Podría decirse que la brecha entre la aspiración laboral y las oportunidades reales para las mujeres con discapacidad en la provincia de Córdoba es un abismo estructural. Así lo confirma el primer diagnóstico del proyecto “Empleo de mujeres cordobesas con discapacidad en el ámbito IT”, llevado adelante por la Fundación Por Igual Más. Apenas el 15% de esta población cuenta con un empleo formal.
El 85% de las empresas que las contrataron calificó la experiencia como “excelente”.
La investigación se basa en una muestra que se realizó en base a encuestas y entrevistas a 112 mujeres con discapacidad (92,8% con certificado único de discapacidad) en 10 nodos provinciales y 25 empresas (64% del rubro tecnológico). La mayoría de las participantes son mujeres con discapacidad motriz (35%), intelectual (24%) y visual (18%), entre otras, con una formación académica que denota vulnerabilidad: el 26% no completó la educación obligatoria y sólo el 14% alcanzó el nivel superior.
El informe presenta una paradoja: mientras el 85% de las compañías que han contratado a mujeres con discapacidad califica la experiencia como “excelente” y el 90% destaca una menor rotación y mayor lealtad corporativa, la mayoría de las organizaciones (64%) nunca ha incorporado a una mujer de este colectivo. “Hace más de cinco años que busco empleo. Tengo diabetes y epilepsia refractaria y debido a eso soy discriminada bruscamente en el ámbito laboral”, dice Nayla Bilavchik, de 29 años. “Ahora, gracias a los planes que invitan a la inclusión me siento conforme en mi vida laboral”, agrega.
La “triple barrera”
El estudio identifica una “triple barrera”: discapacidad, género y tareas de cuidado. La cuestión de género profundiza la exclusión: el 64% de las participantes percibe que ser mujer influye negativamente en sus oportunidades debido a estereotipos que las sitúan en el ámbito doméstico o las consideran menos capaces para entornos tecnológicos. Esta percepción se agrava con la discapacidad, identificada por el 91% como la causa principal de exclusión en los procesos de selección.
Melani, con discapacidad visual, cuenta que trabaja como artista. Ella pidió el resguardo de su identidad. Dice que es su única experiencia laboral hasta el momento, y asegura que es positiva. De todos modos, relata que intentó incursionar en otros ámbitos laborales, como atención al cliente, pero sin resultados. “La falta de experiencia y capacitaciones específicas ha sido un obstáculo para mí”, asegura.
La carga de cuidados es otra de las barreras. El 46% de las mujeres relevadas asume responsabilidades familiares, lo que limita su disponibilidad y las empuja a buscar sectores con flexibilidad horaria.
El sector IT como puente
Ante un entorno físico hostil, la tecnología aparece como la principal vía de escape del aislamiento, más aún en zonas rurales. El 85% de las encuestadas manifiesta su deseo de insertarse en el sector tecnológico y administrativo como una estrategia de independencia, ya que la virtualidad es una opción a la falta de transporte adaptado o a la inaccesibilidad de las oficinas.
“El interés del 85% en el sector IT refleja una búsqueda de sectores que permitan la flexibilidad horaria permitiendo a la mujer con discapacidad integrarse económicamente sin descuidar su rol de cuidado, transformando el teletrabajo en un facilitador de autonomía”, analiza el estudio. Sin embargo, muchas carecen de formación específica. Además, el 62% necesita equipamiento (PC o internet) y el 58% requiere cursos gratuitos con tutoría.
En tanto, la ubicación geográfica crea profundas desigualdades en educación, tecnología y empleo en las mujeres con discapacidad. En las ciudades, la principal barrera es la actitud y el prejuicio. El 60% refiere falta de accesibilidad edilicia.
Aunque hay más empleos disponibles, la discriminación aparece en la etapa de selección. “Cuando llego con el bastón a la oficina, la entrevista dura cinco minutos”, relata una mujer con discapacidad visual de la ciudad de Córdoba.
El 45% identifica el miedo de las empresas como la razón principal para no ser contratadas. “Cuando voy en silla de ruedas el clima cambia. Te dicen: ‘nosotros te llamamos’, pero sabés que es por el baño o por los escalones de la entrada”, relata una entrevistada. En definitiva: las causas que dificultan la consecución de un empleo son los prejuicios de los empleadores (68%), la falta de experiencia previa (54%), problemas de salud o discapacidad propios (42%) y falta de capacitación técnica (35%).
Cuestión de género
La cuestión de género profundiza las barreras de acceso. El 64% de las participantes percibe que ser mujer influye negativamente en sus oportunidades, identifica estereotipos que la sitúan predominantemente en el ámbito del cuidado doméstico.
Esta percepción se agrava al considerar la discapacidad: un 91% identifica esta condición como la causa principal de exclusión en procesos de selección. Los testimonios sobre el trato recibido se originan en el desconocimiento técnico para la integración y en enfoques asistencialistas. Esto explica por qué el 55% de las personas consultadas califica su experiencia de búsqueda como mala o muy mala. “No es que no pueda, es que no me dan la oportunidad de mostrar lo que sé”, dice una de las mujeres.
Un perfil productivo desaprovechado
El informe de la Fundación Por Igual Más desmitifica la idea de la discapacidad como una condición de pasividad. La población analizada está en plena etapa productiva, con un promedio de 33 años. En tanto, entre quienes no trabajan actualmente, el 40% lleva más de dos años desempleada, lo que indica una desvinculación de largo plazo del sistema productivo. A pesar de que el 72% tiene experiencia laboral previa —principalmente en servicios y tareas operativas—, la calidad de esa inserción es crítica: predomina la informalidad (44%) y la dependencia de planes estatales (22%). En ese sentido, el estudio apunta que esta precariedad se vincula directamente con la falta de accesibilidad física y comunicacional, ya que sólo el 38% de los entornos laborales previos fueron considerados totalmente accesibles. Además, apenas el 2% cuenta con herramientas digitales totalmente accesibles. Actualmente, 40 de las mujeres consultadas cuentan con perfiles listos para una especialización rápida e inserción inmediata en el mercado IT y administrativo.
Hacia un modelo de talento, no de asistencia
La Fundación Por Igual Más busca romper la lógica de la “integración por favor” para proponer un “reconocimiento legítimo del talento”. A través de su Modelo de Comunicación y Reconocimiento Legítimo de la Discapacidad (MCRLD), la organización trabaja en formación técnica y enlace laboral. El proyecto cuenta con el respaldo de las embajadas de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, además de alianzas estratégicas con sectores tecnológicos y organismos internacionales.