cultura como expansión del saber

El Ricardo Rojas, a cien años de su rectorado

Estímulo. El Centro ocupa un lugar clave en la cultura local. Foto: cedoc

Hace cien años, el 1º de marzo de 1926, Ricardo Rojas asumía el rectorado de la Universidad de Buenos Aires con la convicción de que la universidad no debía limitarse a formar profesionales ni administrar saberes, sino convertirse en una fuerza activa en la vida cultural de la sociedad. No hablaba solo de ciencia ni de organización académica: hablaba de inteligencia, de concordia civil y de una institución capaz de intervenir en el destino común.

Esa idea de universidad –formulada en el corazón del siglo XX– volvió a encontrar un momento decisivo con la recuperación de la democracia, en 1983. La universidad, se confirmó entonces, no era solo una estructura del Estado ni una comunidad de saberes, sino una práctica fundada en la libertad y el rigor científico. En ese gesto, el pasado dejaba de ser una referencia histórica.

La consecuencia no fue simbólica sino concreta. En 1984 la Universidad de Buenos Aires creó el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas.

El nombre fue una definición. No sólo evocaba a un escritor y académico, sino a un rector que había pensado la universidad como experiencia cultural y como espacio de formación integral. Subrayar la palabra “rector” era afirmar que esa concepción formaba parte de una tradición institucional.

El nuevo centro cultural nació en el edificio de Corrientes 2038, reuniendo allí las actividades de creación, difusión y formación cultural. La medida respondía a una necesidad concreta: darle estructura a un área dispersa y, al mismo tiempo, a una idea precisa: abrir la universidad, ponerla en contacto con la ciudad, hacer de la cultura una forma de conocimiento.

Desde entonces, el Rojas funcionó como un territorio de unión. Un espacio donde la formación académica se expandió hacia experiencias que fortalecen la manera de pensar. Allí un estudiante de Ciencias Exactas pudo entrar en contacto con el cine, un futuro médico atravesar una experiencia teatral, un abogado descubrir la danza contemporánea, un artista encontrar su primera escena. No se trató de reemplazar el saber disciplinar, sino de ampliarlo: de convertir la cultura en una dimensión activa de la formación.

Esa fue, en esencia, la intuición de Ricardo Rojas. Y esa es la razón por la cual su nombre fue elegido en 1984.

Beatriz Sarlo, que pensó ese proceso en tiempo real, escribió en Hojas del Rojas que el centro cultural “desbordaba la Universidad de Buenos Aires”. No era una metáfora: nombraba la aparición de un espacio donde la institución se abría a la experimentación, a la mezcla de lenguajes y a la invención de nuevos públicos, en el clima de libertad y de reinvención que acompañó desde los primeros años de la democracia.

A partir de entonces, el Rojas constituye una práctica sostenida: talleres, exposiciones, ciclos de teatro y música, programas de formación, publicaciones, espacios de encuentro entre disciplinas y generaciones. Un lugar donde producir, transmitir y compartir saberes forma parte de una misma experiencia.

Cien años después del discurso de asunción de Ricardo Rojas, esa trama de ideas se reconoce en una memoria colectiva. La de quienes pasaron por sus aulas y sus salas como estudiantes, docentes, artistas, capacitadores, técnicos, espectadores; la de quienes comenzaron allí sus recorridos y la de quienes siguen encontrando en ese espacio un lugar de trabajo, de aprendizaje y de libertad. 

Volver a Rojas en este centenario no es un gesto de archivo. Es reconocer que hay nombres que designan una idea de universidad y que, cuando esa idea encuentra una práctica, la historia se convierte en presente.

*Coordinadora general de Cultura - C.C.R. Rojas.