OPINIóN
opinión

La memoria restaurada

Gracias a la técnica de nuestros días, que como un Jano bifronte da y quita, por su carácter irrefrenable, muchas de las cosas que son esenciales para la continuidad de nuestra especie, puedo estar de algún modo presente aquí, pese a residir actualmente en Francia.

Esta Jornada de evocación y homenaje a los que supieron transitar por esta Facultad de Filosofía y Humanidades, entre ellos mi propia hermana Anamaría, “la Peco”, y que fueron barridos por el “terrorismo de Estado”, contradice la supremacía del instante a la que parece condenarnos la historia de nuestro tiempo. Gracias también, y muy especialmente, a todos aquellos que contribuyeron y contribuyen a que los “desaparecidos” de hace alrededor de medio siglo continúen habitando los sitios de los que se los quería erradicar para siempre.

Esta Jornada de restitución confiere un apaciguamiento al duelo permanente en que quedaron inmersos los familiares de estos desaparecidos. Me permito recordar la desesperación de mis padres, en su incesante búsqueda por encontrar un signo, una señal de vida, en esa época en que ya era un triunfo poder presentar un simple Habeas corpus, cuando muchos de los abogados que se atrevían a hacerlo eran a su vez “desaparecidos”. Con un cinismo sin límites, los secuestradores chantajeaban a los familiares para que no hicieran ninguna denuncia, así no agravaban el supuesto “caso” de las víctimas. Resulta una coincidencia trágica, aunque también alentadora, que justo ahora se hayan comenzado a identificar algunos cuerpos procedentes de esas tumbas clandestinas del siniestro lugar bautizado “La Perla”.

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Si la expresión “Nunca más” fue tan contundente y se sostuvo durante estos 42 años de democracia, no obstante crisis y altibajos, fue porque expresó también el rechazo de la inmensa mayoría de la sociedad argentina a pasar otra vez por una etapa semejante.

Tampoco debemos subestimar, ni aquí ni en otros lugares del mundo, las antiguas tendencias que resurgen y que propician la restauración de esos periodos. La memoria nos permite permanecer en contacto con nuestros muertos, pero también mantenernos alertas frente al horror que siempre acecha y dejar este legado a las generaciones futuras. Corriendo el riesgo de quedar fuera de lugar, evocaré los primeros versos de un poema dedicado a mi hermana y que, hace cuarenta años, fue publicado en la revista Escrita por primera vez, aquí, en Córdoba: el horror / el horror nos une / la espantosa inocencia / y el tormento de no haber previsto / el horror del hombre.

(*) Poeta, narrador y ensayista.