El día después del mundial

Roman Iucht: el vacío por el duelo post Maradona y ahora por el post Messi

Tras la culminación de la Copa del Mundo, el destacado periodista analiza el desempeño de la Selección Argentina, la huella que deja la salida de Lionel Messi, la continuidad del proyecto futbolístico y el trasfondo geopolítico y comercial de un torneo que redefine el futuro del fútbol global.

Lionel Messi en el Mundial 2026 Foto: AFP

En un mano a mano imperdible el periodista deportivo Román Iucht, en Modo Fontevecchia, por Net TVRadio Perfil (AM 1190), repasó el camino de la Scaloneta en una Copa del Mundo atípica, reflexiona sobre el inexorable recambio generacional tras la era Messi y desarma la tensión entre la pasión popular y el voraz negocio global de la FIFA.

Román Iucht es periodista especializado en deportes, conductor y comentarista, amigo de la casa con más de tres décadas de experiencia en los principales medios de comunicación gráficos, radiales y televisivos de la Argentina. Conduce el ciclo deportivo Cueste lo que cueste a través del canal de YouTube de Perfil.com, acompañado por un equipo que analiza la actualidad con un enfoque multiplataforma.

Muy buenos días. Es fundamental escuchar hoy tu balance, tu palabra, más aún en mi caso, como bien sabés, lejos del fútbol. Contanos, hacenos un balance de este Mundial y de la Selección Argentina.

—Hola, Jorge. Un gusto, como siempre, conversar con vos. Bueno, ha sido un Mundial excitante por donde se lo mire, emocionante en muchos partidos, emocionante por lo que entregó la Selección y emocionante por el último discurso de Scaloni en esa conferencia de prensa en donde se terminó desnudando en cuanto a sus sensaciones. Ha sido un Mundial novedoso por la cantidad de equipos, por la cantidad de tiempo que duró y porque además puso a la Argentina otra vez en un lugar extraordinario. Argentina jugó otra vez los ocho partidos, que era el máximo que se podía disputar en el Mundial. Llegó hasta el último día. Compitió con un enorme corazón, con muchísima dignidad. Probablemente sus últimos espasmos futbolísticos los haya dejado en Atlanta, en la semifinal contra Inglaterra, en un partido que también en lo que implicaba lo emocional desde lo futbolístico y lo extrafutbolístico tuvo un componente muy pero muy especial. Y llegó con el último aliento a enfrentar a España para caer tan digna como inobjetablemente contra un equipo que fue superior, que probablemente debió ganar el partido antes y que se termina llevando la Copa del Mundo de manera absolutamente justa.

Y estamos frente a un final de ciclo, no solamente en el sentido de las personas —de Messi desde ya y eventualmente de Scaloni—, sino a un final de ciclo en un sentido generacional o de un estilo de fútbol, ¿o hay una continuidad en las generaciones más jóvenes de Messi?

—Bueno, mirá, vos, aun desde tu mirada un poco más externa del fútbol, transitaste, viviste y supiste lo que fue el tiempo pos-Maradona. Y cuando Diego se retiró de la Selección Argentina nos invadió un duelo similar a este que vivimos ahora: una especie de vacío existencial, esa sensación de que habíamos perdido una especie de pater familias. Había una sensación de orfandad, de desamparo muy similar a la que vivimos ahora cuando la llama de Messi —no por lo viva que estuvo a lo largo del Mundial, que fue un verdadero volcán en erupción permanente, sino ahora que se termina la competencia— uno tiene la sensación de que, biológicamente, él se encargó todo el tiempo de correr el reloj, de gambetear al tiempo, pero el paso del mismo es inexorable. Naturalmente estamos todos con la sensación de que se acaba algo. Es difícil saber cuándo será el punto final porque es tal el amor que Messi tiene por la pelota y por la Selección Argentina, Jorge, que nos cuesta imaginarlo no vistiendo la camiseta albiceleste hasta el último día de su vida como futbolista. Es decir, nos cuesta mucho imaginarlo viendo por televisión, aun siendo un futbolista que juegue en un equipo, a un partido de su Selección, porque esta no es la Selección: es su Selección. En la victoria y en la derrota. Él era el generalísimo de un grupo de futbolistas que dieron todo por él, y eso habla del liderazgo que Messi generó en el seleccionado nacional. Pero si uno tuviera que arriesgar por lo que dijo Scaloni y por lo que naturalmente nos separa del próximo Mundial —que son cuatro años y es mucho tiempo—, es muy probable que ayer se haya puesto el fin para una era y el comienzo para una leyenda. El fin de la era Scaloni y el comienzo de la leyenda Messi.

