FILOSOFÍA Y POLÍTICA

Un egresado de la Sorbona explica qué significa enseñar filosofía peronista

En una enriquecedora conversación el académico, Santiago González, Casares desglosa las bases metafísicas, éticas y estéticas de la doctrina fundada por Perón. Su análisis frente a la tecnocracia actual, el debate conceptual con el anarcocapitalismo y la vigencia del contrato social.

El peronismo y una nueva crisis de identidad Foto: CEDOC

El peronismo suele ser caracterizado como un movimiento político pragmático, un fenómeno de masas o un enigma histórico indescifrable para la ciencia política tradicional. Sin embargo, para el filósofo Santiago González Casares, la doctrina justicialista posee una estructura teórica profunda y sistemática que abarca desde la metafísica hasta la estética. Formado en la Universidad de La Sorbona, el investigador se propone rescatar al peronismo de la mera coyuntura electoral para analizarlo como un pensamiento filosófico integral con raíces en el pensamiento clásico occidental.

A lo largo de la entrevista en Modo Fontevecchiade Net TV , Radio Perfil (AM 1190), González Casares desentraña cómo la filosofía peronista postula al amor y al don gratuito como sostén del tejido social —en abierto contrapunto con la visión hobbesiana del miedo— y ubica al trabajo en el corazón de la condición humana. Además, reflexiona sobre la evolución del movimiento frente a los desafíos de la inteligencia artificial, dialoga con el liberalismo de John Locke y señala las fricciones teóricas entre el peronismo y el modelo anarcocapitalista en la Argentina actual.

Santiago González Casares es doctor, magíster y licenciado en Filosofía por la Université Paris Sorbonne-Paris IV. Es investigador en el Centro de Hermenéutica de la UNSAM y docente en la carrera de Filosofía de la Escuela de Humanidades, en la Escuela de Arte y Patrimonio, y en el CUSAM de la Universidad de San Martín. Sus publicaciones giran alrededor de la fenomenología radical francesa. Es también divulgador de problemas filosóficos en medios gráficos y audiovisuales.

Santiago tiene una singularidad: enseña filosofía justicialista. ¿Cómo es eso?

Bueno, qué placer estar aquí, Jorge, muchas gracias. La verdad que viste que hay algo de que nadie sabe quién es peronista: «Peronistas somos todos», una frase de Perón allá en Guardia de Hierro. Y en algún momento, estando en Francia estudiando filosofía en La Sorbona, empecé a pensar por qué «peronistas somos todos». Como que eso del justicialismo tenía algo que era su gran problema y, al mismo tiempo, la gran solución; es decir, la apertura a que finalmente te has encontrado con peronistas que siempre te quieren convencer de que vos también sos peronista.

Exacto, y aún no lo sabés.

Aún no lo sabés. Entonces yo me di cuenta de que, bueno, en el fondo tenía que haber una doctrina, tenía que haber una filosofía. Nosotros, en lo que hacemos en filosofía, decimos: «Bueno, si algo constituye un pensamiento, tiene que haber al menos una metafísica —es decir, una definición del ser—, tiene que haber una ética —qué hacer con ese ser, una definición del bien— y una política —cómo hacer eso, qué hay que hacer con eso que es, finalmente—». Entonces había que discutir, buscar y tratar de encontrar como filósofo esas tres, al menos. Luego una antropología —una definición del ser humano— y luego una estética —una definición de la belleza—. En el fondo, si el justicialismo era un pensamiento, tenía que tener estas cuestiones. En eso estoy, investigando a ver si eso realmente existe, cuál es la definición del ser y cuál es la definición del qué hacer.

Apasionante. Vayamos por partes. En la ontología o la metafísica, ¿qué es el ser ahí?

El amor. El amor está muy presente en La comunidad organizada, sobre todo en los tres textos fundamentales en donde yo encuentro —más allá de textos un poco aleatorios o circundantes—: La comunidad organizada, Doctrina peronista y Manual de conducción política. En La comunidad organizada, el amor aparece como aquello que sostiene todo lo que es. Y no es extraño teniendo en cuenta que es una filosofía que parte del cristianismo: Dios es amor, en el fondo. Entonces, para que la comunidad logre organizarse alrededor de la solidaridad y del trabajo hacia el bien común, lo que tiene que sostener esa comunidad necesariamente tiene que ser el amor.

