Ricardo Forster: “Habermas definió que una democracia es conversación, lo opuesto a Milei”
Tras la muerte del filósofo alemán, el ensayista analizó su legado intelectual y político y advirtió sobre el deterioro del debate público en las democracias contemporáneas. “Si la democracia no reconoce al otro, no es democracia”, señaló.
El filósofo Ricardo Forster analizó el legado de Jürgen Habermas tras su muerte a los 96 años. Según explicó, el pensador alemán defendía una democracia basada en el diálogo entre posiciones diferentes y "creía que la desigualdad galopante atentaba directamente contra una democracia conversacional". En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), aseguró: “Habermas definió que una democracia es conversación, lo opuesto a Milei”.
Ricardo Forster es un reconocido filósofo, ensayista y docente. Es doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba y licenciado por la Universidad del Salvador. Se desempeña como profesor titular e investigador en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. También ha sido profesor invitado en universidades de Estados Unidos, España, México, Israel, Alemania y países de Latinoamérica. Fue uno de los fundadores del espacio de intelectuales Carta Abierta. Entre 2014 y 2015 ocupó el cargo de secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional dentro del Ministerio de Cultura.
A los 96 años murió Jürgen Habermas, uno de los filósofos más influyentes del siglo XX
Nos gustaría que hicieras una síntesis de la importancia de Jürgen Habermas no solamente en la filosofía, sino en la política.
Jürgen Habermas fue probablemente el más importante filósofo alemán desde por lo menos la década del 60 en adelante. Tuvo una vida larguísima. Nació en 1929 y acaba de morir a los 96 años. Fue discípulo de los fundadores de la Escuela de Frankfurt, de Max Horkheimer y de Theodor Adorno. Y después cobró vuelo propio, desarrolló sus propias concepciones. Tiene una bibliografía amplísima. Era un hombre muy afable. Tuve la oportunidad de conocerlo. Él estuvo en la Argentina a mediados de la década del 80, dando un par de conferencias muy significativas.
Fundamentalmente ha sido uno de los grandes interlocutores del pensamiento contemporáneo y un gran polemista en el interior de lo que ha sido la experiencia de la República Federal Alemana. Tuvo una famosa polémica en torno a los historiadores que tenía que ver con la interpretación del nazismo. Habermas fue un crítico muy duro no solamente hacia el nazismo, sino también hacia las políticas del olvido, hacia ciertas valoraciones que en el debate de los historiadores se plantearon básicamente en la década del 90.
También fue un filósofo muy vinculado a la idea de Europa. Fue quizás uno de los puntos nodales de un pensamiento paneuropeísta, pero que planteó también críticas respecto al rumbo economicista de la Unión Europea, que venía perdiendo frente, precisamente, a lo que para él era lo central, que era una Europa que se fusionara en torno a valores, en torno a la diversidad y en términos también de políticas progresistas.
Fue un pensador progresista. Podríamos caracterizarlo como alguien próximo a lo mejor del espíritu socialdemócrata de los años 60, 70 y 80. Un gran lector de Karl Marx, obviamente a través de una interpretación crítica. Tiene algunos libros que han sido fundamentales, como "Teoría de la acción comunicativa", donde desarrolló toda una teoría de la comunicación en la sociedad contemporánea y donde trató de pensar la democracia como una conversación.
La verdad es que esa visión de Habermas hoy está siendo brutalmente sacudida por la emergencia de un tipo de discurso político que rompe las conversaciones en las democracias contemporáneas. Pero Habermas pensaba que la democracia tenía que generar una equidistancia entre los hablantes y que debía haber acuerdos racionales para que los discursos fueran discursos inteligibles, compartibles, pero que incluso en sus conflictividades y sus diversidades estuvieran dentro de un plano democrático.
Habermas también escribió un libro muy importante cuando surgió la polémica en torno a la posmodernidad, que llamó "El discurso filosófico de la modernidad", que es del año 1985, donde él polemiza ahí con el postestructuralismo francés, con Michel Foucault, con Jacques Derrida, con Jean-François Lyotard, y hace una reivindicación de lo que él llama la modernidad inconclusa: la idea de una modernidad que debiera volver sobre sí misma para recuperar sus fundamentos críticos. Una razón crítica, no una razón instrumental con arreglo a fines puramente ligada a lo pragmático, sino una racionalidad crítica, diversa, compleja, plurilingüística de alguna manera.
Habermas fue un hombre muy abierto a las conversaciones. Tuvo una famosa polémica con quien después iba a ser el papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, en torno a la razón, en torno al logos, en torno a la fe. Muy interesante, vale la pena. Sacaron un libro en una conversación rarísima que hoy ya prácticamente no tiene lugar en la sociedad en la que vivimos.
Habermas perteneció a la segunda generación de la Escuela de Frankfurt. La Escuela de Frankfurt fue creada en los años 20 por un grupo de jóvenes intelectuales neomarxistas en la Alemania prenazi. Después se exiliaron básicamente en Estados Unidos: Theodor Adorno, Max Horkheimer, lateralmente Walter Benjamin y otros que le dieron una fisonomía decisiva a toda una tradición intelectual que abrevó en Hegel, en Marx, en Sigmund Freud, en Nietzsche, en Max Weber, en fin, en una cantidad de pensadores previos que le dieron forma a lo que se llamó, en algún punto, el marxismo occidental, más abierto, menos dogmático.