El final del mundial. El fin de una era. El comienzo del mito Messi

Vuelvo con la pregunta: ¿es posible en estos jugadores que quedan que haya talentos que puedan generar una Selección competitiva entre las cuatro o cinco mejores del mundo aun sin Messi?

—Competitiva, por supuesto, eso no lo dudes ni un ápice, porque el gen competitivo está en el deportista argentino en general y en el futbolista en particular. Competitiva porque además muchos de los que van a poder tomar la posta —y con ellos podríamos armar una columna vertebral: Emiliano "Dibu" Martínez en el arco; Cuti Romero y Lisandro Martínez en la zaga central; Enzo Fernández en la mitad de la cancha con Alexis Mac Allister; Lautaro Martínez y Julián Álvarez en el ataque— es lo que necesitás a la hora de armar el esqueleto de un equipo de fútbol para poder construirlo. Ellos van a ser los que van a tomar el legado y los que van a darle continuidad a la Selección Argentina. Nunca hay que olvidarse —y aun con lo enorme que han sido los nombres que te mencionaba— de que hay una vieja frase, pero muy efectiva y muy real, que dice: "Por delante el escudo, los nombres por detrás". Lo más importante, y lo que todos van a terminar atravesando, es el escudo de la Selección Argentina. Lo que siempre va a estar es la Selección Argentina. Estos van a tomar la posta: son muy competitivos, tienen enormes condiciones, juegan entre los mejores equipos de las mejores ligas del mundo y por supuesto que van a lograr que la Selección Argentina siga estando en un lugar de privilegio. Pero, claro, nos malacostumbramos: en cinco años la Argentina jugó cinco finales consecutivas y ganó cuatro. Y de 1978 a la actualidad —para darte una respuesta, si querés, un poco más integral, pero que explica por qué uno puede tener sueño, ambición y optimismo— se disputaron 12 Mundiales. De los 12 Mundiales que se jugaron, Argentina estuvo en la final en seis. El 50 % de los Mundiales mostraron a Argentina jugando el partido por el título y en tres terminó levantando la Copa del Mundo.

¿Cómo repercute esto en el fútbol argentino? Digo, veo que hay jugadores de la Selección que juegan en la Argentina. La primera pregunta que se hace un lego es: bueno, si el fútbol europeo paga tanto más, ¿cómo es que hay jugadores de la Selección que todavía están en la Argentina?

—Es una muy buena pregunta que invita a una doble respuesta. Por un lado, hay que hacer una especificación, una disección de lo que significa el fútbol argentino. Una cosa, Jorge, es la Selección Argentina y otra es el fútbol argentino. La Selección Argentina es como una especie de oasis, como un apéndice del fútbol argentino. No solo porque el 90 % de sus futbolistas jueguen en el exterior y lo hagan en las mejores ligas del mundo, sino porque además es algo que nos representa, que nos enorgullece, que compite bien y, fundamentalmente, que funciona. Y no funciona solamente porque gana —también porque gana—, sino porque genera algo de lo que vos sabés mucho mejor que yo: unanimidad. La Selección Argentina no tiene grieta, más allá de algunos comentarios que pueden haber habido en la previa o incluso durante el Mundial, y que han quedado en un papel tan ridículo y desubicado que la propia realidad terminó dejando en ese espacio. La Selección Argentina es un compartimento estanco. Pero claro, vos me dirás: "Pero si salieron del fútbol argentino". Y ahí está la clave: es de dónde salieron. En algún momento tuvieron que irse a jugar a otras ligas para competir contra los mejores y para transformarse en futbolistas de élite, pero su esencia, su origen, es el fútbol argentino. ¿En dónde juegan estos que vos mencionás que han vuelto a la liga local? Bueno, juegan en River o en Boca, que hoy por hoy manejan presupuestos que no son los del fútbol europeo, pero que son muy diferentes al resto de los otros 28 equipos que juegan en nuestro medio: los Pezzella, los Paredes. Lo de Di María, que juega en Rosario Central, se puede entender desde otro lado: no es que Di María haya venido a jugar gratis, pero lo suyo tiene mucho más que ver con un sentimiento muy genuino por el club. Entender por qué hay jugadores campeones del mundo o de la Selección que juegan en el fútbol argentino muestra la disparidad económica que hay entre River y Boca y el resto, que no es la deportiva, porque fíjate que hace ya varios años que River y Boca no ganan nada en el medio local.

