El Gobierno quiere y necesita que haya menor actividad en 2026
El Gobierno prioriza bajar la inflación por sobre el nivel de actividad.
El gobierno de Javier Milei no tiene objetivo dual de política económica como la mayoría de los gobiernos; es decir, no persigue la estabilidad de precios con pleno empleo. Por el contrario, el Banco Central (BCRA) de Milei prioriza bajar la inflación por sobre el nivel de actividad. Esta estrategia puede ser adecuada cuando la inflación necesita disminuir desde niveles muy altos. Sin embargo, vale aclarar que reducir la inflación cuando roza el 211% anual no es un reto particularmente difícil. Usando una metáfora, sería comparable con perder peso cuando se tienen 50 o 60 kilos de más: los primeros 30 o 40 kilos suelen bajar con facilidad. Por otro lado, si la dieta es deficiente tanto en diseño como en ejecución, es muy probable que quien la sigue recupere fácilmente parte del peso perdido. Esto sucede con la dieta desinflacionaria de Javier Milei.
Hasta ahora, el gobierno de Javier Milei no ha logrado estabilizar la macroeconomía, porque su política no ha dado resultados. Si en marzo 26 la inflación minorista del Indec es +3,0%, será el décimo mes seguido con aumento sostenido en la tendencia, duplicándose la inflación entre mayo 25 (1,5%) y marzo 26 (+3,0%). La inflación anual treparía al 41%. Paralelamente, en los primeros 28 meses de gobierno de Javier Milei la inflación acumularía +292% en pesos y +128% en dólares. Según lo anticipado por E2 (Economía & Ética) hace un año, la inflación ha vuelto a mostrar una trayectoria temporal en forma de “U” durante el mandato de Javier Milei; es decir, mantiene el mismo comportamiento dinámico observado en los últimos veinte años, aunque con un nivel mínimo superior al promedio histórico.
La política monetaria del BCRA ya anticipaba este fracaso, pues es contraria a la teoría monetaria para reducir la inflación de manera exitosa y permanente. La política monetaria es conducida sin reglas, porque no hay mayor discrecionalidad que la regla que permanentemente se cambia y siempre se incumple. En los primeros 25 meses se ha cambiado cuatro veces tanto la política monetaria como la política cambiaria. Además, no solo sigue habiendo control de cambios, sino que la autoridad monetaria es totalmente dependiente del PEN. En este contexto, la política monetaria no tiene ancla y, en consecuencia, la inflación no puede bajar en forma permanente y vuelve a acelerarse. No es gratis, sino que agrava las dificultades a futuro. Un plan desinflacionario que falla en reducir la inflación de manera rápida y sostenida destruye la credibilidad del Banco Central y altera las expectativas inflacionarias de los agentes económicos, que dejan de creer en las metas oficiales y ajustan precios y salarios “hacia arriba” preventivamente, generando un círculo vicioso. La falta de credibilidad hace que la desinflación sea mucho más costosa en términos de producción y empleo. Si el Banco Central carece de credibilidad, necesita aplicar políticas monetarias más restrictivas y dañinas con el nivel de actividad para intentar reducir la inflación, con menos probabilidad de éxito que si tuviera un plan confiable, bien diseñado y ejecutado.
En este contexto, conocer la actual estrategia del Gobierno para intentar volver a reducir la inflación es clave para poder prever la actividad económica en el corto plazo. En lo que va de 2026, el Central es megacontractivo y la oferta de base monetaria cae -11,9% ajustada por IPC Indec. Además, todos los agregados monetarios y el crédito a los privados también continúan cayendo en términos reales. El Central sigue apuntando a que haya cada vez menos pesos para comprar dólares, ya que su apuesta sigue siendo que el dólar continúe abaratándose en términos reales para que baje todavía más la inflación mayorista y luego empiece a bajar nuevamente la minorista. Además, la supervivencia del actual sistema cambiario también requiere que el dólar siga bajando en términos reales, porque el techo cambiario, que se ajusta por inflación, debe distanciarse del dólar spot debido a que el BCRA carece de reservas “de verdad” para defenderlo. La estrategia gubernamental es que el dólar más barato aumenta costos de producción y comprime márgenes de retorno en moneda dura. Esta dinámica de mayores costos y menores márgenes en dólares es funcional a que los agentes económicos deban escupir más (para pagar costos) y puedan comprar menos dólares. De hecho, el Gobierno necesita que haya menos compras de dólar ahorro y menos gasto de dólar tarjeta. Paralelamente, al Gobierno también le sirve que haya más ventas de dólares tanto en el canal formal como en el informal. Más oferta y menos demanda de divisas es fundamental para la estrategia de Javier Milei.
