Óscar Martínez: “Milei admira de Bukele lo que ansía: todo el poder sin tener contrapesos”
Jefe de redacción de “El Faro” y autor de “Bukele, el rey desnudo”, lleva más de dos décadas documentando la violencia, las pandillas y el poder en Centroamérica. Espiado con Pegasus y exiliado en México desde 2025 tras destapar el pacto entre Bukele y las pandillas, sostiene que el presidente salvadoreño concentró todo el poder del Estado en apenas dos años, convirtiéndose en modelo para nuevos liderazgos de la región. En esta entrevista repasa el ascenso de Bukele desde la izquierda del FMLN, su vínculo con Trump y con Milei, la reconversión de El Faro en fundación para sobrevivir, y cómo sostiene, desde el exilio, una red de fuentes dentro del propio gobierno salvadoreño.
—En su último libro, “Bukele, el rey desnudo”, hay una imagen que remite al cuento de Hans Christian Andersen, cuando alguien dice en voz alta lo que todos veían y nadie quería decir: “El rey está desnudo”. ¿Qué quiere decir con esto del rey desnudo para el caso del presidente del Salvador?
—Es una referencia a ese cuento y no necesariamente algo directamente explícito y literal, pero sí me parece que es eso: Bukele, que todavía trata de mantener algunos rasgos democráticos, como ahora, que ha anunciado que va a haber elecciones, que son unas elecciones, bufas. Bukele todavía está compitiendo por una precandidatura interna del partido que controla plenamente y va a lanzar unas elecciones en 2027, una dictadura, a mi criterio y al criterio del periódico, como lo hemos expuesto editorialmente, que él va a ganar. Es decir, lo que estamos es ante algunos maquillajes de algo que aún pretende venderse como una democracia, cuando Bukele, creemos que en ese sentido sí es el rey desnudo. Bukele es, así empiezo el libro diciéndolo, un dictador, alguien que ha controlado todos los poderes del Estado utilizando lo que le otorgaron en las urnas de forma legítima, lo ha utilizado de forma ilegal para, por ejemplo, sustituir al fiscal general de la República, que lo investigaba; a la Corte Suprema de Justicia, que hizo una reinterpretación cantinflezca para decir que él sí podía reelegirse, etc, etc.
—Ahora, Bukele militó casi diez años en el partido de izquierda salvadoreño, antes de romper con él y fundar su partido, Nuevas Ideas. ¿Qué quedó de esa etapa, esa forma de actuar y de ejercer el poder? ¿Qué implica ese salto radical de izquierda a derecha?
—Bukele siempre se vendió como un hombre de izquierda al inicio de su carrera. Pueden buscar videos de él en diferentes canales y entrevistas diciendo que era un hombre esencialmente de izquierda, que venía de una tradición de izquierda de su familia y diciendo cosas como que la Nicaragua del dictador Daniel Ortega era el ejemplo más próspero en Centroamérica. O poniendo, por ejemplo, tuits en un aniversario luctuoso del Che Guevara. Era así, un hombre que se vendía como un hombre de izquierda y que militó en dos alcaldías. En una alcaldía menor, sin importancia, donde empezó en 2012, y después en la alcaldía de la capital, que fue la gran lanzadera política de Bukele con la camiseta roja del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que fue la guerrilla durante los años de la Guerra Civil, de 1980 a 1992. ¿Qué fue de Bukele? No creo que él nunca haya tenido una ideología claramente definida, siempre tuvo un plan mesiánico, y en aquel momento entendía que el FMLN era el vehículo más probable para llegar a donde él quería. Primero, tenía muy claro que debía llegar a la alcaldía de la capital para luego tener alguna perspectiva nacional y lanzarse hacia lo que él siempre quiso, que era la Presidencia de la República. Bukele milita en el FMLN hasta que se entera, siendo alcalde de la capital, de que el FMLN no le iba a dar la candidatura presidencial. Entonces empieza su decisión y Bukele encuentra un vehículo, un partido Taxi con el que compitió, a última hora se inscribió con GANA, que es la ultraderecha salvadoreña. Es decir, Bukele nos demostró en ese gesto que él no tenía principios ni ideología marcada, que lo que estaba buscando era un ascenso al poder de cualquier manera.
MIGRACIÓN Y PANDILLAS. “EE.UU. nos hace la inyección más letal de la historia reciente de El Salvador, nos deporta 4 mil pandilleros, expertos en armar pandillas, a las calles de un país destruido por la guerra”. (FOTO PABLO CUARTEROLO)
—El desgaste institucional del Salvador venía precedido de una guerra civil, por años de violencia extrema, pandillas. ¿Cuánto de ese ascenso de Bukele se explica por sus propias habilidades políticas, más allá de cualquier cuestión ética, y cuánto por una sociedad que ya está agotada o estaba agotada y estaba dispuesta a ceder cualquier cosa a cambio de seguridad?
