Murió el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas este sábado a los 96 años en la ciudad de Starnberg, Alemania. La noticia fue confirmada por la editorial Suhrkamp Verlag, que publica su obra, tras ser informada por la familia del intelectual.
Habermas se convirtió en uno de los principales representantes de la Teoría crítica y de la llamada Escuela de Frankfurt, una corriente de pensamiento que analizó críticamente las relaciones entre capitalismo, cultura y democracia en la sociedad moderna.
Su carrera académica comenzó en la década de 1950 en la Universidad de Frankfurt, donde trabajó junto al filósofo Theodor W. Adorno, uno de los referentes de esa tradición. Seis años después se doctoró con la obra La transformación estructural de la esfera pública. Su obra principal, Teoría de la acción comunicativa (1981), es considerada un hito de la filosofía.
Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2003, fue junto a Günter Grass y Hans Magnus Enzensberger uno de los tres miembros más destacados de una generación de intelectuales que impulsó muchos debates a lo largo de la historia de la República Federal de Alemania y toda una comunidad europea, abordando temas de filosofía política, ética o la propia filosofía del lenguaje.
Signos de una política degenerada
Además de su producción académica, Habermas fue un intelectual público muy activo en Alemania y Europa. Participó en debates clave sobre la memoria del nazismo durante la llamada Historikerstreit en los años 80, donde defendió la necesidad de que Alemania reconociera su responsabilidad histórica por los crímenes del régimen nazi. "Los europeos nos encontramos ante la tarea de lograr un entendimiento intercultural entre el mundo del Islam y el Occidente marcado por la tradición judeocristiana", advertía.
Considerado durante décadas la conciencia intelectual de la Alemania de posguerra, Habermas intervino en debates sobre democracia, nacionalismo, integración europea y el papel de la religión en las sociedades modernas. Entre sus frases más citadas figura una que sintetiza su concepción del debate democrático: “El sí necesita del no para poder afirmarse frente a él”.