España campeón: a la Scaloneta le robaron el secreto de su fútbol y el sueño del bicampeonato

Román, hablábamos con el expresidente del Barça que había fichado a Messi y también casualmente había fichado a Maradona, y él planteaba que los barceloneses esperaban que cuando Messi terminase su carrera futbolística fuese o volviese a vivir a Barcelona. ¿Cómo imaginás el futuro de Messi cuando deje de ser jugador de fútbol profesional?

—Mirá, es una respuesta difícil porque yo creo que, aun cuando él en estos últimos años ha logrado proyectarse en su vida y ampliarse en cuanto a la marca Messi más allá del fútbol, me parece que si hay algo que a él lo atormenta es pensar qué va a hacer el día que ya no tenga más una pelota en los pies. Porque lo que Messi tiene, además de un profundo amor por su país y por la Selección Argentina, es un compulsivo, frenético, amateur e infantil, te diría, amor por el juego, amor por la pelota. Nada lo pone a Messi más feliz que estar en una cancha, jugar a la pelota y competir aun sin saber si va a ganar. Lo que lo impulsa a Messi hoy, a los 39 años, a seguir jugando es, por un lado, su amor por la pelota y, por el otro, su sentimiento competitivo. Si tuviera que pensar en función de lo que ha sido aquello que atravesó su vida, aquello que construyó o le permitió construir a su familia y que lo armó constitutivamente a él ya como persona, sí, todo me lleva a pensar que él va a volver a vivir a Barcelona. Pero como todo en Messi va de la mano de una pelota y una gambeta, tampoco me animaría a pensar que en ese sentido no nos haga un dribling y también nos gambetee ese pensamiento.

Y última pregunta: esta idea de un Mundial que se juega en dos hemisferios, dos lados del Atlántico, y que uno de los seis países en que se juega en 2030 es Argentina, ¿qué puede significar para la Selección Argentina que se juegue en la Argentina un próximo Mundial, y ya sin Messi?

—Lo más probable es que la respuesta final, con todos los cabos que todavía están sueltos —y son muchos—, vayamos a tenerla en el tiempo, porque todavía ni siquiera la FIFA ha determinado la cantidad de equipos que van a disputar el Mundial. Se habla de que es un Mundial multitudinario con más de 60 equipos —este tuvo 48— y que el próximo pueda elevarse a 64. Claramente, lo primero que marca es la expansión del negocio de la FIFA. La FIFA es una multinacional que vende un producto llamado fútbol y que cada cuatro años se lo alquila al mejor postor. En esta última Copa del Mundo se lo alquiló a Trump, y Trump le entregó migajas a México y a Canadá. De hecho, vos fíjate que ayer primero aparece Trump casi un pie por delante de Infantino; bastante por detrás los presidentes de Canadá y la presidenta de México. Y en la foto final, la de los campeones del mundo, es curioso y casi patético ver el esfuerzo que tuvo que hacer Infantino para convencer a Trump de que tenía que mínimamente correrse del lado de Rodri, que era el que iba a levantar la Copa del Mundo. Tampoco lo terminó de convencer, porque quedó en un costadito de la foto, nunca terminó de correrse del todo. Pero lo que confirma el próximo Mundial es el producto que la FIFA pone al servicio de la comercialización de la industria. Alguna vez alguien dijo —lo aplicaba a otro deporte, pero la frase es la misma—: "Demasiado negocio para ser solo deporte y demasiado deporte para ser solo negocio". La ONU tiene algo así como 190 representantes; la FIFA tiene más de 200, Jorge. Y eso te muestra el poderío que tiene un Mundial globalizado, un Mundial atravesado por la pelota, un Mundial de, como vos decías, dos hemisferios, un Mundial de seis países en donde además, y en algún momento se acordarán, se juega al fútbol. Por eso los partidos se juegan en horarios muchas veces poco propicios para que se encuentre lo bello del juego; por eso se jugaron en el tramo final del Mundial cuatro o cinco partidos en 15 días sin pensar en la recuperación de los futbolistas. Detenernos al detalle quirúrgicamente en todo esto es lo que nos aleja del fútbol, es lo que nos aleja del juego. Pero claro, el Mundial se da cada cuatro años y la gracia es que el mago se guarde el truco para dentro de cuatro años. Y cuando vuelva, todo va a ser tan excitante que nos vamos a haber olvidado de todo este costado.

Román, qué placer escucharte nuevamente cerquita. Muchísimas, muchísimas gracias.

—Abrazo enorme, Jorge. Como siempre, a disposición.

 

MEG/ff