—Lo primero que debo decir, y debo dejarlo aquí asentado, no como un reto sino como una invitación a las personas que leen esta entrevista, es que está sobredemostrado que Bukele pactó con pandillas durante ocho años. Fuimos los primeros en publicar pruebas en noviembre de 2020. ¿Qué pruebas publicamos? Documentos del propio gobierno de Nayib Bukele, firmados y sellados, donde agentes de inteligencia carcelaria daban cuenta de que estaba ocurriendo un pacto de que ilegalmente estaban entrando funcionarios y pandilleros de la calle, encapuchados, a reunirse con los líderes en las cárceles. Pero no solo eso. Con el tiempo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos sancionó a dos funcionarios de Bukele que lideraron los pactos. Ya se mencionó en el juicio en la Corte Este de Nueva York contra 29 líderes de la Mara Salvatrucha, que eran socios del gobierno. Y también lo publicó el Washington Post, el New York Times, ProPublica; han hecho sus propias investigaciones, o Frontline, que han contribuido a eso. Bukele, durante años, en su ascenso al poder, fue socio político de los asesinos de los salvadoreños. Claro, Bukele logra con eso reducir los homicidios. El pacto era una reducción de homicidios y también un ocultamiento de cadáveres. En la última entrevista que hicimos a dos de esos que fueron sus socios durante años, dos líderes nacionales de la pandilla 18, que es la pandilla enemiga de la Mara Salvatrucha, nos contaban cómo era el pacto, uno de los funcionarios de Bukele les dio esa instrucción: “Sin cuerpo no hay delito”. En ese momento, cuando les dijeron eso, justamente ocurrió que el gobierno de Bukele, que ya tenía todo el control de las autoridades en el país, decretó secreto sobre las fosas clandestinas, que es la forma en la que los pandilleros desaparecían los cuerpos. Es decir, sí hay una reducción de homicidios, se hizo un pacto con las pandillas para que eso fuera menos copioso y menos evidente también. Ahora, cuando la pandilla, la Mara Salvatrucha, la más violenta de las pandillas, se queja de alguna obstrucción a ese pacto en marzo de 2022 y nos da el fin de semana más violento de toda la posguerra salvadoreña. Asesinó a 87 salvadoreños en solo un fin de semana. En ese momento, Bukele decide dar un giro, anular ese pacto y decretar un régimen de excepción, que aún sigue vigente. El régimen de excepción es menos derechos a los ciudadanos y más prerrogativas a los soldados y a los policías.
“Milei llegó muy feliz a la toma de posesión de Bukele. Era el más feliz de todos los presidentes.”
—Me hace acordar a eso de “sin el cuerpo no hay delito”, exactamente lo que sucedió durante la dictadura militar en Argentina, no sé cuánto usted está informado, que directamente se escondían los cadáveres en el fondo del océano, tirándolos desde aviones.
—Sí, lamentablemente estamos muy al tanto de lo que padecieron en la dictadura argentina, que fue una escuela para los militares centroamericanos que luego nos reprimieron. Tomaron nota, y muchos de los represores centroamericanos hacían aquí su escuela militar. Eso la historia lo dirá. No se ha terminado de contar, pero la cantidad de cadáveres que en El Salvador aún no se han encontrado tiene que ser enorme. Esa es una de las razones, supongo, por la que Bukele y su régimen, a la hora de contar muertos hayan violado el Protocolo de Bogotá, que establecía que debían agregarse al conteo de muertos, las fosas clandestinas. Bukele las sacó de la ecuación, como también sacó a los muertos en prisiones. Dos de cada cien salvadoreños están presos, más de 537 cadáveres han salido en los últimos dos años de cárcel, muchos con señales de tortura. Y Bukele también sacó a aquellas personas que murieron en enfrentamientos con la autoridad. Ha modificado la manera de contar muertos. No digo con esto que no haya habido una reducción, como ya venía habiéndola en El Salvador desde el gobierno anterior. Lo que digo es que las cifras, no hay otra forma de decirlo, están amañadas.
—Usted reconstruye la noche electoral en su libro de febrero de 2024, cuando Bukele se proclama ganador desde el balcón del Palacio Nacional, antes de que el Tribunal Supremo Electoral difundiera los resultados oficiales. ¿Por qué el Tribunal Superior no tomó ninguna sanción, por qué ninguna autoridad le reclamó a Bukele que eso que estaba haciendo era ilegítimo?
—Porque Bukele para entonces ya lo controlaba todo. Las elecciones de 2024 fueron un paripé, unas elecciones bufas. No había una realidad posible de que alguien más ganara. Bukele modificó incluso el país en sus distritos electorales, violando la Constitución. Compitió en 2024, violando cuatro artículos de la Constitución que dicen explícitamente que una persona no puede estar, ni un día, más de cinco años en el poder. Pero no solo eso, modificó todo el país, cambió los distritos electorales, etcétera, cuando la Constitución decía que no se podían modificar las reglas electorales, ahí nos demostró que por encima de él no estaba la Constitución. Bukele ganó en junio de 2019 su primera elección, una elección democrática si sacamos de la ecuación que las pandillas ayudaron a su triunfo, amenazaron a los ciudadanos en sus barrios. Pero aparte de eso, luego gana de nuevo en complicidad con las pandillas, la Asamblea Legislativa en 2021 de forma plena. En la primera sesión de su Asamblea Legislativa, Bukele utiliza el voto de sus diputados, a quienes él les da órdenes, no sugerencias, para quitar al fiscal que estaba investigando sus pactos con las pandillas y el saqueo público que hizo durante la pandemia. Todos los fiscales de la unidad antimafia, así se llamaba, que investigaban el caso Catedral a Bukele y a sus funcionarios, están ahora en el exilio. Lo reveló Germán Arriaza, el jefe de su unidad, on record, cuando da una entrevista a Reuters. Es decir, esas elecciones de las que usted me habla eran un maquillaje. Bukele iba a ganar, todos lo sabían.
EL REY DESNUDO. “No creo que Bukele nunca haya tenido una ideología claramente definida, siempre tuvo un plan mesiánico, y en aquel momento entendía que el FMLN era el vehículo para llegar a donde él quería”.
—Usted también cuenta, y compara, que a Daniel Ortega le llevó lo mismo, 11 años, desmontar el sistema democrático. A Bukele, menos de la mitad, ¿por qué?
—A Bukele le tardó muy poco, desde junio de 2019 hasta mayo de 2021. Es poquísimo, porque a Bukele, si algo hay que reconocerle, es que hizo una muy buena lectura política, muy eficiente. Me refiero a que Bukele sabía que en el periodo de la posguerra, que fue demasiado largo en el país, de 1992 hasta que Bukele lo rompe todo en 2019, la gente estaba harta de los partidos de derecha y de izquierda. De dos en concreto, los dos que gobernaron durante años: ARENA y el FMLN. De los dos últimos expresidentes de derecha, Francisco Flores termina enjuiciado por haberse robado millones de dólares de una donación de Taiwán que iban destinados a los damnificados de los terremotos en El Salvador, y muere durante ese proceso judicial. Antonio Saca, siguiente y último presidente de la derecha en el país, de esa derecha oficial, está preso. Reconoció haber desviado más de 300 millones de dólares del erario para sus empresas y su beneficio personal. Y en 2009 llegó la izquierda, que nos esperanzó mucho, con Mauricio Funes, un experiodista de televisión, muy buen periodista, que, por ejemplo, ganó el (premio) Maria Moors Cabot como periodista, y también saqueó las arcas del Estado, la evidencia la publicamos en El Faro. Y después, la izquierda, para corregir el camino de haber puesto un outsider, pone a Salvador Sánchez Cerén, presidente, excomandante guerrillero y un hombre veterano. Y Salvador Sánchez Cerén nos deja el año más homicida de El Salvador, 106 homicidios por cada 100.000 habitantes en el año 2015, una tasa que ni países en conflicto armado abierto tienen. Entonces ahí termina el ciclo de la posguerra. Bukele supo que la gente estaba desesperada y supo que en la desesperación él podía construir una oferta electoral.