Habermas heredó esta tradición, pero después le dio su propio perfume y sus propias características, su propia idiosincrasia. Y tiene un libro también interesante que es "Problemas de legitimación en el capitalismo tardío", que ese ya es primer Habermas. Es una lectura muy interesante de lo que después iba a suceder con el capitalismo. Su obra es prolífica. Tiene un libro, para mí el más hermoso de todos, que se llama "Perfiles filosófico-políticos", que es una larga serie de ensayos con los principales pensadores de la tradición alemana, sobre todo a lo largo del siglo XX.
Tuvo una relación primero de mucha distancia y después de gran amistad con Jacques Derrida, porque en el famoso libro "El discurso filosófico de la modernidad" Habermas lo trató muy mal a Derrida, lo mismo que a Foucault, pero Foucault ya estaba muerto. Y después se reencontraron en Nueva York, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Nueva York, y allí la verdad es que los dos fueron dos personalidades con una bonomía donde la diferencia lo que alimentaba era la posibilidad de una conversación potente entre dos intelectuales formidables del siglo XX.
Yo he tenido, desde mi juventud hasta el día de hoy, la oportunidad de ver a Habermas. Un detalle no menor: a los 90 años inició la publicación, que tuvo dos tomos de más de mil páginas, de "Una historia de la filosofía". Tratemos de imaginar a un hombre con más de 90 años escribiendo y describiendo su mirada de la filosofía. Es un libro formidable que lo recomiendo.
La verdad es que se va probablemente el último de los grandes intelectuales con gran intervención política en la escena europea, en la escena alemana, muy comprometido con lo que fue la construcción de la democracia en la posguerra alemana. Un hombre íntegro, que quizás le faltó pensar el tercer mundo, lo que antes se llamaba el tercer mundo, o pensar América Latina, Asia, África. Estaba demasiado metido en el corazón de la gran cultura europea y quizás no tuvo la sensibilidad suficiente para girar su mirada hacia otro mundo que hoy es el que está desplegándose. Ni hablar de Habermas frente a China, que no dijo prácticamente nada. Pero me parece que pagó el precio de su propia formación, de su propia historia, cosa que ya no sucede con las nuevas generaciones.
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Sobre que la democracia es conversación y hoy parece hasta anacrónica viendo lo que sucede hoy en día, ¿no será porque en realidad la democracia es conversación y hoy no lo es porque, como planteaba Habermas, la democracia iba a domesticar el capitalismo y esa tarea aún no está lograda y una vez que lo logre volverá a ser conversación como debe ser?
Me parece que hay mucho de eso. Habermas creía que la desigualdad galopante atentaba directamente contra una democracia conversacional. Por eso yo planteé que él estaba vinculado a cierta concepción del Estado de bienestar, del Estado social, la idea de la socialdemocracia, sobre todo previa al giro de los años 80, donde el capitalismo tenía que ponerse a disposición, de alguna manera, de las necesidades de la sociedad. Probablemente seamos contemporáneos del fracaso de esa visión. Hoy la democracia está siendo muy lastimada, se está convirtiendo rápidamente en un pellejo vacío utilizado muy astutamente por las extremas derechas. Lo vemos, para no hablar de Europa, lo vemos en Argentina.
Alguien que está en las antípodas absolutas de la idea conversacional de la democracia es Milei. Milei viene a destruir la idea conversacional de la democracia. Porque hay que entender algo: la democracia no es la conversación entre quienes piensan igual. La democracia, cuando funciona, es la conversación entre quienes piensan de manera diferente el mundo, pero que sin destruirse, sin declararse enemigos los unos de los otros, pueden confluir en la construcción de lo común. Habermas definió que una democracia es conversación, lo opuesto a Milei.
Hoy lo común está siendo destruido. El Estado, que debe ser garantía de lo común, está siendo vaciado. El discurso público, desde el presidente para abajo, es un discurso de la descalificación, del insulto, de la degradación del otro. En esa escena lo que predomina es una nueva lógica, llamémosle fasistoide, de extrema derecha, de negación del otro. Si la democracia no reconoce al otro, no es democracia. Si la democracia no busca una mejor estructura de distribución de la riqueza que se genera socialmente, tampoco es democracia. Y si la democracia proscribe, censura y encarcela dirigentes políticos que representan una tradición popular significativa, como en este caso es Cristina Fernández de Kirchner, tampoco es democracia. Y si el Poder Judicial está sometido a los controles y a las decisiones del Poder Ejecutivo, tampoco es democracia. Y si el Poder Legislativo lo único que hace es gritar. Si la ignorancia domina la política en la Argentina, tampoco es democracia.
Por eso me parece, además, que hay que reivindicar la idea de cultura, la idea de erudición, la complejidad, porque el mundo es complejo y la filosofía tiene que enfrentar la complejidad del mundo. Entonces hoy nos estamos achicando. Yo festejo, y soy gran lector, de las entrevistas extensas que solés hacer en Perfil, porque me parece que es una manera anacrónica, bellamente anacrónica, de defender todavía la idea de la conversación pública.
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