Loris Zanatta: “Trump fantasea con una iglesia nacionalista norteamericana”
El historiador italiano analizó el vínculo entre Donald Trump y el Vaticano, advirtió sobre su influencia en los cónclaves y señaló diferencias profundas entre León XIV y Francisco.
El historiador, ensayista y académico italiano Loris Zanatta analizó el escenario político y religioso actual a partir del papado de León XIV y las tensiones globales que atraviesan al Vaticano. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que Donald Trump “fantasea con una iglesia nacionalista norteamericana” y lo describió como “un hombre que no tiene inhibiciones y no tiene un pacto con la realidad”. También se refirió al legado de Francisco, las continuidades y rupturas con el nuevo pontificado, y el impacto de estos cambios en Europa y en la política italiana.
Loris Zanatta es historiador, ensayista y académico italiano, considerado uno de los mayores especialistas europeos en la historia de América Latina, con un enfoque particular en la Argentina. Se graduó en historia contemporánea en la Universidad de Bolonia y se doctoró en 1992 en la Universidad de Turín, con una tesis titulada Del estado liberal a la nación católica. Es profesor de historia de América Latina en la Universidad de Bolonia, en Italia. Dirige el máster en relaciones internacionales Europa–América Latina en la misma institución.
En el caso nuestro, en la Argentina, al cumplirse un año del fallecimiento de Francisco, estamos haciendo un programa especial tratando de ver qué dejó su legado y cuál es la situación del papado hoy. Y lo primero que tengo para preguntarle tiene que ver con León XIV: si su visión, casi un año después de ser papa, tan actual en este momento en su confrontación con el presidente de su propio país, con Donald Trump, si finalmente Francisco, desde el cielo, estaría contento con León XIV, o si León XIV, de alguna manera, es continuador en algo de la doctrina de Francisco.
Entiendo el sentido de la pregunta. Yo creo que hay continuidad y discontinuidades. La continuidad está en cierto fundamento ideal. Me refiero al pedido de un mundo basado en valores de solidaridad, de multiculturalismo, de multilateralismo, de paz; esto, sin duda. Y las posiciones de León XIV sobre varios temas, especialmente económicos, sociales, políticos, de política internacional, geopolíticos, no se distancian de forma significativa de las de Francisco.
Hay también, sin embargo, yo creo, discontinuidades. En primer lugar, el bajo perfil de León XIV. Nosotros hoy lo vemos en la primera línea, no por su voluntad, sino porque fue Donald Trump quien fue, en realidad, a buscar el conflicto, como Donald Trump está buscando conflicto con todo el mundo. Y, a lo mejor, podemos profundizar la razón de este conflicto, pero, más allá de esto, ya que la pregunta era sobre continuidad y discontinuidades, ahora la continuidad de ideas y valores…
León XIV, tengo la impresión, sin embargo, que no se coloca dentro de un sistema de ideas como el de Francisco. Dentro del sistema de ideas de Francisco, que era normal, coherente, venía de una catolicidad típica del mundo hispano, que fue en la antigüedad una catolicidad de contrarreforma, la unidad de los países del sur del mundo, la unidad sobre temas económicos, ambientales, tenía un enemigo. Tenía un enemigo; uso esta palabra fuerte porque, en realidad, Francisco, como Papa y antes Bergoglio como arzobispo, y en todos sus cargos, siempre la utilizó: la palabra “enemigo”. Y la palabra “enemigo” era la civilización hija de la modernidad ilustrada. Siempre lo dijo. O sea, ahí había un sistema de ideas dentro de la idea de pontificado de Francisco.
No lo veo en León XIV, y es normal que no exista. O sea, es difícil imaginar a un papa que viene del mundo norteamericano organizar este sistema de ideas alrededor de una lucha en contra de la Ilustración, porque él también es hijo de la Ilustración. Entonces, no se lo imagina uno a León XIV pensando en una unidad de las grandes religiones, especialmente el cristianismo y el islam, contra el eterno enemigo, que sería el mundo secularizado. Y, de hecho, no es esta la retórica de León XIV; no es esta.
Puede ser, como estamos viendo, que tiene encontronazos contra los intentos de los poderosos de gobernar a través de la fuerza y no a través del consenso. Eso sí. Pero, repito, no le veo una filosofía de la historia que ve en la modernidad de tipo liberal el culpable, el gran culpable de los males del mundo.
Recientemente Trump dijo que León XIV fue elegido por él, desde su planteo narcisista. Supongo que él imaginaba que fue elegido para negociar con él. Uno podría considerar, desde otra perspectiva, o desde el Espíritu Santo o desde la voluntad de los electores en el cónclave, que podía ser importante un Papa norteamericano, como fue importante un Papa latinoamericano. Me gustaría su reflexión sobre lo dicho por Trump y, al mismo tiempo, si usted cree que hay alguna intencionalidad en el cónclave, si la hubo, de que era oportuno tener un papa norteamericano.