“Bukele siempre se vendió como un hombre de izquierda al inicio de su carrera.”
―—Por lo tanto, no es con la seguridad, no es con la lucha contra las pandillas, que él gana su primera presidencia, porque por lo que usted cuenta, era todo lo contrario. ¿Qué es lo que hizo para ganar las elecciones la primera vez en 2019?
—Bukele le promete a la gente que iba a destruir lo que entendíamos por política, y genera un eslogan que aún lo recuerdo, “Los mismos de siempre” y con ese eslogan, metiendo en un saco a todo el resto de gente que tenía muchas divergencias políticas, él dice: estos políticos ya no funcionan, tiene que haber una opción nueva. Y empieza a crear su partido, que se llama Nuevas Ideas. Es decir, Bukele comprende que la marca era decir yo no soy ellos, pero él era ellos. Él venía de ese partido, era el alcalde de ese partido.
—Cuando Bukele asume la primera vez no tenía el control que tuvo luego en 2024, y se cuenta que cuando Milei asume vino Bukele y dio una especie de curso para los dirigentes del partido de La Libertad Avanza, de cómo se podía gobernar sin tener el control de las Cámaras ni de la Justicia, ¿cómo hizo los primeros años Bukele para desarmar el sistema democrático, aunque sea precario, que existía en su país?
—Es cierto, Bukele tenía oposición en la Asamblea Legislativa, no tenía partido cuando ganó la presidencia. Como le digo, compitió con un partido taxi que se llama GANA, un partido, no hay otra forma de definirlo, de mercenarios políticos. Lo que pasa es que Bukele era profundamente popular. Por ejemplo, qué hizo Bukele el 9 de febrero de 2020: no tenía la Asamblea Legislativa ni la Corte Suprema de Justicia, y la Asamblea no le aprobaba un préstamo para un plan de seguridad al que él llamó control territorial, pero que nunca nos mostró en qué consistía. Y los diputados, de una forma responsable, le dijeron muéstrenos el plan para el cual quiere que le financiemos un préstamo de 109 millones de dólares. Bukele no lo mostró, sino que convocó a cerca de 7.000 salvadoreños, se llevó al ejército y tomó la Asamblea Legislativa, se sentó en el asiento del presidente del primer órgano del Estado. Y Bukele, rodeado de cámaras y de militares, dijo que iba a hablar con Dios para tomar la decisión de si ese día destruía la Asamblea Legislativa. Él hace un paripé, que pueden ver ustedes en YouTube si lo buscan, habla con Dios, hace como que llora y luego sale y le dice a la multitud: Dios me ha dicho “paciencia”. Es decir, si Dios le hubiera dicho otra cosa, ese día la multitud incendiaba la Asamblea Legislativa. Él le hizo entender a la clase política: la gente está de mi lado, y si ustedes no se apartan, yo los voy a apartar. Y logró, antes de tener todo el control de las instituciones, que muchos políticos se acobardaran y le temieran.
—Previamente, esa actitud imbatible de Bukele cuando era intendente de la capital, ¿en qué consistieron sus ventajas competitivas electorales que lo hicieron tan popular?
—Bukele logra hacer algunos símbolos en la capital. La verdad es que en la capital lo que Bukele hizo no es una obra tremenda que cambiara la capital, logró comprar a la ciudadanía con mucho show. Esto que voy a decir suena a broma, pero así era. Por ejemplo, en la Feria de Agosto, que son las ferias capitalinas, una semana de fiesta, tres días para la gente de la clase obrera, Bukele hacía competencia en el Tagadá, es un juego mecánico que salta (N. del E.: similar al Samba). Era histriónico y convocaba a la gente y competía contra un locutor de diario que tiene un personaje misógino y vulgar, donde imita a la clase popular y a las mujeres de una forma muy despectiva, que a la gente le gusta mucho. Sabía dar show y la gente lo veía, pero además supo vender su gran emblema. Bukele dijo: voy a recuperar el centro histórico de la capital. El centro histórico de la capital estaba plenamente tomado por las pandillas, cinco clicas, subgrupos internos de la Mara Salvatrucha, una cancha (territorio que domina una clica), y un subgrupo interno del Barrio 18, era una zona de conflicto. Era una zona donde todos tenían que aprender el laberinto para caminar entre fronteras de guerra, porque un comerciante, aunque no perteneciera a la Mara, si vendía en la zona de la Mara, no podía pisar la zona de la 18, era una de las zonas de mayor muerte. Y Bukele logra, claro, porque tenía un pacto con las pandillas, que le permitieran liberar cerca de 12 cuadras del centro, que tiene 250 cuadras, y vendió ese logro como algo inédito. Y lo era. Nadie más había logrado hacerlo. Esas 12 cuadras eran solo para turistas, pero Bukele convirtió ese logro en la esperanza de muchas cosas. Una, poder entrar en territorio de pandillas. Claro, lo que no le contaba a la gente es que lo hizo de la mano de ellos. Dos, poder convertir algo que estaba completamente podrido en una zona turística. Y tres, hay alguien que cumple lo que promete. Bukele utilizó 12 cuadras del centro de San Salvador para convencer a la gente de que le dieran todo el poder.
