Crisis estadística

Del INDEC militante al INDEC mudo

El organismo atraviesa una etapa de repliegue silencioso tras años de cuestionamientos por la manipulación de estadísticas y la pérdida de credibilidad pública. Su última salida del referente técnico expuso cómo el organismo que debía medir la realidad terminó vaciado de voces independientes y margen institucional.

INDEC Foto: CEDOC

Lejos de ser solo un organismo técnico, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) se convirtió en una pieza clave del entramado político argentino, un termómetro del poder y, al mismo tiempo, un campo de disputa sobre qué versión de la realidad debía llegar a la sociedad, donde medir, decir o callar nunca fue una decisión neutra, sino profundamente política.

Así, cuando el gobierno quiso negar la inflación, el INDEC mintió. Cuando buscó sincerar la herencia económica, el INDEC habló sin anestesia. Y cuando entendió que el problema ya no era el dato en sí, sino el conflicto que ese dato generaba, el INDEC eligió el silencio como forma de supervivencia institucional.

Guillermo Moreno, Jorge Todesca y Marco Lavagna no son solo nombres propios ni gestiones aisladas. Representan tres modelos de Estado frente a una misma pregunta estructural, que atraviesa la historia reciente del país: qué hacer cuando la realidad no conviene al poder político de turno.

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I. EL INDEC MILITANTE

Guillermo Moreno y la estadística como arma política (2007–2015)

El quiebre se produjo en 2007 y fue una decisión política. A partir de ese momento, el INDEC dejó de medir para obedecer. Guillermo Moreno nunca ocupó formalmente la dirección del organismo, pero fue su interventor real y cotidiano. Definía metodologías, desplazaba técnicos con trayectoria y fijaba una consigna clara e innegociable: los números no podían contradecir al modelo económico.

La inflación fue “corregida” hacia abajo, la pobreza quedó subestimada y los salarios crecían en planillas oficiales que nadie fuera del Gobierno creía. La manipulación no fue un error aislado, sino un sistema sostenido en el tiempo, que vació de contenido técnico a uno de los organismos más importantes del Estado.

El costo institucional fue enorme. Técnicos desplazados y perseguidos, un mercado de estadísticas privadas reemplazando al Estado, sanciones internacionales —incluida la del FMI— y una pérdida total de credibilidad pública. El INDEC dejó de describir la realidad para fabricarla. Fue el punto más bajo de su historia: un organismo militante, subordinado por completo al relato político.

En 2007, Moreno presionó a técnicos del INDEC con visitas, clausuras y demandas de datos secretos para alterar el IPC

II. EL INDEC INCÓMODO

Jorge Todesca y el costo político de decir la verdad (2016–2019)

Cuando Jorge Todesca asumió, no heredó un organismo en funcionamiento, sino un escombro institucional. La tarea inicial no fue producir nuevos datos, sino reconstruir metodologías básicas, reincorporar técnicos desplazados y restablecer una premisa elemental: decir la verdad.

El problema fue que la verdad apareció de golpe y sin filtros. Inflación real, pobreza real, empleo real. Para una sociedad acostumbrada durante años a estadísticas maquilladas, ese sinceramiento fue leído como un empeoramiento repentino de la situación social, aunque en realidad se tratara de una fotografía más precisa.

El gobierno de Mauricio Macri no logró explicar que los indicadores no habían empeorado de un día para otro, sino que habían dejado de mentir. Todesca pagó el costo político de ese sinceramiento. El INDEC recuperó credibilidad técnica, pero quedó asociado al ajuste y a las malas noticias. Quedó expuesta una verdad incómoda: un INDEC honesto puede ser políticamente explosivo.

Todesca asumió en un contexto de "emergencia estadística" por la manipulación de datos de inflación y pobreza durante 2007-2015

III. CÓMO LLEGÓ MARCO LAVAGNA AL INDEC

El nombramiento que buscó cerrar la grieta estadística

Marco Lavagna no llegó al INDEC por concurso ni como técnico de carrera. Su designación fue política, pero con una misión técnica clara: descomprimir tensiones. En diciembre de 2019, con la asunción de Alberto Fernández, el organismo ya había sido reconstruido, pero seguía siendo hipersensible. Cualquier movimiento brusco podía reactivar la desconfianza acumulada.

Lavagna reunía condiciones clave. Garantizaba continuidad técnica sin shock, porque no venía a desarmar lo hecho. Tenía un perfil político moderado, conocedor del sistema, sin vocación de confrontación pública. Y portaba un apellido con peso simbólico: hijo de Roberto Lavagna, su nombre funcionaba como señal de previsibilidad para el mercado, los organismos internacionales y el propio peronismo. El mensaje fue claro y medido: el INDEC no volvería a mentir, pero tampoco iba a confrontar con el poder.

 Su salida ocurrió en medio de tensiones sobre el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC)

IV. EL INDEC MUDO

Marco Lavagna y la estrategia del silencio técnico (2019–2026)

Lavagna asumió con una consigna tácita que marcó su gestión: menos épica, menos conflicto, menos protagonismo. El INDEC debía volver a ser un organismo técnico, sin voceros políticos ni disputas públicas. Su estrategia se basó en mantener metodologías, publicar datos duros incluso cuando incomodaban y evitar la pelea discursiva.

Durante años, el esquema funcionó. Tanto, que Lavagna fue ratificado incluso tras el cambio de gobierno en 2023. Pero el silencio también tuvo costos acumulativos. Hubo escasa defensa pública del organismo cuando los datos fueron cuestionados, poca pedagogía para explicar cambios metodológicos y ningún blindaje legal real de la autonomía del INDEC.

Lavagna logró despolitizar el organismo, pero al mismo tiempo lo dejó sin herramientas discursivas para defenderse.

V. LA RENUNCIA

Cuando el silencio deja de alcanzar

A comienzos de 2026, Marco Lavagna presentó su renuncia en un momento sensible: cambios metodológicos en el IPC, tensiones internas y mayor presión política sobre los datos oficiales. Su salida expuso una paradoja difícil de disimular. El INDEC es hoy confiable en términos técnicos, pero perdió a su principal garante institucional y sigue dependiendo del poder político de turno. Lavagna había llegado para que el INDEC dejara de ser un problema. Se fue cuando el problema volvió a ser el INDEC.

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El INDEC argentino atravesó tres etapas definidas. Primero, mintió para proteger al poder. Después, dijo la verdad y expuso al poder. Finalmente, dijo la verdad en silencio y quedó solo. Hoy el organismo publica datos reales, pero carece de defensa política y de blindaje institucional. El riesgo es que, cuando la verdad vuelva a incomodar, nadie esté dispuesto a sostenerla.

 

JCS/MV/ff