Dejando de lado las frases hiperbólicas de Trump, yo creo que hay alguna forma patológica. Es un hombre que no tiene inhibiciones y no tiene un pacto con la realidad; o sea, se va por su cuenta. Y, al ser el hombre más poderoso de la Tierra, asusta. A mí me angustia muchas veces. Pero, dicho esto, sí es probable que haya algo de realidad en esto. Todos sabemos que, ante los cónclaves, hay todo un gran retículo de negociaciones donde se meten los gobiernos también. Así que no me resulta demasiado raro.
Y a uno se le ocurre pensar que Trump está un poco fantaseando con una iglesia nacional norteamericana. No digo un desprendimiento, no digo una decisión formal ni nada por el estilo, pero es tan nacionalista, tan unilateralista, está tan convencido de que Estados Unidos tiene una misión divina de guiar el mundo, o sea, una visión escatológica y providencialista del rol del nacionalismo norteamericano, que a uno se le ocurre pensar que se piensa a sí mismo como el jefe de la iglesia norteamericana.
Todos los nacionalismos también en el pasado tuvieron alguna ambición así. En la Argentina se habló, en su momento, de la Iglesia nacional peronista, de una idea de un catolicismo peronista enfrentado con el catolicismo del Vaticano, y el conflicto se dio y fue bravo, como sabemos. Bueno, no me sorprendería que algo parecido estuviera pasando.
La posición de Meloni allí, defendiendo al Papa y tomando distancia cuando en el pasado parecía su principal aliada en Europa, tomando distancia de Donald Trump, ¿cómo se traduce en términos políticos dentro de Italia?
Lo primero que uno observa es, si me permites, lo bruto de la dirigencia norteamericana en este momento. Estados Unidos, o la dirigencia de Estados Unidos, hizo un enorme esfuerzo después de la Segunda Guerra Mundial para conocer al mundo. No lo conocía, pero hizo un gran esfuerzo. A Trump no le importa nada conocer el mundo. Entiendo; o sea, se sorprendió de que Meloni tomara distancia de él cuando él atacó al Papa. Pero esto significa no saber dónde está parado.
O sea, Meloni llegó al gobierno en Italia y sigue gobernando con un discreto consenso. No está en la cumbre de la gloria, pero gobierna con discreto consenso, prometiendo restaurar el principio de Dios y patria. A uno puede gustarle o no; a mí no me gusta mucho. Pero el presidente de Estados Unidos que le ataca al Papa la pone en una situación tan incómoda a Meloni que la obliga a tomar distancia si quiere conservar su relación con su propio electorado.
¿Cómo puede ser tan realmente bruto el presidente de Estados Unidos como para no entenderlo? Hasta ahora, Meloni intentó un equilibrismo muy complicado: ser aliada de Trump manteniendo su fidelidad a Europa, pero se le está volviendo casi imposible. Hoy, en Europa, ser aliado de Trump es un lastre. Las encuestas son muy claras al respecto. Los europeos, no solamente en larguísima mayoría detestan a Trump, sino que, peor todavía, lo consideran un enemigo.
Ahora, que los europeos consideren enemigo al presidente del país aliado de Europa nos da la medida del cambio que estamos viviendo. Ya lo vimos en el resultado de Orbán en Hungría. Tanto Putin como Trump hicieron campaña por Orbán y ganaron los europeístas. La derrota de Meloni en el referendo que tuvimos en Italia sobre la reforma de la justicia, de no ser aliada Meloni con Trump, no sé si terminaría de la misma forma. Realmente Trump es un beso de Judas en este momento en Europa, y, por tanto, Meloni está en una situación incómoda, debilitada.
A un año de la muerte de Francisco, muchas veces nos pasa que el paso del tiempo nos hace modificar pensamientos o nos acomoda determinados pensamientos. ¿Le cambió en algo la valoración del Papa Francisco?
Yo le he dedicado mucho trabajo, mucha investigación, he escrito mucho. Sería realmente de mi parte muy obtuso no pensar en esto. Al día de hoy, no, yo no he cambiado opinión, pero tengo la cabeza abierta. Me doy perfectamente cuenta de que, con lo que está pasando en el mundo, la locura que estamos viviendo, y la tremenda locura que estamos viviendo en muchos sentidos, entiendo perfectamente que muchas de las posiciones tomadas por Francisco, y que yo critiqué y que sigo criticando hoy, podrían parecer revalorizarse.
Pero es que yo pienso que el bandazo de locuras que estamos viviendo, en buena medida, no del todo, pero en buena medida, se debe también a que antes se difundieron posiciones como la de Francisco. Yo, en ese sentido, si lo miro en una perspectiva histórica, las posiciones tan cercanas a los populismos llamados de izquierda, las cruzadas antiglobalización, las cruzadas antiliberales, las cruzadas antioccidentales a las que estuvo vinculado Francisco tienen su cuota de responsabilidad en las locuras del otro lado que estamos viendo ahora. Esto sigue siendo mi posición. Es una posición entre muchas, por supuesto.
RM/ff
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