El estreno de 'Melania' fue una 'misa trumpista' con la esposa de Trump como sacerdotisa
En el Kennedy Center, el trumpismo mezcló política y espectáculo en la première de 'Melania', el documental de la primera dama de Estados Unidois. PERFIL estuvo presente.
Nieve afuera, glamour adentro. El Trump-Kennedy Center fue escenario de una avant premiere que pareció condensar el clima cultural del trumpismo en su segundo gobierno: desfile del gabinete sobre la alfombra no roja sino negra, estética de lujo, luces, cámaras y lealtad. En esa liturgia, Melania Trump —inusualmente locuaz— se presentó como autora de su propia película –“no es un documental, es un film”, dijo— y dejó una pista sobre el nuevo lenguaje del poder: la política ya no solo se ejerce, también se consume como contenido. PERFIL fue el único medio argentino con acceso a la proyección en la misma noche del evento, bajo la condición de no publicar detalles antes del estreno oficial del viernes 30 de enero.
Melania y Donald Trump en la premiére de Melania donde PERFIL estuvo presente.
El frío se hizo sentir para los distinguidos invitados a la avant premiere mundial de Melania en el Trump-Kennedy Center, ubicado cerca del histórico barrio de Georgetown en Washington D.C. La ciudad seguía bajo los efectos de la tormenta invernal Fern, con nieve compactada aún tapando las veredas, vientos árticos y temperaturas bajo cero que convertían cualquier salida en una prueba de resistencia.
Fernando Sulichin, el productor argentino a quien Melania mencionó en sus agradecimientos.
Esa prueba no tardó en hacerse concreta. Para varios asistentes el frío se vivió en carne propia cuando agentes del Servicio Secreto bloquearon con vallas la única vía peatonal al centro de convenciones. Durante media hora quedaron detenidos a la intemperie soportando temperaturas heladas por haber llegado cerca de las siete de la tarde, casi al mismo tiempo que Trump. Varias de las personas sometidas a la intemperie eran hombres y mujeres de edad avanzada, apoyados en sus bastones y con una tolerancia al frío sorprendente. Se vivían escenas sacadas de Hollywood, como cuando entre la multitud inmóvil, vestida con atuendo formal según el código de vestimenta sugerido, apareció una mujer asiática, de baja estatura, con pantalones de jogging y una bolsa de supermercado. Se acercó a una invitada —luciendo un vestido fino y tacos altos– y, sin decir palabra, le regaló un par de medias. Un gesto de solidaridad pura, sin solemnidad ni expectativa de recompensa. Minutos después, cuando el acceso finalmente se liberó, todos salvo esa mujer entraron como pudieron al refugio del edificio.
“Melania”, avant premiere . Una vez adentro, tras el detector de metales y la acreditación, los invitados desembocaron en el Grand Foyer, para la recepción previa a la proyección de Melania. Allí, entre las barras y el catering , hubo una fusión de funcionarios de Trump, influencers conservadores y celebridades como Nicki Minaj, Oliver Stone, o Gianni Infantino, que no suelen mezclarse en Washington. En la alfombra negra aparecieron Trump, unos pasos por detrás de Melania, vestida con un traje Dolce & Gabbana y stilettos de Christian Louboutin. Todo en ella respondía a un estilo preciso —blanco y negro, líneas rectas, simetría, control—, una estética que se repetía en los afiches, la señalética del edificio, las invitaciones y hasta en los baldes de pochoclo.
Fernando Sulichin, el productor argentino del documental Melania (de traje gris).
Marc Beckman, asesor principal de Melania Trump y una de las figuras centrales detrás del estreno, fue explícito al describir la lógica que ordena su imagen pública. Habló de un ejercicio deliberado de construcción de marca, con “pautas muy estrictas” y una paleta definida,“blanco y negro como parte de nuestra teoría del color” que atraviesa todo: desde la tapa de su último libro y el tráiler de la película hasta su vestuario. “Melania no es solo la primera dama, es una marca”, explicó, pensada para ubicarse “entre las grandes casas de lujo del mundo, como las de París o Milán”.
