Juan Negri explica por qué la guerra de Irán es el mejor ejemplo de la “diplomacia de la coacción”
El politólogo analizó el declive del multilateralismo y el surgimiento de una estrategia de negociación basada en la amenaza y la demostración de fuerza previa al diálogo. Advirtió que esta lógica redefine los vínculos entre Estados y condiciona la forma en que se resuelven los conflictos globales.
En un escenario de creciente fragilidad del orden liberal, la relación entre las potencias occidentales atraviesa una transformación estructural marcada por el desplazamiento del eje geopolítico hacia Asia y el debilitamiento de las instituciones multilaterales. Ante esta realidad, el politólogo Juan Negri sostiene, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), que el actual conflicto en Irán es síntoma de un nuevo paradigma global donde la amenaza directa y la fuerza personalista reemplazan al derecho internacional como principales herramientas de negociación.
El politólogo, docente e investigador argentino, Juan Negri, es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Pittsburgh y actualmente se desempeña como director de las carreras de Ciencia Política y Estudios Internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Se ha consolidado como un analista recurrente en medios de comunicación, donde aporta una visión académica sobre la política latinoamericana y los conflictos geopolíticos globales. Además de su labor docente en la UTDT y en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), publica regularmente artículos de opinión y análisis.
En un momento de tensión en la relación entre Gran Bretaña y Estados Unidos, el rey Carlos III está en Washington, Estados Unidos. ¿Cómo imagina el futuro de esa relación? ¿Es simplemente una etapa, una mala etapa mientras está el presidente Trump, pero finalmente las relaciones se van a recomponer, o significa un desinterés más de Estado de Estados Unidos respecto a Europa y su viejo aliado tradicional, Gran Bretaña?
Si llegara a haber un cambio de administración en Estados Unidos y en 2029 asume alguien del Partido Demócrata, es probable que mejore un poco la relación entre Estados Unidos y Europa. Pero me parece que hay algo muy estructural que excede a Trump y que incluso va a definir la política exterior de Estados Unidos en los años que vienen: para Estados Unidos, Europa Occidental ha perdido centralidad, geográfica e históricamente ya no es lo que era.
La preocupación geopolítica de Estados Unidos pasa por otro lado: Asia, los flujos de comercio mundial y la cuestión energética con China. Europa Occidental, insisto, donde forjó una alianza militar clave vía la OTAN, por supuesto en la época en la que estaba la Unión Soviética, ha perdido centralidad. Entonces, no es que se va a desarmar esa relación especial. Hay un vínculo histórico entre el Reino Unido y Estados Unidos, pero hay que tener en cuenta que el mundo está cambiando y que las prioridades también.
¿El distanciamiento progresivo de Europa, sumado al acuerdo del Mercosur y al Brexit, puede generar en Argentina alguna expectativa de recuperar las Malvinas en algún momento? En la medida que Estados Unidos haga realidad la doctrina Monroe, según la cual ninguna potencia no americana podría tener un territorio en América.
Yo creo que es una buena noticia que se esté discutiendo. En relación a este punto particular, que es la soberanía, es positivo que se estén ampliando las opciones, es decir, se ensancha la mesa, esa carta ahora está en el mazo.
Pero hay que tener en cuenta que esto es muy a largo plazo. Hay que quitarle a esta cuestión la típica dinámica trumpista de hacer amenazas, ser grandilocuente. Recordemos que en el mismo documento que filtró la agencia Reuters se habla de expulsar a España de la OTAN. Estados Unidos no puede hacer eso por sí solo, con lo cual hay mucho de trumpismo en ese texto: grandilocuencia, tono ampuloso, y hay que desbrozar para distinguir lo real de lo ficticio.
Entonces, lo que quiero decir es que es improbable en el corto plazo que Estados Unidos comience a apoyar a la Argentina en la cuestión de soberanía.
Sí es cierto que este deterioro del vínculo, esa pérdida de importancia, tal vez la aparición del Atlántico Sur como área clave del comercio —porque pensemos que con el deshielo del Polo Norte y del Polo Sur, zonas hasta ese momento innavegables podrían empezar a ser claves para el comercio mundial— puede hacer que las variables empiecen a cambiar, pero esto es muy lento. Nadie debería esperar en el corto plazo un cambio de paradigma.
Rusia y China colaboran con Irán, con tecnología y con armamento. Al mismo tiempo, Alemania considera que Irán está humillando a Estados Unidos. Estados Unidos está perdiendo la guerra. ¿Cómo reconfigura la geopolítica mundial y hasta qué punto implica una derrota verdadera para Estados Unidos?
Tengamos en cuenta que puede ocurrir que Estados Unidos no logre cumplir sus objetivos en Irán. Puede ser que tenga que retirarse sin haber logrado lo que esperaba, pero esto es similar a cuando se analiza la guerra de Vietnam: Estados Unidos no se va derrotado, se va porque decide que los costos empiezan a ser muy altos y la opción es escalar el conflicto o retirarse. Sumado a eso, Estados Unidos tiene una bomba atómica e Irán no la tiene, con lo cual, si realmente quisiera derrotarlo militarmente, no tardaría ni cinco minutos.
No hay que confundir que no logre objetivos estratégicos con haber sido derrotado: militarmente no lo fue. Puede cansarse e irse, pero en el medio deja un país destrozado y la infraestructura iraní puede quedar destruida.
Ahora, en relación a lo otro, esta guerra muestra hacia dónde está yendo el mundo: un Estados Unidos preocupado por la disputa con China, por el abastecimiento de energía, Medio Oriente como área clave, y un nuevo estilo de diplomacia, la diplomacia de la coerción y la disuasión, en lugar de recurrir a organismos multilaterales. Invadir Irán, como también ocurrió en Venezuela, como tal vez ocurra en Cuba. Entonces, esto es más síntoma que causa.
¿Qué quiere decir la diplomacia de la coacción?
En un contexto en el que el orden liberal internacional se está erosionando, los grandes pilares del sistema —el comercio, la diplomacia, los organismos multilaterales, el derecho y la cooperación internacional— están en crisis, en decadencia.
En ese escenario vemos el surgimiento de una diplomacia personalizada, donde los vínculos personales son más importantes y uno parece negociar no con Estados Unidos, sino con Trump. Un ejemplo es el vínculo especial que tiene la Argentina: ¿es con el país o con el presidente?
Un diario británico advierte sobre una posible “nueva invasión” de Argentina en las Malvinas
En ese marco de deterioro del multilateralismo y del derecho internacional, aparece una estrategia de negociación en la cual amenazo, golpeo y después me siento a negociar desde una posición de poder. Venezuela, la amenaza de Groenlandia, Irán, Rusia con Ucrania: estamos en una diplomacia de la coacción, donde se ataca primero para negociar luego desde una posición de mayor fortaleza.
MV
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