—Estando en Argentina a usted le debe llamar la atención las diferencias entre Milei y Bukele desde el punto de vista ideológico. Milei es un libertario, Bukele no tiene una ideología y hasta comenzó en un partido de izquierda. ¿Qué es lo que los asocia, dónde están a su juicio los puntos de contacto?
—Milei llegó muy feliz a la toma de posesión inconstitucional de Bukele. De todos los presidentes era el que más feliz se veía, sonreía, les hacía musarañas a las cámaras, estaba bien contento esa tarde en el palacio Milei, aplaudía a rabiar. Lo que Milei admira de Bukele es lo que Milei ansía: todo el poder. No estoy diciendo que lo va a lograr. Estoy diciendo que es lo que él desearía, la posibilidad de no tener contrapesos, de poder decirlo abiertamente de una vez. Díganlo, como Bukele terminó diciéndolo en algunas escapadas: creo que todos los contrapesos de la democracia son estorbos, creo que la división de poderes es inútil. Se descubren como lo que son: autoritarios. A Milei le sorprendía y le generaba admiración que alguien hubiera logrado eso. Y entonces lo que le interesaba es saber cómo. Sabemos que tuvieron algunas reuniones privadas. Bukele estaba en ese momento muy enfocado en la delegación trumpista que había llegado, el hijo mayor de Trump y una delegación de bitcoiners, etcétera. Estaba muy enfocado en eso. No sé de qué naturaleza fue su conversación con Milei, pero esa es la impresión que me da, que los Milei de este mundo, con las diferencias que tiene con los Novoa de este mundo, con los Trump, le admiran a Bukele algo que logró: controlar todo el poder.
“Bukele, durante años, en su ascenso al poder, fue socio político de los asesinos.”
—Usted marca la influencia que pudo haber tenido Bukele en sus imitadores: el caso del presidente electo en Colombia, mencionamos el caso de Milei, ¿cuándo Bukele se convierte en un significante de algo más que él?
—Siempre creí, y por eso me pareció importante escribir este último libro de Anagrama, del cual estoy muy orgulloso, Bukele, el rey desnudo. Ahora, yo no quería escribir el libro. Dirijo una redacción, hablamos de Bukele del año 2020, estoy cansado de hablar de Bukele, pero me parecía que era importante por eso que usted pregunta. Porque la cuestión es que Bukele no es el dictador, el déspota, el que tiene todo el poder en un país de 21.000 kilómetros cuadrados, el más chiquito de Centroamérica. Bukele no es simplemente el gobernante, con todos los poderes de más o menos 6 millones de habitantes que viven en El Salvador. Bukele se ha convertido en el estandarte de lo que muchos quieren imitar. Y claro, el problema es que cuando hablan del modelo Bukele parece que están haciendo referencia a un arquetipo, como si dijéramos un modelo, un arquetipo. Bukele no es un arquetipo. Bukele empezó diciendo que iba a hacer el bitcoin y terminó pidiéndole un préstamo al Fondo Monetario Internacional. Bukele primero empezó pactando con pandillas y después decretando un régimen de excepción. De nuevo lo repito, más que ideas tiene ocurrencias. Ahora, cuando dicen que quieren el modelo Bukele, el trasfondo de eso es muy claro, quieren todo el poder, porque esa es la única regla del modelo Bukele, todo el poder a un hombre, cero contrapesos, destrucción del debido proceso judicial absoluto en El Salvador. La gran mayoría de las 97 mil personas que han sido encarceladas desde marzo de 2022, según cifras oficiales, no han llegado a juicio, no están acusados de nada, no han visto a un juez que los condene, están refundidos en cárceles, que no se ven como la que Bukele quiere mostrarles, como el Cecot, ahí reunió a todos los pandilleros que tienen tatuajes en la cara. En las demás prisiones hay campesinos, señoras que tenían una tienda, meseras de comedores, albañiles, carpinteros, que fueron arrestados para llenar el discurso político de que los íbamos a capturar a todos y ya. Es decir, lo que le admira la gente a Bukele cuando dicen que les gusta el modelo Bukele, es una declaración aspiracional. Y esa declaración aspiracional debería de asustarles, porque lo que les están diciendo es: yo también quisiera tener todo el poder. Y le pregunto a un país como Argentina, que ya sabe lo que ha ocurrido cuando un puñado de hombres tiene todo el poder, cómo les ha ido con eso.
—Bukele construyó una relación muy cercana con la administración Trump, al punto de convertirse, pudiéramos decir, en un socio clave en la política migratoria y de seguridad de Estados Unidos en la región. ¿Qué papel juega Estados Unidos y juega Trump o jugó Trump en la consolidación del poder de Bukele?
—Uno muy importante, pero para llegar rápidamente a Trump. Cuando Bukele asume la presidencia en junio de 2019, Trump era presidente en su primer período y Bukele tuvo un idilio con Trump, sobre todo con su embajador, Ronald Johnson, un exagente de la CIA que ahora es el embajador en México. Pero Trump salió muy rápido después de Bukele y llegó la administración Biden, y la ruptura fue inmediata. Es decir, no había embajador en ese momento en la transición, la encargada de negocios de la Embajada tenía el mayor cargo, Jean Manes. Ella se va tras pocos meses, comparando, en una conferencia de prensa de la embajada, a Bukele con Hugo Chávez y diciendo: No puedo más, no hay contacto con este señor, no es posible dialogar. Por primera vez en la historia, que yo recuerde, una encargada de la embajada deja el país. Y entonces empiezan las sanciones y las declaraciones del gobierno de Biden a las violaciones de derechos humanos. Pero cuando las elecciones se acercaban, Bukele apostó todo por el regreso de Trump. A sus lobistas en Washington se les pagaba para que lo acercaran al movimiento MAGA, que es el movimiento de Trump. Entonces los demócratas mostraron su cara más pusilánime y mandaron a un embajador a arreglar las relaciones con Bukele, pero él ya había decidido apostar por Trump y acertó. Trump volvió en enero de 2025 y desde entonces Bukele se siente más fuerte que nunca, después de haberle prestado sus cárceles a Trump para que encerraran migrantes venezolanos y otros salvadoreños que siguen desaparecidos en ese limbo jurídico. Voy a poner un ejemplo de qué tanto Bukele se siente protegido por Trump. Las elecciones bufas en las que Bukele debería de reelegirse debían ocurrir en el año 2029, pero Bukele decidió hacer una reforma y decir que mejor se iba a volver a elegir en el 2027, pero por seis años más. ¿Quién que quiera tener todo el poder se recorta dos años de presidencia? Bukele sabe que Trump sale a mediados del 2028, quiere reelegirse cuando Trump siga en el poder para no estar a la merced de sanciones de los demócratas y tener un año de libertad como para decirle al mundo: acostúmbrense, ya me quedé.