Eso parte de otra disyuntiva anterior respecto del origen del Estado. Me imagino al militar Perón: no la idea de Hobbes de que finalmente es el miedo y no el amor el que construye la sociedad, y luego la teoría del don, que es todo lo contrario. Pareciera también tener una concepción sobre qué dio origen a la sociedad. ¿Se podría decir que esa filosofía peronista es antihobbesiana, o sea, que tiene una mirada distinta a la constitución de la sociedad a través del miedo?

Es una buena pregunta. Está esa frase de Perón que dice: «El hombre es bueno, pero si se lo controla es mejor» o «si está vigilado es mejor». Yo creo que ahí hay un juego, algo no paradójico, pero sí algo que permite al justicialismo poder apoyarse en distintas teorías contractualistas. Acordate que esa cuestión del miedo es un estado de guerra inicial, el «hombre es el lobo del hombre» de Hobbes. Después tenés a Locke o a Rousseau, que parten de una concepción del ser humano que es buena. Yo creo que sí, el justicialismo piensa que el ser humano es bueno. Por ende, entrar en el contrato social significa adquirir una libertad superior, que es la libertad política de estar con los demás.

Encuesta 2027: el peronismo supera por un punto a La Libertad Avanza y crecen los indecisos

Sí, muy posterior a lo de Marcel Mauss con el don y la reciprocidad, la generación de que en realidad lo que nos hizo sociedad es que el don del otro te obliga a devolver.

Sí. Mi maestro académico en Francia, en La Sorbona, tiene otra concepción del don y yo suscribo más a esto: el don es aquello que no podés devolver, aquello que solo tiene una unidireccionalidad, va hacia vos y no puede volver. Cuando yo te doy un regalo, Jorge, por este hermoso encuentro que tenemos, si después quiero que me digas gracias o quiero que me festejen —como hacen los que muestran el número de la camiseta—, en ese momento deja de ser don porque deja de partir del amor. El principio, la lógica que sostiene el amor, es la gratuidad; es la gratuidad, el don que no vuelve. No hay contradicción como en Marcel Mauss. En Marion ¿no?: el don es aquello que se da gratuitamente.

O sea, no la correspondencia inmediata.

Exactamente. Y no solo eso, sino que no puede partir de esa inspiración. Yo no te puedo dar algo esperando que me devuelvas. Si después me lo devolvés, es una cosa tuya y está bien que lo hagas.

Pero también hay principios de reciprocidad como el karma, que son muy anteriores podríamos decir, que supuestamente hay una física en la que se plantea que, finalmente, lo que no se devuelve se paga de alguna manera mucho peor en algún otro momento.

Claro. Yo creo que, en ese sentido, ya no es donación, pero es lindo pensarlo de esa manera. Ahí habría una especulación.

Pero hay egoísmo, hay una especulación, ¿no?

«Lo voy a hacer porque me lo van a devolver eventualmente»

o «portate bien porque es bueno; si te portás mal, te va a ir mal».

Está muy bien pensarlo de esa manera, porque acordate del principio de razón, eso del quid pro quo: hay algo por lo cual se da otra cosa, nihil sine ratione, nada es sin razón. El amor, el don del amor, es justamente aquello que no tiene razón. Y yo creo que el ser humano es ese lugar en donde las cosas más importantes las hacemos sin razón. De lo contrario, es raro, porque nosotros somos el animal dotado de logos. Logos es, sobre todo, razón. Y, sin embargo, yo creo que el animal es mucho más racional que nosotros: no hace las cosas porque sí, no agarra la guitarra y toca una canción, no hace un partido político. Tiene ganas de reproducirse, se reproduce; tiene que comer, va y lo hace.

Quiénes se disputan en el peronismo bonaerense la sucesión de Axel Kicillof

Y sigamos en tu escalera. La primera era una metafísica; luego avanzabas en una ética.

Claro, una ética justicialista. Yo quiero insistir sobre el tema: no se trata de Perón en sí, el justicialismo es algo que viene ya desde Platón.

O sea, ¿es el igualitarismo?

No necesariamente. Pero la justicia social, digamos en ese sentido... Acordate en La República, cuando Glaucón dice: «¿Qué es la justicia?». La República es el lugar donde tiene que hacerse justicia, y entonces es que cada uno tenga lo que le corresponda. En Platón es ocupar el lugar que te tocó cuando naciste según el alma: sos filósofo, sos trabajador, sos pueblo o sos guerrero. Según el alma que te tocó, la República tiene que ocuparse de ponerte en su lugar. Eso, en el justicialismo peronista, se convierte en redistribuir la riqueza y el trabajo.

Pero también en un orden.

