El optimismo oficialista chocó con los interrogantes del mercado en el IAEF
Las dudas sobre el cepo cambiario y las contradicciones discursivas entre Milei y Caputo exponen las tensiones del modelo.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantiene una racha compradora que ya araña los 10.000 millones de dólares desde enero a la fecha. Sin embargo, en el mundo de las finanzas bien sabemos que "comprados" no significa necesariamente "retenidos" en las reservas líquidas.
Este dilema entre los datos duros y las expectativas del mercado sobrevoló ayer la convención anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), un encuentro que dejó mucha tela para cortar, tanto en lo técnico como en lo político.
El dilema del dólar barato y la incómoda pregunta sobre el cepo
Durante el panel técnico, Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central, defendió con énfasis las virtudes del régimen de flotación cambiaria como un amortiguador de shocks. Es un hecho que hoy el tipo de cambio se encuentra por debajo del techo de la banda de flotación y se ajusta por inflación.
Alguien decía ayer: "Al Banco Central le salen los dólares por las orejas". Sin embargo, la historia económica demuestra que los regímenes de flotación suelen colapsar cuando al mercado "se le ocurre" desconfiar. Si hoy no ocurre, es porque ven fortaleza del otro lado. Veremos.
A su turno, el empresario Eduardo Constantini —un hombre serio, cuya vasta experiencia financiera e inmobiliaria obliga a ponderar sus palabras— ratificó esta visión con una advertencia implícita: si la Argentina se encamina, tendremos un "dólar barato" por mucho tiempo debido al fuerte ingreso de divisas. Si esto es virtuoso o perjudicial para la competitividad, está por verse.
La nota de realismo la puso el economista Miguel Kiguel con una pregunta tan básica como demoledora: si el tipo de cambio es el correcto, si la flotación es perfecta y el ingreso de dólares está garantizado, ¿por qué el Gobierno aún mantiene el cepo cambiario? El relato oficial insiste en que las restricciones se levantaron, pero la realidad es que el cepo sigue vivito y coleando para las operaciones corporativas. La duda de Kiguel es el verdadero nudo gordiano que el equipo económico aún no logra desatar.
Contradicciones en el Palacio de Hacienda con metáforas de Monsters Inc.
El ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, buscó endulzar los oídos de su audiencia natural: los financistas. Prometió permitir la libre circulación de pesos y dólares, algo que en los hechos ya ocurre de manera informal en el día a día de los argentinos. Pero lo más jugoso de Caputo pasó por su faceta política.
En un intento evidente por disipar el "riesgo kuka" ante los inversores extranjeros, el ministro ensayó un giro discursivo y aseguró, a los escobazos, que el kirchnerismo no vuelve más. Llegó a pronosticar que "ni ante una invasión extraterrestre Axel Kicillof será presidente". Un vaticinio arriesgado si consideramos la volatilidad extrema de la política local, coronado por la clásica queja oficial de que la prensa solo publica malas noticias.
El cierre estuvo a cargo del presidente Javier Milei, quien volvió a ofrecer una de sus habituales clases de economía teórica, esta vez obsesionado con las ventajas de sustituir al Estado por compañías de seguros. Al ratificar el sendero descendente de la inflación, Milei les pidió a los empresarios perder el miedo a la competencia y apeló a una analogía cinematográfica bastante poco sofisticada.
Utilizó el argumento de la película de Pixar, Monsters Inc., para explicar que cuando los niños le pierden el miedo al monstruo que los asusta, este pierde su poder. "El día que le saquemos la careta a los monstruos colectivistas, este país va a ser libre", lanzó el mandatario.
Curiosa contradicción: mientras su ministro de Economía daba por muerto y enterrado al kirchnerismo ante los mercados, el presidente reactivó la figura del "monstruo colectivista" como una amenaza latente para mantener viva la polarización.
LT
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