un lío macroeconómico o una crisis. El gobierno puede jugar con eso: si viene Kicillof, tienen que instalar la idea de que va a ser un desastre. Si Kicillof no logra cambiar esa idea, mucha gente va a votar a Milei para que no haya una crisis. Eso puede pasar.

Exactamente.

Como le pasó a Menem con el tema del «voto cuotas», donde la gente decía: «No quiero cambiar porque tengo que pagar las cuotas». La gente se pone conservadora y por eso no vota en contra.

Gabriel, como siempre, muy didáctico. Muchísimas gracias, te mandamos el abrazo cariñoso de siempre y nos vemos dentro de poco en algún evento.