Ajuste social

“Milei con su odio irradia odio hacia abajo”, la dura definición de Valentina Bassi

La actriz puso en palabras una realidad que se vuelve cada vez más difícil de sostener: un sistema de discapacidad al límite y familias que quedan a la deriva. A partir de su experiencia, abrió una pregunta incómoda sobre el rumbo del Estado y el lugar que hoy ocupan los sectores más vulnerables.

Valentina Bassi Foto: Redes Sociales

El sector de la discapacidad en Argentina enfrenta en 2026 una crisis profunda, marcada por deudas con prestadores, protestas y reformas que impactan directamente en millones de personas. Ante ese marco, la actriz Valentina Bassi advirtió en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) sobre el colapso del sistema, denuncia falta de financiamiento, represión en las calles y una gestión que —según su mirada— favorece a las prepagas, y resumió su postura con una frase contundente: “Milei con su odio irradia odio hacia abajo”.

La actriz argentina de cine, televisión y teatro, Valentina Bassi, se hizo conocida en los años 90 por su participación en la televisión, especialmente en la tira Montaña rusa, y desde entonces construyó una carrera sostenida en distintos formatos, con trabajos tanto en ficciones populares como en proyectos más independientes. Además de su recorrido artístico, en los últimos años también tomó visibilidad por su militancia en temas vinculados a la salud, particularmente por el acceso al cannabis medicinal, a partir de la experiencia personal con su hijo.

Me gustaría que nos contaras la importancia que tiene la ley de emergencia en discapacidad.

Mirá, es lo que nos saca la soga del cuello. En estos momentos está completamente colapsado. El sector ya estaba colapsado el año pasado cuando empezamos a insistir para que esta ley se cumpla. Ahora está casi desmoronado el sistema de prestaciones básicas. Para darte un ejemplo, a principios de enero de 2024, para un transportista el nomenclador le alcanzaba para el 80% de la nafta; ahora le alcanza para el 35%. Y así está todo.

En las instituciones no tienen que cargar nafta. Cuando digo instituciones, digo escuelas especiales, sets, centros de día, hogares. No tienen que cargar nafta, pero tienen que dar de comer. Les daban el año pasado 3.000 pesos, en el caso de las escuelas especiales y los centros de día, tres comidas con 3.000 pesos. Ahora, con el aumento, 4.000 pesos tampoco alcanzan. Y además cortaron la cadena de pagos: cumplen mal, aplican mal la ley y cortan la cadena de pagos. Entonces es desastroso. Estamos en una situación de soledad absoluta.

A tu juicio, ¿por qué lo hacen?

Yo creo que seguramente es para hacer negocios, porque no es que el Estado se abandonó, no nos abandonaron, no es que el Estado está ausente. El Estado está muy presente, ahogando a las personas con discapacidad.

Los prestadores son las instituciones, los transportistas y los terapeutas, porque trabajan con un arancel. El Estado fija el nomenclador, lo que tienen que cobrar todas las instituciones, los transportistas y los terapeutas. Después se lo pagan las prepagas y las obras sociales. El Estado paga un 20% nomás, que es para los que no tienen ni obra social ni prepaga. Entonces no es costo, no tiene costo para el Estado. El sistema de prestaciones básicas no tiene costos para el Estado: tiene un 20%, muy poco, que es incluir salud para los que no tienen nada.

Entonces, lo que yo infiero es que el Estado está interviniendo en contra de las personas con discapacidad y de los prestadores, y en beneficio de las prepagas y obras sociales sindicales.

Ayer hubo un incidente nuevamente llamativo en la Plaza de Mayo.

La verdad es que están cada vez más picantes porque el año pasado no reprimían. Estuvimos todo el año en las calles, primero para que salga la ley, que se quedó trabada en la comisión de presupuesto durante un mes hasta que se logró. Después se vetó, y hubo que dar vuelta el veto. En diciembre se quiso derogar, lo que tiraron por la ventana cuando empezaron a tratar el presupuesto de este año. Hubo que volver a hablar con los diputados. El año pasado no hubo episodios de violencia y este año hicimos dos marchas, y en las dos hubo represión.

Hay chicos con síndrome de Down. Hay personas en sillas de ruedas, es muy conmovedor ver. Yo los invito a ver las movilizaciones porque ahí se ve lo que pasa. Ves a las mamás con los niños que tienen parálisis cerebral, en esas sillas grandes que no se pueden mover, subiendo el cordón, el esfuerzo que implica movilizarse para el sector. Y ahí están, ahí estamos, porque nos estamos quedando sin nada. Si cierra la escuela de mi hijo, me quedo sin nada. El miedo y la soledad son muchos. Entonces, que repriman eso, me hace preguntarme hasta dónde van a llegar. Es una ley que está judicializada. ¿Hasta dónde van a llegar? No lo sé.