Hay un orden también: cada uno tiene que ocupar su lugar. Y yo creo que la ética justicialista

No es revolucionaria.

Inicialmente; tiene que ser revolucionaria, tiene que ser un poco nietzscheana, tiene que destruir aquel sistema que hereda. En la ética justicialista, el qué hacer es un poquito más sencillo de encontrar porque están los apotegmas, las Veinte Verdades Peronistas. Y también está esa cuestión fundamental que tiene que ver sobre todo con la metafísica: primero está la patria, luego el movimiento y luego los hombres. Cuando uno actúa justicialísticamente, tiene que pensar primero en el bien común, luego en los compañeros, en el nosotros, y recién ahí en mí. Si vos ves que estamos cenando e imagínate que agarro una copa de vino y te sirvo primero a vos, estoy diciendo «primero estás vos, primero está el otro, la patria», y recién ahí me sirvo a mí. Y si somos unos cuantos con los compañeros atrás de cámara, sirvo a todo el mundo y recién ahí a mí, porque el otro es justamente el receptor, el que me da el don.

¿Cuánto de todo eso tiene que ver... Estamos en las postrimerías de la visita de León XIV, quien toma su nombre de León XIII, Rerum Novarum. ¿Cuánto tiene que ver el peronismo con la doctrina social de la Iglesia? ¿Cuánto toma Perón de eso?

Poco. Mucho menos de lo que se dice. Pero es un tema que en el fondo es poco cuantitativamente, aunque cualitativamente fundamental, que es la antropología: Laborem Exercens, definir al hombre como trabajador, pero no el trabajador productor —no la poiesis—, sino la praxis. Lo que yo hago también es trabajo: más allá de mi docencia universitaria, cuando escribo libros, cuando charlo o cuando pienso las cosas en la profundidad de mis soledades, también estoy trabajando. Hay una praxis hacia la transformación del don que se nos da para el bien común. Eso está presente en la Rerum Novarum y es muy importante para el justicialismo. En el fondo, esa praxis es lo que nos define, esa praxis que éticamente es «primero la patria, luego el movimiento, luego los hombres». Esa praxis, que viene siempre inspirada en el amor, es esa diferenciación entre la producción (poiesis) y la praxis, el hacer es fundamental.

Siguiendo tu formación francesa: se hace para tener y se tiene para hacer, como proceso de evolución. Y finalmente la pregunta: la primera encíclica del Papa es casualmente sobre la inteligencia artificial, ¿qué desnaturalizaría toda esa cuestión del hacer, la desaparición de un hacer por lo menos perentorio?

Hay un gran desafío ahí.

Y de alguna manera le toca al peronismo este problema de la desinsindicalización, el proceso de la percepción de la libertad del trabajador autónomo...

Sin duda ahí hay un gran desafío. Eso creo que...bueno, por un lado, no creo que Sartre sea justicialista, así que no me voy a meter, tan lejos. Pero el desafío de lo que llaman los «nuevos trabajos», la transformación...

Pero finalmente el ser es el fin. Ser, que vos lo colocabas en el primero y que finalmente en concepto ontológico de "Qué hay". Siguiendo con esta idea: si el trabajo dignifica y ordena la vida, es un elemento fundamental de realización. La eventual desaparición del trabajo —no me refiero al trabajo lúdico, porque siempre va a quedar la posibilidad de un hacer, pero no perentorio, la idea de un hacer perentorio en el que hay que producir determinada cantidad de cosas de manera práctica— modificaría existencialmente el concepto de vida.

Está muy bien como lo decís. La verdad que hay algo medio genial para mí en esta definición antropológica del ser humano como trabajador, que es algo muy amplio que no creo que sea tocado por esta situación actual. De lo que me di cuenta es que —y esto lo charlaba hace poco con un amigo tuyo, Guillermo Moreno, en una situación similar— me siento como decía Sábato: los profetas del progreso nos prometían tiempo. Decían «una máquina va a resolver las cosas y vas a hacer lo que realmente querés», y en realidad pasó completamente lo contrario. Yo lo siento en mi trabajo: con esta cuestión del trabajador,

En realidad hay que trabajar más, con más herramientas.