—Cada uno de estos nuevos liderazgos como en el caso de Bukele responde a una crisis previa. En el caso de El Salvador, la guerra civil, las pandillas, en el caso de Milei, la crisis económica, la inflación; en el caso de De la Espriella, el desgaste del conflicto armado, la acción de paz que finalmente no funcionó, lo mismo que la izquierda de Petro. ¿Cuánto usted les asigna a estas crisis ser las incubadoras de este tipo de liderazgos? ¿Y si este tipo de liderazgos resuelven la crisis de alguna manera?
—Los Bukele de este mundo solo cuajan en sociedades completamente desesperadas, porque el pacto de los Bukele, incluso en sociedades que tenemos valores democráticos raquíticos, es un pacto que nadie suele aceptar, que es: te voy a dar algo y dámelo todo, te concedo algo y vos me das todo el poder. Como si concedernos cosas no fuera el trabajo de los políticos. Pareciera que si los políticos logran hacer algo en este nuevo tiempo, entonces estamos obligados a prosternarnos en agradecimiento y decirles a cambio: te lo daré todo, te quitaré todos los contrapesos, dejaré que puedas decidir sobre el futuro de nuestros hijos y encarcelarnos sin un debido proceso cuando te dé la gana. ¿Por qué hemos llegado a ese punto? Por desesperación. En tanto eso es un tiempo donde este tipo de animales políticos han prosperado, debemos preguntarnos qué tan raquíticas fueron las democracias que construimos para que nadie las defienda, qué tan insuficientes. Guardando la distancia entre Argentina y El Salvador, aquí yo esperaría que aún quede sociedad civil organizada y que quede oposición real, posible, más que real. Pero sí, en muchas partes del mundo tenemos que preguntarnos ¿qué tan mal ejecutamos ese imperfecto modelo? La democracia es un modelo imperfecto, pero es el único que conocemos que tiene sentido. Díganme qué parte del mundo el comunismo triunfó o en qué parte del mundo una dictadura a mediano plazo fue decente. Entonces, la democracia es lo que nos queda, a menos de que alguien se invente un nuevo sistema. Pero tenemos que repensarla, porque evidentemente ha dejado a demasiada gente descontenta.
“El pacto era una reducción de homicidios y también un ocultamiento de cadáveres.”
—En otro libro suyo, “El niño de Hollywood”, usted sitúa el origen de las pandillas centroamericanas en la emigración hacia Los Ángeles. De hecho, las Maras nacen allí en los años 70 y las políticas de deportación masiva de los Estados Unidos en los 90. ¿Cuánto de lo que Bukele representa como una solución permanente salvadoreña al problema de las pandillas es en realidad una gestión de un problema que Estados Unidos ayudó a crear y luego exportó de regreso?
—La solución que Bukele ha dado a las pandillas como las entendíamos, van a surgir otros fenómenos criminales, supongo, porque El Salvador es más pobre desde que Bukele llegó al poder. Más de 357 mil personas han descendido de la línea de la pobreza para 2022. Ya a esta altura será mucha más gente. El Salvador es mucho más caro de lo que era. Ahora, Bukele acabó con el fenómeno como lo conocíamos. La cuestión es a qué precio, encarcelando a dos de cada cien salvadoreños, metiendo un montón de gente inocente, generando tortura sistemática en las cárceles. Ahora, el fenómeno de las pandillas es un fenómeno en el que Estados Unidos, las diferentes administraciones fueron esenciales para crearlo, sí, definitivamente. Cuando la gente migró de El Salvador, del conflicto armado financiado por el gobierno de Estados Unidos a un régimen militar represor y asesino, que empezó la guerra asesinando a monseñor Romero de un tiro en el pecho mientras daba misa. Cuando la gente huyó buscando paz, muchachos que eran reclutados a la fuerza por ese ejército se fueron al sur de California para encontrar una similitud de lenguaje y red de familiares, y ahí encontraron un megaecosistema de pandillas. Más de sesenta pandillas supremacistas blancas, asiáticas, negras, latinas, y ninguna aceptaba la nueva migración. La MS (Maras Salvatruchas) se crea como una reacción alérgica, de jóvenes principalmente, que en ese ecosistema debían defenderse y para eso agruparse, pero muchos de esos jóvenes venían de pelear en la montaña con un fusil Fal. Se convirtieron rápidamente en la pandilla más violenta. Cuando Estados Unidos descubre eso, nos hace la inyección más letal de la historia reciente de El Salvador, nos deporta 4 mil pandilleros, expertos en armar pandillas, a las calles de un país que estaba completamente destruido por la guerra, tratando de reconstruirse. Nos dan una inyección asesina y eso debe quedar en la historia de las pandillas y de Estados Unidos.
—Este régimen de excepción de Bukele, que se presenta como una solución definitiva al problema de las pandillas que usted documentó durante años, desde su conocimiento profundo de estas estructuras, ¿qué es lo que ese relato oficial simplifica, o directamente oculta, sobre cómo funcionan realmente las pandillas y la posibilidad, como usted decía, de que muten en otro problema similar?
