Avanzar en una propuesta alternativa, pero ¿cómo?
“No siempre existió el capitalismo y éste reconoce distintas formas de existencia” dice el autor. Y desde el siglo XV y hasta el liberalismo actual, “entre el segundo y el tercer mundo se definirán nuevas síntesis teóricas que reinstalen una nueva realidad”, agrega.
El punto de partida es discutir el presente del capitalismo, que ya no es aquel que emerge de la crisis de 1930, con las reformas keynesianas, condicionado por la novedad del comunismo soviético, la planificación y la expectativa esperanzada de un nuevo rumbo en buena parte de la humanidad. Aquel condicionamiento del socialismo empezó a desmoronarse con la desarticulación de la URSS en los 80/90 del siglo pasado.
Además, vale considerar que la humanidad en su larga historia recorrió distintos momentos sustentados en ideas y prácticas hegemónicas que definieron rumbos civilizatorios, que no definen fatalmente el devenir socio político. No siempre hubo capitalismo, por lo que se trata de un momento histórico de la civilización. No siempre existió el capitalismo y al mismo tiempo, éste, reconoce distintas formas de existencia.
Un momento es el largo trayecto de construcción originario del orden capitalista, entre los siglos XV y XVIII, un tiempo también para su universalización, “descubrimiento, conquista y colonización” mediante. Otro tiempo es su consolidación en la extensión de la forma monetario mercantil de reproducción social de la cotidianidad en el ámbito mundial, en la internacionalización de la producción y la transnacionalización del régimen del capital.
¿Qué ocurre en el capitalismo mundial?
En el medio, procesos de crisis que exigieron cambios en la forma de ser del orden capitalista. Uno es el capitalismo antes de la crisis del 30 del siglo pasado y otro después; como es distinto el régimen del capital antes de la crisis del 60/70 que luego; y de nuevo, el debate en torno a la crisis del 2007/09, agravadas con la pandemia y las encrucijadas del presente.
Revolución de 1848 y alternativa
Un freno a esa histórica de expansión capitalista se presentó con el desafío de una alternativa anticapitalista, puesto de manifiesto con la “revolución” europea de 1848 y la aparición en simultáneo del Manifiesto comunista. El fenómeno social manifestado como conflicto tenía su correlato como ideario de proposición alternativa, que recogía y sistematizaba variadas formas de impugnación al orden vigente. Había nacido un tiempo de “revolución”, que escribiría su historia hasta fines del siglo XX.
A fines del siglo pasado se definen orientaciones hegemónicas en contra de las revoluciones, por ende, regresivas y de restauración conservadora.
El imaginario social extendido por la revolución entre 1848 y 1979/80 mutó progresivamente hacia una concepción de unilateralidad por el orden capitalista. Se nominó a ello “neoliberalismo”, en tanto retorno al origen “liberal” hegemónico del pensamiento filosófico y político, convergente con la escuela clásica de Economía Política y el librecambio.
La concepción teórica clásica había mutado del liberalismo originario (Adam Smith, David Ricardo) a la crítica marxista. En réplica a Marx emergía una restauración del pensamiento en origen con la escuela austríaca hacia 1871 (Karl Menger) y la síntesis neoclásica hacia 1890 (Alfred Marshal).
Ese debate situado se mantiene, esencialmente, en los debates contemporáneos, una cuestión privilegiada en la narrativa de Javier Milei, quien sostiene una polémica sustancial con Marx y todo atisbo de regulación económica, de Keynes a los neoclásicos.
Con la revolución rusa (1917) y la expansión soviética en plena crisis de los ´30, John Maynard Keynes procesa una ruptura epistémica para modificar las formas del ejercicio de la política económica, con fortísima intervención directa del Estado capitalista.
La revolución de 1917 habilitó un nuevo tiempo, definido por la bipolaridad entre 1945 y 1991, incluso habilitando la emergencia de un tercer mundo entre el capitalismo y el socialismo.
Entre el segundo y el tercer mundo se definirán las alternativas y posibilidades de encarar procesos de revolución, desde el marxismo soviético, chino, cubano, o por sus referencias a liderazgos históricos, sea Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Gramsci o Mariátegui, entre otros; junto a diferentes liderazgos terceristas en África, Asia o América latina y el Caribe, con el objetivo de la liberación nacional y/o social.
Aludimos a la posibilidad del debate sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, NOEI, discutido hacia 1973/74 en Naciones Unidas. Luego de eso y bajo dictaduras genocidas en el cono sur de América, se ensayarían las concepciones luego generalizadas bajo el “neoliberalismo” de la restauración conservadora en el epicentro de la hegemonía capitalista: Gran Bretaña y EEUU.
Se impusieron así los criterios en contra de la revolución para desalojar en el imaginario social la posibilidad del anticapitalismo y de la revolución.
Acumular fuerza económica y sociopolítica
En este marco histórico, los pueblos protagonizan nuevas experiencias para habilitar imaginarios alternativos que sustenten proyectos en contra y más allá del capitalismo.
Puede en ese sentido considerarse una diversidad de experiencias de práctica crítica y nuevas síntesis teórico políticas para dar contenido y sentido a un nuevo tiempo de transformación civilizatoria, que atienda la necesaria reproducción de la vida social y natural, hoy amenazada por la lógica de la acumulación capitalista, de progreso y devastación.
Remito a las experiencias de crítica y resistencia desplegadas en la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, especialmente en la región latinoamericana y caribeña; o la que se procesan en la actualidad en la región del Sahel en África.
Todo en un proceso de transformación de la economía mundial, con disputa por la hegemonía entre EEUU en declive de su poder global y la emergencia de China y su potencial productivo.
Pero eso que remite a una dimensión macro, se expresa en multiplicidad de experiencias de reproducción de la cotidianeidad en emprendimientos asociativos, cooperativos, comunitarios, de autogestión, que en casos anticipa la posibilidad de retomar cosmovisiones de organización sustentados en lo “común”, a contramano de una lógica dominante de contenido individualista.
Aun cuando lo hegemónico sea el liberalismo en cualquiera de sus formas, caso del libertarismo en la Argentina, resulta de interés atender lo menos visible en las prácticas alternativas y en los estudios que buscan nuevas síntesis teóricas que reinstalen la posibilidad de revolucionar la realidad.
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