De la teatralidad al desencanto

"Milei es como un fantasma que se quedó en el pasado"

El escritor, Juan José Becerra, reflexiona sobre la metamorfosis del fenómeno verbal del presidente, el agotamiento del recurso del grito y el desencanto de una sociedad ante una narrativa que dejó de surtir efecto.

Juan José Becerra Foto: Gentileza Ed. Planeta

En esta entrevista con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Juan José Becerra a propósito de su libro Milei, fenómeno verbal. A lo largo del intercambio, Becerra desglosa las dinámicas del lenguaje que llevaron a Javier Milei al poder y analiza cómo el exceso verbal, tras funcionar como un potente dispositivo teatral de campaña, enfrenta hoy un proceso de desgaste.

Con una mirada aguda sobre la velocidad de la política frente al espectáculo, el ensayista plantea la hipótesis de un presidente devenido en "figura fantasmal" que predica en el desierto y reflexiona sobre el destino de un líder cuya búsqueda de la celebridad pareció encontrar en la Presidencia de la Nación solo una estación de paso.

Juan José Becerra es un escritor, ensayista, periodista y guionista, reconocido en la literatura contemporánea por su prosa afilada, su uso del humor irónico y una mirada sumamente crítica sobre la cultura, la política y la sociedad argentina. A lo largo de su carrera ha publicado 14 libros que abarcan novelas de gran pulso narrativo y ensayos punzantes. En mayo presentó su nuevo libro, Milei, fenómeno verbal: El político que se hizo a sí mismo hablando. Es un ensayo que propone un análisis crítico y literario del discurso del presidente, argumentando que su llegada a la presidencia se construyó de manera fundamental a través del uso de la palabra y la sobreexposición mediática.

Juan José, un gusto volver a hablar con vos. En el libro, Milei, fenómeno verbal, transformar la palabra «barrial» en «verbal» me parece un juego de lenguaje muy adecuado. Ahora, ¿cómo alguien convirtió el exceso verbal en una herramienta tan poderosa y si, como toda herramienta, su abuso termina destruyendo a quien la utiliza?

¿Cómo te va, Jorge? Un gusto. Bueno, estaba cantado, ¿no? Sobre todo ahora, que es un momento en el que empiezan a florecer las evidencias de que no tiene mucho sentido lo que dice el presidente. Tuvo un sentido prospectivo en la campaña de 2023, y yo creo que eso configuró una marca teatral que duró dos años. A partir de ahora estamos en el momento de la sobrevida de la marca, pero me parece que el problema técnico que tiene hoy el presidente es que ya no surte efecto lo que dice. Yo creo que, en primer lugar, porque está inspirado en la repetición; y después, porque me parece que hay como un desintoxicante. Hay un desinterés del público también por ese tipo de composición verbal que lo hizo vivir durante dos años en la cresta de la ola.

Uno de los temas que vemos en comunicación se refiere a una metáfora: gritar tanto ensordece a la audiencia. O sea, hay un punto en esto donde la escucha se retiró simplemente porque ya no queda tono en el cual llamar la atención. ¿Ya volvió sorda, por llamarla de alguna manera, a la audiencia con determinada altisonancia?

Yo creo que ahí hay como un desacople de los gritos. Porque en algún momento hubo una correspondencia entre su modo de vociferar y el modo silente —por decirlo de un modo metafórico— en el que la gente también exclamaba. Lo que ocurrió es que esa correspondencia se fue diferenciando, y ahora lo que tenemos es a una sola persona que grita. Además, a la gente que se ha quedado sin voz y a las otras personas que gritaban con él —e incluso gritaban lo mismo— las tenemos en silencio, porque lo único que pueden hacer esas personas es dar fe de que aquello que se postulaba no iba a tener o no tiene realidad material. Esa es una situación de desencanto, y en el desencanto yo creo que casi nadie grita.

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Dijiste otro axioma del mundo del entretenimiento —usaste la expresión «marca teatral»—: el primer pecado mortal es el aburrimiento, y el aburrimiento es el resultado de la repetición. El mago que hace dos, tres, cuatro veces el mismo truco deja de llamar la atención, se lo descubre. Finalmente, ¿era un repertorio acotado que no es autopoiético y que no tiene, como diría Kicillof, «nuevas canciones»?

