Jaime Durán Barba: “Como latino no me gusta el bombardeo a Venezuela”
La intervención de Estados Unidos, cuestionada por su violación al derecho internacional y su enfoque en intereses estratégicos, altera la correlación de fuerzas en la región. Aquella dinámica repercute en las elecciones de países vecinos, influyendo en la percepción ciudadana y en los equilibrios políticos.
La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, con la captura del presidente Nicolás Maduro durante la denominada “Operación Determinación Absoluta” el 3 de enero, fue criticada como una violación al derecho internacional y un acto de agresión que altera los equilibrios de poder en la región. Ante un contexto de elecciones clave hacia 2026 y polarización creciente, el consultor político y asesor de imagen Jaime Durán Barba advirtió en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) sobre sus consecuencias en la opinión pública y elecciones futuras.
El consultor político y asesor de imagen ecuatoriano, Jaime Durán Barba, es considerado uno de los fundadores de la consultoría política en América Latina. Se desempeñó como asesor de líderes como Mauricio Macri y otros candidatos en América Latina, dirigente campañas electorales y publicado varios libros sobre estrategia y comunicación política. Además, fue secretario de la Administración Pública en Ecuador y colabora como columnista en medios como Perfil.
Impresionado por el título de tu columna en Perfil, planteando que los venezolanos son también humanos y haciendo todo un análisis sociológico sobre la condición humana, y cómo, más allá de lo que pueda ser aparente, finalmente lo humano influye en las decisiones. Me gustaría que vos compartieras con nuestra audiencia audiovisual tu tesis respecto de por qué es tan importante no olvidar nunca que los votantes son humanos.
Mira, yo creo que, desgraciadamente, el tema Venezuela polariza tanto que no se ven matices. No tengo duda de que la dictadura venezolana es algo repudiable. Yo nunca he respaldado en toda mi vida nada que se parezca a una dictadura militar. Creo que los militares no están para gobernar y someter a los civiles. En eso no hay, para mí, diferencia. Igual rechacé la dictadura de Videla que rechazo la de Maduro o la de Ortega. Dictadura militar es dictadura militar, y con eso se acaba la discusión. Pero siendo eso así y buscando siempre que la democracia funcione, hay que ver los matices.
Cuando la población masivamente está en contra de una dictadura, pasa lo que está pasando ahora en Irán. La población está masivamente, en ese caso, no solo contra una dictadura militar, sino contra Dios. El artículo segundo de la Constitución de Irán dice que Dios gobierna a Irán. La es un iluminado, pero cuando la gente masivamente está en contra, no hay Dios que valga. El régimen ese va a caer porque masivamente la gente está en contra.
Pasó lo mismo con Alemania cuando cayó el muro de Berlín. En ese momento había 220.000 efectivos de las fuerzas armadas alemanas comunistas y 380.000 soldados soviéticos en Alemania. Y, sin embargo, voló todo.
En Venezuela la cosa es compleja. Hubo una primera etapa de la revolución en la que Chávez contó con una enorme cantidad de dinero para hacer un montón de cosas: las famosas misiones que daban plata a quien estudiaba en la universidad, casas gratuitas amobladas repartidas por todo lado, dinero venezolano que salió para la política también en Argentina, Ecuador, Paraguay, todo lado. Hubo una cantidad de recursos descomunal durante el gobierno de Chávez.
Las fuerzas armadas de Venezuela en este momento son enormes, con una característica: no son fuerzas armadas normales, es un partido político armado. Son fuerzas armadas bolivarianas y defienden una ideología. Sumadas las fuerzas regulares, la milicia y la Guardia Nacional, son casi un millón de personas que no solo están armadas, sino que están convencidas de esa ideología. Eso es muy poderoso: un millón de personas es un millón de familias que mantienen esa postura, al menos mientras que la oposición no tiene ninguna capacidad de movilización.
El ataque del gobierno estadounidense a Venezuela es complejo. Yo tengo una mesa de sentimientos. Estoy muy contento de que haya acabado Maduro. Era un dictador realmente despreciable. Creo que peor que él, solamente Ortega en Nicaragua, que es ya el colmo de los colmos. Pero al mismo tiempo soy latinoamericano y siento lo que digo sobre los venezolanos: no me gusta que bombardeen América del Sur. Siento solidaridad como los otros latinos.
