El costo invisible de mover el mundo
La volatilidad del precio del combustible es el motor de la logística: es lo que pagamos todos los días en el mundo.
La escalada del conflicto bélico desatada en los últimos días en Medio Oriente dejó de ser una noticia lejana para convertirse en una amenaza directa sobre la estructura de costos de nuestra economía. La volatilidad del precio del petróleo, motor de la logística global, pone en evidencia la fragilidad de un sistema donde un paquete pequeño puede recorrer más de diez manos antes de llegar a destino. Detrás de ese movimiento hay combustible, rutas y horas de trabajo que hoy están bajo fuego.
En otras palabras: parte de lo que pagamos todos los días está determinado por la logística que hace posible que esos productos lleguen hasta nosotros.
Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), el 95% del transporte mundial depende de derivados del petróleo. Por eso, cuando la tensión geopolítica amenaza las rutas de suministro, el impacto se traslada sin escalas a la logística. Argentina refleja esta vulnerabilidad: más del 90% de la carga interna se mueve por camión y el gasoil representa hasta el 40% del costo operativo del transporte. En este escenario, la presión sobre los fletes encarece desde el alimento en la góndola hasta el insumo industrial.
Ante esta realidad, la logística es el epicentro de la resistencia económica. En ese sentido, el desafío ya no es solo mover mercadería, sino hacerlo con una inteligencia operativa quirúrgica para absorber los sobrecostos energéticos. Así, uno de nuestros grandes frentes de batalla es reducir el “kilómetro en vacío”. Cada camión que regresa sin carga es combustible y tiempo desperdiciado. Para contrarrestar esto, desde el sector estamos impulsando plataformas digitales que coordinan cargas entre operadores, transformando la colaboración en una herramienta de supervivencia frente al precio del surtidor.
A esta presión se suma la revolución del e-commerce, que en el país creció más de 248% desde 2019, según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE). Por eso, gestionar miles de envíos individuales diarios hacia domicilios particulares vuelve a la “última milla” el eslabón más sensible: puede representar hasta el 50% del costo logístico total en ciudades densas, donde el tránsito y las múltiples paradas multiplican el consumo de combustible.
El contexto local agrega otra capa de complejidad. Con cierres de locales de entre el 18% y el 40% en corredores comerciales de Buenos Aires y La Plata, el comercio minorista depende más que nunca de una red eficiente para subsistir. En este escenario, la eficiencia no es una opción, es una necesidad estratégica para sostener el abastecimiento.
Durante mucho tiempo, la logística fue un actor secundario. Hoy, con las cadenas de suministro bajo la presión de un mercado energético mundial en vilo por la guerra, este sistema invisible está ganando el protagonismo que le corresponde. Porque cuando la red funciona, el impacto del petróleo se amortigua; cuando falla, el precio final lo paga el consumidor. Por eso, al mirar la etiqueta de un producto, debemos entender que su valor real depende, hoy más que nunca, del complejo y costoso recorrido que lo hizo posible.
* Especialista en logística y e-commerce. CEO de Fixy Logística.
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