—El gran ocultamiento del bukelismo con las pandillas ha sido evidentemente cómo convirtió a sus cúpulas directamente en actores políticos. Es decir, si bien fue el gobierno de izquierda en 2012 quien hizo el primer pacto con pandillas y les confirió públicamente la potestad de ser actores políticos, los sacaban de la cárcel a dar conferencias de prensa. Fueron los partidos tanto de derecha como de izquierda, ya no el gobierno, quienes lo convirtieron en un acto criminal cuando cambiaron el pacto de vidas por beneficios carcelarios, a votos por dinero. Pero Bukele terminó de profesionalizar ese pacto con los líderes cuando los convirtió en su socio de la llegada al poder total. Esa es la gran historia que Bukele oculta, cómo los liderazgos de las pandillas mutaron a una entidad política de la mano principalmente de él. Ahora, de lo que se habla muy poco en El Salvador, la preocupación actual que fue, no digo que la condición indispensable para la creación de las pandillas, hubo muchos elementos muy particulares en El Salvador para la creación de las pandillas. Pero lo que en El Salvador sigue es la pobreza extrema. Hoy, según dato de 2021, lo más probable es que se haya agravado. Y digo probable porque no hay datos públicos ya. Es decir, incluso el negocio del aeropuerto donde Bukele vende su marca de café que se llama Bean of Fire, el contrato de ese local es secreto de Estado. No podemos saber ni cuánto le cobramos, si es que se le cobra, a la familia Bukele por vender su café en el aeropuerto. Todo es secreto de Estado. Pero cuando había datos, de los 6 millones de salvadoreños que habitan el territorio nacional, 1 millón estaba ya al borde de la hambruna. La última categoría de pobreza extrema, la posibilidad de que muchos padezcan en colectivo la posibilidad de morir por falta de alimentos. Es decir, El Salvador sigue siendo un país profundamente miserable, por más que Bukele les muestre a rubios estadounidenses surfeando en sus costas, y por más que prometa que alegres bitcoiners van a llegar e inundar el país.
—¿Qué relación hay entre la situación de violencia política, el sistema delictivo, entre el narcotráfico en México y lo que usted está narrando de su país? ¿Y los primeros pactos de Bukele como intendente con las pandillas y el eslogan de López Obrador en México “abrazo en lugar de balazo”?
—Abrazos en lugar de balazos. Las pandillas y el narcotráfico, el crimen organizado en México son fenómenos muy distintos. El crimen organizado tiene una capacidad económica de un nivel terrible. No digo que uno de los dos haya generado menos sufrimiento en su sociedad. Lo que digo es que la mayor parte de pandilleros seguían siendo miserables, pobres, cuando entraban en la pandilla, no tenían un salario, entraban para cambiar su forma de estar en el mundo, dejar de ser el hijo del campesino pobre, el nieto del campesino pobre, y de una forma violenta y criminal pasar a ser el niño de Hollywood, y tener respeto en el barrio. Y que incluso los viejos le temieran y ser parte de una estructura donde podía ascender cometiendo crímenes. Ya que no podían ascender en una sociedad normal, muchos buscaron la posibilidad de ascender de alguna forma, bajo unas reglas completamente podridas. El crimen organizado es un fenómeno que tiene dos características. Si el crimen organizado no ha cooptado las altas esferas del Estado, no es crimen organizado. Y si no generan corrupción a gran nivel, no lo son. El crimen organizado en México ha penetrado el 70% de la economía formal e informal. Lo más probable es que cada taco que uno se coma en ese país, tras años y años y años de proliferación, tenga de alguna manera dinero no solo del narco. Ya decir narco es decir crimen organizado, ellos se encargan de venta de películas pirata, secuestros de migrantes, trata de mujeres para explotación sexual comercial, cobra de cuotas a los coyotes para el paso de migrantes en la frontera. Hubo un momento en que una de las organizaciones, que ahora está en un declive enorme, los Zetas, terminaron controlando la venta de piernas de pollo en Tamaulipas. Es algo completamente que abraza a todo un país. Son fenómenos muy distintos las Maras y el crimen organizado mexicano. El crimen organizado mexicano podría sin inmutarse pagar la deuda de El Salvador mañana mismo, como Pablo Escobar se lo ofreció en su momento a Colombia. Son fenómenos muy distintos, de una envergadura diferente.
“Bukele modificó incluso el país en sus distritos electorales, violando la Constitución.”
—Entiendo la diferencia de tamaño. ¿Por qué en otros países limítrofes a El Salvador, Honduras, por ejemplo, no se ha producido el mismo fenómeno teniendo las mismas dificultades?
—Es una excelente pregunta la suya. Honduras y Guatemala tienen pandillas, pero las pandillas no se desarrollaron como en El Salvador de ninguna forma. Y justamente la respuesta es esa, porque en Honduras y Guatemala había animales más grandes en el circuito del crimen organizado. El Salvador tiene una costa muy pequeña y, como nos decía una vez un narcotraficante a quien como periodista entrevisté en Nicaragua, si en El Salvador baja una avioneta, tiene que aterrizar encima de una casa, no hay espacio. Honduras y Guatemala tienen enormes planicies abandonadas. Honduras, en la costa atlántica en el Departamento de Gracias a Dios y Olancho, y también en la zona de Copán, fronteriza con Guatemala. Y Guatemala, toda la selva del Petén y la Reserva de Lacandona. En Guatemala y Honduras prosperaron grupos de crimen organizado más similares a los mexicanos, con contacto directo con la policía, con vínculos directos con cárteles como el de Sinaloa, que no permitieron que las pandillas prosperaran.
—Si el fenómeno es resultado de cierto tamaño, ¿es extrapolable el ejemplo de Bukele a países de mayor tamaño? Concretamente Colombia, donde acaba de ser electo un nuevo presidente que directamente hasta lo imita físicamente.
