Publicidad histórica

"¡Dánica Dorada! ¡Era para untar!": una nena, un almacén, y una publicidad que hizo historia

La marca está instalada en el mapa emocional de varias generaciones. Esta semana cerró una planta en Llavallol.

Cierra de Danica Foto: NA

Antes que nada, lo más importante y complicado es la noticia del cierre de la planta de la empresa en Llavallol y las consecuencias que sufren los trabajadores. Pero tal vez haya una la explicación sobre el por qué este caso resonó más fuerte que otros, no menos graves, y parte del mismo contexto. La marca forma parte del mapa emocional que se va grabando en un mármol a lo largo de la vida y activa las emociones casi de forma incontenible.

La nena del pelo atado con unas colitas y los zapatitos guillermina tenía que ir a hacer el mandado a la esquina, bajo la amorosa y a la vez estricta instrucción materna. En medio del trayecto se cruzaba con una soga de saltar, y obvio, saltaba, mientras cantaba. “¡Dánica dorada, Dánica dorada!” y enseguida: “¡Era para untar!”. Era el ayudamemoria con la data completa que debía transmitirle al receptivo y cordial almacenero.

Tan setentas todo. El “cantito” fue tan portentoso en aquellos años de la tele omnipresente, que no había quien no lo anduviera cantando sin querer queriendo, y en todo momento, en todo lugar, como se nos pegó, más de 50 años después de una publicidad de obleas.

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Eran también los tiempos en que los chicos éramos un poco bravos con los pares, sin las prevenciones sociales luego bienvenidas. Y el "cantito" se metía sin permiso. Había un pibe en la cuadra cuyo nombre acortado, de los más comunes entre los de su generación, empalmaba perfecto con el comienzo del estribillo de la niña. Un día empezó uno de sus hermanos y la siguieron otros. Separadas las sílabas de otra forma, lo que empezó a oir a su paso era un reiterado “¡Dani Cadorada!”, construcción de nombre y apellido, al estilo de las posteriores figuritas “Basuritas”, con otra inocencia, seguro. 

El arte de la reducción después acomodó el "gaste" en un formato de saludo: “¿Que hacés. Cadorada?” (directamente), o un “Cadoradaaaaa” al paso. Se sabe que la repetición puede convertir lo inofensivo en un infierno y llegó el día en que Dani recuperó su nombre corto después de una esperable reacción.

Dánica Dorada, una "propaganda" para la historia

El dato indica que la publicidad se grabó en 1973, en la esquina de las calles Condarco y Luis Viale, en la frontera de los barrios porteños de Villa Santa Rita y Villa General Mitre. La esquina del negocio está igual, igual de blanca también, aunque la persiana se ve cerrada. 

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Durante mucho tiempo se supo poco públicamente de la niña, es decir, de la pequeña actriz. En febrero de este año, el Diario Uno contó que se llama Carla Crucianelli, que había aparecido por primera vez en una “propaganda” (así se les decía en la época) a los cuatro años y cuando hizo la de Dánica tenía 7. Retirada del ambiente, tuvo cuatro hijos y hoy es muy activa en las redes.

Pero la historia ya era larga antes. Arrancó cuando en 1933, un inmigrante danés, Christian Boll, entró al negocio lechero, primero en Córdoba y después  en Sagier, Santa Fe. Producía manteca y caseína.

En un momento tomó nota de que en Argentina la margarina se producía con grasa, mientras que en Dinamarca se hacía con aceite hidrogenado. Entonces en 1963 la compañía se trasnformó en pionera en la fabricación de margarinas de origen vegetal, con el nombre de Dánica, que empezaron a comercializarse en panes y potes plásticos.

Diez años después, la publicidad de la nena fijó a la marca, en la cultura popular. Sin exageración.

Un cariño a Dani, que no se la bancó.

 

LT