La máquina me hace trabajar. Ahora soy banquero; por ejemplo, soy docente y tengo que ser también departamento de alumnos y secretario académico de mí mismo. El chat de papis y mamis de la escuela: ahora resulta que tengo que suplir cuestiones de consultoría pedagógica. Antes uno dejaba al pibe, la escuela se ocupaba y uno no. Ahora yo trabajo también. La máquina que tengo acá en el bolsillo, al lado de mi corazón, me hace trabajar muchísimo más en todos los aspectos de mi vida, y lo que menos tengo es tiempo para mí. En ese sentido, fíjate que la máquina no solo no quiere que seamos antropológicamente trabajadores, sino que nos hace trabajar más. Por eso esa definición antropológica en el justicialismo es muy profunda: trabajo de papá, trabajo de amigo, trabajo de colega. El trabajo en sí de oficina es solo una parte. La definición es qué es el ser humano: el ser humano es allí donde se trabaja. Trabajar es transformar aquello que me es dado, el don que me es dado, hacia el bien común.

Siguiendo con aquellas definiciones clásicas de los tres tipos de trabajo, hoy todos somos trabajadores intelectuales.

Yo creo que sí, ahí hay una gran definición. Ahora, es un desafío la corporalidad. De los tres, la corporalidad es un desafío.

Santiago, y avanzando: la estética.

Uy, es la que más me ha producido trabajo. La estética, ¿qué significa? Bueno, definir la belleza. Pero con el tiempo y todo el trabajo que vengo haciendo, la estética no tiene que ver con la ropa o los afiches, toda esa cuestión justicialista o el marketing. Acá es una definición de la belleza, y lo que encontré... Fíjate que «estética» viene de aisthesis, del griego, que significa sensibilidad. Ahí hay algo muy importante del justicialismo: la sensibilidad tiene que ver con lo corporal, la corporalidad. La estética en realidad es la corporalidad del concepto, es la materialidad del concepto. Y me di cuenta estudiando profundamente que ahí está la clave de todo el justicialismo. Porque la belleza es gratuidad.

¿Qué es bello? Si la belleza es gratuidad, tiene que ser... Finalmente vamos a los griegos: lo bello es bueno y verdadero.

Ahí va. Se unifica, que son las tres grandes ideas que mueren con Dios.

Perón le robó todo a Platón, Perón le robó todo a los griegos.

Hay mucho de Aristóteles también, toda esta cuestión material del hilemorfismo justicialista es importante.

¿Y si ser argentino es ser peronista, finalmente? Comparado con los franceses, país que vos conocés mejor que muchos, ¿somos el país más griego en el sentido clásico de la palabra? ¿Qué define a la Argentina en su conjunto tener una filosofía tan clásica?

No sé si diría tan clásica, pero sí entiendo que..-

Va a los orígenes de Occidente.

Somos profundamente occidentales en ese sentido. ¿Qué nos define, aparte de estas tres cuestiones? No hablamos de la política, porque las más grandes son la estética, la metafísica y la ética justicialista. Yo creo que ahí está la clave de todo esto de ser argentino, y es esta cuestión de defender la patria.

UN día, un ministro de Relaciones Exteriores francés, cuando yo hablaba del nivel educacional de la Argentina comparado con cualquier país del Sur Global —hace 20 años—, me dijo: «Sí, sí, todo bien, pero si ustedes no se desarrollan tecnológicamente, van a ser como Grecia». Como Grecia. Si Francia no se hubiese desarrollado en términos materiales, si no hubiese tenido una competencia en todos los ámbitos de la tecnología, nos hubiéramos quedado como la Grecia actual. Si uno mira al resto de nuestros vecinos en los últimos 50 años, no cabe ninguna duda de que somo y éramos, hace más de 50 años, la población más educada de toda América Latina ¿Y cómo se explica la paradoja entre superestructura e infraestructura, y qué punto de relación hay con Marx en que el pueblo más educado fue el que menos progresó? ¿Qué diría Perón de eso? ¿Cuál sería la paradoja?

La noción de progreso en el justicialismo es una cosa bastante esquiva.

El progreso económico... Permíteme colocarlo en lo productivo.

Productivo, bueno. Ha sido porque los avances —y esto fue en el primer justicialismo, en el segundo, e incluso si el kirchnerismo o el menemismo lo son, estaríamos por el cuarto o quinto justicialismo— siempre intentan ese desarrollo productivo. Es natural, porque si vos pensás antropológicamente al ser humano como un trabajador, necesariamente tenés que generar las condiciones: gobernar es crear trabajo. Justamente todo lo contrario de lo que ocurre ahora. Si ser es trabajar, hay que producir, hay que conseguir trabajo y hay que producir al menos lo que uno consume, dice el apotegma. Esta cuestión que está ocurriendo ahora no creo que tenga que ver con el justicialismo en sí, sino con un movimiento global. Aquellos que van suscribiendo a la tecnocracia —el kratos de la techné— liberan las fuerzas productivas a lo que el mercado determine.