—El modelo Bukele sería muchísimo más difícil de implementar en un territorio más grande. Muchísimo más difícil de implementar, con unas mafias que hubieran tenido un control sobre la economía mucho más desarrollado. No digo con esto que las pandillas no atormentaban a gran parte de la sociedad, pero normalmente a los sectores más empobrecidos. A Bukele le hubiera sido muchísimo más difícil vencer a un grupo criminal que tuviera cooptado los altos niveles del gobierno. En todo caso, los pandilleros podían tener control de algunos alcaldes y policías locales. Claro, el tamaño influye. El modelo Bukele de que un hombre tenga todo el poder en un país grande es complicado. No veo a alguien ahora mismo teniendo siquiera claridad sobre cómo intervenir en la Patagonia desde aquí, inmediatamente. Ustedes tienen grupos del crimen organizado de diferente tamaño y envergadura en Rosario. Supongo que el problema es muy diferente de lo que ocurre en la Capital, por ejemplo. Entonces, sí creo que tuvo que ver: Bukele desarrolló un modelo donde era fácil esparcirse y, digámoslo con claridad, las pandillas tenían una característica que el narco no. El narco no quiere necesariamente que todo el mundo sepa que es narco. Se descubren a los cabecillas, pero a todas las estructuras no. A los pandilleros se les iba la vida en que todo el barrio supiera que eran pandilleros, porque si no, no podían hacer nada. Si un niño de 14 años viene a usted y lo amenaza, usted lo que diría es una colleja y lo mandaría a su casa, a menos de que el niño le diga que es pandillero. Toda la gente sabía quiénes eran los pandilleros. No había que hacer un esquema de inteligencia supersofisticado de la policía para identificarlos. Ellos mismos le decían a la gente que eran pandilleros. Ellos mismos subían a sus redes sociales sus señales de pandillas reivindicándose como miembros de ese grupo criminal. Si bien era un trabajo difícil, no era un trabajo que solo se hubiera podido resolver como Bukele lo resolvió. ¿Cómo lo resolvió? Pescando con dinamita. Y claro, como pescó con dinamita, pescó lo que quería pescar y mató a un montón de peces que no tenían nada que ver con eso.
—En mayo de 2025, la Asamblea de Bukele aprobó la Ley de Agentes Extranjeros, que obligó a medios como “El Faro”, que se financien en gran medida con fondos de cooperación internacional, a registrarse como tales, bajo amenaza de multas, y frente a esa situación, ¿cómo logró que “El Faro” sobreviviese?
―—Aún estamos en una tremenda lucha. Debo decir que es un orgullo que no hemos tenido que despedir a nadie, ni siquiera en el año del exilio. El Faro viene curtido en una persecución de años. Bukele nos acusó, mucho antes de proclamar la Ley de Agentes Extranjeros en mayo de 2025, que es una ley que, no le demos vueltas, asfixia a cualquier persona u organización que sea crítica del gobierno de Bukele. Le impone un 30% de cobro a todos sus ingresos, mayor a los impuestos que ya paga, que hace inviable la vida. Por eso todos los cooperantes se han retirado. No quieren darle ese porcentaje de dinero a la dictadura de Bukele. ¿Qué hicimos nosotros? Bukele nos acusó en cadena nacional de lavado de dinero en 2020, lo cual es absurdo porque para lavar dinero hay que tener dinero. Entonces entendimos que Bukele iba por la institución, quería congelarnos las cuentas para que dejáramos de pagar y el periódico dejara de hacer las investigaciones que la afectaban. Entonces mudamos la personería jurídica a Costa Rica, cuando no estaba el presidente Chávez aún. Cuando todavía Costa Rica era lo que le llamaban la Suiza de Centroamérica y no había esa animadversión por los medios de comunicación. Lo mudamos a Costa Rica y nos reconvertimos, de una empresa salvadoreña en una fundación costarricense. Qué hemos venido haciendo para sobrevivir y para proteger a nuestros empleados y sus salarios: reconvertirnos. Ahora también estamos a punto de ser una fundación estadounidense con sede en Nueva York. Hemos tenido que diversificarnos porque nos quedó claro que dentro del territorio nacional, Bukele va a hacer todo lo posible para perseguirnos. Las acusaciones de lavado de dinero vinieron junto con las intervenciones de Pegasus, cuando estábamos investigando por primera vez sus pactos con las pandillas. Es decir, Bukele sabía lo que estábamos investigando.
“Cuando dicen que quieren el modelo Bukele, el trasfondo es muy claro, quieren todo el poder.”
—En 2022 Citizen Lab, el Laboratorio de Ciberseguridad de la Universidad de Toronto de Canadá, confirmó que al menos 22 periodistas de “El Faro”, entre ellos usted mismo, habían sido espiados con el software Pegasus durante más de un año. ¿Cómo tuvieron esa confirmación? ¿Qué indicios hubo? ¿Cómo fue el comienzo de la investigación?
—Todo empezó por una colega. Lo contaba en el artículo Julia Navarrete, una periodista de El Faro, que de repente en un momento sintió que su teléfono se le calentaba mucho y se le descargaba muy pronto, así como el soplido, como el aleteo de una mariposa. Y ella tenía contactos, era alguien muy enterada de ese mundo que podían examinar el teléfono. Ella me cita como jefe de redacción una noche, en un parqueo de una gasolinera, me quita el teléfono, lo tira dentro del carro y me dice: “Estoy infectada con Pegasus”. Entonces enviamos cuatro teléfonos más, de jefaturas y de periodistas que investigaban pactos con pandillas, a la organización Access Now, que junto con Citizen Lab, el Laboratorio Tecnológico de la Universidad de Toronto, han detectado Pegasus en más de diez países del mundo a lo largo de más de una década. Y nos dijeron que los cuatro estaban infectados. Así, fuimos con toda la redacción hasta llegar al área administrativa y junta directiva, todos infectados. Entonces, ¿qué hicimos? Permitimos que nos siguieran interviniendo sin decirlo. Permitimos que nos siguieran espiando.
—Pero le mandaban información equivocada.