No olvidemos que los electores actuales son absolutamente volubles. Si María Corina Machado comete el error de entregar el Premio Nobel a Trump, va a lograr que mucha gente se pase de bando y va a fortalecer a una izquierda militar que eventualmente podría volver a ganar las elecciones. Entonces, el tema es muy complejo.
Mi impresión es que Trump está haciendo un estropicio en el mundo. Estamos de una guerra mundial. Está enfrentándose a la otra en Ironlandia, lo cual es una chifladura. Está intentando convertir en 51º estado de Estados Unidos a un país que es más grande que Estados Unidos, que se llama Canadá. Hay que ser conscientes de que estamos en la nueva sociedad de la cual estoy escribiendo y estudiando, en la que la gente se decide por detalles. La gente es sensible, participa y no obedece ciegamente como hace 20 años. Además de la fuerza militar que Estados Unidos ha desarrollado de manera alucinante, lo central es la comunicación. Si no hay buena comunicación política, lo de Venezuela puede terminar rebotando. No se puede pensar en la vigencia de una dictadura aunque tengan un manto democrático.
Comparás a Alemania Federal, Irán y Venezuela. En Alemania Federal, en el momento de la caída del muro del lado oriental había 250.000 soldados alemanes, 100.000 soldados rusos, y sin embargo la voluntad de la sociedad pudo más que todas esas fuerzas armadas, superiores entonces a las de Venezuela. Y en Irán, no solo reprimen las manifestaciones, sino que mataron ayer solamente a 500 personas, llevan más de 1.000, y sin embargo la gente sale a protestar. En Venezuela se dice que la mayoría que no apoya al régimen no sale a protestar porque tiene miedo. ¿Por qué los iraníes no tienen miedo y los venezolanos sí? Nos indica que hay más apoyo al régimen.
Definitivamente, es una cuestión cuantitativa y cualitativa. Quienes defienden la Revolución Bolivariana están intensamente comprometidos con eso, creen en ello fanáticamente. Los que votan por María Corina votaron por ella, pero su población es mucho más fluctuante. Si la intervención norteamericana no sabe comunicarse, se va a disolver y pasará a defender un relato más accesible a la gente. A la larga, la política y las elecciones se resuelven con lo que los antiguos llamábamos estrategia, y los estadounidenses en los últimos años llamaron contar una historia. La historia de los chavistas es proteger a los pobres. No digo que lo hagan, pero es su relato: protegemos a los pobres, defendemos la nación, defendemos Venezuela, estamos orgullosos de Venezuela. ¿Cuál es el relato de la oposición? Democracia, un concepto; derechos humanos, un concepto. Soy partidario fanático de esos conceptos, pero no transmiten sentimientos.
En este fin de año en varios países del mundo hubo cantidad de animalitos desesperados por los estruendos de los juegos pirotécnicos, porque a todos los seres vivos nos molesta que nos exploten cosas, que nos bombardeen el territorio. Somos solidarios con los más parecidos. Yo alguna vez en Suecia me metí en un lío descomunal con la policía por defender a un señor que me pareció latino, al que golpeaban. Era un peruano inmigrante ilegal. Terminé yo también en la comisaría porque no sabía ni quién era. Pero hay solidaridad. Me siento latino absolutamente, casi no hago diferencia entre ser argentino, mexicano o ecuatoriano. Soy latino y me identifico totalmente con esta forma de ver el mundo.
¿Cómo reacciono frente al bombardeo? Me asustan, me duele, no me gusta. Es la primera vez en la historia que Estados Unidos ha invadido un país sudamericano. La primera vez en el tiempo de la doctrina Monroe intervinieron países centroamericanos y hasta Panamá, pero nunca en Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina o Brasil.
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Todos los latinoamericanos están viendo esto, y lo comentaba ayer con un expresidente colombiano que es muy amigo mío: mira, si esto sigue así, puede influir en las elecciones; Colombia está al lado de Venezuela, los colombianos ven los aviones, ven mensajes rarísimos, “vamos a llevarnos todo el petróleo de Venezuela y administrar ese dinero”. Eso no les gusta a los latinos. ¿Por qué deben llevarse los recursos de un país latino y administrarlo ellos, obligando a comprar solo productos norteamericanos? Eso genera un problema a mediano plazo en Venezuela y un efecto inmediato en toda América Latina: crecerá un sentimiento antinorteamericano por una política que atropella el derecho internacional.
MV
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