Se diría que el deterioro económico de Argentina en los últimos 50 años es casualmente cuando no gobernaban los peronistas.

Y siempre lo es. Después viene el justicialismo a tener que resolver los problemas que deja esta cuestión. Es muy extraña esta idea de que liberando nuestras responsabilidades como miembros de una comunidad que nos organice a algo como el mercado —que ahora es una especie de tecnomercado—, eso lo va a hacer mejor que nosotros mismos. El «nosotros» desaparece; aparece un «yo» gobernado por una especie de Big Brother, y te dicen: «Dejá que el sistema de precios se va a establecer para regir nuestros designios». ¿Cómo puede ser?

Tu amigo Moreno decía que Milei era peronista y no se había enterado de que lo era. Lo dijo en un reportaje aquí hará dos años y medio. ¿Qué pasa con la figura de Milei? ¿Qué hay del peronismo ahí?

Me cuesta mucho esa frase.

Natalia de la Sota: “Hay que buscar una nueva síntesis en el peronismo”

Otra de las definiciones fue que Milei era Perón de Twitter.

Un Perón de Twitter, le escapo un poco. Hay una pieza periodística de las cosas más brillantes que he visto en los últimos tiempos: estás vos con Grabois y con Milei cuatro o cinco horas. Vuelve a ser mejor aparte, cinco horas. No sé cómo toman un poquito de agua y siguen. Es un momento brillante en general, previo a la elección. En ese momento empieza a subir el nivel intelectual y se convierte en algo brillante. Empieza a ocurrir algo en lo cual Milei empieza a avanzar conceptualmente a un nivel que Grabois se queda un poco... y no sabe cómo resolver. Y es increíble porque lo resolvés vos, que es la cuestión de «liberal, liberal, liberal». En un momento te das cuenta: ¿por qué no es justicialista Milei? Porque Milei es anarquista. Y le pasaba un poco a Grabois, porque en el fondo los dos son anarquistas. Eso que está ocurriendo ahí lo resolvés vos cuando en un momento les decís: «Bueno, pero ¿qué pasa si yo libero todo y Paraguay no y decide empezar a invadirme?». Es decir, si destruyo el Estado a tal punto de que sea un cooperativismo... porque en el fondo hay un anarquismo cooperativista y un anarcocapitalismo. ¿Qué pasa ahí? Falta el Estado.

Es el punto de toque entre el trokismo y el anarquismo inicial de Proudhon, como planteo.

Exactamente. ¿Por qué no puede ser? Porque el Estado es fundamental. Una cosa que alguna vez discutí con Guillermo Moreno era que la tercera posición en la política justicialista es lo que rige dentro del movimiento: no somos ni de izquierda ni de derecha, y al mismo tiempo tampoco nos regula ni el Estado ni el mercado. Hay una tercera posición que se llama la organización libre del pueblo. Esas organizaciones libres del pueblo hacen justamente la confluencia entre un Milei o un Stalin.

¿Y qué hay de Marx en el justicialismo? ¿Cómo en Perón?

Yo creo que en Peron que hay algo del carácter revolucionario de la clase trabajadora; eso está presente. Creer que en el trabajo hay una liberación y una dignificación del ser humano sí es importante, pero no mucho más, porque la totalización dictatorial en el justicialismo no está permitida: va a intentar siempre superar contradicciones. Y el problema más grave del marxismo... Hay una cosa muy importante dentro del movimiento justicialista: en el justicialismo lo que importa es tomar el poder, no importa la verdad. Hay una especie de realpolitik que define el quehacer coyuntural de la política justicialista. No se trata de tener razón, se trata de transformar las condiciones de los trabajadores y construir una nación grande. La felicidad del pueblo y la grandeza de la patria es el telos justicialista, siempre todo debe dirigirse hacia ahí. Y una cosa importante también: no puede haber sacrificio en el justicialismo. El trabajo no es sacrificio; no es sacrificio ni para desarrollarse y crecer, ni tampoco en el sentido de la alienación. Tiene que ser dignificante y liberador.

Santiago, ¿tuviste oportunidad de ver la biblioteca de Perón, esa que había comprado De Narváez y que se había rematado?

No. ¿En dónde está?

La tiene De Narváez en su casa, la compró en una subasta que hizo Sotheby's hará unos 20 años. Obviamente, la biblioteca de alguien a lo largo de los años va mutando, y mucho más si tuvo que vivir en el exilio; no se puede decir que eso es todo lo que leyó, pero no es tan impresionante.