—Enviábamos información equivocada o decíamos tonterías por teléfono, o simplemente utilizamos otras vías de comunicación. En ese momento es cuando Citizen Lab, analizando el teléfono de mi hermano Carlos, detecta una intervención en vivo. Desde el territorio salvadoreño estaba siendo intervenido en ese momento. Entonces logramos comprobar otra prueba más, que en pocos casos se logra hacer, desde qué geografía ocurría la intervención, porque al ser este un software de espionaje puede operarse desde afuera, pero en nuestro caso tenemos evidencia de que quien lo operaba estaba en territorio nacional. Y cuando publicamos en consorcio con el New York Times y con Reuters, pues aquello fue un escándalo. ¿Qué hemos hecho ahora? Hemos demandado a la empresa israelí en California, porque la empresa no quiere revelar. Aunque todos sabemos quién fue, la empresa asegura que solo le vende ese software a Estados, y Bukele ya controlaba todo el Estado. Pero queremos pruebas para poder demandar internacionalmente, si es que es la decisión. Hemos demandado a la empresa en California, donde están los servidores más cercanos para que nos diga quién nos robó nuestra información.
—Pero la demanda fue desestimada y ustedes están apelando.
—La desestimó un juez. Pero inmediatamente recibimos un amicus curae, una figura legal, donde otras corporaciones que se sientan afectadas por un caso similar pueden apoyarla. Y ese amicus lo respaldó el New York Times, la empresa Meta, dueña de WhatsApp y Microsoft. Entonces Estados Unidos se enteró de que no era un pequeñito medio del Salvador. Y la demanda sigue su curso.
Óscar Martínez debió exiliarse en México por sus denuncias contra Bukele. (FOTOS PABLO CUARTEROLO)
—Según relató el propio “El Faro” en su artículo “El exilio no alcanza”, en julio de 2025, antes de publicar las entrevistas a dos líderes pandilleros que revelaban el pacto de ellos con Bukele, cuatro periodistas del medio salieron del país por precaución. Luego se sumaron otros 13 y en las semanas posteriores, 25 colegas. ¿Cómo hacen?
—Estamos en el primer año del exilio. No puedo decirles que tengo la fórmula, pero sí tenemos algunos hallazgos que nos han permitido seguir ejecutando los principales verbos del periodismo, que son revelar y descubrir. No sabíamos que había tanta gente en el exilio. Policías, fiscales, jueces, funcionarios públicos, empleados de gobierno.
—Ahí encuentran fuentes que no imaginaban.
—Que no imaginábamos, porque la gente no ha salido a pedir exilio. No tienen una evidencia de cuando los amenazó un funcionario público al oído. Han salido. Nos hemos encontrado fuentes maravillosas atendiendo una tienda de ultramarinos en un país, fuentes que tenían que ver con sistemas de seguridad y lo que quieran. Hemos encontrado mucha información en el exilio y cuando la gente nos vio exiliados, dijo: ahora que estamos en el mismo barco, hablemos con ellos. Seguimos teniendo fuentes valientes dentro del gobierno de Bukele, con las que tenemos unos mecanismos muy exóticos para reunirnos. Seguimos teniendo ojos en el país. No puedo elaborar sobre eso porque entonces la dictadura lo cancelaría. Y además hay otra ventaja, ya sabíamos que íbamos a terminar exiliados. Entendíamos que el camino de Bukele era el camino del dictador, y que tarde o temprano nos iba a echar de su reino. Entonces empezamos a descargar bases de datos cuando todavía eran públicas, empezamos a bajar gigas y gigas y gigas de relaciones empresariales de la base de datos pública, que apenas estamos empezando a analizar. Y le garantizo que ya encontramos conexiones financieras, que pronto revelaremos, que apuntan a que esto no solo es una dictadura, sino una cleptocracia.
—Si tuviera que definir hoy para qué sirve el periodismo, después del exilio, de la zona de captura, del espionaje, ¿qué respondería?
—Me gustaría ser utópico y decirle, como pensaba a los 17 años cuando empecé a trabajar en una radio, que el periodismo servía para cambiar el mundo. Eso quisiera, que el mundo fuera mejor porque, que la gente sepa es mejor a que no sepa. Eso debería desencadenar una reacción ciudadana, pero en este caso no lo veo tan claro. Ahora mismo me gusta mucho, aunque suene muy precario no lo es, el verbo estorbar. A una dictadura, con el método periodístico, sin violarlo, contrastando, teniendo fuentes, documentos, presentando la evidencia. Me gusta el verbo estorbar porque a las dictaduras hay que estorbarlas.
—El tábano que mantiene vivo al caballo de Sócrates.
—Por ejemplo. Como usted verá, no suenan a palabras muy lindas, pero tienen una utilidad en este momento.
―—En el libro “Los muertos y el periodista” que usted escribió en 2021, concluye que la función del periodista no es cambiar el mundo, como acaba de decir recién, ni lograr justicia, sino algo más modesto, ser un obstáculo para el poder y dejar registro de lo que pasó. Pero ¿qué pasa cuando el periodista muere de verdad?
—Vengo de un país que está lleno de periodistas muertos, gente que eran amigos, colegas como Javier Valdés, que fue asesinado de un tiro en la cabeza en Sinaloa y que todavía su caso no se ha esclarecido de la forma más transparente. Cuando un periodista muere es una terrible tragedia, porque lo que se murió es un caudal de acervo y de conocimiento. Y por lo tanto, muy probablemente, si alguien quería matarlo, un caudal de culpables y victimarios. Cuando matan a un periodista, matan, ya lo sabemos, a la verdad o las verdades que iba a revelar, pero también es un derecho fundamental de la gente, el derecho a saber. Las sociedades deberían ser menos indolentes con la muerte de los periodistas y salir y marchar. Les han quitado a ustedes el derecho a saber, no solo le han volado la cabeza a personas y han arruinado la vida de su familia. A ustedes les han quitado, les han prohibido saber. Deberían de ofenderse cuando eso pasa. Y los gobiernos deberían de sentir mucha más presión para esclarecer esos casos. Por qué otra razón asesinarían a un periodista y no porque no quieren que se divulgue lo que él sabía.
—Le pido una reflexión final de lo que ve de la Argentina, del periodismo en mi país y de las comparaciones que pueda hacer.
—Cuiden lo que les queda de democracia, aunque parezca poca, aunque no les guste, aunque crean que son rasgos muy pequeños. Cuídenlos. Cuiden lo que les queda. Cuiden los centímetros que tienen, no vayan a acabar afuera del país como yo.
Producción: Sol Bacigalupo.
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