En términos concretos, el plan desinflacionario del Gobierno para el corto y mediano plazo requiere una reducción en el nivel de actividad económica, con el objetivo de debilitar los flujos. Esto permitiría, por una parte, disminuir la capacidad de ahorro y, por otra, incentivar el desahorro. El argentino debe ahorrar menos, desahorrar y gastar más. Obviamente, salvo que los argentinos trajeran dólares de afuera (el blanqueo no fue un éxito, y la inocencia fiscal es por ahora un fracaso), el desahorro autóctono sería menos inversión de residentes en el futuro. La escuela austríaca elevada a la menos 1. Perverso. Sin embargo, el Gobierno apuesta a que el derrotero anterior sea más que compensado por la IED en el mediano y largo plazo. Asume que los extranjeros vendrán a invertir masivamente en un país pobre y caro (dólar barato) en sectores como la minería, oil & gas y alimentos. Por ahora no le creen. Milei es el único de los últimos seis presidentes que después de 26 meses tiene saldo negativo de IED. Paralelamente, también es el presidente que tiene la relación IBIF / PBI más baja de los últimos 27 años.
El Gobierno continúa con una estrategia monetaria y cambiaria ya fallida, aunque ahora la aplica de manera aún más radical. Esto se refleja en que la apreciación del tipo de cambio real alcanzó un nivel récord en marzo de 2026 y está previsto que ese récord se supere en los próximos meses. Según el Gobierno, la estrategia fallida en 2025 funcionará en 2026, porque el riesgo “kuka” se ha eliminado tras las últimas elecciones. Es decir, el gobierno de economistas asume que la política institucional domina a las leyes económicas. Sin embargo, la apuesta del Gobierno enfrenta riesgos económicos concretos y diversos. La estrategia desinflacionaria necesita ser exitosa por un largo período, porque la inflación es alta; y su piso, difícil de perforar. Sin embargo, su éxito depende de que el tipo de cambio real no suba, lo cual, en realidad, tendría probabilidad de suceder en algún momento del segundo semestre de este año y/o en el próximo verano. Primero, el tipo de cambio nominal frente al dólar ha mostrado un comportamiento similar en Argentina comparado con otros países de la región. Sin embargo, la inflación argentina es entre 12 y 15 veces mayor que la de sus vecinos, lo que genera una apreciación mucho más fuerte del tipo de cambio real, fenómeno que solo puede ser temporal y que probablemente se revierta mediante un aumento del dólar nominal. Segundo, en el largo plazo de los últimos diez años, la inflación mayorista y la minorista acumulan similar aumento de precios, pero el dólar ha quedado rezagado, lo que sugiere que podría subir para ajustarse en términos reales.
En tercer lugar, el crédito otorgado al sector privado y los depósitos a plazo fijo presentan una disminución en términos reales, lo que afecta la viabilidad del carry trade en el futuro anticipando un potencial y probable incremento del dólar más adelante en el año. En cuarto lugar, es probable que termine habiendo escasez de dólares; como resultado, tanto el valor nominal como el tipo de cambio real podrían incrementarse más adelante en el tiempo. Por el lado de la oferta, habría un superávit comercial récord de US$ 21 mil millones en 2026. Por el lado de la demanda, el dólar ahorro más el dólar tarjeta del primer bimestre 26 suman US$ 29.186 millones y US$ 11.528 millones, respectivamente. Además, el Estado debería comprar otros US$ 9 mil millones. De esta manera, faltarían US$ 28.694 millones en el año. Difícilmente las ON podrían aportar estas divisas, más aún con este contexto internacional. En consecuencia, las tensiones cambiarias podrían volver a resurgir. Si sube el dólar, primero la inflación mayorista vuelve a acelerarse y posteriormente, la inflación minorista crece. La desinflación se aborta y la inflación vuelve a adoptar trayectoria con forma de “U” en el futuro. En el corto plazo, suba del dólar y aceleración inflacionaria sería todavía peor nivel de actividad. Después, cambio de plan económico mediante, habría que ver si dicho cambio de precios relativos podría dar lugar a una potencial recuperación de la economía real.
Hace tiempo que desde E2 (Economía & Ética) explicamos que hay dos pecados originales. El principal error intelectual consiste en intentar reducir la inflación utilizando el dólar como ancla cambiaria. Dado que esta moneda es escasa en nuestro país, su precio inevitablemente aumenta, lo que provoca que el ancla se pierda y el proceso de desinflación se frustre. El segundo, no haber eliminado por completo el cepo en el primer semestre de gobierno. Estas dos cosas pueden ser revertidas y cambiadas ya. No aseguran el éxito del Gobierno. Sin embargo, son el único combo con alguna probabilidad de salir bien. La cuestión radica en que al Gobierno le correspondería asumir tanto costos políticos como económicos de forma inmediata, y probablemente no estará dispuesto a hacerlo. Obviamente, mentirá y argumentará que no se puede hacer por y para nosotros. La casta siempre miente.
*Titular de E2 (Economía & Ética) y profesor de la FCE de la UBA.
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