Mientras Melania respondía a los medios, Trump se mantuvo a un costado, interviniendo solo cuando era necesario. Y cuando lo hizo fue para reforzar el relato: “Ella es muy inteligente y muy medida” y sostuvo que con la película se recuperaba un glamour que, según él, Estados Unidos había perdido y “necesitaba un poco más de eso”. También dijo que el estreno era como “en Hollywood, pero con más gente”.
¿Quién fue la argentina que fue invitada a la función privada de Melania en la Casa Blanca?
Esta a avant premiere fue una postal de época: el trumpismo como cultura, con una estética cuidadosamente producida y una audiencia que celebró cada aparición de Trump como si el líder fuera la otra estrella de la función. “No es un documental”. En el discurso previo a la proyección, Melania habló a los invitados y dijo que “algunos lo han calificado de documental. No lo es. Mi película es un acto de autoría muy deliberado”, dijo, al definirla como una experiencia creativa y personal. Agradeció al equipo técnico, al director y a sus productores, destacando el trabajo del argentino Fernando Sulichin por haber llevado adelante el proyecto con “tanta intención y corazón”.
La película acompaña a Melania durante los veinte días previos a la segunda inauguración presidencial y la sigue en un recorrido casi circular entre Florida, Nueva York y Washington. No hay escenas informales ni momentos de distensión: siempre está impecable y rara vez se relaja. Apenas hay un destello fugaz de cotidianidad dentro de un relato dominado por las formas y el control. Buena parte del metraje está dedicada a pruebas de vestuario para la inauguración, reuniones logísticas, planificación de eventos, elecciones estéticas. La cámara se detiene en telas, cortes, sombreros, cristalería, iluminación, y Melania aparece involucrada en cada decisión, como si se buscara subrayar su rol activo en la construcción de su identidad visual. También hay momentos de encuentros protocolares con, por ejemplo, Brigitte Macron y la reina Rania de Jordania, o la esposa de un secuestrado por Hamas; relatos sobre su madre fallecida en 2024, y de su hijo Barron. Las escenas con Trump a quien llama “mi esposo”, son casi siempre en contextos oficiales, sin escenas privadas ni intercambios domésticos.
(De izq. a der.) El equipo detrás de Melania, Marc Beckman, el director Brett Ratner, y el argentno Fernando Sulichin.
Una de las escenas más livianas ocurre cuando el equipo entra a la sala mientras Trump practica su discurso de inauguración. Melania interviene y le sugiere un ajuste: no presentarse solo como “pacificador”, sino también como “unificador”. Más tarde, la película muestra el momento en el discurso real en el que Trump adopta la sugerencia y se gira hacia ella con gesto cómplice, destacando el singular aporte de Melania a su discurso.
El avant premiere en el Kennedy Center fue apenas una estación dentro de un despliegue más amplio. En los días previos hubo proyecciones privadas en la Casa Blanca, cenas selectas, eventos “curados” en distintas ciudades y una campaña de promoción global que incluyó desde cartelería monumental hasta objetos de colección. Tras la función, el circuito continuó con una celebración no oficial para invitados VIP en un club privado de Georgetown, propiedad de Donald Trump Jr.
Melania Trump se mostró más locuaz que de costumbre en la función oficial de su documental.
Ese recorrido estuvo respaldado por un acuerdo inédito: Amazon –una de las empresas de Jeff Bezos– pagó a la productora de Melania 40 millones de dólares por la película, una suma récord para este tipo de producciones, y luego pagó otros 35 millones para promocionarla, un presupuesto diez veces superior al que suele destinarse a otros grandes documentales.
En ese contexto, la palabra solidaridad adquirió sentidos muy distintos a lo largo de la noche. Adentro, una de las empresas más poderosas del mundo respaldó con decenas de millones de dólares un proyecto personal de la primera dama norteamericana, lo que fue leído por algunos como una muestra de la cercanía entre el poder corporativo y la familia presidencial, dado el desfasaje entre la inversión realizada y el potencial retorno comercial de la película. Afuera, antes de cruzar las vallas y entrar al teatro, una humilde mujer asiática sacó de su bolsa de supermercado un par de medias y se las regaló a una desconocida para aliviar el frío.
*Periodista y abogado
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