notable diferencia con EL GOBIERNO DE CAMBIEMOS

Factor Milei: la grieta entre imagen y economía y un electorado dispuesto a esperarlo hasta el final

Aunque la mayoría admite que le cuesta más llegar a fin de mes, y que el año fue más difícil, el respaldo al Presidente se mantiene firme: Milei mantiene un nivel de apoyo que oscila entre el 50 y el 55%. Una parte mayoritaria de ese porcentaje, el 40%, está dispuesta a sostener al Gobierno hasta el final del mandato, incluso si su propio bolsillo le juega una mala pasada. Justamente, el respaldo no se explica por una mejora tangible de la economía.

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El último miércoles a las 11 de la mañana, un cronista del canal C5N le preguntó a una señora en la calle cómo estaba su bolsillo y cómo veía el país. “Están cerrando todos los negocios, se está viniendo todo abajo. Pero no es por el Presidente”, comenzó relatando la transeúnte. Y detalló que ella está de-socupada desde hace cuatro meses. “Pero él no tiene la culpa, al contrario. Yo creo que si fuera por él la situación mía sería diferente”. Al mismo tiempo un policía federal se encadenaba en la Casa Rosada denunciando corrupción con el control de las horas adicionales y salarios de miseria. Pero el efectivo mantenía la esperanza puesta en Javier Milei: “El jefe de Estado no es el culpable”. 

Estos testimonios no son aislados. PERFIL consultó a los analistas que el propio Presidente escucha asiduamente. Los datos que surgen de inmediato y que el jefe de Estado conoce es que a pesar del deterioro del poder adquisitivo y del malestar social que se empieza a evidenciar, Milei mantiene un nivel de apoyo que oscila entre el 50 y el 55%. 

La pregunta que surge desde hace meses ante el deterioro económico es hasta dónde sus seguidores están dispuestos a acompañar. Acá aparece un acompañamiento mayor al que la ciudadanía le supo tener a la política tradicional. “No estamos ante un escenario similar al de Mauricio 

Macri después de ganar la elección de 2017. En aquel momento el propio votante tardó apenas un par de meses en quitarle ese apoyo”, evalúa uno de los consultores que escucha el Presidente. 

Una parte mayoritaria de ese 55% de los encuestados que dicen respaldar al jefe de Estado no fija plazos inmediatos y está dispuesta a sostener al Gobierno hasta el final del mandato, incluso si su propio bolsillo le juega una mala pasada. 

Dentro de ese 55% de acompañamiento de un estudio que se acaba de cerrar, se detectan dos mitades bien diferenciadas. Una es un núcleo duro, convencido y sin condicionamientos. La otra acompaña de manera más pragmática: sostiene al Gobierno siempre que perciba que la situación puede mejorar más adelante. No aparece en el escenario un corte abrupto en el respaldo. No hay un horizonte de corto plazo en el que la sociedad le quite el apoyo al Presidente. El desgaste existe, pero no se traduce aún en abandono masivo.

El dato más relevante es que el 40% de quienes hoy apoyan al Gobierno está dispuesto a esperar resultados hasta el final del mandato. Apenas un 15% de ese universo pone un límite temporal y espera respuestas concretas durante 2026. La paciencia, aunque no infinita, es más larga de lo que suele verse en contextos de crisis.

El Gobierno sabe que el dilema aparece con claridad: la gente dice que le cuesta más llegar a fin de mes, que el año estuvo cargado de problemas y que las condiciones laborales empeoraron. Son pocos los que aseguran estar mejor económicamente. Sin embargo, la imagen del Presidente se mantiene estable en un contexto de ajuste prolongado.

El año pasado, la gestión atravesó un deterioro en la imagen presidencial en medio de episodios de corrupción que golpearon al oficialismo como los casos de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad y la estafa de la criptomoneda $Libra. Pero ese desgaste se revirtió con la elección de octubre, que funcionó como una renovación del crédito político. El resultado electoral volvió a ordenar expectativas y le dio aire a la Casa Rosada.

El respaldo no se explica por una mejora tangible de la economía. La valoración económica, tanto personal como del país, ronda el 40% y es mayoritariamente negativa. Lo que sostiene al Gobierno es la expectativa. La idea de que el esfuerzo actual puede tener sentido más adelante.

De apenas ese 40% que respalda el rumbo económico (pierde un 15% de apoyo en comparación con la imagen presidencial), sólo la mitad reconoce que tiene un mejor bolsillo. La otra mitad admite que no está mejor, pero se compara con quienes están peor. “Estoy mal, pero el resto está peor”, es la lógica que aparece con fuerza en las respuestas cuando se repregunta el por qué de ese apoyo. 

El respaldo también se explica por las características del Presidente. Se valora que sea distinto, que intente hacer las cosas de otra manera y que rompa con lo conocido. Para muchos, el ajuste es el costo de probar algo nuevo en un país donde lo anterior ya fracasó.

Otro factor clave es el cansancio con el pasado. Cada vez que la oposición aparece en los medios, gran parte del electorado la percibe igual que antes, sin reconversión ni autocrítica. Ese hartazgo sigue funcionando como un dique de contención para el Gobierno.

Sin embargo, el Gobierno sabe que la principal preocupación hoy pasa por el trabajo. Empeoraron las condiciones laborales, se multiplicaron las horas de trabajo y creció la necesidad de tener más de un empleo para sostener ingresos. Esos tres factores son los que surgen de los consultados. 

También saben que el último dato del Indec abrió dudas y no fue favorable para la administración nacional. Admiten que la falta de una respuesta consistente generó ruido y ahora necesitan acallarlo. 

Quizás el mayor mérito del Presidente es haber atravesado la mitad de su gestión sin que se modifiquen los parámetros centrales de respaldo aún sin dar respuesta a los reclamos. Hay, finalmente, un componente emocional profundo. 

El día que el Presidente pierda imagen, quien pierde es la gente. Aferrarse a la esperanza es también una forma de no aceptar la derrota personal. Por eso, aun en crisis, el apoyo persiste.