Mirá, lo que vi observando un poco su jerga, su registro verbal —que es bastante amplio por lo que vimos—, es que él tiene una primera fase muy barroca, que es la fase en la que le cuesta hacerse entender. No sé si vos recordás, en los primeros programas él tenía dificultades para hacerse entender, como que fallaba en el minimalismo propio de quien quiere hacer una oferta política. Reducir esas montañas de conceptos, de ideas místicas y todo ese tejido bastante imposible de detectar el corazón que lo hacía latir... tenía esa dificultad. Pero en un momento él empieza a ser bastante inteligente en la reducción de esas montañas verbales y ofrece una ilusión que tiene todo para ser un cuento de hadas. Paradójicamente, como era lo imposible —porque creo que no había una oferta más imposible que la que él tenía en aquel momento—, eso prende en la sociedad. O sea que hay como un momento platónico de él en ofrecerle a la sociedad algo que la sociedad compra, ignorando que justamente era lo imposible lo que le ofrecía. A mí me llama mucho la atención siempre la inocencia de la sociedad, al margen de los  cálculos que tengan las personas del poder, incluso él, que por ahí en ese momento no tenía todo calculado. Me llama mucho la atención siempre la inocencia de la sociedad ¿Por qué la sociedad cree en un régimen de fe tan extremo que la aleja, de una manera también extrema, de lo que podría ser una solución material para la vida que lleva?

El conjunto de narrativas que conforman lo que se llama el relato kirchnerista, tuvo una vida de 12 años y luego una vida de otros cuatro, el propio Kicillof hablaba de nuevas canciones diciendo que se habían vuelto repetitivas o desgastadas, las canciones, o sea la narrativa del kirchnerismo. ¿Podríamos decir que la duración de la narrativa es directamente proporcional a sus logros concretos, y que el problema que tiene Milei no es que no tiene nuevas canciones, sino que las canciones de siempre tampoco se demostraron eficaces?

 Eso es cierto, pero también es cierto el carácter de Milei, su personalidad. Es una persona que nació para arder, entonces no cree demasiado en los procesos, en las unidades de tiempo prolongadas; tiene la ansiedad propia de las personas que no son de la política. Le falta esa paciencia. De hecho, le falta la paciencia para escribir libros, que es justamente la actividad más paciente. Lo que veo es que, en general, hay como un hartazgo por la hipertextualidad de la política; como si hubiese una especie de censura o de voluntad de censura, todavía no dicha, de la sociedad en tener que escuchar siempre discursos muy bien terminados, muy prolongados, muy exactos a la hora de ser pronunciados, pero que no tienen ninguna correspondencia con su vida. Entonces yo creo que la duración de los procesos tiene que ver: el kirchnerismo duró 12 años con su discurso porque está concebido como una fuerza política. Yo no sé si Milei —que es como un marginal de la actividad que desarrolla, de un modo indirecto diría, porque su actividad principal es el entretenimiento— pensó en algún momento que tenía que bajar la velocidad del curso de sus participaciones públicas en nombre de la velocidad propia de la política, que es mucho más lenta que él. Como no hubo acuerdo entre esas dos velocidades, creo que termina incendiándose. De hecho, me da la sensación de que lo que estamos viendo hoy de Milei ya ni siquiera es una figura agotada: es una figura fantasmal, está en el pasado. Eso independientemente de lo que él pueda durar a partir de ahora porque, viste cómo son las cosas en política, vos podés durar, pero también te pueden hacer durar. Me parece que está protagonizando una obra en un escenario que no fue el de los dos primeros años. Está en una situación de desorientación, tratando de aferrarse al discurso que lo entronizó y que produce la paradoja de no tener ningún efecto: ya nadie le presta atención. Es como la situación de la persona que predica en el desierto, un desierto que estaba poblado hace dos años nada más y en el que ahora no hay nadie, o casi nadie.

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Quedó en el pasado. Él tenía una frase al comienzo: «No la vieron». ¿Cómo asociar ese «no la vieron», que tiene que ver con el futuro, con «quedó en el pasado»? Encuentro cierta relación entre esas dos figuras: ¿él, que la vio antes, ahora no ve que se quedó atrás?

Lo que pasa es que no sabemos qué vio él. Tengo la sensación de que lo que vio fue una alucinación con efectos de realidad sobre él y sobre la sociedad que lo apoyó. Pero habría que detectar qué fue lo que vio.