No me digas.

Entonces la pregunta es: si es impresionante todo esto que estás contando, ¿pudo un hombre solo haber pensado todo esto o es el resultado de una autopoiesis de la Argentina, y él simplemente fue un traductor?

Sin duda. Hay juegos a veces entre compañeros justicialistas que hacen, por ejemplo: «¿John Coltrane es gorila o peronista?». Hay algo del justicialismo que viene antes de Perón: San Martín es justicialista, Belgrano es justicialista. Perón es el momento, la encarnación de esa patria sublevada que encarna todas las ideas que ya estaban dando vueltas. La independencia y la revolución son fundamentales para el justicialismo. Creo que Perón, como gran pensador, articula estas disciplinas filosóficas para organizar un pensamiento.

Tratando de ordenar en categorías para no confundirnos a nosotros mismos y a la audiencia: en que Milei es anarquista y no es liberal, ¿qué hay del liberalismo, el verdadero liberalismo cívico, en Perón?

Yo creo que hay algo. Estuve pensando y escribiendo sobre este problema que hay ahora con la extranjerización de la tierra. Hay algo ahí muy importante: el padre del verdadero liberalismo, John Locke, en el Segundo tratado sobre el gobierno civil, habla justamente del don. Es decir, la tierra es un don, y la manera que tengo de tener la propiedad de esa tierra es a través del trabajo. El trabajo que transforma esa tierra me da la propiedad. John Locke no permite ningún monopolio a nadie. No puede haber una extranjerización como la hay en Lago Escondido: uno es propietario de la cantidad de tierra que pueda trabajar. En ese liberalismo hay mucho justicialismo: trabajar al menos lo que consumís tiene que ver con que sos propietario de lo que trabajás. Y es también liberal en el sentido de que, cuando te mueras, será para otro que la trabaje.

Llegamos al final de la política, finalmente, porque así planteado uno diría: «Esto es totalitarismo, porque es una teoría del todo, tiene respuesta para todo y no necesita ser un partido político para tener una idea del todo». Un partido político es una parte. ¿Cómo es el peronismo en el terreno político?

Ahí hay algunas cuestiones que son bastante evidentes y hay algunas que encontré solapadas en algunos textos extraños que compraba cuando vivía en Parque Centenario —un tipo tenía La comunidad organizada en alemán, por ejemplo, una cosa rarísima—. Lo inmediato son las banderas: la política justicialista es independencia económica y soberanía política para la justicia social. La justicia social es algo muy particular: mínimamente tiene que ver con que gobernar es crear trabajo. La justicia social no es solo repartir la riqueza común, sino que todos tengamos la posibilidad de trabajar. Eso es la justicia social: no repartir la riqueza, sino generar trabajo. Pero encontré un pequeño texto que se llama "Tres revoluciones militares", Creo que es del '43. O sea, va un poco anterior por ahí, un poco anterior al GOU... O no, porque el texto del GOU debe ser del '46. Y aparece un apotegma justicialista, una frase fundamental que es: «Cada uno en su casa y Dios en todas partes». Eso es también una especie de definición de la justicia social. ¿Qué es lo importante ahí? El antiimperialismo justicialista. Entonces, la política justicialista es defender la independencia económica y la soberanía política para la justicia social; no son las banderas políticas. ¿Cómo hacemos política? Es fácil verlo: si vos vendés tu país, bueno, evidentemente no es justicialismo. Ahora, lo importante es esto que decías vos de la biblioteca: un día me invitás a tu casa, yo voy a tu biblioteca y digo: «No, Jorge, ¿cómo vas a tener a Sartre al lado de Merleau-Ponty? No puede ser esto, no». Entonces vos me decís: «Bueno, mirá, Santiago, un gusto que hayas venido, pero en tu casa hacé lo que vos quieras. Acá en mi casa yo pongo a Merleau-Ponty arriba de Marechal si quiero». Perfecto. Entonces eso es: nosotros damos un ejemplo de justicia social, pero no podemos imponérselo a nadie. Eso es muy importante. No puedo ir a la casa de nadie a decirle cómo tiene que hacer las cosas.

Finalmente es un fin y volvemos a los griegos: todos están de acuerdo con los fines, el problema son los medios para lograrlo.

Y ahí están los medios: las banderas son los medios.

Santiago González Casares, muy interesante. Muchísimas gracias, disfruté mucho esta conversación.

El placer fue mío.

De la misma forma.

 

MEG