Ayer hacíamos un informe del cabo de Gendarmería que está embargado, que fue el que disparó contra el fotógrafo Grillo el año pasado. Tratamos de reconstruir su historia personal: una persona que venía de Salta en la búsqueda de un mejor horizonte profesional, que había pasado 10 años en la Gendarmería. Parece una persona trabajadora y cumplidora de los cursos que tenía que hacer. Vive en el conurbano de una manera razonablemente modesta y tratamos de decodificar qué puede llevar a una persona de la fuerza de seguridad, cuánto está obligada, cuánto puede… Se cumplen 50 años del golpe, el famoso tema de la obediencia de vida. ¿Cuánto es finalmente arrastrado por ese tema, por tu experiencia de estar allí? Esas personas que le pegan a un discapacitado, ya me refiero al autor material. ¿Qué creés que le pasa?

Yo creo que hay de todo. Hay gente… los deben cebar mucho, yo supongo que los deben cebar. Y si no estás armado mentalmente, con salud mental, quizá decir “vamos, vamos”. Yo vi caras… a la de ayer no fui, a la otra sí fui, y veía caras de gente muy enojada que me miraba feo, y yo decía “este me está mirando feo”. Y otra gente que no.

En una de las manifestaciones el año pasado en la ANDIS, cuando fuimos a la ANDIS, que ya no existe más, había un policía y me dijo “yo tengo un hijo con discapacidad, no puedo estar acá, pero quise estar aunque sea 3 segundos”. Yo vi un policía y me asusté porque estaba con nosotros, y le dije “hola”, y me dijo eso. Me dijo “yo estoy acá” porque tengo un hijo con discapacidad. ¿Cuántas de estas personas que están empujándonos tienen hijos con discapacidad, sobrinos, y saben lo que estamos pasando? Yo creo que muchas. Me encantaría que lo empiecen a decir. No sé hasta qué punto pueden, tienen que conservar el laburo.

Me decías que se pusieron más picantes este año, y lo que pasó es que la ministra de Seguridad es otra; la que era ministra pasó a senadora y la reemplazó su segunda. ¿Le asignás alguna explicación a eso?

No, yo no creo, porque Patricia Bullrich era terrible. De hecho, lo que le pasó a Grillo fue bajo su mando y mil cosas.

¿No será más terrible la que tenemos ahora?

No será más terrible. Capaz sí. Yo igual creo que nos odian, que nos detestan. Hay algo que creo: logramos dar vuelta a un veto, ¿no? Los discas, las personas con discapacidad, un grupo re chiquitito de mamás con hijos con un montón de problemas, logramos dar vuelta a un veto después de miles de años que no sucedía.

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Yo creo que desde ahí empezó, me puedo equivocar, pero hay como una guerra. Yo no estoy en guerra, estoy defendiendo los derechos de mi hijo y lo voy a hacer siempre, porque mi hijo… qué uno no hace por un hijo. Pero no estoy en guerra, necesito que se cumpla la ley para que mi hijo pueda ir a la escuela y tenga un presente y un futuro. Yo creo que en guerra están ellos. Hay algo de este gobierno que le gusta la guerra, esa es mi sensación.

Además, hacen negocios, ¿no? Tampoco soy tan ingenua. El ministro de Salud, Mario Lugones, tiene una prepaga, tiene sus amigos con prepagas. Las grandes beneficiadas de todo este desastre son las prepagas y las obras sociales sindicales nacionales. Entonces siento que hacen negocios, sabemos lo de la corrupción de la ANDIS, encontraron una caja, pero además nos detestan.

Pero ese me parece el punto más significativo. Nos odian.

Y también te preguntaba no simplemente por los autores intelectuales, sino también los materiales. Es decir, hay una parte de las personas que los odia.

Yo creo que sí, que hay un montón de gente odiando a otro montón de gente, entre nosotros. Porque ese policía no es alguien que se está llenando de plata. Yo, así como en un rodaje cuando hacés cine, la personalidad del director baja increíblemente y todo el rodaje tiene esa personalidad: si es buena onda, hay un rodaje buena onda; si es mala onda, hay un rodaje así. Yo creo que en el país pasa lo mismo.

La personalidad, la impronta de un presidente baja a la gente. Y si un presidente está todo el tiempo destilando violencia, odio al otro, que todo es un curro, que todo es un choreo, maltratando a casi todos, eso baja y la sociedad empieza a absorberlo. Una sociedad que estaba enojada, sin lugar a duda, por algo votó a Milei. Votó una sociedad enojada, porque si no, ¿por qué votás a un señor que está diciendo que se vaya todo? Lo decía en la campaña, había votado en contra de la cardiopatía congénita. Uno decía: “che, alguien que vota en contra de lo más frágil”, daba muchos indicios del odio y la gente lo votó.

Yo creo que había un odio ahí y que se sigue consolidando. Esperemos dar la vuelta. Por eso siento que está bueno hacer el contrapeso, ¿no? Hacer la película presente continuo, que es puro amor, ir a las marchas desde el amor.

 

MV/ff