Bueno, vio que podía ser presidente. Decía: él vio que podía ser presidente, lo que nos resultaba inverosímil a un montón de personas. Él vio esa posibilidad que nosotros no veíamos, la veíamos como algo imposible.

Bueno, eso sí fue un hecho posible, de hecho sucedió. Se mantuvo dos años de un modo, yo diría, bastante oxigenado. Pero eso es si la sociedad ve o no ve si él puede ser o no presidente. Evidentemente la sociedad lo vio, porque en ese momento fue razonable votar al «loco», lo digo entre comillas.

Puede ser sin comillas también, no hay problema.

Yo por las dudas le pongo comillas. ¿Sabés por qué le pongo comillas? Porque no sabemos cuándo él es él o cuándo actúa. Esa hibridación en sus intervenciones también es muy desorientadora para el espectador: cuándo representa lo que es y cuándo representa al personaje. Eso habla de su complejidad para leerlo, porque es un objeto nuevo, agotado, pero sigue siendo un objeto nuevo lleno de ramificaciones y de intervenciones en escenarios muy disímiles.

¿Y cómo imaginás a Milei dentro de unos años?

No sé... Yo imagino una ópera con él de protagonista, una ópera del desgaste. Todos sabemos lo que es una ópera y con qué conecta el género, con qué tipo de drama, con qué tipo de tragedias; hay una tradición en el género. Pero lo veo como aliviado, como olvidado del caso... Aliviado si puede atravesar esta selva, que es la selva de la desilusión. Quizá en su intimidad él también está desilusionado, no con él obviamente, sino con los demás. Lo veo como aliviado, consolidándose en su figura de personaje público global y entregando sus horas a eso. En el fondo era lo que quería. Esta selva que atraviesa —este año que le queda, pero todo el gobierno fue una selva que tuvo que atravesar, una selva de disgustos—... no sé si es un tipo que ha tenido alguna vez la vocación de ser presidente.

A ver, vos lo que decís es que la carrera de presidente es una estación previa necesaria para la de influencer mundial, que él tenía que hacer este trabajo para hacer lo que va a ser en el futuro.

Él quería ser una celebridad, y para ser una celebridad podés ser boxeador, músico, actor... Él llegó a la celebridad por vías indirectas, siendo presidente de un país. Eso es una cosa única que habría que estudiarla incluso desde esa perspectiva, para ver si hay algún antecedente: alguien que, para ser una celebridad, pasa por ser presidente, atraviesa ese malestar, ese disgusto...

¿Y no podés tener también una fama negativa, ser una celebridad negativa y convertirte en lo contrario de lo buscado?

Bueno, está el ejemplo de los estragos de vida de los que destruyen o de los que hacen algún tipo de daño, que tienen como esa electricidad negativa, pero eso no impide la consagración. De hecho, creo que la negatividad hoy es un valor.

Entiendo lo que decís. Los personajes públicos, en el sentido de la economía de la atención... Me acuerdo que en la matriz de virtudes de Nozick él planteaba el poder opuesto a la belleza: el ballet tenía mucha belleza y ningún poder; Hitler no tenía ninguna belleza y tenía mucho poder. O sea, la capacidad de hacer el mal es uno de los componentes, y probablemente una cuestión de época. ¿Y en la Argentina te lo imaginás pudiendo caminar por la calle, o cuando decís «celebridad internacional» es con una carrera fuera de la Argentina?

De la Argentina me imagino cualquier cosa, es como un país de la imaginación. Las cosas que pensábamos que no sucedían o que no iban a suceder nunca, suceden y seguirán sucediendo. Creo que en el campo de lo público hay como una intervención de las ficciones más profundas. Es muy difícil ver épocas razonables en la Argentina, me parece que es como un país fantástico. Y en ese esquema, en ese régimen, en ese territorio, cualquier cosa puede suceder. Por lo tanto, podría tranquilamente ser una persona que camine por la calle sin que nadie lo moleste.

Juan José Becerra, muchísimas gracias por esta entrevista que nos resultó inspiradora. Felicitaciones por el libro y nos mantenemos en contacto nuevamente en el futuro. Muchísimas gracias.

Gracias, Jorge, un abrazo.

 

MEG/MSS