La trampa del "outsider" y la diagonal de Daniel Hadad
Trascendió una reunión privada entre el creador de Infobae y Javier Milei en la Quinta de Olivos. El misterio de los empresarios en la política, las jugadas de ajedrez y un recuerdo de los inicios periodísticos en los años '90.
El escenario político argentino atraviesa una etapa donde la figura del outsider vuelve a ocupar un lugar central en la conversación pública. Nombres con peso en el mundo de los negocios o de fuerte presencia mediática —desde Marcos Galperin hasta Jorge Brito— orbitan de manera constante en los pasillos donde se discute el poder real. Sin embargo, la revelación sobre el encuentro reservado que mantuvieron el presidente Javier Milei y Daniel Hadad en la Quinta de Olivos volvió a encender las especulaciones sobre el rol que jugarán estas figuras en los próximos meses.
Según trascendió en las últimas horas a través de la reconstrucción del periodista Pablo de León, en el marco de esa charla en la residencia presidencial, Hadad le habría manifestado de forma explícita al jefe de Estado que no tiene intenciones de competir por la Presidencia de la Nación. Ahora bien, para dimensionar el verdadero alcance de una declaración de este tipo, resulta indispensable analizar la dinámica histórica del poder y la conducta de sus protagonistas.
Imaginar a un líder de opinión o empresario ingresando al despacho presidencial para anunciarle de frente al mandatario en ejercicio que planea armar una estructura para competir contra él es ignorar la regla número uno de la política. La actividad pública y la diplomacia de alto nivel se articulan, en gran medida, sobre el arte de la simulación. Ningún actor estratégico muestra sus cartas antes de tiempo.
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Conozco a Daniel desde los comienzos de nuestras carreras. Nos une una historia de años de trabajo conjunto, éxitos compartidos como la etapa dorada de Radio 10 y también, como ocurre habitualmente en esta profesión, diferencias y momentos de alta tensión. Si hay una característica que define la trayectoria de Hadad es que sus movimientos nunca son rectos, sino diagonales. Hadad es una persona hábil, con conexiones globales de primer nivel y un olfato sutil. Sus movimientos no son frontales ni estridentes, sino estratégicos y calculados.
Que una figura de esas características anticipe un mayor regreso a la escena pública o mantenga reuniones privadas en Olivos no es un dato menor en el tablero actual. La afirmación de "no voy a ser candidato" suele ser, en el lenguaje de la política, la primera casilla de un juego con múltiples jugadas de distancia.
Esta situación me remite directamente a los comienzos de nuestra generación en la televisión de los años noventa. En aquel momento yo me desempeñaba como columnista político en 9 Diario junto a Guillermo Andino y conducía Fuego Cruzado en Canal 9, bajo la producción del recordado Horacio La Rosa. Daniel, por su parte, trabajaba en ATC junto a Mario Gabilán.
En ese contexto, Alejandro Romay nos citó a su oficina para hacernos un planteo tajante: quería que conducíramos un programa los martes a las 22 para competir contra Bernardo Neustadt y su ciclo Tiempo Nuevo, que dominaba de forma absoluta la audiencia en pleno auge del menemismo.
Romay nos dijo: "Tienen que ir los martes contra Neustadt y ganarle". Le respondí: "Señor Romay, nos va a hacer 50 puntos contra 2 y nos va a echar a las dos semanas".
Ante mi negativa, la reacción del "Zar de la televisión" fue instantánea: nos despidió en el acto. Romay contaba con una salida de emergencia que conectaba su despacho directamente con la avenida Figueroa Alcorta, y por esa misma escalera nos eyectó aquella tarde.
Sin empleo y en la calle, tomamos un taxi hacia Canal América para reunirnos con el productor Carlos Montero. En esa misma jornada cerramos nuestra llegada a la pantalla de América TV, dando inicio al programa Hadad & Longobardi, que se mantuvo al aire entre 1992 y 1995.
Nos peleamos y después yo retomé mi relación con él en Radio 10, entre los años 2000 y 2001. Fueron 13 años maravillosos. Ahí aprendí que el comportamiento de Daniel es más indirecto: procura moverse de tal manera de no dar un paso en falso. Por supuesto, no va a ir a decirle al presidente "mire, voy a competir con usted"; eso no lo hace ninguna persona inteligente. Son observaciones sobre uno de los tantos outsiders que hoy están en discusión.
MEG